LOS CICLOS ECONÓMICOS
1 La Ley de Say
El análisis marxista de las crisis cíclicas del capitalismo ha pasado la prueba de los hechos. Los primeros economistas modernos, los "clásicos", creían en cambio en una ley - formulada por Jean Baptiste Say - según la cual el mercado garantizaba por sí mismo el equilibrio entre la oferta y la demanda y la armonía de la economía. Sin embargo cualquier campesino sabía que esto no era cierto, que la ley de la oferta y la demanda operaba y, a veces, salía mejor no recolectar la cosecha porque el precio llegaba a ser tan bajo que era peor vender que no vender y perderlo todo.
A medida que avanzó la industria y el reinado del capital, en lugar de alejarse la posibilidad de crisis económica, se instauró la época de las crisis periódicas, de la caída cíclica de la economía en catástrofes de mayor o menor magnitud, que sacuden todo el proceso productivo. William R. Scott, estudiando los negocios ingleses encontró treinta crisis entre 1558 y 1720, es decir una cada 5 años y 5 meses, en promedio. A partir de 1815, 20 ó 25 en los diversos países europeos y especialmente en Inglaterra se observó más claramente que cada 3, 5, 7 ó 10 años se registraban crisis, cuyo centro era la industria.
En las orgullosas fábricas que emergieron de la revolución industrial, después de grandes expansiones y rápidos crecimientos, se registraron periódicamente acumulaciones de mercancías invendibles e impagables, quiebras. Y no se trataba de una o de un grupo de fábricas, sino de fenómenos generales, de desastres de toda la economía. El orgullo industrial del siglo XIX se vio abatido por las crisis, cuando toda la sabiduría fabril se reducía a cero. ¿A quién echarle la culpa? Si la economía debía fluir libremente de acuerdo con su naturaleza exacta y matemática, debía estar libre de acontecimientos tan incómodos como las crisis y si se presentaban, seguramente se debía a una de dos causas:
a) Los desastres naturales, como terremotos e inundaciones;
b) La intromisión de los gobiernos o de banqueros que emitían papel moneda. Los malos manejos de los reyes, sus impuestos, los monopolios estatales, eran culpables si la industria no marchaba con regularidad y sin crisis. Esos intrusos desataban la ira de los dioses de la economía que se vengaban con la crisis.
Economistas clásicos con gran discernimiento, como Adam Smith, alcanzaron a escribir que era posible producir más de lo que el mercado podía absorber y esa era la causa de la crisis. Aceptaba la posibilidad de la crisis comercial y hasta su necesidad si se producían en exceso.
La doctrina clásica era resumida por David Ricardo así:
"Puede ocurrir que se produzca demasiado de una determinada mercancía, de la que exista tal superabundancia en el mercado que no se reembolse el capital invertido en ella, pero no podrá ocurrir esto con todas las mercancías en general; la demanda de trigo se haya limitada por el número de bocas que han de comerlo, la de calzado y vestido por el número de personas que han de usarlos, pero... no podemos afirmar lo mismo de todas las mercancías producidas por la naturaleza o la industria del hombre. Algunos consumirían más vino si pudieran procurárselo. Otros no desearían más vino, pero sí aumentar la cantidad o mejorar la calidad de su inmobiliario. Otros apetecerían embellecer sus jardines o ampliar sus casas. El deseo de conseguir todo esto o parte de ello palpita en el pecho de todos los hombres..... por consiguiente la propia naturaleza se ha encargado de poner límites a la magnitud del capital que en un momento puede emplearse ventajosamente en la agricultura, sin poner, en cambio, límite alguno al volumen de capital que puede invertirse en procurar al hombre las comodidades y bellezas de la vida"
(MARX, 1863:443).Ni el propio Ricardo opinaría lo mismo si se enterara sobre los estudios de vivienda en Colombia, según los cuales en las crisis de la construcción, como la de 1996-99 y la de 1979-82, a la vez que se registra una demanda insatisfecha de vivienda popular, aquella que es imprescindible para subsistir, hay a la vez superproducción de vivienda suntuaria, aquella que forma parte de "las comodidades y bellezas de la vida" y que los urbanizadores no tienen a quien vender a pesar de su suntuosidad. Los que tienen casa la pierden por deudas y los que no tienen no pueden comprarlas.
La gran depresión latinoamericana de comienzos de los 80 se registró después de quince años de distorsión hacia la producción de bienes suntuarios para el consumo de los ricos y de los sectores de ingresos medio-alto. Todo esto refuta la idea de que se puede combatir la crisis de superproducción mediante el lujo.
