LAS CRISIS ECONÓMICAS EN COLOMBIA

El desarrollo del capitalismo en Colombia ha estado acompañado, como en todo el mundo, por la presencia de los ciclos económicos y de las crisis periódicas. Ley rigurosa que ha tenido además un desenvolvimiento nacional rico en peculiaridades.

No coinciden y ello lo mostraré en detalle, los períodos largos expansivos y depresivos en los países capitalistas metropolitanos, con los del Tercer Mundo (ni los de todos estos entre sí). La Gran Depresión del 30 coincidió con una fase de ascenso capitalista en América Latina, que en Colombia llegó a culminar en un auge hacia 1956. Luego vino la "crisis del modelo de sustitución de importaciones" hasta culminar en la Gran Depresión latinoamericana de los 80, período todo que sin embargo coincidió con el ascenso de los "Tigres" asiáticos.

Voy entonces a presentar una hipótesis sobre el desenvolvimiento específico de la economía colombiana en ciclos, unidades de la historia económica colombiana de este siglo que procurado discernir del trabajo minucioso de los historiadores.

1 Crisis Precapitalistas

La historia de los ciclos económicos en nuestro país no podía iniciarse sin el desarrollo del modo de producción que los origina. Las formas de producción e intercambio de muchos pueblos indígenas excluían la acumulación y el comercio propiamente dichos, guiándose por las estructuras de reciprocidad de los parientes y comunidades. No había ganancia y en muchos casos no había excedentes aparte del disfrute común del territorio. En un contexto así la crisis se presentan por las catástrofes naturales, las anormalidades del clima, las guerras o invasiones y los problemas de población. Hoy sabemos de desastres así sufridos por los pueblos indígenas de la Amazonia, como los Nükák, pero no por causa de la naturaleza sino de la sociedad, del sistema que los reduce sometiendo a su cultura y vida a condiciones imposibles.

En sociedades indígenas estratificadas como la muiska y aun más el sureño imperio Inca la producción era comunitaria y distribuida por mecanismos ajenos al comercio, regulada por jerarcas (al estilo de los faraones) de clanes o etnias dominantes que se habían apropiado de las comunidades y las controlaban para manejar sus excedentes. En principio la prosperidad no dependía de un capital comercial o del comercio que en el caso de lo que hoy es Colombia, apenas regulaba las relaciones exteriores de las sociedades de paz y guerra. La crisis en estos casos a más de la naturaleza y la guerra era causada por la política de los dominadores, por un mal Inca, o Zipa o Sake o porque su política de expansión chocaba con límites sociales o de la naturaleza misma.

La crisis por excelencia para las sociedades indígenas fue la Conquista. Luego el capital aparece en la Colonia, pero ajeno a la producción y limitado al campo de la ganancia comercial. El oro salía de nuestro territorio para lucrar el capitalismo europeo con la intermediación mercantilista de la corona española, pero la producción de ese oro no estaba a cargo de obreros "libres", sino "mitayos" indios que cumplían turnos impuestos a las comunidades. Ellos hicieron la primera huelga laborales del país, cuando los muiskas de Guatavita pararon la Construcción de la Catedral de Santafé en protesta porque no los dejaron asistir a sus fiestas.

El capital no entraba a los nervios de la producción ni del oro, ni en la red de producción en torno a él. La esclavitud de los africanos imperaba en minas, plantaciones, transportes y puertos; la servidumbre indígena en encomiendas, reducciones y haciendas; los colonos eran campesinos o semisiervos.

Con la Independencia, la Nueva Granada conquistó la libertad de comercio y de producción negadas por la Corona. Los gamonales criollos escogieron la primera en desmedro de la segunda, que quedó por buen tiempo existiendo sólo formalmente por la competencia de las mercancías extranjeras. Pero hacia 1830 la propia clase dirigente tuvo que hacer un viraje proteccionista a la depresión del mercado mundial causada por la crisis y el período largo de contracción en Europa (OSPINA V. 1979: 127).

