LOS COLOMBIANOS SUFREN LA CRISIS

Los directivos de la Asociación de Colegios Privados han anunciado el 6 de abril de 1999, con alarma, que los establecimientos educativos están al borde del desbarajuste porque cada vez más padres de familia no pueden pagar las pensiones mensuales de sus hijos. Según los reglamentos de los colegios privados si la mora se prolonga los alumnos son retirados por no pago, pero si cumplieran sus propias normas, los presupuestos no permitirían pagar a todos los maestros y en muchos casos tampoco los servicios públicos ni los locales.

Los colegios privados han acudido provisionalmente al crédito. La mayoría de los padres morosos eran antes muy cumplidos pero han quedado desempleados o son pequeños empresarios a quienes sus clientes ahora tampoco pueden pagar. Si la situación se prolonga los colegios no podrán pagar a sus profesores, como ya pasa en algunos que no han podido conseguir crédito.

Las empresas de servicios públicos tampoco atinan cuando de tratar a los usuarios morosos se trata. El problema ha crecido como espuma. Antes simplemente cortaban el servicio, pero esto ha agudizado la tendencia a la reducción drástica a la reducción del consumo de energía eléctrica y agua que a su vez ha disminuido los ingresos de las respectivas empresas. Por consiguiente la moda es el anuncio en todos los medios de comunicación es el anuncio de "novedosos" planes para pagar las deudas con las empresas de servicio públicos. El acueducto de Bogotá por ejemplo ofrece numerosos alivios a los que acuden los clientes que pueden, mientras otros ni así logran pagar porque tienen cero pesos.

Lo primero que dejó de pagar la gente por quedarse sin empleo o por no poder soportar las alzas, fueron las cuotas de la vivienda, especialmente las del voraz sistema UPAC, creado por Pastrana I el Padre, que se ajustaba automáticamente con el alza del costo de la vida pero que luego con Samper, se ajustó para seguir al alza endiablada de los intereses.

"Pedí prestados 6 millones de pesos, he pagado 4 y entonces, ahora debo 10" contaba un usuario. Otro que empezó pagando 300 mil pesos mensuales, a pesar de haber pagado cumplidamente y por la progresiva alza de intereses estaba pagando 600 mil mensuales. Otro explicaba que como su sueldo ya no le alcanzaba para pagar las crecientes cuotas, iba a vender su apartamento, pero nadie se lo compraba, porque al vender, la Corporación de Vivienda vuelve a cobrarle al comprador los intereses que el vendedor ya había pagado.

Este sistema entró en crisis desde 1998. La cantidad de deudores morosos creció. Las corporaciones ejecutaban a los deudores y se quedaban con sus viviendas, pero tienen gran cantidad de casas y apartamentos que no pueden vender. La codicia rompió el saco y la liquidez del sector financiero comenzó a desvanecer.

La señal de alarma sonó: la importante corporación de vivienda privada Granahorrar quebró y el Gobierno voló a pagarle la quiebra a socializar las pérdidas, para salvar a los ahorradores y evitar que se generalizara un pánico bancario. Una ación urgente que no se efectúo meses antes cuando quebraron cooperativas de ahorro y crédito y el gobierno Samper, no solo no la auxilió, sino que retiró sus depósitos en cooperativas, causando la quiebra adicional de varias.

Muchos campesinos también han sido embargados porque no pueden pagar sus deudas. Pero esta situación lleva golpeándolos tantos años, que hoy son muy pocos los que se atreven a solicitar un crédito en la Caja Agraria o en otro banco. El 90 por ciento de los campesinos esta marginado del crédito institucional. La apertura a las importaciones dejó pelados los terrenos y disminuyo en más del 25 por ciento el área sembrada. Si la crisis bancaria aun no completa un año y la recesión en el resto de la economía va por su tercer año, la crisis agrícola va en su noveno año.

Lo prolongado de la recesión ha hecho sufrir a los colombianos sus peores consecuencias, más si se tiene en cuenta que la desaceleración del alza en los artículos y servicios de primera necesidad, determina de todos modos una inflación del 15 por ciento anual que sigue erosionando el salario real de quienes aun tienen empleo. La creciente crisis del fisco ha ido reduciendo de hecho la inversión social y provocando despidos frecuentes en el Estado.

El presidente Pastrana había generado durante la campaña electoral la idea de que con el cambio de Gobierno pasarían las penurias económicas, pero los problemas crecieron, especialmente el desempleo. Se hizo creer en los medios de comunicación que la causa de la crisis económica era la crisis política provocada por el proceso 8.000 y la prueba de la ligazón de la elección del antes presidente Samper, con dineros del narcotráfico.

