4 La Modorra de la Industria: 1956 - 1983

Al contrario del crecimiento acelerado de la década del 30, el ascenso económico del 50-55 fue edificado sobre el alza de los precios del café. En 1956 bajaron las ventas. Desde el 57 vino la tendencia a la caída de los precios que se mantuvieron bajos hasta 1969 con ligeras recuperaciones en el 64 y 66. Esta vez la depresión de las exportaciones no estuvo seguida por el auge industrial, a pesar de la acumulación y concentración de capitales y de la operación de poderosos grupos financieros locales.

¿Qué había pasado? En el período anterior la baja del rendimiento de las inversiones de los exportadores se saneó con el desplazamiento de capitales hacia la industria. Éste movimiento saturó sus posibilidades por la baja de la tasa de ganancia de la industria. Además existía ya una desproporción entre ramas de la industria hiperdesarrolladas y con altos grados de concentración de capital y el resto de la economía, así como una baja propensión al consumo. Entonces la caída del café en el mercado internacional ya no produjo sustitución de importaciones sino que agudizó la crisis. En el modelo de sustitución de importaciones afloró una gran contradicción: la industria dependía de la disponibilidad de divisas, es decir de la circunstancia inversa a la que permitió el despliegue de su capacidad instalada. Con la caída de los precios de las exportaciones el modelo entró en crisis.

En 1957-58 la recesión azotó la economía mundial y se descargó sobre el Tercer Mundo: los precios de sus exportaciones se redujeron en 6 % en tanto que los de sus importaciones sólo bajaron 4 % (MIENSCHIKOV 1970: 40). Esta situación golpeó más duro a Latinoamérica cuyas exportaciones bajaron 7 % de precio. Para Colombia el asunto fue peor, pues el café bajó 16 % entre el 57 y 58. La liberación de importaciones agravó la situación y desbarajustó la balanza comercial.

A pesar de que el café siguió bajando de precio, el 59 fue un año de recuperación. Cuatro factores la impulsaron: el aumento de los salarios reales por las conquistas de los trabajadores; se pacto la paz en el campo; el Estado reforzó su intervención con las obras públicas y el fomento industrial y la inversión extranjera volvió a aumentar estimulada por la devaluación del peso. Un hecho clave para determinar que la recuperación tuvo lugar fue el alza de la producción agrícola en 23 % sin que se redujeran los precios agrícolas con relación a los industriales (KALMANOVITZ 1978: 168). La recuperación no puede configurarse sin el incremento de la oferta de alimentos, pero si ocurre y produce una baja inmediata de precios puede abortar el proceso por la quiebra de los agricultores. En esta oportunidad la expectativa de paz permitió a la producción rural recuperar parcialmente el retraso frente al desarrollo industrial y brindarle condiciones de reactivación.

La relativa expansión de los años 60, 61 y 62 permitió el desarrollo de varias industrias de bienes intermedios: químicos básicos y abonos, papel y alambre ( CORCHUELO y MISAS 1976: 8-10) que se aprovecharon por la protección brindada por las dificultades del mercado externo. Aunque ciertos hechos permitían pensar en una reedición del camino de la sustitución de importaciones señalado por la CEPAL, en verdad la dilatación económica tenía serios puntos débiles: el ritmo de crecimiento de las industrias de bienes intermedios no alcanzó las tasas de la década del 50; la relación entre el valor agregado y el producto industrial en 1961 era de 0.44, mientras en 1954 fue de 0.65 y la agricultura dejó de crecer al ritmo necesario.

Los años de crecimiento del producto industrial estuvieron lejos de mostrar la prosperidad de 1954 o las tasas de los años 30 y 40. Desde 1960 la balanza de pagos mostró un saldo negativo y la inversión extranjera se convirtió en salida de capitales. Era un fenómeno producido conjuntamente por la remisión de utilidades de los inversionistas, pago de regalías por tecnología, entrega del petróleo y baja del café.

El misterio de este fenómeno aparece al descubierto en los siguientes datos: según la CEPAL en 1957-65 el 59 % de las inversiones hechas por los Estados Unidos en la región era financiado por las filiales locales de las transnacionales; el 24 % por créditos obtenidos en el país dependiente y sólo el 17 % por fuentes externas y fondos de las casas matrices, parte que según otros, como la revista argentina "Panorama", llegaba apenas al 6 %. A la vez durante el mismo período fue exportado el 80 % de los beneficios obtenidos por empresas extranjeras (v. "Problemas de la Paz y el Socialismo 1979 _ 250: 52-53).

