¿REACTIVACIÓN? TODO PARA LA EXPORTACIÓN
La economía colombiana completa por tercera vez consecutiva un año crítico, en 1999. Los resultados de producción y utilidades de las empresas son peores que los de los años anteriores. Lo único que se ha recuperado, aunque parcialmente, son las exportaciones. Cuando se sabe que las licencias de construcción en Bogotá se redujeron en un 40 por ciento con respecto a 1998, que fue un año pésimo, entendemos qué tan mal está todo.
Por supuesto que el pueblo llano lleva la peor parte, con una tasa de desempleo que superó el 20 por ciento y que ha sido aprovechada para deteriorar los salarios y las condiciones de trabajo de quienes sí tienen empleo. Como lo demuestra una investigación de la CGTD, aumentó en quinientos mil el número de trabajadores con bajos ingresos, iguales o inferiores al salario mínimo legal. Ahora
hay menos trabajo estable, hay más contratos de "servicios" o sea menos contratos con prestaciones sociales y ahora la salud es más y más cara.Para el Gobierno el "éxito" radica en que este año el producto nacional se redujo menos que en el año anterior, "tan sólo bajó 3.5 por ciento" (aunque en realidad bajó más del 5 por ciento). Por lo tanto como lo señalara el Director de Fedesarrollo Juan José Echavarría, en vez de llegar la reactivación, la crisis ha tocado fondo.
¿Significa esto que nada ha cambiado en la coyuntura económica? No, aunque la política económica presionó exitosamente hacia la baja de los intereses, que cayeron en términos reales(del 20 % al 6 %) y bajaron drásticamente en términos nominales (de desde más del 36 % hasta el 16 %). La lucha masiva de los deudores de UPAC condujo a la sentencia de la Corte Constitucional que ordenó modificar el sistema de usura con los créditos de vivienda
La recesión, mucho más que la política económica, hizo que la inflación anual bajara de diez por ciento, por primera vez, a pesar del déficit fiscal del 6 por ciento y de la desaforada alza del 41 por ciento en los precios de la gasolina. La crisis fiscal solamente tiene como perspectiva de solución el crédito otorgado por el Fondo Monetario Internacional con los habituales condicionantes de ajuste.
La devaluación del peso fue ordenada por el FMI y presionada por el sector exportador. Los cambios hechos hasta ahora solamente han repercutido en una recuperación de las exportaciones y el sector exportador legal no ha demostrado tener un papel multiplicador suficiente, para jalonar la reactivación del conjunto de la economía colombiana.
A costa nuestra
El éxito de la recuperación exportadora ha estado, en cambio, entrelazado con el agravamiento de la crisis económica. Para tratar de entender por qué ocurre esto, hay que saber que aunque en Estados Unidos ha importado mucho y registrado un déficit comercial debido a la fortaleza de su moneda y a la devaluación de las del resto del mundo, simultáneamente y por las mismas razones funciona como un succionador de recursos de Asia y Latinoamérica.
Si en Estados Unidos la economía creció este año un 5 por ciento, en buena parte ha sido gracias a la crisis financiera en el sudeste asiático y América Latina y a la fuga de capitales de nuestros países.
La política económica del Gobierno Pastrana se encuadra entonces dentro de esta realidad internacional de saqueo de recursos en beneficio de la metrópoli. Exportación significa en estas condiciones, más bienes para Estados Unidos y en el caso de Colombia más petróleo, sobre todo. Aun más y especialmente significa más inversiones extranjeras en Colombia aprovechando la devaluación del peso para obtener altas tasas de rentabilidad en empresas de exportación, sobre todo extracción de petróleo y otros recursos.
Así, aunque los precios internacionales del petróleo han aumentado beneficiando los ingresos de Ecopetrol y las entidades territoriales que reciben las regalías, el país se ha sido castigado, simultáneamente, con la importación de su propia gasolina, cuyo precio interno ha sido equiparado al internacional, pero con una fórmula de cálculo del precio que perjudica a Ecopetrol, para beneficio de las transnacionales comercializadoras de la gasolina.
Es decir que más importante que exportar mercancías para obtener divisas que financien la multiplicación de la reactivación, es exportar la imagen del Gobierno como benefactor de los intereses de las transnacionales, de manera que estas presionen a Estados Unidos a entregar mayor ayuda militar a Colombia.
Al mismo tiempo el Gobierno vende en el exterior la imagen de su gran interés en el proceso de paz, para obtener más recursos, en el interior del país el proceso de paz no avanza ni el Gobierno hace propuestas de reformas económicas, sociales y políticas que le permitan avanzar realmente en este terreno. El proceso de paz se ha tratado también entonces, como un problema de exportación.
La crisis internacional del modelo de globalización
Lo que el Gobierno Pastrana no quiere saber es lo que se expresó en la reunión de la Organización Mundial de Comercio OMC en Seattle: el paradigma de la globalización que estuvo de moda en las dos últimas décadas está en crisis y se desenmascara.
En Seattle convergieron las protestas contra este paradigma. Miles de manifestantes que representaban a millones. Ecologistas, sindicatos obreros, Vía Campesina, pueblos indígenas. Las astillas del vitral han comenzado a unirse en una gigante protesta contra el proyecto de las transnacionales, que con el tiempo puede llegar a construir un proyecto internacional alternativo.