La Nueva Granada vivió entonces década y media de florecimiento de la producción nacional. Se registró luego la primera gran crisis comercial-bancaria, a comienzos de 1842, tras la quiebra de Judas Tadeo Landínez y sus émulos, quienes emitían bonos para comprar empresas comercial-artesanales y manufacturas y eran propietarios de la primera industria colombiana: la ferrería de Pacho. Los negocios chocaron contra el atraso y la especulación. Esta primera época de ascenso de la producción no culminó en el desenvolvimiento del capitalismo, implantado en muy pequeña escala en Pacho, pero carente de fuerza de trabajo "libre", en la medida en que la esclavitud seguía vigente, las haciendas acaparaban los servicios de campesinos e indios y el comercio negociaba sobre todo con productos agrícolas o artesanales que generalmente provenían de las unidades domésticas rurales.

A mediados del siglo XIX y una vez abolida la esclavitud se libró una batalla decisiva. Los artesanos se apropiaron a su modo de las ideas de las revoluciones europeas de 1848, para abrirle paso a la industria nacional. Los oligarcas de la tierra y del comercio defendieron en cambio las ideas de la burguesía inglesa y de sus economistas, especialmente el librecambismo por el cual combatieron contra los artesanos.

Los productos exportados, principalmente el tabaco, reforzaron en nuestro país los lazos de servidumbre del campesinado, en pleno período de auge del capitalismo europeo. La aparcería tabacalera y el régimen de las haciendas hegemonizaron la economía colombiana, que se retrasó al menos 30 años después de la derrota de los artesanos en 1854. Mc Greevy (1975: 103) estudió la decadencia del país y del ingreso nacional durante la segunda mitad del siglo XIX en pleno auge exportador.

2 Acumulación Originaria de Capital

El precio internacional del tabaco tuvo su mejor año en 1864, para decaer en 1870 y derrumbase en 1875. El intento de compensar la crisis con el añil, sólo duró tres años (1870-72). Las exportaciones de quina resistieron más, pero su cotización también cayó por el suelo en 1881. Si uno producto tras otro se derribaba a sí mismo y el café no lograba todavía el impulso necesario, era precisamente porque una crisis de superproducción atribulaba al mercado mundial y un período largo depresivo sobrevino, tal y como lo observara Nieto Arteta (v. Mc GREEVY p. 117).

Internamente los efectos del derrumbe comercial de las exportaciones pudo apreciarse claramente: un número muy grande de personas dedicadas al cultivo y tratamiento de la hoja fue desalojado de los campos, en los cuales penetró la ganadería. El déficit del comercio exterior tuvo que equilibrarse con la salida de oro, lo cual provocó un auge de su producción, que habiendo terminado la esclavitud se desarrolló en forma artesanal y a veces capitalista. Entre 1875 y 1877 se redujeron las importaciones en 30 %, alcanzando para 1885 solo el 41 % del monto de 1873.

Esta vez el capital llegó más lejos que en 1830-54: la cantidad de dinero acumulado por comerciantes y propietarios de tierra era 5 a 20 veces mayor, de acuerdo con el volumen que llegó a tener el comercio exterior. Entrada la década e 1880 primó de nuevo el proteccionismo; el presidente Rafael Núñez se declaró converso de esa doctrina, se impusieron mayores impuestos de aduana a los artículos de consumo y a las mercancías colombianas se les descargó de gravámenes departamentales. A la vez las máquinas y materias primas extranjeras tuvieron tarifas aduaneras menores para que pudieran ser adquiridas por las manufacturas locales.

La salida de miles de tabacaleros del campo proporciono mano de obra que los nacientes empresarios necesitaban. Miles de brazos que la burguesía local disputaba únicamente con la colonización cafetera y luego con las bananeras de la United Fruit, establecidas desde 1890. La empresa colonizadora, aunque competía en busca de trabajadores con la floreciente manufactura, era un excelente mercado. El colono cafetero, poco mucho menos a la artesanía doméstica que aparcero del tabaco y que los campesinos tradicionales, dedicaba los mayores esfuerzos suyos y de la familia a luchar con el monte, teniendo que comprar telas, bebidas, varios alimentos y herramientas, a los cuales tuvo cada vez más acceso por su ingreso en crecimiento.

Los resultados se vieron pronto: desde 1877 funcionó la Fábrica de Chocolates Chaves, de Bogotá; luego se ampliaron las manufacturas de cigarrillos y fábricas caseras como las de calzado (OSPINA V. p.340).En 1891 comenzó la producción de cerveza en Bavaria (cit. 345 s.s.), empresa de la cual surgió la productora de vidrios y botellas Fenicia (hoy Conalvidrios).

