Para los que no la conozcan les diré que Cantabria es una región del norte de España, con una marcada identidad territorial, propiciada por el aislamiento que la cordillera cantábrica y su orografía le ha impuesto . Sus comunicaciones aún hoy en día son deficientes con el interior penínsular y con relación a sus regiones vecinas de la costa sólo recientemente, con la construcción de la autovía del Cantábrico, se ha alcanzado una situación aceptable, sobre todo con el País vasco, ya que con Asturias la mencionada autovía está inacabada en varios tramos. Pero este aislamiento existe y ha existido, también ayer más que hoy, dentro de la propia Cantabria, ya que sus sierras y montañas constituyen cerrados valles que no siempre tienen fácil vía de franqueo.
En Cantabria ya antes de la entrada del Cristianismo encontramos abundantes manifestaciones religiosas. Quizás las numerosas pinturas rupestres, alcanzando la excepcionalidad artística en el caso de Altamira, sea la prehistórica manifestación religiosa de este pueblo; pero posteriormente se han reconocido muchas más. Algunas, son claro influjo de las creencias célticas provenientes de los aportes de población que estos pueblos provenientes de Centro Europa trajeron a este lugar. La mitología cántabra es fiel exponente de esta espiritualidad céltica (anjanas, genios, etc.) que consideraba las fuentes, ríos, bosques, vientos como genios o espíritus vivos, unos buenos y otros no tanto. Los griegos nos hablaban de ceremonias de adoración a la Luna, y de extraños rituales nocturnos en los que los cántabros bebían sangre de caballo. También en épocas posteriores e incluso en época romana ya muy avanzada se ha encontrado algún que otro dios de nombre singular que puede hacer pensar en un cierto indigenismo religioso propio y autónomo. Hemos, pues de concluir que en esta región ya desde sus orígenes se vivió un intenso espíritu religioso.
La Cristianización empero, fue muy tardía, debido por un lado, a ser uno de los pueblos peninsulares menos romanizados por ser el último en ser dominado por el imperio romano, y por otro, a que su orografía y aislamiento tampoco facilitó las cosas. Por todo lo cual, los historiadores con pleno consenso, manifiestan que la plena cristianización hay que retrasarla hasta el comienzo de la Edad Media, después de la conquista musulmana de la península.
Dos características principales de la religiosidad cántabra son la multiplicidad en las manifestaciones: cánticos y danzas religiosas, procesiones, señalamientos religiosos de lugares (cruces, humilladeros), advocaciones marianas, romerías y fiestas patronales, votos o encomiendas a santos, comidas de caridad, representaciones de La Pasión, etc.; y la diversidad territorial, debido a la orografía,