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Declaración Política del Consultivo de Dirección
de la Columna Artiguista de Liberación
"Mire, amigo, no venga
Con que los gringos son gente dada;
"Yo lo vi a mister Coso
Tomando whiskey con los del club,
Pero nunca lo vide
Tomando mate con la peonada,
No dirá que chupaban
Y que brindaban a mi salud."
ZITARROSA
DE LA ENTREGA A LA TRAICION MÁS REPUGNANTE
El "¿gobierno?" entreguista-frenteamplista y su máximo jerarca, el mismo "que cerca el cielo, flecha los arroyos y traslada reuniones" [1] está desnudo, como el rey del ejemplificante relato; el pueblo calla por vergüenza ajena aunque comienza a comprender que las vestimentas no cubren lo evidente.
Mucho se ha escrito, dicho y difundido desde diversos espacios a diestra y siniestra en estos días; hemos esperado a que acallara el ruido. El mundial terminó, otro Vázquez fue noticia, la claque ministerial ha aplaudido la inoperancia, la derecha tradicional ha jugado al contraataque y la nueva derecha del gobierno ha quedado (permítasenos decir en "pelotas") como el citado rey del "ejemplificante relato". De aquí al ridículo, un paso.
En este contexto podremos analizar, en un cuadro general más amplio, lo vinculado con el fallo de La Haya, la nueva "inflexión" mercosuriana y las raquíticas medidas (movidas) del gobierno y sus amanuenses propagandísticos y apologéticos.
Este gobierno, que no progresa, cada día se muestra más acorde a su esencia policlasista y proburguesa. El "progre-populismo", quintaesencia pragmática de la negación de la lucha de clases y por tanto, forma disoluta y ramplona del oportunismo, está mostrando sus limitaciones objetivas y subjetivas. No convencen a nadie; ni a derecha ni a izquierda y sólo encuentran apoyo en los "funcionales-funcionarios" y en algunos sectores de la sociedad cautivos de la propaganda oficialista.
FUGA, CELULOSA Y DESPUES
El Coronel Gilberto Vázquez, con su escape y declaraciones, dejó en evidencia la timorata actitud de este gobierno y su torpeza funcional, más allá del beneplácito expresado por el Ministro de Educación y Cultura a sus colegas de Defensa e Interior, con aplausos incluidos. Este Ministro que se vanagloria del talante europeo del presidente y de la respuesta de quienes, en primera instancia, permitieron la fuga y el desplante militar, es parte de una casta de renovadores pragmáticos y oportunistas que se ha encaramado en las direcciones de los partidos otrora izquierdistas y en el aparato del Estado. La Ministra Berruti y el subsecretario Bayardi, el mismo que allá por el 83 y 84, jugaba de "bocamaro" desde la "ultrísima" Izquierda Democrática Independiente (I.D.I.), hoy es un acérrimo promotor de la más estrecha colaboración militar-imperial. Promotor de una militarización creciente de la sociedad al favorecer y articular la participación de las Fuerzas Armadas en el seno de la sociedad civil, avanza ahora en la articulación de proyectos geopolíticos del Comando Sur y confiesa que es el gobierno uruguayo quien se ha ofrecido para propiciar la instalación de bases norteamericanas; luego, como lo vienen haciendo una vez sí y otra también desde el gobierno, niega y para reafirmar la negativa afirma que el proyecto es una "escuela" para fuerzas del continente. No pero sí; sí pero no. Es el síndrome Mujica de "como te digo una cosa..."