A la Casa de Moneda le cambiaron las viejas máquinas jaladas por mulas por modernas de vapor. Surgieron fábricas de loza, de herramientas y de aparatos para beneficiar el café. Al lado del florecimiento fabril, entre 1875 y 1895 se fortaleció el sistema bancario. Cuando en 1896 despegó la nueva expansión europeo-norteamericana, el capitalismo ya había nacido en Colombia en la minería de oro, los beneficiaderos de café y en las manufacturas y primeras fábricas de Medellín, Bogotá , Manizales y otros lugares.

Cuando ya las clases dominantes no podían retirar fácilmente sus inversiones en tales industrias, el nuevo ascenso exportador provocó un palatino y seguro aumento de la producción cafetera que amplió el mercado interno y dio nuevos bríos al desarrollo fabril. Sin embargo la Guerra de los Mil Días ocasionó una crisis del comercio exterior: e 1900 se registró una baja de importaciones a los niveles de 1859, que eran equivalentes a un tercio de las de 1883 y menos de la cuarta parte de las de 1873. Las exportaciones también bajaron y en 1902 eran iguales a las de 1859 y la tercera parte de las de 1875 (Mc GREEVY p.p. 214-215).

En 1903 creció el déficit comercial. En 1904, después del robo del Canal de Panamá, se registró una crisis bancaria, relacionada con perturbaciones monetarias y quiebras como la de la empresa que impulsaba la primera fábrica de tejidos de Medellín (cit. 356). Era el resultado conjunto del desarrollo capitalista incipiente y las barreras contra las cuales chocaba. La recuperación fue rápida. En 1905 se creó el banco central para enfrentar los problemas monetarios.

El gobierno de Reyes fomentaba industrias con privilegios y monopolios, los cuales casi siempre beneficiaban a sus amigos. Era la salsa del capitalismo burocrático. Mientras una oligarquía de exportadores sentaba las primeras bases del capital financiero bancario y fabril, el más descarado gamonalismo se amparaba tras la dictadura militar para amasar fortunas por concesión. Eran esa las bases de la coalición bipartidista que sostuvo a Reyes y que puso los cimientos de lo que iba a ser el Estado Colombiano del siglo XX.

Vale la pena recordar algunas de las frases con que Vargas Vila (1920) captó el papel económico del gobierno de Reyes: "Para éste, la política, es un mercado...es capaz, de fundir sus charreteras, para amonedar el oro de ellas...aquel, [Mosquera] era el hombre de las grandes acciones de guerra; éste, es, es el de las grandes acciones de banco; aquel, era un hombre de Letras, éste, también pero de Cambio...el de la política calculatriz y monetaria...ha hecho de Colombia, una factoría, al servicio de los yanquis... fue a venderla en Washington, por un puñado de monedas...extendió su mano, mendiga oro...Reyes no tiene alas, sino garras; y, las hunde en el Tesoro Nacional; jusqu'au fond, tal es la divisa frente a las arcas abiertas...ciego al sentido de la Gloria, sus ojos no se abren sino a la sangre y la codicia; él, sabia, que asaltando a la Patria, no podía salvarla;...pero, podía venderla...y, la vendió...llegado al poder cuando toda forma de heroísmo había pasado, no halló al frente sino el pillaje, y, se entregó a él".

La diatriba de Vargas Vila contra Reyes no se parece a la visión de la mayoría de los historiadores, pero si dibuja con rostro de barbarie al capitalismo burocrático de los gamonales a la luz de su general, el Porfirio Díaz colombiano, amigo de los Estados Unidos a pesar de Panamá, repartiendo los privilegios del Estado, desde la Concesión Barco, hasta una desviación del ferrocarril Bogotá - Girardot para que pasara por la finca de un amigo.

La condescendencia bipartidista con la dictadura de Reyes tenía como sustento la prosperidad de los negocios desde 1905. En 1906 se estableció cerca de Medellín la textilera de Hato Viejo (hoy Fabricato), con 150 obreros, la mayoría mujeres. Coltejer comenzó a funcionar en 1908. Todo tipo de manufacturas, fábricas de gaseosas, cigarrillos y fósforos y hasta productoras de máquinas agrícolas surgieron en Antioquia (cit. p. 375). Se establecieron fabricas de tejidos de punto en la costa Caribe (1907-1909) y en Zipaquirá (1908), así como nuevas fábricas de cerveza en Barranquilla, Bogotá (Germania) e Itagüí. La primera fábrica de Cementos Samper entró en labores en 1909, cerca de Bogotá. Reyes cayó por el rechazo popular a su política pro Estados Unidos y el intento de aceptar un arreglo sobre el Canal.