El Gobierno colombiano y otros semejantes se enfurecen porque los sindicatos exigen unas normas laborales internacionales mínimas que impidan la superexplotación y porque los ecologistas exigen no destruir la naturaleza con el pretexto del "desarrollo". Estos Gobiernos recibieron más de un empujón en Seattle.
Además de la protesta, Seattle demostró que el "libre" comercio no es nada libre. Europa sigue con altos subsidios al sector agropecuario, mientras a nuestros agricultores se les impuso el fin del apoyo estatal y se les impondrá en el año 2.000 el menor presupuesto nacional para el sector en la historia. La reunión de la OMC fracasó y aunque falte muchísimo para que sea derrotado el modelo de globalización de las transnacionales, Seattle fue el comienzo de su fin.
Yuppies al ataque
Sin embargo los neoliberales que rodean a Pastrana, no se quieren percatar de los cambios e insisten, ciegos, en las políticas de hace diez o más años. Su programa es sencillo: recortar más los ingresos de los trabajadores, eliminar más prestaciones sociales, cerrar más hospitales públicos, privatizar las empresas de electricidad y teléfonos y de cuanto quede aun en manos del Estado, entregar más petróleo, más gas, mas carbón y más de lo que se pueda. Su visión no va lejos.
Su baja calidad humana y técnica se demostró en la forma como han tratado la situación del histórico Hospital San Juan de Dios, el principal del país, que habiendo subsistido por siglos se ve ahora amenazado por los dogmas de los neoliberales.
Agro
Para el equipo gubernamental, "la mejor política agraria es la devaluación". Efectivamente, la devaluación proporciona alguna protección a la producción agropecuaria nacional, que le permite por primera vez en la década, aumentar el área sembrada, con respecto al año anterior. Sin embargo en 1999 se sembraron 700 mil hectáreas menos que en 1990.
No hay una nueva visión del campo; se insiste en la desgastada medida de devaluar sin hacer cambios estructurales, lo que puede tener buenos efectos en el corto plazo, pero que no sirve a largo plazo. Estos señores tan "modernos", en realidad son dinosaurios que sostienen un sistema histórico obsoleto, el latifundio y la subyugación nacional, en medio de lo más pronunciado de la globalización que ellos mismos pregonan.
No son más que generales Reyes de finales del siglo, que como el general Reyes de hace 100 años, ferian el país en concesiones y contratos como el del gas, que el Gobierno pretendió entregar a la empresa estadounidense Enron, mientras los latifundistas especuladores esperan a que las tierras de que se han apoderado con violencia, se valoricen con los proyectos de inversión que logren vender.
La Inversión Bolsa
A pesar de su vocación de promotores de inversión extranjera, ni siquiera en este campo los yuppies del Gobierno pudieron presentar nada nuevo en el 99. Los japoneses decidieron aplazar hasta que haya paz, su participación en el proyecto de privatización del río Meta, cuya expectativa ha causado tanto desplazamiento de población y violencia. Las transnacionales petroleras siguen exigiendo más y mas ventajas, no se bastan con las que ya les han otorgado éste y los últimos Gobiernos y esperan además a ver como pueden derrotar la lucha de los U’wa.
El índice de precios de las acciones en la Bolsa de Bogotá (IBB), que durante la crisis bursátil internacional de 1998 bajó desde cerca de los 1.000 hasta los 700 puntos, pareció recuperarse en el primer semestre, por el estímulo de la baja de las tasas de interés y llegó hasta 1.200 puntos. Pero luego del minigolpe de Estado de Lloreda y los generales cayó otra vez por debajo de los 900 puntos, ante el pesimismo frente al proceso de paz y los bajos resultados en la producción industrial y el comercio.
A final de año, con todo y devaluación del 27 por ciento, el IBB apenas ronda otra vez por los 1.000 puntos, lo que en términos internacionales al descontar la devaluación del peso, significa estar tan en el fondo como en los peores días del 98.
Lenta e inmoral
Así las cosas hay que saber que la reactivación económica será lenta y tremendamente costosa para la mayoría de los colombianos. Será una reactivación a la medida de las transnacionales, la clase política, los terratenientes especuladores y los grupos financieros.
El Gobierno Pastrana sabe para quién trabaja, pero no quiere saber que así como en Seattle, la protesta social puede hacer fallar los planes de los grandes. Luchas como las de los campesinos del Cauca, los indígenas de Nariño, los U’wa, los Embera Katío, la huelga general del 31 de agosto en todo el país, las movilizaciones de todos los sectores sociales entre febrero y mayo contra el "Plan de Desarrollo" de los yuppies, son hechos que construyen otro camino.
La inmoralidad de la clase dominante colombiana radica precisamente en tratar de sostener su obsoleto modelo mediante la violencia, la guerra sucia, el asesinato de los dirigentes populares, el desplazamiento de cientos de miles de personas que viven (o vivían) en las áreas estratégicas de grandes proyectos de inversión y la destrucción de los recursos naturales no renovables. Con hipocresía, su imagen de régimen democrático es exportada como condición para mantener su dominación y la inversión extranjera. ¿Hasta cuándo?
Héctor Mondragón
Diciembre 18 de 1999