
Influencia del aumento de
radiación ultravioleta en la vida marina antártica.
La llegada de la estación primaveral implica para la mayoría de los organismos antárticos el inicio de una nueva etapa en sus ciclos de reproducción y crecimiento.
Por otra parte, a unos pocos kilómetros de distancia -en la alta atmósfera-, la concentración de ozono disminuye en dicha estación hasta la mitad de sus valores normales. Así viene sucediendo hace poco más de 20 primaveras, según registros continuos tomados.
Para la vida marina antártica la
existencia del llamado "agujero de ozono" implica basicamente, el
aumento de la radiación ultravioleta que recibe.
Pero, ¿ qué son los rayos ultravioleta ?
El espectro de los rayos ultravioleta se extiende entre los 200 nm a 400 nm y se
divide en (a menor longitud de onda, mayor energía):
- UV-C, de 200-280 nm
- UV-B, de 280-320 nm
- UV-A, de 320-400 nm
La radiación fotosintéticamente
activa (de .400 a 750 nm) y la UV-A no son filtradas por la capa de ozono, y en
consecuencia son independientes de su variación.
La UV-B es la que está ingresando con más intensidad por el "agujero de
la capa de ozono". Al llegar al mar y a medida que atraviesa la columna de
agua, esta radiación es absorbida y dispersada, en especial por las sustancias
disueltas y particuladas.
La capa de agua que filtra hasta el 90 % de la radiación solar de 310 nm (UV-B)
varía en su espesor entre unos 20 m en los océanos de aguas más claras del
mundo, a pocos centímetros en lagos de aguas turbias y ríos.
Algunos datos comparativos de la profundidad en metros a la cual el 90 % de la
UV-B se ha filtrado respecto a la que ingresa en la columna de agua:
Mar de los Zargazos (Caribe) 19,8 m
Mar de Bellingshausen (Antártida) 9,0 m
Boca del río Orinoco (Venezuela) 0,11 m
Una peculiaridad en las aguas antárticas es que los cambios estacionales de las radiaciones son muy grandes. Tras la oscuridad invernal, comienza un aumento gradual de luz. Bajos esas condiciones, el tiempo requerido de fotoadaptación al UV es un factor critico en la tolerancia para muchos seres vivos, en especial los pequeños unicelulares.
Se sabe que el UV-B puede tener efectos letales y mutagénicos en diversos organismos acuáticos. El ADN (ácido desoxiribonucleico, constituyente del material genético) es el primero en dañarse, y efectos secundarios incluyen absorción por ARN (ácido ribonucleico), proteínas, pigmentos, etc.
Tras por lo menos 20 años de
incremento en la radiación ultravioleta, las especies unicelulares que en unos
pocos días producen nuevas generaciones se habrían comenzado a seleccionar,
favoreciéndose las más tolerantes.
En seres vivos más complejos, con ciclos de un año o más extensos, los
efectos se sentirían a más largo plazo.
Organismos que habitan bajo las
rocas, que viven por debajo de la capa de penetración de la luz o de hábitos
nocturnos, serían menos afectados en forma directa.
Entre los organismos expuestos a la radiación, su tamaño, forma, o cubierta
externa pueden servir en más o en menos como barrera protectora. La edad, sexo,
y estado de "salud" también determinan distintos efectos.
Entre los sistemas defensivos, se han identificado tres mecanismos celulares que actúan en la reparación de daños en el ADN.
Las micosporinas son sustancias que
absorben radiación ultravioleta y se asume que brindan protección ante el
UV-B; adaptación con analogía a la protección de nuestra piel por la
melanina.
Estos compuestos han sido registrados en grupos como dinoflagelados, algas
rojas, estrellas, ascidias, zoántidos, algunos bivalvos y hasta en unos pocos
peces. Los animales obtendrían micosporinas al ingerir algas que las producen o
por su presencia en organismos simbiontes.
Efectos del aumento de la UV-B en
algunos grupos de seres vivos marinos
Bacterias
La trama alimentaria de las bacterias es la principal ruta del carbono orgánico a través de ecosistemas acuáticos. Este reciclado de nutrientes ha evolucionado por millones de años, con complejas relaciones entre el material orgánico disuelto, las bacterias, los flagelados y el fitoplancton.
La UV-B influencia todos estos "niveles" pero con tantas variables en juego e incógnitas por develar, se considera que no es posible hacer predicciones certeras sobre como la trama trófica microbiana es afectada.
Por sus cortos ciclos
generacionales, las bacterias deberían adaptarse en forma rápida ante cambios
en el ambiente, y justamente tienen distintas defensas.
Así por ejemplo, hay mecanismos de reparación de ADN inducidos por UV o
elaboración de compuestos que absorben en UV, aunque faltan muchos estudios.
Por otra parte, las bacterias no dependen de la luz para obtener los substratos
orgánicos que las nutran y el UV-B puede afectar su viabilidad sólo hasta los
10 metros de profundidad en aguas antárticas.