Después de 1911 se operó un aumento tan grande de las exportaciones de café que motivo cambios en la opinión y políticas de la clase dirigente, que volvió a pensar en la libertad de importaciones, de la cual fue partidario el presidente Carlos E, Restrepo (cit. 398). El final de la expansión europea y la guerra mundial permitieron sin embargo mantener un tiempo el proteccionismo, en especial durante el gobierno de Concha.

Al terminar la conflagración bélica el auge exportador se dirigió con seguridad hacia el triunfador, Estados Unidos y el gobierno de Marco Fidel Suárez abrió las compuertas a un mar de importaciones. La invasión de mercancías norteamericanas, unida a las contradicciones internas de la economía, desencadenó una depresión.

La sola diferencia de precios entre mercancías nacionales y extranjeras no causó la crisis y sobre todo no explica su prolongación, pues en 1921 bajaron las importaciones. Fenómenos de mayor peso se notaban: altas tasas de interés (KALMANOVITZ 1985: 275) y la baja de la capacidad de compra popular, reducida cada ve más por el desempleo creciente. El gobierno emitió moneda, lo cual sólo elevó los precios. Los beneficiarios fueron los gringos cuyas inversiones aumentaron, como fue el caso de la petrolera Tropical Oil (TORRES GIRALDO p. 124).

No puede decirse que la caída de los precios del café entre 1920 y 1923 fue la causa de la depresión industrial, pues ya había comenzado desde 1919 (RODRÍGUEZ, O. p. 124). Hubo sí una conjugación un entrelazamiento y concatenación de fenómenos negativos que alargaron esta crisis, en medio de la cual se produjo la famosa quiebra del Banco López - del padre del luego presidente López Pumarejo - a pesar de haber acudido al auxilio de bancos de Estados Unidos que se quedaron con su negocio de exportación de café (PALACIOS 1979: 294). La crisis bancaria fue remendada luego, según algunos los historiadores económicos, con la fundación del Banco de la República, que en realidad nació un instrumento de la banca privada (KALMANOVITZ 1985: 74 s.s.) y de acuerdo con los criterios de la misión Kemmerer, siguió una política de atracción de la inversión extranjera.

3 La Expansión Industrial 1923-1956

La salida de la depresión de 1919-23 ocurrió en una forma capitalista, es decir apoyándose en la misma crisis. A pesar del abatimiento y las quiebras entre 1921 y 1925 se fundaron 375 nuevas empresas (RODRÍGUEZ, O. Anexo p.1). Tal fenómeno se mantuvo, porque estuvo acompañado de la ruina de los talleres artesanales y se expresó en un fenómeno masivo de concentración de capitales. Evidencia de tal proceso son las estadísticas sobre adquisición de maquinarias entre 1919 y 1923 (cit. A4-A5). La producción fabril de la Compañía Colombiana de Tabaco sustituyó progresivamente varias manufacturas y productoras artesanales.

Al proceso de inversión y concentración se agregaron las obras públicas, principalmente carreteras y ferrocarriles, financiados sobre todo con empréstitos externos. El pago recibido por la supuesta "indemnización" por Panamá sirvió también a toda esta acción. Para 1924 los empréstitos igualaron al segundo pago de la "indemnización". Para 1928 los empréstitos en el extranjero batieron todo récord (TORRES GARCÍA, G. p.33).

Al experimentar el fin de la expansión en Estados Unidos y Europa los capitales extranjeros en busca de una tasa de ganancia más alta penetraron en Colombia, aprovechando como puerta de entrada los empréstitos y las posiciones logradas en la banca exportadora de café. Entre 1920 y 1928 las inversiones norteamericanas en Colombia se multiplicaron por nueve (RIPPY).

La oligarquía bancaria y los gamonales enajenaron al país por la vía de los créditos, que tendrían que ser pagados por la sociedad, mientras las obras resultantes incrementaban las utilidades y mercados de las empresas. Política efectiva que elevó la tasa de ganancia, incrementó el empleo y amplió el mercado interno. Para completar, los precios internacionales del café volvieron a subir. 1926 fue año de auge.

