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Cambios en la economía: 1984-91-96"No será fácil corregir las deficiencias de la apertura mientras no se defina dentro de sus verdaderas proporciones."
Eduardo Sarmiento; Economía Colombiana 188
El gobierno de Betancur para propiciar la reactivación económica reimplantó el control de las importaciones y subió las tarifas aduaneras. Volvió a la política de inversión del Estado en el sector rural, especialmente en las "zonas de rehabilitación", es decir las afectadas por conflictos armados. Para salir del déficit fiscal no quiso tocar las grandes rentas y patrimonios, sino que subió las tarifas del impuesto de ventas, bautizándolo como IVA, cuya alza iba a ser repetida por los gobiernos de Gaviria y Samper. Mantuvo una política de reducción de los salarios reales y de su participación relativa en el producto interno.
La reactivación se notó en 1984, primero y siempre más fuertemente en la producción que en el empleo. Los empresarios centraron sus esfuerzos en elevar la productividad y se beneficiaron para ello de la antiapertura de Belisario, que les garantizaba protección aduanera. En el primer semestre del 84 - según el DANE - ninguna de las ramas que aumentó la producción, absolutamente ninguna creó empleos y por el contrario, todas disminuyeron el número de trabajadores. En el caso más extremo, la producción de hierro y acero aumentó un 13.4 % con respecto al primer semestre del 82, en tanto que el empleo en esa industria se redujo en 11.36 %. En bebidas el aumento de producción fue de 4.9 % y la disminución de empleo de 4.56%.
Detrás de esas cifras hubo despidos y en un período de restricción salarial, otra vez la defensa obrera solo fue el cobro de cesantías, que los empleadores empezaron ver como desmontar con una reforma legal que se hizo después. Pero además la mayor producción con menos empleo revelaba cambios tecnológicos importantes que incluyeron la instalación de nuevas máquinas y equipos y la instauración de nuevos procesos tecnológicos, innovaciones que fueron más comunes en esa época que en la de la Apertura posterior.
Cementos Samper, por ejemplo, invirtió más de 2 mil millones de pesos en una nueva planta en La Esperanza; Cementos Diamante en Cúcuta abrió una nueva planta con el triple de capacidad; Holderbank invirtió en Cementos Boyacá en forma similar; el grupo Suramericana reemplazó sobradamente con Ríoclaro las plantas de El Cairo y Argos, mientras Tolcemento dobló capacidad. En operaciones que la industria cementera requería 30 trabajadores pasó a necesitar 4. Quedó una capacidad sobreinstalada para la industria de la construcción que ni siquiera copo la demanda que los procesadores de coca hicieron para sus procesos químicos.
El análisis de la información estadística permite diferenciar entre dos tipos de cambio recientes en la producción: los acaecidos sin relación con la Apertura Económica, antes de que tuviese lugar y aquellos causados directamente por ella. Esta distinción no es arbitraria, sino que resulta de detectar los cambios que se desarrollaron desde hace diez años, es decir desde cuando se produjo un cierre de las importaciones, para conjurar el déficit cambiario y estimular la recuperación de la industria, afectada por la crisis de comienzos de la década pasada.
Un "Ajuste" económico recetado por los acreedores internacionales, fue aplicado en 1985 en concordancia con un fuerte control de las importaciones. Esta política además de catalizar las condiciones para el auge cíclico del 86 al 88 produjo un auge de las exportaciones tras la decisión de devaluar el peso en más del 50% durante el 85. Para el 86 las exportaciones legalmente registradas superaron por primera vez en la historia los 5 mil millones de dólares (la marca era de 4.296 millones en 1980). Se pasó de 3.147 millones registrados en 1983 hasta 7.106 millones en 1990.
La devaluación significó además aumentar el número de pesos necesarios para pagar la deuda externa, mayoritariamente contraída por el sector eléctrico, aumentándose las tarifas de electricidad y también de otros servicios. La carrera inflacionaria desatada fue perdida por los salarios, cuyo Índice se redujo de 104.4 en 1986, hasta 96 en 1991. En el gobierno de Barco y en pleno auge, se registró un incremento del índice de concentración del ingreso que se prolongó hasta el final del ciclo (SARMIENTO ANZOLA 1995: 51). Así, fue más fuerte que lucha contra la pobreza absoluta, la lucha por los ricos absolutos, que se adelantó no solo en el campo de la economía, sino físicamente, con la eliminación de los líderes de las huelgas, paros y marchas que entre 1984 y 1988 trataron de lograr que el pueblo trabajador se beneficiara del crecimiento económico.
A partir de 1987, el avance de las exportaciones se produjo a pesar de una baja simultánea de los ingresos por exportaciones de café, que bajaron de 2.742 millones de dólares en el 86, hasta 1.399 millones en 1990 y continuaron reduciéndose en el 91 y 92 por la baja en los precios internacionales. Este efecto fue contrarrestado por las exportaciones petroleras que pasaron de 1.227 millones en el 86 a 2.989 millones en 1990.