El mercado internacional de capitales fue un elemento del estancamiento y la depresión: América Latina perdió el puesto dominante como destino de las inversiones de Estados Unidos y pasó de captar el 38.8 % en 1950 al 28.3 % en 1960, al 22.3 % en 1965 y al 18.8 % en 1970 (ARANGO J.I. p.p. 122-123). En cambio las inversiones estadounidenses aumentaron en Europa (del 14.7 % hasta el 31.3 %) y en Asia.

El remedio recetado por el Fondo Monetario Internacional FMI fue la devaluación del peso en noviembre de 1962, cuando a la vez como terapia contra el déficit fiscal se emitieron mil millones de pesos. Pero los efectos no fueron los esperados, sino que se desató una ola inflacionaria y un proceso de expropiación de empresarios por capital extranjero y la sustitución de exportaciones se convirtió en sustitución de propietarios.

Lejos de proporcionar una salida, la devaluación generalizo la crisis. En el 63 ocurrió un gran incremento del costo de la vida; la producción agropecuaria se redujo el 8 % y el incremento del valor agregado industrial volvió a las vecindades de 0. En 1964 la producción agrícola descendió 7 % y el producto bruto de la industria se redujo 2.9 % (POVEDA) a pesar de una relativa recuperación de las exportaciones de café que aumentaron el 28%. El déficit de la inversión extranjera con respecto a la remisión de utilidades al exterior continuó y creció desde 57 millones de dólares en el 62 hasta 86 millones de dólares en 1966 (DANE Boletín Mensual de Estadística Nº 220: 97). La situación era completada por el fenómeno que se denominó "fuga de capitales" colombianos hacia Estados Unidos.

La depresión se prolongo durante 1966 cuando el producto industrial creció el 1 % y en 1967 cuando el crecimiento del valor agregado industrial fue inferior al de la crisis del 57-58. Resulta curioso que algunos califiquen este período de la industria como de "gran dinamismo", guiándose por el hecho de que entre el 58 y el 68 se registro un cambio en la estructura industrial al introducirse productos nuevos y en especial bienes intermedios. Pero, los coeficientes que miden esta transformación pasan por alto el estancamiento de la industria tradicional y mayoritaria, que no fue compensado por el dinamismo de la nueva producción. El incremento de las inversiones que se registró no propició un crecimiento en la producción por lo cual la tasa de ganancia se redujo considerablemente. La industria establecida en estos años ha resultado ser muy frágil.

La reanimación comenzó al fin en 1968 y tuvo como premisa la variación a fondo del anterior modelo de desarrollo y el establecimiento de la estrategia de "crecimiento hacia afuera" y "promoción de exportaciones". Si la sustitución de importaciones explicó un crecimiento de la industria en 15 % entre 1950 y 1968, entre 1969 y 1979 su influencia fue negativa en 41 %, mientras que las exportaciones de productos industriales que antes explicaban el 1 % del crecimiento, en el nuevo período pasaron a incidir en un 15% (MONTES y CANDELO p.p. 98-101).

"La racionalidad implícita en la llamada política de promoción de exportaciones era eludir las grandes transformaciones económicas y sociales que hubieran sido necesarias para ampliar el mercado interno, con miras a pasar a la sustitución de importaciones en el campo de los bienes de capital." (MORA L. p. 13).

El nuevo modelo tuvo un lanzamiento de lujo gracias al auge cíclico del comercio mundial registrado desde 1969 y fue acompañado por un ascenso de los precios del café. Fue preparado mediante el otorgamiento de subsidios a los exportadores; una nueva política cambiaria; el proceso de reforma de la industria y un aumento de la inversión estatal en el campo, que entre 1966 y 68 representó el 49 % de la total del Estado y se incrementó en 250 %, en tanto que el conjunto de la inversión oficial creció en ese lapso un 88 % (TOBÓN p.p. 111-112).

