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ARTICULO ABC 8 JULIO 2006



Hiperactividad: se diagnostica más porque se conoce mejor

Pilar Quijada

Es un terremoto, no para. Es muy ocurrente y no lo piensa mucho a la hora de hacer una trastada. En el colegio presta poca atención y no avanza al ritmo de sus compañeros... Ésta podría ser la queja que llevan al pediatra los padres de un niño hiperactivo aún sin diagnosticar. Vivencia que no coincide con la del chaval, que ve con frustración cómo las reprimendas le caen encima casi por respirar. Su constante movimiento, impulsividad y falta de atención se deben a una alteración del nivel de neurotransmisores, especialmente dopamina, que dificulta la inhibición de la conducta y la atención. Se trata del denominado Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Entre el 5 y el 7 por ciento de los escolares pueden padecerlo. Los casos en niños cuadruplican a los de las niñas.

«El diagnóstico no siempre es fácil, aunque cada vez se conoce mejor y se detectan más casos que antes podían pasar desapercibidos», explica Montserrat Graell Berna, psiquiatra infantil del Hospital Niño Jesús de Madrid, que sospecha que años atrás el TDAH podía estar detrás de algunos casos de fracaso escolar no explicado, con la merma de oportunidades que eso supone. En su opinión, no está sobre-diagnosticado, simplemente se afina más a la hora de detectarlo.

No obstante, Graell aclara que no todos los niños «movidos» son hiperactivos. «Este síntoma es común a otros trastornos, como ansiedad o depresión. De igual forma, no todos los niños con TDAH son hiperactivos, algunos presentan sólo déficit de atención y su diagnóstico se complica. Pero lo habitual es que haya déficit de atención e hiperactividad».

Inmaculada Moreno García, psicóloga experta en terapia de conducta infantil y profesora de la Universidad de Sevilla, apunta los motivos por los que el diagnóstico en ocasiones se resiste: «Moverse en exceso, precipitar las respuestas o despistarse un poco son comportamientos evolutivamente normales en una determinada etapa. Pero si se producen en exceso y afectan negativamente al rendimiento académico o a las relaciones familiares y sociales, se empieza a sospechar que puede haber TDAH. Suele detectarse cuando el niño empieza el colegio, donde se le exige estar quieto y prestar atención». A partir de ahí, se consulta al orientador del centro o al pediatra y comienza el diagnóstico, que en algunos casos puede tardar un par de años. Es fundamental que el pediatra identifique bien los síntomas para agilizar el tratamiento.

«Desde atención primaria se suele remitir al niño al neurólogo», explica José Ramón Valdizán Usón, jefe del Servicio de Neurofisiología clínica del Hospital Miguel Servet de Zaragoza. En su opinión, no es apropiado quedarse con un diagnóstico positivo sin descartar otras patologías neurológicas. Tras un primer examen general, se evalúa la motricidad fina, que si está alterada dificultará la escritura. El diagnóstico se completa con cuestionarios que deben rellenar padres y profesores, pues los síntomas deben presentarse en casa y en el colegio. Si sólo se dan en uno de estos ámbitos, probablemente no sea TDAH, coinciden los tres especialistas.

El mejor tratamiento

El 70 por ciento de los chavales responde bien al estimulante metilfenidato, que mejora la atención y la conducta, pero los síntomas no desaparecen por completo, advierte la doctora Graell. La impulsividad responde peor, de ahí la necesidad de seguir un tratamiento multimodal que incluya una intervención psicológica que dé al niño estrategias para desenvolverse mejor en casa, en el colegio y con los amigos.

El TDAH es un trastorno crónico. Una preocupación común en los padres es si el uso continuado de estimulantes creará adicción en los niños. Los estudios indican lo contrario, una medicación bien pautada reduce el riesgo de conductas adictivas. Lo que no tiene sentido, opina Graell, es dar sólo medicación y no ver al niño en tres meses. Al menos, al principio el seguimiento debe ser como máximo cada quince días. Sí hay disparidad de criterios entre especialistas, reconoce, en la conveniencia de medicar a los menores de 6 ó 7 años.

«La actitud de los padres es fundamental», explica Isabel Rubió Badía, presidenta de la fundación Adana (Ayuda al Déficit de Atención en Adultos y Niños) de Barcelona. En su opinión, han saber en qué consiste el TDAH y qué les pueden exigir a los niños, «pues aunque tienen un gran potencial y la misma inteligencia que sus compañeros, en ocasiones no consiguen desarrollarlos adecuadamente sin un apoyo extraescolar». Presentan también problemas de autoestima, porque todo les genera mucho malestar, y tienen dificultad para controlar su emotividad. De ahí que la terapia cognitivo-conductual incluida en el tratamiento multimodal sea imprescindible para mejorar estos aspectos. Por su parte, los padres han de aprender estrategias para reconducir la conducta negativa de los niños y prestarles todo el apoyo que necesitan. Cuando padres y profesores colaboran en el tratamiento, el pronóstico es bueno, asegura Isabel Rubió.