En relación con el fallo de La Haya es evidente que surgen algunas cuestiones muy demostrativas de la distancia cada vez mayor que existe entre estos gobiernos y los sectores más organizados y concientes de los pueblos. La acción del gobierno argentino de derivar a una corte internacional una contienda de estas características es demostrativa de la intención de provocar la desmovilización del pueblo de Gualeguaychú y pasar a una etapa de negociación y conciliación con el gobierno de Uruguay; nadie podía suponer que una corte estrechamente emparentada con las superestructuras jurídicas de los intereses capitalistas del primer mundo podía fallar de otra manera. Por el lado uruguayo, tanto desde el gobierno como desde los medios funcionales al mismo, se tomó este fallo como una gran victoria teñida de nacionalismo futbolero de la más baja estofa. Casi nadie ha señalado y remarcado que el tema en realidad quedó en fojas cero, ya que no se ha demostrado que no vayan a contaminar dichos emprendimientos y que, en todo caso, será la C.A.R.U. (organismo binacional) la que deberá responder y fiscalizar el avance del proceso.
En todos estos aspectos señalados en los párrafos precedentes existe una línea común de razonamiento por parte de los sectores gobernantes, la cual consiste en privilegiar los aspectos emergentes de los fenómenos sin alcanzar a captar la sustancia material, concreta y objetiva de los mismos y, por otra parte, se pretende adoctrinar desde posicionamientos "nacionales", "globales", "consensuados" aspectos que están en el centro de los antagonismos de clase que son propios del sistema capitalista en esta etapa imperial-mundial y que, desde el papel de los organismos supranacionales y los medios de difusión, se presentan de la manera más interesada y parcial posible y volcada a defender los intereses de los sectores privilegiados.
En este sentido, en estas últimas semanas y en particular en los últimos días, hemos visto, escuchado y leído como, de la manera más repugnante y falaz, los medios internacionales y nacionales han intentado convertir la masacre que el sionismo lleva a cabo en Medio Oriente (contra pueblos de países soberanos con gobiernos legitimados en las urnas) en un ambiguo conflicto de intereses donde el agresor resulta víctima de las circunstancias y los pueblos atacados y masacrados pasan a ser parte del eje del mal "terrorista y fundamentalista".
Los canales de aire (incluido el oficial), ciertos "analistas" y periodistas de la diletancia más límbica e hipócrita, ven la causa de esta bestialidad del imperio yanqui-sionista, en la incomprensión de las formas occidentales de democracia por parte de Palestina y Líbano; después será Siria y luego Irán. Mañana seguramente será América Latina y nosotros mismos; en ese entonces la causa será, ya no el fundamentalismo religioso, el mal será el marxismo, la "narcoguerrilla" y (siempre) el terrorismo.
Digamos con claridad lo siguiente: nada hay, sobre la tierra, más terrorista que el Pentágono y el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica; nada hay, sobre la tierra, más fundamentalista y exclusivista que el militarismo sionista; nada más enfermo y bruto existe sobre la tierra que el ignorante Bush y la camarilla de la muerte que lo mueve. El imperio le declara la guerra a los pueblos del mundo y los amanuenses "progresistas" miran para el costado y silban bajito.
En esta hora de desnudez entreguista-frenteamplista y de envalentonamiento imperial, la unidad de los pueblos del mundo debe articularse a partir de posturas de clase, antiimperialistas y de carácter revolucionario, desde la clara convicción de que el verdadero enemigo de la humanidad es el sistema capitalista y su engendro imperial-militar. Es urgente consolidar espacios de unidad social-política capaces de enfrentar estos proyectos articulados a escala mundial; nuestra tarea es propiciar -regionalmente- la más amplia y profunda en lo ideológico, red de pueblos dispuestos a la resistencia y el combate por la causa de la América socialista.
[1] Ahora refuerza pórticos y encarga aviones particulares.
CLASISMO, INTERNACIONLISMO, SOCIALISMO
APÉNDICE EN RELACION CON LA AGRESION DEL ESTADO DE ISRAEL
A LOS PUEBLOS DE PALESTINA Y LIBANO
(Material difundido el día posterior al ataque a la Autoridad Palestina;
aún la escalada no había cobrado la magnitud bestial de estos días)
El imperio mueve su alfil en Oriente Medio
El sionismo y su soporte "imperial militar mundial" agreden Palestina y en tácito acuerdo se aprestan a jaquear las fuerzas antagónicas en la región.