Como los hechos han venido a demostrarlo los analistas y medios de comunicación habían puesto las cosas patas arriba. En realidad era la inminencia de la crisis capitalista internacional la que había desencadenado la crisis política y económica en Colombia. Y es la misma crisis internacional la que ha prolongado en forma catastrófica la recesión colombiana.

El desconocimiento de los movimientos económicos fundamentales y profundos por la opinión pública permite su manipulación. Por ejemplo, son pocas las personas que saben que fueron las políticas de restauración del capitalismo en Yugoslavia y Albania, privatizaciones, normas de quiebra y recetas del Fondo Monetario Internacional y otros organismos económicos las que llevaron a agudizar los problemas étnicos y nacionales en esa área del mundo. Los analistas hacen creer que los antagonismos étnicos, que desde luego existen desencadenaron la crisis, cuando en realidad la crisis económica desató los odios étnicos que a su vez son aprovechados por el capital para desatar la guerra que necesita para darle salida a la crisis.

En Colombia, la baja del rendimiento de las inversiones que resulta tras el auge del ciclo económico, obligó a recrudecer la "guerra contra el narcotráfico" cuyo resultado real ha sido mantener la rentabilidad del negocio verdaderamente rentable en Colombia, cual es el narcotráfico, de manera que el flujo de dólares no se ha detenido.

Sin embargo la crisis siguió su rumbo por el encarecimiento desaforado del crédito, que en principio –en 1996 y 1997- enriqueció al sector financiero local, pero que provocó la imposibilidad de pagar las deudas, el estancamiento industrial y comercial y el agravamiento de la situación de la agricultura ya golpeada duramente por la apertura de las importaciones y la supresión de subsidios. Es por esto que durante 1998 el desempleo subió del 12 al 16 por ciento.

¿Qué había pasado? Los carteles del narcotráfico no pudieron lavar más su dinero en la construcción, industria que venía de un auge impresionante, ni tampoco comprando valores en la Bolsa, que perdió su dinámica. Pero como el precio de la cocaína subió por la represión finalmente el negocio del tráfico ilegal se mantuvo desviando dinero hacia él.

Los traficantes lavaron entonces sus ganancias mediante el contrabando, facilitado por la política aduanera neoliberal y que agudizó la recesión de la producción nacional y mediante la compra de tierras en áreas estratégicas de inversión petrolera, minera o megaproyectos, lo cual agudiza las dificultades del crédito y aleja la inversión de la producción. La extinción de dominio sobre los bienes de los narcotraficantes que tanta propaganda ha tenido, no ha tocado sus predios rurales, pues como lo demostraron en al masacrar una comisión judicial en San Carlos del Guaroa (Meta), tienen el poder paramilitar a su favor para evitar perder sus propiedades.

Es decir, la "guerra al narcotráfico" no ha servido para eliminarlo, sino para mantener el negocio, que centraliza gran cantidad de capitales que finalmente sirven a la banca transnacional que cuenta con sucursales en los paraísos bancarios y capta las utilidades de la mafia, mientras los campesinos e indígenas deben soportar fumigaciones y conflictos armados en sus territorios y la economía del pías ve crecer como un cáncer la especulación con la tierra, el contrabando y la recesión.

El gobierno de Pastrana ha tomado algunas medidas que pretenden enfrentar la situación y ha formulado en el Proyecto de Plan de Desarrollo otras:

La propuesta hacia la reactivación que hace el gobierno, aunque ha molestado justificadamente a la banca y ha propuesto tímidas medidas de limitación a la "ingenua" apertura económica vigente (especialmente cierta limitación a las importaciones), apunta principalmente a descargar la crisis sobre las espaldas de los trabajadores de la ciudad y el campo, pretendiendo que al reducir los salarios y prestaciones sociales se puede combatir el desempleo.

Vale decir que investigaciones econométricas realizadas entre 1989 y 1995 por la OIT en Colombia y otros países latinoamericanos probaron que no existe correlación entre la reducción de los salarios y el aumento del empleo. Por eso la OIT ha concluido que "los datos sugieren que menores salarios no son sinónimos de más empleo" y que "en la actualidad la mayor apertura de las economías, junto con los procesos de reorganización de las empresas y de la aplicación de nuevas tecnologías están afectando negativamente los determinantes de la capacidad de generación de empleo".

Los sectores populares afectados por la crisis y por las medidas y anuncios del gobierno, han logrado ir articulando su organización y protesta, con propuestas cada vez más sólidas. Un caso es el de los deudores del sistema UPAC, quienes han obtenido algunas medidas de alivio, principalmente financiadas con la tasa del 2 por mil a las operaciones bancarias y quienes sin embargo tienen una propuesta adicional para la salida de su situación. Sus logros han estado estrechamente ligados a su lucha organizada.