La intervención del Estado tuvo un papel destacado y central en la recuperación: además de los subsidios a los exportadores, el gobierno adoptó una política de devaluación lenta y continuada, en vez de los choques súbitos y catastróficos acostumbrados en el resto de Latinoamérica; se reformó el sistema de impuestos, la administración pública y la Constitución y el Presidente Lleras Restrepo concentró las palancas de la intervención económica, adquiriendo facultades para acrecentar la deuda externa y financiar las obras de infraestructura requeridas por el capital (VARELA T. 1974: 76).

Nuevamente salía adelante la política de costear préstamos externos con esfuerzo social, para elevar la tasa de ganancia. El imperialismo, que utilizo la puerta de los empréstitos, renovó las inversiones en un mercado que prometía ampliarse con la creación del Pacto Andino. Con el "Estatuto de Capitales" se buscó corregir los desastres del ciclo anterior y lograr que entraran más y salieran menos dólares, lo cual fue facilitado porque en los países metropolitanos termino la fase larga de expansión y la tasa de ganancia estuvo otra vez por debajo de la de América Latina. Surgieron nuevas industrias de ensamblaje de equipos, maquinaria eléctrica y transportes, con incidencia de las transnacionales que a la vez que propiciaron la protección aduanera de sus industrias supieron ubicarse bien en las ramas de exportación.

En el campo, a la vez que se amenazaba con expropiar a los predios inadecuadamente explotados se construyó infraestructura en amplia escala y se suministró tecnología buscando puntos de equilibrio en que coincidieran los aumentos de producción y del ingreso de los productores, de todo lo cual se beneficiaron más los grandes propietarios. En 1968 ocurrió un aumento de la producción agrícola del 14 % con un ingreso sostenido del sector (KALMANOVITZ cit.). Por otra parte, el gobierno de Lleras impuso la congelación salarial y una reforma laboral en favor de la patronal, medidas que sostuvo con el Estado de Sitio y las detenciones, lo cual repercutió en una baja del salario real a partir de 1971 (KALMANOVITZ 1977: 139).

En la industria el tope fue alcanzado en 1971. fue notable la diversificación por el crecimiento de las industrias exportadoras y las de químicos y petroquímicos, plásticos, caucho, aparatos eléctricos y automóviles ensamblados (CORCHUELO y MISAS 1976:7). Durante el gobierno de Pastrana un papel fundamental para estimular el auge general de este ciclo del capital lo tuvo el plan de construcciones residenciales y los UPAC, que a la vez llevó al punto más alto de crecimiento el ciclo de esta rama. Se fortalecieron los grupos financieros. Ocurrió una notoria profundización del desarrollo capitalista en el campo en cultivos como algodón, arroz, soya, sorgo, cebada, flores y palma africana, así como una expansión de la caña de azúcar y el banano y un proceso de concentración capitalista de la producción de café, fomentada por los precios en ascenso y aprovechando la siembra de la variedad "caturra" (KALMANOVITZ 1978: 51).

Comparados con la larga crisis del 63 al 67, los logros de este período parecían enormes. Sin embargo ni en el mejor año las tasas de crecimiento industrial sobrepasaron el 12 % y el promedio fue del 6 % (POVEDA), similar al mínimo de la crisis 48-50. Son tasas reducidas si se comparan con el período 1932-56. Pero si la crisis de los 60 hizo surgir la visión apocalíptica. de Mario Arrubla, el crecimiento del 68-73 y la coincidencia de los auges de los ciclos de la industria, la agricultura y la construcción hizo reinar las visiones más optimistas sobre el capitalismo colombiano.

Lauchlin Currie creyó llegado el momento del "rompimiento" postulado en su obra sobre el "desarrollo económico acelerado"(1968: 91 s.s.). Esperaba que Colombia podía salir del círculo vicioso del subdesarrollo y convertirse progresiva y seguramente en un país desarrollado, una vez diera el salto con medidas multiplicadoras de la productividad y también de la inversión y del mercado.

Según Currie era necesario romper con los factores que estancaban el crecimiento, entre los que destacaba siguiendo a su maestro Jacob Viner, la explosión demográfica. La otra atadura a romper era el atraso del campo, que para Currie sólo podía superarse y sería superado por la gran propiedad y la tecnología en la medida en que se redujera la población rural y se aumentara la movilidad de la fuerza de trabajo, es decir renunciando a la Reforma Agraria (cit. 85-86, 93-94) tal como hizo el bipartidismo colombiano en el acuerdo de Chicoral. La industria de la construcción de vivienda se veía como varita mágica para resolver el problema del desempleo en una forma productiva y con buenos efectos sociales.