En un trabajo teórico aún no difundido públicamente decíamos hace dos semanas:
"…En virtud de las propias contradicciones internas (de clase y desarrollo de las relaciones de producción) y de la artificiosa y decadente pomposidad de la sociedad norteamericana, este Estado, fascistizado y militarista, se apresta a controlar al mundo ya no desde las clásicas bases corporativas… sino, de manera apocalíptica, se apresta a enmarcar en una jurisdicción mundial toda jurisdicción regional y nacional y, por tanto, supeditar a niveles de mayor o menor autonomía (según el peso relativo en diversos aspectos de las diferentes naciones o bloques) al resto del planeta. Esta brutalidad es clara señal del agotamiento ya no de la fase sino del sistema; empero, estas señales, lejos de indicar una pronta resolución mecánica de las contradicciones a favor de los "desarrollos nacionales" o de las fuerzas del trabajo, nos alertan de la inminencia de situaciones de conflicto y de guerra a niveles crecientes y de tendencia a generalizarse. Creemos que América Latina y Medio Oriente son dos polos que expresarán antagonismos tremendos con la estrategia mundializadora del Pentágono y, por lo tanto, las hipótesis de confrontación violenta son las más probables o quizá las únicas." [1]
La agresión de la víspera por parte del Estado de Israel a la Autoridad Palestina, y en particular a su gobierno de Hamas, expresan y desnudan la actitud guerrerista a la que apuestan los sectores más reaccionarios del capital y toda la red de complicidad política con estos intereses que existe a escala mundial. El Pentágono, la Unión Europea e Israel, en mayor o menor grado, son responsables de una nueva agresión al pueblo palestino y a su legítimo gobierno; con esta acción se pretende recuperar el terreno perdido tras las elecciones pasadas en Palestina y perfilar nuevamente una correlación favorable a los intereses imperiales en la región que permita y afiance condiciones para nuevas escaladas contra los Estados árabes que mantienen políticas de soberanía y oposición a los intereses norteamericanos en este escenario.
El cuño de las operaciones, sustentado en la hipócrita concepción de "defensa y respuesta necesaria" a la que acuden reiteradamente estos Estados, es un calco de las que tan crudamente hemos sufrido en nuestras latitudes. Granada, Panamá y, de igual modo, diversas operaciones en Líbano en décadas anteriores, como asimismo el ataque a los Talibanes luego del 11 de setiembre y la actual y sostenida agresión en Irak nos muestran que, bajo la cobertura de la protección de ciudadanos, intereses democráticos, territoriales, comerciales u otros, se esconde la brutal, cruda e inargumentable mentalidad fascista, imperial y guerrerista del complejo militar-industrial mundial sostenedor de los gobiernos articuladores del poder capitalista a escala global.
Es evidente que una operación de la envergadura que ha tenido esta escalada contra Palestina y Siria incluida, no es una puntual y espontánea respuesta producto del secuestro de un soldado israelí; esta acción se estaba cultivando y preparando con el conocimiento y aprobación de la Casa Blanca, con la esperable aquiescencia de la Unión Europea y con la autista y prescindente tesitura de las Naciones Unidas, las cuales, cada vez más, son parte del tinglado "jurídico y superestructural" mundial de convalidación de las acciones militares del imperialismo norteamericano que "hegemoniza", desde su poderío militar, a todo el espectro de países del primer mundo que, si bien poseen una fortaleza económica mayor y de franca superioridad respecto a los Estados Unidos, no encuentran espacio, autoridad y autonomía política suficientes como para enfrentar, aunque sea en el terreno diplomático, al Estado gendarme mundial.