Las importaciones de maquinaria y otros bienes de capital siguieron aumentando en cantidad e importancia. Fue un período de fuertes inversiones, tanto en la infraestructura como en la industria, pero el aumento de la producción, aunque importante, no fue el permitido por la capacidad instalada. Entre 1926 y 1929 la inversión creció el 26 % y la producción el 19 % (POVEDA p.135). El fenómeno se debió en parte, a que durante el auge una buena parte del mercado fue copada por importaciones, como las de textiles, que pasaron de 19 a 39 millones de pesos entre 1924 y 1928 (RODRÍGUEZ p.50). En los enclaves yanquis, como las bananeras de la United Fruit, los trabajadores tenían que comprar artículos norteamericanos en los comisariatos de las empresas. Sólo a partir del alargamiento de la Gran Depresión en Estados Unidos, la industria nacional aprovechó plenamente su nueva capacidad (cit. 61).

El curso de la producción industrial de estos años demostró como en nuestros países el esquema de la "multiplicación" del ingreso mediante la inversión no puede cumplirse sin mecanismos de protección aduanera. Los keynesianos latinoamericanos fueron también proteccionistas y los proteccionistas se hicieron keynesianos; tal matrimonio teórico está en los orígenes de las visiones de la CEPAL.

En 1928 comenzaron a bajar los precios del café pero los ingresos por sus exportaciones crecieron al aumentar las ventas. Pero al pronunciarse la caída de precios en 1930, se redujeron los ingresos. La Gran Depresión norteamericana afectó gravemente el comercio exterior. En Colombia hubo crisis: el incremento del producto bruto se redujo al 1 % en 1930 y 31 y la producción industrial bajó 3 % y 2 % en esos dos años (POVEDA p.135). Las quiebras y dificultades financieras llevaron a muchas empresas a fusionarse, como sucedió con Gaseosas Postobón. La recesión incrementó el proceso de concentración de capital.

Se expresó fuertemente en la crisis de entonces la contradicción entre el desarrollo capitalista y las ataduras del pasado. Por ejemplo, la escasez de mano de obra era tan notoria que los hacendados propusieron paralizar las obras públicas en tiempos de cosecha (KALMANOVITZ 1985: 283-284). Las haciendas sujetaban los brazos de miles de colonos, agregados, aparceros y terrajeros.

La contradicción se deslizó por la vía de las reformas encabezadas por el capital, ya que las organizaciones socialistas y sindicales eran débiles y además quedaron dispersas desde 1928, tras la masacre de las bananera y hasta ahora se reorganizaban. La reforma económica empezó con el control a las importaciones y el control de cambios para contrarrestar la crisis de reservas del banco de la República que se había enredado aplicando la ortodoxia monetarista, como otros bancos centrales del mundo en esa época. Luego las luchas campesinas y obreras fueron lo suficientemente amplias como para que se aprobaran la ley 200 del 1936 de reforma agraria y la reforma constitucional democratizadora del mismo año.

Desde 1932, la República Liberal como expresión de la dominación política del capital industrial, comercial y bancario, procuró la apertura de las trabas inmediatas que contenían la expansión industrial. La Gran Depresión desplazó los altos rendimientos del comercio exterior a la industria nacional y las tasas de ganancia alta se desplazaron del centro a la periferia del capitalismo. Uno y otro fenómeno crearon condiciones que hicieron desembocar el proceso de la industria colombiana en un poderoso auge.

En 1932, con los más bajos precios del café en 15 años, se concretó un crecimiento del 15 % de la producción industrial, mientras que en 1933 con los precios del café aun por el suelo, la producción industrial aumentó el 22 % (POVEDA Anexo 1). No puede entonces establecerse correlación directa y automática entre bonanza cafetera y bienestar industrial y por el contrario tal correlación puede ser inversa coyunturalmente y a mediano y largo plazo está mediada por la política empresarial y gubernamental.

En 1934, 35 y 36 el crecimiento aunque alto se desaceleró - 6, 11 y 9 % anual - mientras que el precio del café mejoró y sus ventas aumentaron considerablemente al sustituir bebidas más caras en los deprimidos Estados Unidos. En 1937 continuó la expansión de las ventas de café y la industria creció el 17 %.