No faltaron quienes vieron llegado durante el gobierno Pastrana, el "gran empujón" de que hablaba Rosenstein-Rodan. Admiraban la magia del auge de la construcción y el mago UPAC. Otros presentaban los hechos a la manera del esquema del "despegue" de Rostow o del "crecimiento desequilibrado" y el "arrastre" de Hirschman. Todos veían la inversión extranjera como un buen socio en este camino hacia el desarrollo.

De otro lado, Kalmanovitz llegó en los días de auge de los 70 a afirmar que "una acumulación tan desorbitada como la que propone Currie, de no ser impedida por el comercio internacional podría extraer plusvalía a todo ser humano colombiano" (1977: 108). Él negaba la necesidad de las crisis capitalistas en Colombia, pues pensaba que las consideraciones de Marx sobre la baja de la tasa de ganancia se cumplían solo en condiciones de competencia, que en Colombia no tenían lugar por la existencia de los monopolios que "neutralizan" los efectos de la elevación de la proporción constante del capital (KALMANOVITZ 1977: 26).

Si el apocalipsis falló, tampoco llegó la gloria del capitalismo criollo. Las diferencias entre las tasas de crecimiento industrial durante el ascenso del ciclo 68-74 las registradas del 32 al 56 demostraban que la fase depresiva del ciclo largo continuaba a pesar del desplazamiento de capitales desde el exterior. Tampoco había muestras de que nuestro capitalismo se acercara al de las metrópolis. Los centros de la innovación seguían lejos y lo que se veía era que los también lejanos centros de las transnacionales reorganizaban la división internacional del trabajo localizando en el Tercer Mundo nuevas ramas o procesos de producción como el ensamblaje de automóviles, para aprovechar el menor precio de la mano de obra y otros recursos y una tasa de ganancia transitoriamente más alta que en los países desarrollados.

La crisis que comenzó a fines de 1974 y se profundizó en 1975 mostró las limitaciones del nuevo modelo de "crecimiento hacia afuera" y golpeó fuertemente todas las ilusiones sobre la marcha sostenida hacia el desarrollo. Primero, las economías desarrolladas que eran el modelo y la meta estaban en plena crisis estanflacionaria (recesión e inflación) y las exportaciones de Colombia chocaron contra esa barrera del mercado.

Segundo, la construcción, como toda industria tiene sus ciclos descubiertos desde 1937 por Warren y Pearson (ESTEY p.p. 27-28). Si entre 1972 y 73 el área construida creció el 32 %, luego todo se fue enfriando; en 1975 y 76 el área construida se redujo, al igual que entre 1979 y 1972. El UPAC es demasiado costoso y una traba para satisfacer la demanda de vivienda popular, poniendo a girar todo en torno a la vivienda suntuaria. En vez de la planificación urbana con que Currie soñaba (1968:) se propició el desorden urbano que como e Bogotá tiene como base la propiedad terrateniente de los lotes de engorde en las áreas mejores, las urbanizaciones piratas y la anarquía de las empresas de buses y los automóviles particulares.

Tercero, también la agricultura además tiene un desenvolvimiento capitalista cíclico, que en Colombia fue estudiado por Kalmanovitz (1978). Después de las fuertes alzas de precios agropecuarios del 72 la producción se estanco en el 73 y se redujo en el 75. Y además y especialmente, la crisis del 74 puso en tela de juicio el desprecio por la economía campesina como "sector atrasado" y el aprecio abstracto a la gran propiedad. El verdadero rompimiento que era y es necesario para el desarrollo rural es el de las relaciones sociales, el de la concentración de propiedad y el de la ganadería extensiva.

Por otra parte la economía colombiana no era la excepción del desenvolvimiento cíclico con sus crisis periódicas. Kalmanovitz (1978: 118-124) hizo desde 1976 un detallado recuento de la crisis del 74-75 y diez años después terminó por demostrar que todo el misterio de la crisis colombianas estaba en la baja de la rentabilidad de las inversiones (1984: 19-22). Pero, si no había desarrollo no era porque había crisis cíclicas porque ellas son el desenvolvimiento del capitalismo, sino por las relaciones sociales que atan al país a las transnacionales, la oligarquía financiera y los gamonales.