BAJA INTENSIDAD Y DESTINO MANIFIESTO
La oscura e intrincada red de connivencia, complicidad y participación combinada entre los sectores políticos más reaccionaros del Departamento de Estado norteamericano, junto con -o pese a- la CIA, el MOSSAD, y algunas corrientes islamitas en décadas pasadas, han significado verdaderos focos detonantes de diversas situaciones que han signado la geopolítica de Europa, Medio Oriente, África y la propia Norteamérica en los últimos tres lustros. La red "al Qa'eida", el propio Osama Bin Laden, fuerzas fundamentalistas árabes y otros actores, parecen (y los hechos lo comprueban) ser parte de una polifacética y multiforme estructura adaptada a multiplicar conflictos, generar antagonismos y desvirtuar el centro de todas las cuestiones llevando la contradicción principal y fundamental a niveles secundarios -cuando no anecdóticos- donde la confusión es tan grande y el rastro tan complejo e inidentificable que, el enemigo real siempre queda a salvo. [2]
De hecho, hoy mismo hemos escuchado, leído y observado diversas disquisiciones tendientes a desentrañar las causas de esta acción guerrerista; se ha intentado hurgar en el trasfondo histórico religioso y en la esencia antagónica de las concepciones orientales y occidentales y, de igual modo, en lo irreconciliable de los principios judíos e islámicos; nadie, o casi nadie ha vinculado este hecho a una contradicción vinculada con intereses subyacentes en la esencia rapaz y concentradora del capital en esta fase y en esta etapa mundializadora-militarista y su necesaria y criminal acción geopolítica.
Consultivo de Dirección de la
COLUMNA ARTIGUISTA DE LIBERACION
NOTAS:
[1] "El Imperialismo post "11/9" y el papel de la izquierda revolucionaria
latinoamericana"; ponencia presentada para el Seminario organizado por la Universidad Popular Joaquín Lencina y Semanario Siete sobre Siete en relación con los 90 años del ensayo de V. I. Lenin, "El imperialismo, fase superior del capitalismo".
[2] "Osama bin Laden, la oveja negra de la CIA", Adrián Mac Liman Centro de Colaboraciones Solidarias. España, abril del 2001.
(transcribimos a continuación algunos fragmentos)
"Osama bin Mohamad bin Awad bin Laden nació en Riad en 1957. Hijo de un humilde estibador de origen yemenita que logró convertirse en el mayor contratista de obras de Arabia Saudí, el joven Osama se educó en los mejores colegios e institutos docentes del mundo árabe. En 1979, tras finalizar los estudios en la Universidad de Jedda, pasó a formar parte de la plantilla de ingenieros de la empresa familiar. Pero su trayectoria profesional quedó truncada en diciembre del mismo año, cuando el Ejército Rojo ocupó Afganistán. Osama abandonó la empresa para integrarse en el movimiento armado que combatía la presencia militar rusa.
En aquel entonces, la guerrilla afgana (y los combatientes islámicos procedentes de Oriente Medio y el Norte de África) contaban con un poderoso aliado: los Estados Unidos. En efecto, Washington tenía interés en frenar la expansión territorial de la URSS en el continente asiático. Pese a los titubeos primitivos de la Administración norteamericana, el Pentágono y la CIA lograron persuadir a los políticos de Washington sobre la necesidad de afrontar a los rusos por interpósita persona. Pero la resistencia armada y las brigadas internacionales no eran capaces de coordinar sus acciones; diferencias ideológicas y viejas pugnas tribales impedían la creación de un frente común contra el "enemigo eslavo". Las relaciones de los servicios de inteligencia norteamericanos con las facciones guerrilleras pasaban por el filtro de los socios islámicos: la CIA saudí y el Inter Service Intellegence (ISI), servicio de contra inteligencia del ejército paquistaní. A través de su organización -al Qa'eida- Osama bin Laden facilita la llegada de combatientes y de fondos estadounidenses a la resistencia afgana. Sus contactos con los servicios secretos de Washington y Riad le convierten en el tesorero del operativo Afganistán. De hecho, el