La Burbuja y la Flota

Por Héctor Mondragón
Comentario para ZNet, Enero 30 de 2003

El equipo económico del Gobierno del presidente de Colombia Uribe Vélez, propuso y logró en diciembre del 2002 una aumento de 16 mil millones de dólares en el cupo de endeudamiento externo del estado central, es decir un incremento de 80 por ciento, que puede aumentar el total de la deuda externa colombiana hasta en 42 %.

El endeudamiento y el aumento de todo tipo de impuestos son las cartas para sostener el funcionamiento del estado, especialmente el gasto militar, para hacer clientelismo político y desde luego ¡para pagar deudas!. El gobierno colombiano hace esta apuesta en moentos en que utiliza el 85 % de las nuevas captaciones para pagar deudas viejas, el 82% de los impuestos se dedica a pagar deudas internas y externas y la deuda externa há llegado a representar el 63 % del producto bruto (PIB) anual del país.

Los organismos internacionales de crédito han acudido presurosos a llenar la mayoría del nuevo cupo de endeudamiento: el Banco Mundial prestará 3 mil 300 millones de dólares, el Fondo Monetario Internacional 2 mil millones, el Banco Interamericano de Desarrollo otros 2 mil millones y la Corporación Andina de Fomento 3 mil 400 millones. Tanta “generosidad” presupone una decsión política de apoyar los planes militares de Uribe y tratar de mantener cierta estabilidad del régimen.

La otra parte del endeudamiento se copará con bonos a tres años en el mercado “libre” que pagan altos intereses y que será neceario pagar a fines del 2005. Como habrá que pagarlos, la reforma tributario tiene como ciertos medicamentos un alza inmediata de impuestos y otra de acción retardada, que se concretrá en el 2005.

La catarata de nuevos impuestos se incició con el especial para la guerra del 1,2 % de los patrimonios altos. Se suponía que este impuesto se cobraría una vez, pero ya se habla de la posibilidad de volverlo a aplicar en dos años si la guerra así lo exige. Para ganar sus apuestas Uribe necesita una victoria militar rápida contra la guerrilla, lo que en las condiciones colombianas equivale a jugar todo a nada al seis seis seis. Si los dados dan cualquier otra cifra, Uribe pierde (¿y cae?).

Otro aumento del impuesto de renta y el peor de todos el aumento del impuesto a las ventas (IVA) que ahora incluye artículos de primera necesiadad y alimentos y se extenderá a todos los alimentos en el 2005. El incremento del IVA ya causa un aumento de los precios de la canasta familiar que el gobierno se apresura a atribuir a “especuladores” y a “liquidaciones equivocadas del impuesto”, en una maniobra de distracción para tratar de evitar las protestas crecientes.

Para los empresarios el gobierno há dado una cuantiosa compensación: una reforma laboral que ahorrará al conjunto de los patronos 2 mil 800 millones de dólares al año, a costa de los trabajadores, por supuesto. Esta medida se justifica con la necesidad de crear empleos, pero a la vez que permite al empleador utilizar al mismo trabajador en jornadas más largas sin pagar recargo por horas nocturnas, el gobierno despedirá inmediatamente por lo menos a 10 mil trabajadores del estado y dejará sin cubrir 30 mil plazas de personal que tiene cumplido el tiempo de jubilación y que pensionará obligatoriamente. A esta cuota de despidos espera añadir outra, diferida a la aprobación de un referendo que entre otras medidas pretende supresión de organismos de control público, que como las personerías de las ciudades, al dejar de existir, ya no podrán ejercer vigilancia sobre los alcaldes, policías y empresas de servicio público privatizadas.

Todo este juego de apuestas irresponsables produce de todos modos unos resultados rentables a corto plazo. Se infla una burbuja económica y otra política. La llegada intempestiva de dólares de los créditos, en un país que no há dejado de recibir ni un minuto los dólares del narcotráfico, reactiva momentáneamente la economía e infla súbitamente los precios de las acciones en la Bolsa de Colombia.

La burbuja política se llena con las expectativas de contratos del estado y programas clientelistas, que pueden llenar las arcas y las urnas de los políticos. Producen dividendos políticos a corto plazo los contratos de compras militares, los programas de plantaciones subsidiadas de palma africana y la reedición de los exitosos a corto plazo y fracasados históricamente programas de vivienda a lo Lauchlin Currie, que respetan tanto a los terratenientes urbanos, como a los bancos, a los que ahora el estado pagará los excesos de intereses de sus deficitarios presupuestos. De hecho la mayoría del liberalismo serpista exopositor, encabezado por su líder y por su ala terrateniente, ha corrido a aprobar los proyectos del gobierno.

Pero esta burbuja amenaza com reventarse si los dados no marcan el seis seis seis. Por ello Uribe apunta a su reforma política cuya meta final es aplastar la protesta y el movimiento popular. El primer paso es el referendo com el cual se espera hacer las primeras modificciones reaccionarias a la constitución. El movimiento social se há unido para llamar a abstenerse en la votación y causar la nulidad del referendo. El gobierno fue derrotado al tratar de imponer en el Congreso una reforma previa para dar facultades judiciales a los militares. Una serie de reformas constitucionales posteriores pretenderían restringir derechos democráticos incluida la supreción de la acción judicial de tutela para defender prontamnte derechos fundamentales colectivos, ambientales, económicos, sociales o culturales.

Por más que el gobierno impusiera sus reformas antidemocráticas, los movimientos sociales organizan la resistencia para imponerse al paquete económico y en especial al ALCA, cuya imposición tendría graves consecuencias especialmente par la agricultura, que el gobierno un día dice que la protegerá o tratará de protegerla en el ALCA, al día siguiente agachar la cabeza e hincar la rodilla ante los llamados de la secretaría de Comercio de Estados Unidos que exige “libre” comercio de los producto agropecuarios subsidiados por los mismos Estados Unidos.

Cuando haya que pagar la dedua externa nueva y los dados no marquen lo que Uribe espera, el colapso económico y la explosión social emergerán incontenibles. Para entonces Uribe há dicho que espera que la flota de Estados Unidos ya esté de regreso de Irak y se haya colocado frente a las costas colombianas en el Caribe y el Pacífico, lista a lanzar los aviones y las tropas hasta la Amazonia donde desde luego no habrán acabado jamás los cultivos de coca que por entonces, huyendo de las fumigaciones, ya bordearán las fronteras del Brasil de Lula. Entre la armada de Estados Unidos y los dados, la suerte de Uribe está echada para ser la carta de la intervención militar contra los procesos populares en Brasil, Venezuela, Ecuador y toda Latinoamérica y por ello no dudó el presidente en Davos, en afirmar que su propio país es “la amenaza más peligrosa para el mundo”.