Ante el nuevo aniversario del nacimiento de un inmortal

Che Comandante, amigo.

Algún poeta dijo
y sería lo más justo,
desde hoy nuestro deber
es defenderte
de ser Dios.

“Atacar dura e ininterrumpidamente
en cada punto de confrontación,
debe ser la táctica general de los pueblos.
Pero, en los lugares en que esta mísera paz que sufrimos no ha sido rota, ¿cuál será nuestra tarea?
Liberarnos a cualquier precio.”


Ernesto Che Guevara

 

A SETENTA Y OCHO años del nacimiento de Ernesto Guevara cabe, al menos, dejar explícitas unas líneas que atestigüen, junto con los porfiados hechos, la vigencia de su pensamiento, su palabra y su acción.

En una época donde la liviandad en el pensamiento ideológico, la chapucería seudo teórica y la ramplonería política campean (unas veces desde la socialdemocracia reformista, otras desde las vertientes que se postulan como revolucionarias) cabe, al menos, intentar aportar un poco de rigor a la hora de escribir acerca de la praxis de Guevara.

Fruto de sus circunstancias y a la vez arquitecto de sí mismo, Ernesto, el médico, el guerrillero, el teórico, el hombre, expresa quizá como pocos seres en la historia de la humanidad la coherencia y la consecuencia con un pensamiento. Ese pensamiento estuvo, desde temprano, vinculado a la más enorme y hermosa tarea a la que puede brindarse persona alguna: la revolución.

PRAXIS REVOLUCIONARIA

En esta hora de marcado reflujo, de elucubraciones tendientes a retardar los compromisos, a evadir las responsabilidades y a encubrir insuficiencias, cabe expresar que Ernesto Guevara fue, confesamente, un marxista-leninista. Este cuerpo teórico práctico, herramienta científica de análisis y guía para la acción, ha demostrado a lo largo del desarrollo histórico estar dotado de un potencial inigualable e insuperado en la perspectiva de vertebrar la acción revolucionaria.

Hoy día resulta prácticamente imposible negar a Guevara en su estatura de revolucionario, en su capacidad de afrontar los hechos, en su capacidad para –creativamente- abordar problemas complejos a la hora de construir el socialismo y, por cierto, a la hora de ser fiel a las convicciones y poner el pellejo detrás de las palabras. Muchas veces, intencionadamente o de manera idealista, se pretende encubrir o minimizar la importancia cardinal de la convicción ideológica de Guevara, la cual es –a no dudarlo- elemento imprescindible como marco y soporte de su trayectoria. Esta trayectoria está perfilada, sustentada, marcada e impulsada por el pensamiento crítico que proviene (y queremos expresarlo una vez más) del marxismo-leninismo.

No se puede ser ajeno a este hecho a la hora de ver en el Che el arquetipo del revolucionario; no se puede dar la espalda a esta teoría a la hora de elaborar la estrategia de la revolución en nuestras tierras; no se trata de reivindicar vanguardismos, perfiles o matices ni se necesita buscar el ángulo de abordaje desde “ismos” que maticen su postura, su palabra y su acción. No se trata de ser más o menos comunista, más o menos leninista, más o menos guevarista. La cuestión radica en ceñirse al marxismo-leninismo y aplicarlo al análisis concreto de la situación concreta aceptando y comprendiendo los núcleos “duros” de desarrollo de esta herramienta.

Hoy, cuando se perfilan nuevos ideólogos que “pretenden” alejarse de posiciones revisionistas, observamos que se tejen argucias y se argumentan dicotomías desde reacomodos pretendidamente teóricos e historiográficos que intentan (aunque claro está, no pueden expresarlo explícitamente) negar la necesidad del partido de vanguardia, de la violencia revolucionaria, de la dictadura del proletariado y de la necesidad de pautar la lucha por el objetivo socialista asumiendo la generalidad de estos aspectos centrales (ya no de la teoría) de la praxis revolucionaria histórico concreta.