Ricardo expresaba un optimismo sobre el capitalismo propio de una época en la cual se creía que bastaba eliminar del mundo las influencias extrañas al capital como los reyes y los terratenientes, para que la industria capitalista pudiera dedicarse a producir todas las comodidades y bellezas necesarias para la felicidad humana.
Solamente ciertos economistas románicos, partidarios de la pequeña producción arruinada por la industria, como Sismondi, habían opinado distinto y creían que el capitalismo se destruiría debido a que la miseria de los obreros imposibilitaba un consumo igual a la producción.
Sismondi, no tenía en cuenta que parte de la producción no se consume inmediatamente por los capitalistas y obreros, sino que se consume en la misma producción como máquinas o materias primas y esa parte crece cada vez más. Por tanto la explicación romántica de la crisis no pasó de ratificar la posibilidad de la superproducción de mercancías de consumo humano, pretendiendo que era lo mismo que la necesidad de la superproducción de todas las mercancías. Al no explicar el fondo de las crisis económicas, profetizó un derrumbe del sistema, que no ocurrió.
En cambio, en los años siguientes a la muerte de Ricardo se completó en Europa y Estados Unidos el ciclo de las revoluciones burguesas. Tras las revoluciones de 1830 y 1848 en Francia la gran industria pudo establecer su reino en el terreno de la política y sin embargo siguieron viéndose periódicas superabundancias de todas las mercancías.
A partir de los sucesos y la gran expansión económica de 1848 en Europa ya no podía sostenerse la creencia sobre el carácter externo de la causa de las crisis industriales. Como continuaron, a pesar del impetuoso desarrollo fabril de entonces, tuvieron que causar la inquietud de los estudiosos que buscaban interpretar los hechos. El industrial capitalista podía ser visto en sus verdaderas proporciones.
Se imponía a mediados del siglo pasado una nueva interpretación de los fenómenos económicos que
considerara la presencia inevitable de los ciclos y crisis periódicas, reconsiderando la línea que achacaba los males de la economía a la naturaleza y a la intervención de los gobiernos y de los banqueros y que reconociera que la propia economía capitalista restringe las fuerzas productivas y son motivos intrínsecos los que la hacen caer en recesos cada 7 a 10 años.2 El Ciclo de Juglar y Marx
El médico francés Joseph Clemente Juglar publicó en 1863 su obra "Las Crisis Comerciales y su Retorno en Francia, Inglaterra y Estados Unidos", en la cual demostró valiéndose de las estadísticas que las crisis no eran fenómenos extraños a la economía y al proceso de producción vigentes, sino que eran parte de su propio desarrollo: a la prosperidad capitalista seguía la crisis, como fase inevitable del ciclo y viceversa.
Mientras tanto el notable economista inglés William Stanley Jevons, analista matemático de los mercados y los precios, seguía atribuyendo las crisis a las manchas solares y también a otras injerencias exteriores que perturbaban la economía. Citaba al notable observador Hyde Clarke, quien explicaba desde 1847 los ciclos que encontró cada 10 años y cada período largo de 54 años, por causas meteorológicas y llamaba a este estudio "Economía Física" (SCHUMPETER 1954: 815 n).
Jevons mediante sus modelos lógico-matemáticos demostró cómo el capitalismo sí puede funcionar perfectamente; Juglar mediante el estudio histórico-estadístico demostró que no funcionaba como Jevons decía y engendraba periódica e indefectiblemente la crisis. Sin embargo, mientras Jevons sustentaba el deber ser del capitalismo, Juglar sólo podía sentar empíricamente el ser, la realidad. La validez concreta del estudio de Juglar adolecía de una ausencia: la explicación teórica. Los datos y juicios estadísticos fueron la base de un dictamen científico sobre las crisis, pero no eran suficientes y no diferenciaban entre los procesos críticos de la industria capitalista y las crisis comerciales preindustriales.
Por los mismos días de Juglar, el alemán Karl Marx emprendió su obra " El Capital, Crítica de la Economía Política". Como la mayoría de los libros y artículos importantes de su época, El Capital está penetrado por la necesidad de explicar a fondo las crisis comerciales recurrentes.