La internacionalización silenciosa se llevó a cabo mediante las exportaciones "menores" o "nuevas": flores, frutas, mariscos, piedras preciosas, confecciones, impresos y artículos de cuero, a las cuales puede atribuirse el crecimiento de los registros. Otra diferente fue la internacionalización subterránea que protagonizaron la coca, la amapola y la esencia de marihuana y que evidentemente contribuye a explicar la bonanza cambiaria, el aumento de las reservas internacionales y la reducción del ritmo de devaluación, que a su vez parecieran llevar a sus límites al incremento de exportaciones menores.
Dentro del período de ascenso de las exportaciones, Colombia registró un crecimiento más alto que el del promedio de América Latina sustentado sobre el papel de la mano de obra y el consumo de bienes intermedios, en tanto que el problema de la deuda externa no llegó nunca a los niveles críticos de otros países. Es decir, Colombia ha tenido una situación "privilegiada" dentro del contexto latinoamericano y solamente Chile, en menor grado Costa Rica y muy posteriormente tras drásticos ajustes, México Argentina y Bolivia han podido reportar economías relativamente sanas para el capital. Sólo los factores políticos hicieron entonces poco atractiva a Colombia para la inversión de capitales.
Los éxitos del capital no produjeron de todos modos una reducción correlativa en los indicadores de pobreza. Para 1988, en pleno auge cíclico, el 46 % de los hogares y el 51% de las personas fueron consideradas pobres y el 19.5% de los hogares y el 22% de las personas fue considerada en la miseria o "pobreza absoluta" por las estadísticas oficiales (DANE).
En 1991 la CGT realizó una investigación sobre el "Ajuste Macroeconómico y Costo Social en Colombia", que muestra claramente -a partir de datos de CONFECÁMARAS- cómo el crecimiento económico colombiano ha significado una concentración notoria de la producción y los ingresos. En 1985, las 50 empresas más grandes generaban el 25% del producto interno bruto, con sólo el 1,7 % de la población ocupada; para 1989 generaban el 30 % del PIB. Las 500 empresas mayores producían en 1985 el 63 %, con el 4 % de los trabajadores y en 1989 producían el 69,5 % con el 3 % de trabajadores (DIEP-CGT 1991: 14).
Este estudio mediante métodos matemáticos ( Función Cobb-Duglas de correlación exponencial múltiple) para encontrar cual factor es más dinámico entre los bienes de capital y el empleo asalariado, con respecto a la generación de Valor Agregado. Demuestran que el notable incremento del valor agregado registrado entre 1977 y 1988 se puede atribuir en alta proporción al empleo y en muy poca a los bienes de capital: mientras que el coeficiente que mide el efecto del incremento de 1 % en el empleo sobre el porcentaje de variación del valor agregado fue de 1.46, el coeficiente de los bienes de capital resultó sólo de 0.14, registrándose un coeficiente de correlación múltiple (R) de 0.71 (DIEP-CGT 1991: 67-71).
Esta es una conclusión complementaria con la obtenida por Catalina Crane (1991) en cuanto que la industria exportadora se caracteriza por una alta utilización de mano de obra. Según el Anuario de Industria Manufacturera del DANE de 1988, mientras los costos de mano de obra representan el 10,6% de los costos brutos de producción promedios, en industrias exportadora esta tasa se eleva: calzado 15,8%, prendas de vestir 18,4%.
Sin embargo he incluido en el análisis de la función Cobb-Duglas el consumo de bienes intermedios y lo he correlacionado con el Valor Agregado conjuntamente con los bienes de capital y el empleo asalariado. El resultado fue que el efecto del empleo sigue siendo mucho más importante que el de los bienes de capital -que se reduce y para el período de 1975 a 1986 llega a ser negativo- pero a la vez, el efecto del incremento de bienes de consumo intermedio tiene un efecto mayor que el empleo asalariado.
Entre el 75 y el 86 el coeficiente que mide el producto marginal de los bienes de consumo intermedio es de 0.90396; el del empleo es de 0.41665 y el de los bienes de capital es de -0.16373 y el coeficiente de correlación múltiple llega hasta 0.84, en tanto que el nivel de confianza para este cálculo resultó ser del 99,51 %. Si se elimina la variable bienes de consumo intermedio para este período, el coeficiente del empleo sube hasta 1.3 y el del capital a 0.3, pero el coeficiente de correlación múltiple se reduce a 0.14 pudiéndose pensar que la correlación no existe. Si se elimina la variable empleo el coeficiente de los bienes de consumo intermedio es 1.17, el de los bienes de capital -0.22 y el coeficiente de correlación llega hasta 0.7456.