HETERODOXIA DE LA ORTODOXIA

A la hora de renunciar al posicionamiento revolucionario, los amables teóricos, los hurgadores de bibliotecas y los exhumadores de fracasos tienen siempre a la mano un párrafo excepcional, un argumento brillante, una tesis sostenida por la pureza de los laboratorios. Estas imposturas, infalibles en el terreno de la academia, resbalan por el más gelatinoso de los marasmos a la hora de enfrentar la gris, cruda y vulgar tarea de organizar “la revuelta”.

El corpus del pensamiento marxista revolucionario a esta altura del siglo XXI se ha confrontado con la realidad de los triunfos y las derrotas; de los hallazgos y las comprobaciones; de las dudas y las certezas; de las particularidades y las generalidades.

“Dialéctica de la naturaleza”, “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, “Miseria de la filosofía”, “El capital”, “El imperialismo, fase superior del capitalismo”, “El qué hacer” o “El Estado y la revolución” por citar algunos de los textos imprescindibles de la tríada maestra parecen ser hoy, para algunos aprendices de brujo devenidos en “neo teóricos”, objetos en desuso, vulgaridades del esquematismo comunista o piezas de biblioteca.

Está en boga en esta etapa renegar de la revolución en base a un pragmatismo reformista de vuelo ramplón; no nos preocupa, de alguna manera es una forma consecuente (aunque no confesa) del posicionamiento pequeño burgués.

Hay sí, y esta forma nos alarma, otra manera de posicionarse en el marco de la lucha de clases en la hora actual. Se convoca desde diversas vertientes del pensamiento izquierdista y desde diferentes corrientes a nivel internacional o nacional a posicionarse en orgánicas que reniegan del compromiso de clase, o de la necesidad de la organización política, o de la necesidad de estructuras partidarias centralistas y democráticas. Al mismo tiempo se proclama la lucha y se convoca a la pelea. ¿Cómo luchar y desde qué postura de clase? ¿Cómo concentrar el descontento popular sin la herramienta política? ¿Cómo vencer al Estado burgués y su aparato sin una teoría revolucionaria, sin una estrategia, sin táctica y sin partido? Hay quienes proclaman que no se puede; otros proclaman que serán las masas radicalizadas; algunos más profieren que se insurreccionará el pueblo cuando tome conciencia. Los marxistas-leninistas afirmamos que el factor subjetivo de la revolución es el partido. El Che creía lo mismo.

VIAS, METODOS Y ESPECIFICIDADES

Así las cosas cabe preguntarse acerca de la vigencia de la praxis revolucionaria de Ernesto Guevara, acerca del carácter de algunas de sus aportaciones teórico-prácticas en el terreno específico de lo político-militar, en relación con sus trabajos económicos vinculados a la planificación presupuestaria y a sus planteos vinculados a la necesidad de una mayor autonomía del desarrollo económico industrial de la Cuba de los primeros años de revolución. De igual modo cabe preguntarse acerca de la validez de su acción foquista, guerrillerista y militar. Todo análisis objetivo y particular es necesario a la hora de sintetizar y superar dialécticamente las aportaciones de los procesos en los cuales Guevara fue figura destacada.

Lo que nos parece imprescindible y de rigor en tanto marxistas-leninistas es analizar, comprender y aceptar que el Che fue parte de un complejo proceso histórico y social en el que los pueblos y sus organizaciones desarrollaron luchas ancladas en el pensamiento revolucionario a la luz de una teoría, la teoría revolucionaria de la clase obrera, la del partido de la revolución. Este aspecto, generalidad a considerar en el desarrollo de futuros procesos en nuestro continente, debe ser un elemento clave a atender en cualquier hipótesis seria de trabajo de intención revolucionaria. No es concebible un Guevara desvinculado de un posicionamiento de clase; no es concebible un Guevara disociado de la organización revolucionaria; no es imaginable un Guevara ajeno a las tareas vinculadas con la lucha ideológica, el trabajo organizativo, la planificación estratégica.

No es concebible Ernesto Guevara sin el marxismo-leninismo, de igual manera que no es concebible la revolución americana sin el ejemplo del CHE.
 

Alejandro García Ruiz
DEL CONSULTIVO DE DIRECCION

DE LA COLUMNA ARTIGUISTA DE LIBERACION
Montevideo, Uruguay, 14 de junio de 2006

 

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