Los economistas que precedieron a Juglar en el estudio del ciclo se detuvieron especialmente en los fenómenos relativos a la moneda y al crédito. Los más serios como John Fullarton y James Wilson, hablaban de la superproducción de capital como factor desencadenante de las crisis, pero no explicaban por qué se producían necesariamente, como el estudio estadístico de Juglar lo mostraba y además insistían en que una superproducción general de mercancías no podía ocurrir por causas económicas. Andrew Ure y Thomas Corbet llegaron a afirmar que la superproducción era intrínseca a la economía y que para evitar que se convirtiera en crisis se recurría al comercio exterior; pero, tampoco explicaban el porqué de la superproducción y su carácter cíclico.
La incapacidad de la Economía para resolver el enigma de las crisis cíclicas se debía a sus ataduras ideológicas y sociales con el capital.Karl Marx desarrolló una crítica profunda de la Economía. Así, a más tardar en 1867 había elaborado ya una explicación teórica detallada y de fondo del fenómeno de las crisis capitalistas. Para hacerlo corrigió la explicación de Adam Smith sobre el valor de cambio de las mercancías, según la cual el valor depende del trabajo promedio para producirlas. Esta explicación era opuesta a la que formulaba Jevons, quien pensaba que el valor o el precio, que para él eran lo mismo, estaban determinados por la utilidad adicional que proporcionaba la mercancía a los compradores.
Marx consideraba que el punto de vista de Jevons y otros economistas liberales era superficial y no veía sino los fenómenos más externos de la economía y no los elementos fundamentales, esenciales y sus relaciones, de los cuales los precios de las mercancías eran solamente una manifestación en a superficie.
¿Cómo explicar que matemáticos, lógicos y economistas tan destacados como Jevons cayeran en tesis tan superficiales y tan vulgares, como aquellas conque explicaba el ciclo? Simplemente Jevons, Walras, Menger y demás economistas destacados defendían el punto de vista de una clase social: los capitalistas. Y estaban ya en la época en la que ya no se podía sostener que el capitalismo daría bienestar a toda la humanidad.
Refiriéndose a la Economía de los Jevons y Walras, dice Marx:
"La economía vulgar ..... se abre paso tan pronto como la Economía [clásica] socava y hace vacilar sus propias premisas mediante su análisis, sentando las bases de una reacción contra la Economía, bajo una forma más o menos económica, utópica, crítica y revolucionaria. En realidad la evolución de la Economía Política y de la reacción que ella misma engendra [en contra suya] se halla en consonancia con el desarrollo real de los antagonismos sociales y las luchas de clases inherentes a la producción capitalista"
(1863: v. III. p. 443).Y efectivamente las revoluciones burguesas habían desatado los antagonismos de clase entre capitalistas y obreros y, los debates sobre la el valor de cambio de las mercancías era un punto de enfrentamiento teórico entre las dos clases. Mientras para Jevons, el trabajo es tan solo un factor de producción retribuido según su utilidad marginal, para Marx, el trabajo es la fuente del valor y engendra no sólo la retribución salarial, sino la ganancia capitalista en todas sus formas: beneficio industrial y comercial, interés bancario y renta de la tierra.
El valor de cada producto está compuesto por el valor de los medios de producción (máquinas, equipos, materias primas), más el salario, más la ganancia creada por el trabajo nuevo del obrero. Tanto como les interesaba a los capitalista que Jevons ocultara las fuentes de las ganancias, les interesaba elevarlas al máximo con el mínimo de inversión. Analizando este fenómeno Marx descubrió que cada vez que se aceleraba el desarrollo capitalista las ganancias tendían a crecer con menor rapidez que el capital o en otras palabras, el rendimiento de las inversiones tiende a hacerse más pequeño a pesar de que el total del capital aumente y precisamente a medida que aumenta.
La causa de este fenómeno puede resumirse así: a medida que la industria capitalista progresa, por cada dólar, invertido, gasta más en máquinas y materias primas que en salarios. Esto significa que a medida que aumenta el capital, la proporción del valor agregado por el trabajo nuevo, por cada dólar invertido, es menor.
Así, Marx consideró que al acelerarse el crecimiento, el rendimiento de las inversiones o tasa de ganancia llega a ser cada vez más bajo y, ésta es la causa principal - no única - de las crisis capitalistas. Al bajar la tasa de ganancia se reducen las inversiones y por esta vía el empleo y el consumo de maquinarias, materias primas y artículos de subsistencia, multiplicándose el efecto depresivo.