Una amplia lucha comienza a desplegarse por parte de los estudiantes, profesores y empleados de las universidades. Si los padres no pueden pagar los colegios, menos la educación superior. Los enfrentamientos ocurridos en Popayán en la semana de Pascua y los ocurridos anteriormente en Cali, tenderán seguramente a generalizarse en el país, donde el movimiento estudiantil no está dispuesto a aceptar la privatización de las universidades públicas que quiere imponerse mediante el Plan de Desarrollo. Seguramente los estudiantes del Servicio Nacional de Aprendizaje que el gobierno quiere seguir desmantelando, confluirán con los universitarios, sirviendo de puente para la alianza obrero estudiantil que se ve venir y que refleja la defensa de los jóvenes frente a las pretensiones oficiales.

También se expresan nuevamente la alianza obrera campesina, mediante la confluencia de las movilizaciones como el paro de trabajadores estatales, la marcha campesina de Boyacá y el Paro Agrario de los caficultores y el CNC, el 21 de abril. Más profundo y con repercusiones a largo plazo es el hecho de que desde octubre las centrales sindicales hayan apoyado el programa de reforma agraria y modificación de los tratados comerciales internacionales propuesto por el conjunto de las organizaciones campesinas.

Los campesinos y los sindicatos del sector han logrado desde hace meses formular propuestas alternativas sólidas a corto y largo plazo Es más, habían pronosticado con lujo de detalles desde hace 6 años cómo fracasaría el programa de mercado subsidiado de tierras con que se quizo sacarle el quite a la reforma agraria, propusieron desde julio pasado un plan viable para solucionar la crisis del crédito para este programa, llegaron a una concertación sobre las soluciones, que sin embargo no se aplicaron.

Los indígenas se hayan especialmente enfrentados con la política de saqueo de los recursos naturales y megaproyectos destructores de los ecosistemas, que la actual administración pretende incrementar. Por eso conflictos como el del pueblo U’wa contra la OXY – Shell, despiertan la activa solidaridad del pueblo con los indígenas. Los obreros petroleros, campesinos y estudiantes de Arauca han mantenido una actividad entusiasta en torno a la defensa del pueblo U’wa y han documentado con lujo de detalles el daño ecológico que la explotación petrolera de Caño Limón hizo en el departamento.

Otros sectores populares se han movilizado contra políticas que los dejan sin el pan en la boca. Es el caso de los vendedores ambulantes y pequeños comerciantes en Bogotá, Cali, Neiva, Cúcuta y otras ciudades, desalojados por las medidas de los alcaldes. La crisis económica ha afectado al 60 por ciento de los comerciantes y las ventas cayeron en 13 por ciento en un año. Pero sin embargo, como en todas las áreas, la crisis fortalece a los grandes. La supergrupo Cadenalco aumentó durante el mismo lapso en 10 por ciento sus ventas y para complementar se fusionó con Almacenes EXITO. Es este voraz comercio en gran escala el que quiere desaparecer para siempre a los vendedores pequeños, como los comerciantes del tradicional sector de San Victorino, en Bogotá.

También los pequeños transportadores de carga en camión se enfrentan desde hace meses a los empresarios de carga, que no sólo acumulan cada vez más vehículos sino que actúan como intermediarios semifeudales con patentes de rutas y contratos y saquean al transportador que realmente hace la ruta y lleva la carga.

Si se quiere un ejemplo de lucha de clases vigente, la que comienza a desplegarse en Colombia en torno a las alternativas de reactivación, es un ejemplo clásico. Es por eso que el movimiento sindical ha condensado su organización en un Comando de Paro que ha sido capaz de actuar como una verdadera dirección sindical unitaria, afrontando discusiones de fondo sobre la táctica y sobre los pliegos de peticiones y plataformas de lucha, que se expresan en la voluntad política de asumir un enfoque mucho más programático y estratégico de la lucha.

De luchas que trataban de articular las reivindicaciones defensivas de cada sector, el movimiento sindical y popular pasa a enfrentarse al Plan de Desarrollo oficial y se ve en la necesidad de presentar sus alternativas, que van desde una metodología opuesta de lucha contra el desempleo que parte de la reducción de la jornada laboral a 40 horas, pasando por una reforma agraria que entregue a los campesinos las 5 millones de hectáreas útiles para la agricultura que están siendo desperdiciadas y por una política de fortalecimiento de la producción nacional y finalización del modelo neoliberal y de "apertura económica" y por la defensa de los recursos naturales de Colombia y llegando hasta la real participación de los trabajadores en las decisiones claves para el futuro del país y de las empresas.

Veremos qué tanto el gobierno de Pastrana está dispuesto a acceder a las propuestas de las organizaciones del pueblo trabajador. Veremos qué tanto la guerra sucia va a seguir siendo la respuesta contra los líderes sociales. Veremos si las luchas populares logran abrir el camino de la Paz para nuestra patria.

© Copyrigt 1999 by Héctor Mondragón

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