POR PILAR QUIJADA





 

Artículos en prensa

ARTICULO ABC 8 JULIO 2066





Fulgencio Madrid: «Con la ayuda de todos»

Fulgencio Madrid, padre de un niño hiperactivo y presidente de la Federación Española de Asociaciones de Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad (Feaadah), con sede en Murcia, explica el papel de las asociaciones: «El diagnóstico de TDAH se vive con angustia. Las asociaciones dan la oportunidad de compartir inquietudes con otros padres con más experiencia». Organizan escuelas de padres y abuelos, que muchas veces son los que cuidan a los niños, para que conozcan el trastorno y cómo actuar. Imparten cursos a profesionales y, por supuesto, ayudan a los afectados, dotándoles de estrategias alternativas para mejorar la atención.

Reivindican a la Dirección General de Farmacia que tenga en cuenta que el TDAH es crónico y como tal la medicación debería costar lo establecido para un trastorno crónico, indica Fulgencio Madrid. Esto supondría reducir el precio de 40 a 2 euros mensuales, un alivio económico importante, si se tiene en cuenta que el fármaco ha de combinarse con terapia psicológica una o dos veces en semana y apoyo extraescolar. Un gasto al que muchas familias no pueden hacer frente.

Las largas listas de espera retrasan el diagnóstico hasta dos años, con lo que el tratamiento se pospone. Por el mismo motivo, las intervenciones psicológicas son insuficientes y se tienen que llevar a cabo de forma privada.

En el ámbito educativo solicitan a las distintas Comunidades Autónomas adaptaciones curriculares: «A veces tan simples como cambiar el sistema de evaluación. Cuando pido a un profesor un examen oral para mi hijo, porque ambos sabemos que conoce la materia pero no tiene capacidad para estar escribiendo una hora, pienso que si tuviese una escayola en un brazo no estaríamos discutiendo sobre ese tema».

El gran drama del TDAH, indica, es que cuando se interviene adecuadamente las cosas van por su camino. En caso contrario, la situación puede llegar a ser muy dramática. No en vano el lema del I Congreso Nacional de TDAH celebrado en Valencia el pasado año fue «Con la ayuda de todos». Una ayuda que permitirá a estos niños salir adelante.

Isabel Rubio:«Hay que ver al niño que está detrás del transtorno»

Preside, junto con su marido, la fundación Adana, que ambos crearon hace diez años. Tiene dos hijos hiperactivos y ella misma lo es. Tuvo conciencia de ello, como otros adultos, cuando diagnosticaron a su hija. Dice estar agradecida a ese diagnóstico, que le permitió entender su pasado. Su experiencia, aunque dura, le ha servido para comprender mejor a sus hijos y para defender a las personas con TDAH.

«Lo pasas muy mal. Yo tengo recuerdos de querer ser una niña buena y ser un “trasto”. Se sufre mucho. Ahora lo digo así, de pasada, pero he vivido momentos muy difíciles. Te consideras horrible. Incluso te odias, porque querrías ser como los demás, sabes que puedes y, sin embargo, actúas completamente al revés de lo que habías pensado». Sentimientos que quedan ensombrecidos por la conducta. Por eso hace hincapié en que «hay que ver al niño que está detrás de los síntomas y ayudarle a desarrollar todo su potencial, que lo tiene».

A su hijo le dijeron —hace once años, matiza— que no tenía capacidad para estudiar, y ya está en segundo de carrera. Ella misma acabó Farmacia, eso sí, con mucho esfuerzo, porque hay que compensar con estrategias alternativas el déficit de atención. Y también saber sacar partido de lo bueno: «Muchos hiperactivos han resultado ser fantásticos en el trabajo: somos muy eclécticos y muy espabilados para ver las cosas, tomamos decisiones con rapidez y somos muy creativos».

Envía un mensaje esperanzador a los padres que en estos momentos se enfrentan al diagnóstico de TDAH de sus hijos, consciente de que al principio se vive con desconcierto y angustia: «Lo puedo decir porque la situación de mis hijos y mi familia iba a la deriva. Mi marido y yo teníamos criterios distintos sobre cómo educar a los niños. Pero cuando tuvimos el diagnóstico, buscamos ayuda y nos preparamos como padres, supimos poner orden en el caos familiar».


Orientaciones prácticas para los padres

Inmaculada Moreno García, psicóloga clínica experta en terapia de conducta infantil, recomienda en el libro «El niño hiperactivo», las siguientes pautas:

Póngase en el lugar de su hijo: Su comportamiento indisciplinado y desobediente no responde a una intención deliberada de fastidiarle o desafiarle.

No sea exigente e intransigente: enfádese sólo por lo realmente importante.

Evite los castigos desproporcionados y recuerde reforzar, premiar, alabar y recompensar mediante halagos y signos de aprobación (mirada afectuosa, sonrisa, caricias, etc.) los logros y esfuerzos de su hijo para controlar su comportamiento inadecuado.

Observe el comportamiento de su hijo, analice las situaciones más comprometidas en casa y fuera de ella y anticipe las dificultades.

Muéstrele su cariño y su apoyo incondicional. El enfado y malestar comprensible que le origina el comportamiento activo, incontrolado e indisciplinado de su hijo no puede imponerse y relegar las muestras claras y explícitas de cariño y afecto hacia él. Es importante que el niño sepa que cuenta con su apoyo y ayuda. Si reflexiona sobre ello comprobará que las dificultades, exigencias y experiencias de fracaso a las que hace frente su hijo requieren contar con su dedicación y apoyo incondicional.



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