Frecuentemente se afirma que Marx románticamente deducía de este análisis que el capitalismo se autodestruiría. Pero, el anticapitalismo de Marx no se fundaba en la creencia según la cual el capital llegaría a una crisis de la cual no podría salir, sino en los sufrimientos que el capitalismo, sus crisis, recuperaciones y auges descargan sobre miles y millones de seres, en la seguridad de la limitación histórica del capitalismo y en el análisis según el cual del propio seno del capitalismo surgió la clase obrera, que se vería en la necesidad de enfrentarlo y derribarlo y que podría adquirir la capacidad de hacerlo, sin que pueda esperar un "derrumbe" del sistema.
Al contrario de lo que piensan los observadores superficiales del marxismo, Marx demostró, no solo por qué el capitalismo tiene que caer en crisis periódicas , que tienden a ser más catastróficas, sino también que puede salir de cada una de ellas y
¡cómo sale de ellas! Explicó que la baja de la tasa de ganancia se contrarresta mediante la destrucción de capitales, bien sea física por la guerra o meramente económica por la competencia desgarradora que inutiliza grandes masas de capitales: la máquina sigue siendo máquina, pero deja de ser capital pues no sirve para producir ganancias, su dueño se arruina, los obreros son despedidos y sobre las ruinas resurge la acumulación de capital pues para los competidores victoriosos el aumento de la ganancia vuelve a ser más rápido que el incremento de la inversión.A este proceso básico de la recuperación se agregan otros métodos, como el aumento de horas de trabajo de los obreros y la rebaja de salarios reales y prestaciones, aprovechando el desempleo; el aumento de la eficiencia de los trabajadores; el saqueo de otros pueblos o de los campesinos, indígenas y artesanos; la conquista y la inversión en países o zonas atrasadas donde la tasa de ganancia es más alta; el cobro de intereses a las empresas del Estado o a otros Estados; o como quien dice, todas las ruindades que caracterizan al capitalismo.
El único método "limpio" para salir de las crisis ha sido abaratar el capital mediante los descubrimientos y el avance tecnológico, pero este método a la larga también termina en descenso de la cantidad proporcional de trabajo agregado y de la parte de capital invertida en salarios, restableciendo al cabo del tiempo la causa de la crisis, al utilizar menos trabajo vivo por peso invertido y volver a incorporar menos valor nuevo y obtener menos plusvalía con relación a los valores viejos, al capital constante o muerto.
Un caso, de descubrimiento del que abarata el capital y, a la vez, aumenta los salarios con respecto al conjunto del capital invertido, puede imaginarse así: se averigua un que las hojas de los árboles sustituyen al petróleo. Esto consumiría menos capital constante, más trabajo y causaría un auge cíclico. Pronto inventarían máquinas para recoger hojas y, a largo plazo, invertirían más en ellas que en contratar personas y, la proporción de plusvalía sobre la inversión, sería menor, volviendo a bajar la tasa de ganancia.
La explicación de Marx sobre las crisis estuvo lista desde 1867, pero no pudo ver la luz hasta fines de 1894, cuando se publicó el tomo III de "El Capital". El retraso en la publicación resultó desafortunado: el período entre 1867 y 1894 fue particularmente crítico para el capitalismo y los años de rápido crecimiento sucedidos desde 1848 se interrumpieron bruscamente. Las crisis se repetían rápidamente y las recuperaciones conducían a ascensos muy pequeños de la acumulación. En cambio, desde 1896 y hasta 1914 el capitalismo vivió un período de prosperidad relativa, en el cual si bien se presentaron crisis (1900 y 1908), fueron de menores consecuencias y sobre todo, fueron seguidas rápidamente por auges impetuosos de la producción y la ganancia.
Es decir que el tomo III de "El Capital" se mantuvo oculto precisamente en uno de los períodos en que más atención podían despertar sus primeras tres secciones, que explican la crisis. Los lectores habrían devorado en esos días un tratado sobre las...
"diversas influencias... que se hacen valer más bien simultáneamente en el espacio o más bien sucesivamente en el tiempo; el conflicto entre estos factores en pugna se abre paso periódicamente en forma de crisis"
(Marx 1867: T.III, 247).Esta parte del libro se mantuvo sin publicar, tanto por el hecho fortuito de la enfermedad y posterior muerte de Marx, como por el desinterés de las editoriales, especialmente después de la derrota de la Comuna de París. Las gentes tuvieron que contentarse con las estadísticas de Juglar, para refutar las vulgaridades teóricas de Jevons.
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