En los años siguientes, la industria vaciló: creció el 2 % en 1938 y volvió al 23 % en 1939 para caer en una depresión en 1940, cuando la producción disminuyó 6.5 %. Este año también fue malo para el café y el precio bajó . El ciclo industrial que se completaba 1932-40 fue típicamente capitalista y además tuvo como característica que el crecimiento de la producción estuvo acompañado por el de las importaciones de bienes de capital e intermedios (RODRÍGUEZ p.92 y A7). En 1939 los bienes de capital duplicaron su peso relativo en las importaciones, tanto con relación a 1931, como a 1925. La mecanización y la tecnificación de la industria iniciadas anteriormente, se incrementaron, como también la productividad, a tal punto que entre 1930 y 1939 la relación entre el capital total de la industria y su producto subió de 0.21 a 0.46 y entre 1936 y 1938 la relación entre la inversión anual nueva y el aumento de la producción subió de 1.47 a 1.65, punto máximo que en 1939 bajó a 1.57 (cit. 82 y 84).

Las cifras anteriores revelan fluctuaciones de la tasa de ganancia en la industria: su vertiginoso ascenso fue la característica principal de este ciclo, a diferencia del anterior, cuando las inversiones anticiparon el aumento de la producción. Las cifras de 1939-40 denotan la reducción de la tasa de ganancia por un breve lapso, durante el cual se interrumpió súbitamente la expansión a largo plazo. Este descenso fue consecuencia necesaria del desenvolvimiento capitalista.

Una contradicción de importancia primordial en estos fue la diferencia en el ritmo de crecimiento ente la agricultura y la industria. Mientras entre 1932-39 la industria creció en promedio 13.2 % anual la agricultura lo hizo en 3.8 % (POVEDA). La República Liberal no se atrevió a romper definitivamente con los gamonales y la ley 200 de 1936 fue aplicada en forma inconsecuente y aplazada primero hasta 1945 y luego indefinidamente, en lo que se refería a los aparceros y colonos. Su efecto principal fue presionar la explotación de los latifundios, pero muchos propietarios optaron por ampliar las ganaderías extensivas con muy baja productividad. En el ciclo 1941-51 la brecha industria agricultura se mantuvo y los promedios anuales de crecimiento fueron 8.5 % y 1.8 % respectivamente; es decir que el sector rural avanzó a paso de tortuga a pesar de comenzar una fase cíclica de alza de precios del café.

Las condiciones de reactivación de la economía no fueron logradas entonces por la modernización de la producción agropecuaria. A más de la política que buscaba descargar la crisis sobre los trabajadores y restringir posibilidades reivindicativas a los sindicatos, el gobierno de Eduardo Santos instauró un mecanismo central de recuperación económica, dejando al Estado la costosa tarea de asumir el financiamiento de la sustitución de importaciones, la fundación de nuevas empresas e innovaciones tecnológicas de punta. El papel de las obras públicas en la década del 20, ,o cumplió el fomento industrial de la del 40.

El proceso de intervencionismo estatal estuvo acompañado por una tendencia al alza de los precios del café que, en conjunto con la protección aduanera permitió ampliar el mercado para la industria de bienes de consumo inmediato, cuya producción se ensanchó. De todos modos el papel de la inversión del Estado fue decisivo en esos años. Aunque en 1941 la industria creció el 19 %, en el 42 hubo una recaída en la crisis y la recuperación definitiva no se produjo sino en 1944 cuando se sintieron los efectos de la acción estatal.

Entre 1941 y 1944 el Instituto de Fomento Industrial IFI, fundado por decreto presidencial en 1940, financió la introducción de los procesos de producción de ácido sulfúrico por contacto (Sulfácidos); electrólisis de la sal para producción de cloro (Compañía Nacional de Cloro) y moldeo y vulcanización de llantas (Icollantas), otorgando créditos para otras innovaciones. Estimulada la industria implantó nueva producción como la de rayón (1940) e hilazas (1942) y nuevas tecnologías como la frío en cervecería y la de telares automáticos en las textileras (POVEDA).

Crecieron en este período especialmente las industrias de bebidas, tabaco y textiles, creciendo estas últimas un promedio de 19.3 % anual entre 1945 y 1950 (CORCHUELO y MISAS 1975: 23). En 1946 en pleno auge, la industria en conjunto creció el 14 %. En torno a las ramas industriales en crecimiento rápido se consolidaron los grupos financieros colombianos y extranjeros, el fenómeno de la "oligarquía" al que con tanta fuerza aludió Jorge Eliécer Gaitán, era precisamente el espectáculo que ofrecía la fiesta del capital financiero en medio del empobrecimiento popular. En los sucesos del 9 de abril de 1948 quedó sellada la crítica de Gaitán.