millonario saudí financia y apadrina a los líderes de los movimientos de guerrilla que acuden, en 1983, a las negociaciones multilaterales sobre el porvenir de Afganistán celebradas en la sede europea de las Naciones Unidas de Ginebra. Lejos de ser un simple "cajero", Bin Laden tiene una idea clara acerca del futuro del país-campo de combate. Unas ideas que nos expuso una tarde de otoño en la Ciudad de Calvino y que podrían resumirse en un vaticinio: "...después de la derrota de los rusos, edificaremos el nuevo Islam; un Islam puro, diáfano, auténtico..." El que esto escribe volvió a acordarse de las palabras de Bin Laden en 1995, es decir, más de un lustro después de finalizar la ocupación rusa, cuando los Estados Unidos optaron por apoyar a los "taliban", movimiento radical que logró materializar el sueño del mecenas saudí. Sin embargo, en aquellas fechas, las relaciones de Bin Laden con el "gran Satán" se habían deteriorado. A partir de 1989, Osama decide plantar cara a la monarquía saudí, acusándola de haber abandonado los preceptos coránicos. A los ataques contra el "establishment" se suman sus virulentas críticas a la alianza militar entre Riad y Washington tras la ocupación de Kuwait por el ejército iraquí y presencia de tropas americanas en tierras del Islam, antes, durante y después de la Guerra del Golfo. En 1992, al Qa'eida firma las paces con los movimientos radicales chiítas, fijándose como meta la lucha contra los Estados Unidos y sus aliados y los ataques contra las tropas norteamericanas acantonadas en Arabia Saudí, Yemen y el Cuerno de África.
En febrero de 1993, tras el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York, el FBI sospecha que el grupo capitaneado por el multimillonario saudí está involucrado en la ofensiva antiamericana. Navegando incansablemente entre Jartún y el desierto afgano, el "enemigo público número uno" edifica nuevas bases de entrenamiento para la guerrilla islámica. Los combatientes del Islam toman parte activamente en la guerra de Bosnia y Chechenia, abonan el terreno en Kosovo y Turquestán, trasladan la ideología del Frente Islámico Universal a Indonesia y Filipinas. A finales de febrero de 2001, el movimiento de Bin Laden cuenta con 37 mártires, caídos en 17 frentes distintos. La "guerra santa contra los judíos y los cruzados" ha dejado de ser una simple quimera. No hay que extrañarse, pues, si en la primavera de 1996, haciéndose eco de las exigencias de los miembros de los órganos de seguridad nacional, el presidente Clinton autoriza a la CIA a emplear todos los medios para eliminar físicamente al multimillonario saudí y destruir la estructura política y militar creada por éste. Pero ninguno de los mercenarios contratados por el espionaje norteamericano (se habla de más de un millar), logra cumplir la arriesgada misión. Sin embargo, cabe preguntarse hasta qué punto la aparente soledad de Bin Laden no oculta designios más complejos y... maquiavélicos. En efecto, a finales de 1996, los estrategas y jefes de los servicios de inteligencia galos advierten sobre la existencia de una "conjura islámico-norteamericana" destinada ante todo a... ¡debilitar a Europa! A la campaña llevada a cabo por el analista político Alexandre del Valle se suman los generales Gallois y Savan y el periodista y editor Jean-Pierre Peroncel-Hugoz, gran conocedor del mundo árabe. Los investigadores franceses hacen hincapié en la publicación de artículos anti islámicos en los principales medios de comunicación americanos. En este contexto, llaman la atención dos editoriales aparecidos en 1992 en el Washington Post. El primero, publicado el 19 de enero, advierte: "El fundamentalismo islámico es un movimiento revolucionario hostil, de una violencia similar e incluso más intensa que la de los movimientos bolcheviques, fascistas o nazis del pasado. Es un movimiento despótico, antidemocrático y contrario al laicismo, por lo que no se le puede dar cabida en un mundo laico cristiano."
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