Nuestra tarea no es otra que proclamar el evangelio.
No la tenemos en propiedad.
La compartimos con tantos hombres
y mujeres, que, desde antiguo vienen intentando
hacer cada día más visible la salvación
desencadenada por Jesús.
En un mundo como el nuestro, necesitado
de una Palabra viva, nos sentimos parte de esa
misión común, la de Cristo, que acampó
entre nosotros para mostrarnos a Dios. (CG34)