Obviamente este análisis no afecta las conclusiones sobre la importancia del factor empleo en las exportaciones, ni de su incidencia mayor sobre el Valor Agregado, si se compara con el factor bienes de capital. Pero se comprueba la hipótesis de que la tendencia del modelo colombiano previo a la Apertura Económica se basaba no sólo en utilizar la mano de obra barata, sino en incrementar el consumo de bienes intermedios (MONDRAGÓN 1991:3-4; 1.22 y 1.25). Esto abre posibilidades para la multiplicación de productoras tipo "maquila", pero también para combinarlas con procesos computarizados y telemáticos (THE NEW YORK TIMES 1993).
Por lo mismo, se puede explicar como el efecto principal de la apertura de las importaciones no se reflejó ni en una intensa adquisición de bienes de capital extranjeros (o nacionales), aparte de los computadores y equipos de comunicaciones, sino en un incremento de la importación de bienes de consumo intermedio y otros de origen agropecuario, además de bienes suntuarios y equipos militares y armas. Esto tiene importantes implicaciones con respecto a la modernización, puesto que si bien se incrementa la adquisición de tecnología telemática e informática, no se marcha a un ritmo rápido de renovación del conjunto de los bienes de capital, en especial de la maquinaria y equipos de producción automatizados.
En 1991 las importaciones de bienes de capital llegaron a reducirse. Puede entonces plantearse una nueva hipótesis, en el sentido de que no ha habido una estrategia de modernización como lo ha pregonó el gobierno, pero además debe decirse que tampoco han resultado ciertas las profecías de aumentos grandes del desempleo de algunos de los opositores a la Apertura Económica, pues la tasa del 9,2% registrada para junio del 93 por el DANE en las principales ciudades puede considerarse "normal" en Colombia.
Al respecto, se comprobó la hipótesis según la cual la reconversión no implicaba un aumento de desempleo estructural (MONDRAGÓN 1991: 11), por lo menos en el caso de Colombia. Tampoco significó - de acuerdo con las Encuestas de Hogares - una explosión de empleo "informal", en tanto las condiciones del empleo formal han empezado a acercarse a las del empleo informal por las reformas legales y porque parte de la industria ya había entrado en la fase cíclica de recuperación en 1993, como lo demuestran tanto las estadísticas del DANE como las encuestas de Fedesarrollo.
El incremento del desempleo desde finales de 1995 se debe al ciclo económico que estuvo tuvo su auge en el 93-94 y comenzó al final del 95 su fase de desaceleración, especialmente a partir de la baja en la construcción y la contracción del mercado a raíz de la guerra con el cartel de Cali. Al final del primer semestre del 96 el desempleo bordeó el 12%.
En el ciclo anterior los puntos más bajos entre el 90 y el 92, coincidieron con la guerra contra el cartel de Medellín y con el racionamiento eléctrico. Esta aparente politización de las crisis podría significar un debilitamiento de los factores estrictamente económicos de las depresiones y revelar que efectivamente el capitalismo colombiano entró desde 1984 en una fase de expansión a largo plazo - con una amplia base en la narcoeconomía y las exportaciones - que la Apertura no puede cortar, pero que sí puede orientar en un sentido muy diferente al que se insinuó durante la administración Betancur, que orientó el ascenso hacia el fortalecimiento industrial.
En cambio, en lo que sí acertaron los críticos de la apertura fue en señalar el curso desastroso de la reconversión económica en el sector agropecuario. Ello es un resultado directo de la alternativa de política económica escogida. El afianzamiento de las ventajas comparativas para la generación de valor agregado se ve favorecido por la apertura de las importaciones agropecuarias, en la medida que por una parte se suministra materia prima extranjera barata, como sucede con la cebada canadiense para fabricación de cerveza y por otra parte pretende reducir el costo de la fuerza de trabajo al disminuir en alto grado el impacto inflacionario de los alimentos.
Así resulta inadecuado referirse a un éxito en la industria y la manufactura y a un fracaso en el campo, como si se tratara de una dualidad. Realmente se trata de dos caras de una misma moneda y sin la una, no puede entenderse la otra. El modelo de reconversión seguido sacrifica unos sectores y favorece otros, no hay duda al respecto. Los sectores en recuperación o en ascenso se han lucrado con la crisis rural y con las dificultades de otros sectores como el textil. Como hay un modelo de reconversión, pero no hay estrategia de modernización tecnológica, se puede tapar un hueco destapando otro.
Hacia el futuro aparece de todos modos un factor nuevo, la bonanza petrolera que seguramente incidirá en toda la economía. Sin embargo el gobierno de Samper optó por aceptar impulsar el llamado Fondo de Estabilización Petrolera que ahorra parte de los recursos de la bonanza entregándolos a la banca transnacional, en vez de ahorrarlos invirtiéndolos en la economía nacional.
Continuación »
Parte 4 (apartes 6 y 7)
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