Las células algales en cambio sólo crecen hasta la profundidad de la
penetración de la radiación solar necesaria para la fotosíntesis. En
consecuencia, en una escala amplia, los riesgos de que las bacterias disminuyan
su actividad no serían tan grandes como para el fitoplancton.
Además la reducción de actividad bacteriana tiene un importante efecto indirecto sobre la abundancia del fitoplancton: al bajar el ritmo de remineralización de nutrientes inorgánicos, hay menos nutrientes disponibles para la fotosíntesis de las algas.
Microalgas
Experiencias de campo y laboratorio han estimado una disminución de la producción primaria de las microalgas de entre el 6 % y 15 % en aguas superficiales del océano austral (1992) por efectos del UV-B.
Se ha determinado la diferente
sensibilidad al ultraviotela de unas 20 especies de diatomeas. En general al
exponerlas a bajas radiaciones de UV-B, se observó un aumento en su
crecimiento, ya que se estimularía la síntesis de ADN.
Ya con altas radiaciones, las células dejan de dividirse aunque siguen
creciendo y fotosintetizando. Las células más pequeñas -con gran superficie
expuesta en relación a su volumen-, serían las más dañadas.
Como en los mares australes ellas harían el mayor aporte a la producción
primaria, el efecto del UV puede implicar grandes cambios ecológicos. Se ha
sugerido por ejemplo que células más grandes podrían hacerse dominantes.
La diatomea Corethron cryophilum,
abundante en el fitoplancton antártico es, entre las especies estudiadas, la
más resistente al UV.
El fitoplancton y las algas del hielo exhiben distintas absorbancias de UV-B y
se conocen micosporinas en comunidades de algas de hielo. Pero aún falta mucho
por conocer. Según estudios recientes, la UV-A causa mayor declinación en
tasas fotosintéticas del fitoplancton que la UV-B.
Macroalgas
Poco se sabe sobre los efectos de UV
en las comunidades de macroalgas, algunas de las cuales se ven muy expuestas a
la radiación, como las que crecen en el intermareal.
También son desconocidas las respuestas al efecto de UV-B cuando se suma el
stress por escasez de nutrientes, desecación o alta presión de los
herbívoros.
Las especies de estructura simple,
como las algas filamentosas, serían más susceptibles al daño que las de talo
más complejo, como las laminares. Hacen falta conocer los mecanismos
específicos de reparación o protección en este grupo.
Siete micosporinas han sido identificadas en macroalgas antárticas. Resultan
más abundantes en algas rojas, registrados también en algas pardas, y menos
frecuentes en algas verdes.
El stress ocasionado por los rayos ultravioleta puede además causar efectos indirectos. Por ejemplo, resultados preliminares con el alga Dictyota dichotoma indicaron que exposiciones a UV reducen la concentración de sus sustancias químicas defensivas y la hacen más "palatable" para sus predadores.
Invertebrados
Sobre 50 especies de invertebrados
antárticos en las que se analizo la existencia de micosporinas, se detectaron
en el 90 % de ellas.
Las lapas (Nacella cocinna) son uno de los organismos que aparecen en el
intermareal libre de hielo, ya desde entrada la primavera.
En el ciclo de vida, sus larvas liberadas en la columna de agua son las
expuestas a mayores niveles de radiación. Es posible que el UV-B tenga
influencia en su mortalidad, como debe ser el caso también para embriones y
larvas de muchos invertebrados.
Ya en la etapa adulta, el caparazón
da protección ante los rayos, mientras que las micosporinas se encontraron en
concentraciones variables según los tejidos, siendo elevada en los ovarios.
Además, en las lapas más expuestas del intermareal, se hallaron mayores
concentraciones de micosporinas que en lapas siempre cubiertas por las aguas.
Se ha planteado que es importante conocer la influencia del aumento de UV en la productividad de organismos "clave" como el krill, aunque esta variable es muy difícil determinar para estos organismos.
Aves
Las plumas de las aves son muy buena
protección contra los rayos UV, en especial mientras las aves anidan. Los
pichones obtienen resguardo con la protección del cuerpo de sus padres.
Aunque el alto reflejo de hielo y nieve, determinaría que las aves antárticas
estén más expuestas a tener problemas en córneas por efectos del UV en
relación a aves de áreas más templadas.
Pero el mayor daño potencial a los miembros del mundo alado estaría en
relación a cambios alimentarios que surgan por alteraciones en el fitoplancton.
Mamíferos
Los mamíferos marinos antárticos
tienen en su cuero y su pigmentación buena barrera protectora.
Las focas reciben mayores radiaciones de UV con el reflejo en nieve y hielo, y
en menor grado en agua y tierra.
Esta radiación puede dañar la córnea, aunque presentan buena tolerancia a la
radiación. Hay evidencias que la percepción ocular de UV-B tiene influencia en
la regulación de la fisiología neuroendocrina de mamíferos, aunque no se sabe
si este efecto se da en la Antártida.
En todo caso, los efectos negativos del UV-B en la dinámica de su cadena
alimentaria puede ser nocivo para ellos.
Santiago G. de la Vega
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Ramón
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Revisado: 20 Oct 2002
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