En la recesión de 1948-50 ocurrió un fenómeno inédito: mientras los pequeños productores quebraban en masa y a pesar de una reducción del producto nacional, agravada por la violencia en el campo, las tasas de crecimiento de la producción industrial no bajaron del 6 % anual ( POVEDA p.76) y el IFI inició la construcción de planta de Soda (Alcalis) y de Acerías Paz del Río. El capitalismo de Estado funcionó entonces a tono con la oligarquía.

El capital norteamericano que llegó primero a las bananeras, petroleras, a la exportación de café y a los servicios públicos, se desplazó a la industria, aunque conservando el negocio petrolero. Si antes encontró en el Tercer Mundo un refugio en medio de la Gran Depresión, ahora tenía en los rendimientos altos permitidos en estos países, un impulso para la nueva expansión del capital norteamericano.

Las innovaciones tecnológicas ponían en ventaja cualquier empresa que las asumiera, permitiendo un proceso de monopolización de mercados en expansión. Los estadounidenses pudieron inclusive revalorizar maquinaria que ya no era rentable en su país, pero que aquí revolucionaba la producción. Las novedades concentraron la industria y el capital desterrando artesanías y manufacturas. Entonces hasta los inversionistas extranjeros se convirtieron al proteccionismo aduanero. A partir de 1944-45-46 se había multiplicado la inversión extranjera en la industria (cit. 76) y entre 1945 y 1950 aumentó en 67 % el número de fábricas extranjeras (ARANGO, J.I. p. 138).

El nuevo ciclo que comenzó tras la crisis de 1950 "contrario a lo acaecido en el período anterior, las ramas productoras de bienes de consumo evidenciaron claros signos de decaimiento en el ritmo de crecimiento...el crecimiento de los ingresos mantuvo una tasa media semejante a la anterior, pero no así el producto industrial, manifestando una menor elasticidad del producto industrial frente al crecimiento global de los ingresos...Ello estaría revelando que los ingresos recaían esencialmente sobre los grupos de altos ingresos...El incremento de la oferta mediante la sustitución [de importaciones] se limitaba continuamente." (CORCHUELO y MISAS 1975: 57). Como diría un keynesiano, varió negativamente la propensión al consumo. La derrota popular de 1948 condujo a una drástica redistribución del ingreso, al retroceso del código laboral y a la reducción de los salarios reales.

La concentración del ingreso, el aumento de la tasa de explotación de los asalariados y el incremento de las ganancias de los grandes capitalistas provocaron una acumulación rápida que no repercutió en un aumento equivalente de la producción para el consumo humano, sino en la de bienes intermedios básicos como el papel, el caucho, los químicos, petroquímicos y los metales. La sustitución de importaciones continuó por ese terreno y los controles aduaneros se incrementaron en 1951.

El capitalismo de Estado amplió su alcance a la producción de soda cáustica, carbonato de sodio y acero y con la creación de Ecopetrol al vencerse la concesión de Mares y obligar una huelga de los trabajadores a cumplir su nacionalización. Buena parte del esfuerzo estatal siguió sin embargo siendo capitalizado por las empresas privadas, inclusive las extranjeras. La empresa Icollantas devino propiedad de la Goodrich a pesar de que inicialmente fue promovida por el IFI. Paz del río fue a parar en manos del grupo del Banco de Bogotá.

Entre 1951 y 1959 se crearon 114 plantas extranjeras (ARANGO, J.I.), doce más que las fundadas durante toda la historia anterior. Se repitió en escala ampliada el proceso de innovación-concentración de capital, recogido en buena proporción por la inversión norteamericana, que aplaudió hasta 1956 el rígido régimen de control de importaciones establecido en 1951, especialmente en lo que se refería a la protección de industrias nuevas. El modelo de Gómez-Urdaneta-Rojas era un remedo del de Corea del Sur, pero sin Reforma Agraria y cuando la expansión se agotaba, es decir en una coyuntura a largo plazo inversa.

El hecho notorio del ciclo 51-58 en Colombia, fue el corte del ciclo largo del capital. Mientras entre 1951 y 1955 el crecimiento anual promedio de la producción de la industria fue 11.3 % y el del producto nacional 11.1 %, entre 1956 y 1958 bajó a 0.2 % en la industria y 0.3 % en el producto nacional (POVEDA).

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