En el siguiente ciclo, 1974-83 la economía exportadora se mostró especialmente débil y las exportaciones dinámicas no salieron de las fábricas, sino de la economía ilegal de las esmeraldas, la marihuana y la cocaína, que se fortalecieron en el escenario desde las postrimerías del 74, cuando caían las demás exportaciones y la clase dirigente decidió hacerse la de la vista gorda frente a tan novedosos negocios.

Se sintieron las limitaciones del mercado relacionadas con la concentración del ingreso, los bajos salarios y la pobreza campesina. Las industrias de bienes de consumo personal se habían dirigido a copar el mercado y las modas de los sectores de altos ingresos; una "producción de punta para mercados de punta (CORCHUELO y MISAS 1976:25); la industria de lujo que tanto le gustaba a David Ricardo en el siglo XIX y que tan limitados alcances posee como mercado nacional.

La producción petrolera varió contra las más elementales normas del sentido común y de la responsabilidad de cualquier buen padre de familia. Colombia importó petróleo y gasolina cuando estaban más caros, durante la segunda mitad de los 70 y al comenzar los 80 y volvió a exportar apenas cayeron los precios. El alza del petróleo fue una termita que ahuecó las estructuras productivas y financieras durante los años en que Colombia fue "reserva" por decisión de las transnacionales.

Dos indicadores que patentizaron la debilidad de la acumulación durante el ciclo 75-83 fueron el lento ritmo de inversión y de cambio tecnológico y el pobre avance en la sustitución de importaciones de bienes de capital (MORA 14 s.s.). La dinámica captación de utilidades, especialmente por parte del capital financiero, ocurrió mientras la industria se rezagaba. La bonanza cafetera se constituyó en columna vertebral de la economía legal y fue cantera del crecimiento económico entre 1976 y 78 y aun en 1979.

Durante el ascenso de ese ciclo, el desempleo se redujo hasta el 7 %, mientras que los ingresos de los cafeteros y de la economía legal ampliaron el mercado. Pero para 1980 se desató una gran crisis: las bonanzas del café y la marihuana se terminaron, después bajaron transitoriamente los precios de la coca; subieron los precios de las importaciones, especialmente de la tecnología y bienes de capital; subieron los costos de producción, especialmente en el sector agropecuario; se realizo un apertura a las importaciones que afectó a la industria y al sector agropecuario; la producción rural y el área sembrada descendieron; subieron las tasas de interés; la industria de la construcción entró en crisis; las finanzas públicas mostraron un déficit creciente; bajaron el empleo y la capacidad de compra, la única defensa del ingreso de los asalariados fueron las cesantías pagadas a los despedidos; el valor agregado industrial se redujo y para completar Ecuador y Venezuela entraron en crisis y dejaron de ser mercados amplios para la producción colombiana.

La gran crisis colombiana del 80 al 83 fue parte de la Gran Depresión latinoamericana, durante la cual la mayoría de los ministerios de Economía de la región fueron confiados a estrellas de la Escuela de Chicago, al neoliberalismo. La gestión neoliberal fue otro factor de crisis. Para la mayoría de los países del área la deuda externa fue el gran problema. Colombia, aunque también tuvo problemas por las condiciones impuestas por los organismos de crédito para entregar los recursos frescos necesarios para la reactivación, no confrontó problemas tan serios en este campo como otros países. Además de haber tenido una política de endeudamiento menos riesgosa, Colombia recibió los dólares nuevos de la narcoexportación. Para otros países andinos estos no eran ingreso nuevos.

Pero la crisis colombiana también se prolongo: más de cuatro años es mucho para una recesión. El gobierno de Turbay y su equipo de neoliberales hizo una notoria contribución a esa prolongación, no sólo al abrir el país a las importaciones, sino por permitir todo tipo de maniobras financieras que produjeron quiebras y anarquía en el sistema bancario que resulto seriamente dañado y luego fue rescatado por el Estado. También el gobierno de Turbay incrementó con restricciones monetarias el alza de las tasas de interés que era presionada por el mercado internacional y la especulación interna. El gobierno de Betancur recibió la crisis y demoró dos años en poder impulsar una recuperación.

Continuación»

Parte 3 (aparte 5: 1984-91-96)

 

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