Reseña de la Comunidad
El 8 de diciembre de 1988, día de la Inmaculada Concepción, cuatro miembros del Movimiento Apostólico de Schoenstatt comenzamos una experiencia comunitaria, la que guiada por el Señor, e inspirada en la espiritualidad de Schoenstatt, ha ido desarrollando su propia espiritualidad y carisma.
En mayo de 1989 se trabajó en torno a una declaración de principios que desembocó en un contrato comunitario, primer intento de una voluntad de ser y hacer comunidad. El 8 de diciembre del mismo año, durante la celebración del primer aniversario de fundación, coronamos a María como Reina de la Oración y el Acogimiento, experiencia que ha marcado nuestra relación con María a través del tiempo, expresándose esto en distintas coronaciones según las necesidades y procesos vividos.
Desde esa fecha, cada 8 de diciembre hemos querido celebrar y renovar nuestra consagración a la Trinidad, invitando para ello a diferentes personas ligadas con nuestra historia, tanto del Movimiento de Schoenstatt como amigos, compañeros de trabajo y familiares y personas que Dios nos ha regalado.
A partir de 1994 el Superior Provincial del Instituto Secular Padres de Schoenstatt, a petición de nuestra comunidad, nombra al Padre Humberto Anwandter como acompañante de la Comunidad de Mambré.
El espíritu de nuestra comunidad tiene su modelo en la encina de Mambré. El Señor se manifiesta a Abraham bajo la forma de tres ángeles, la Santísima Trinidad -modelo de la vida en comunidad-, y es acogido por él. En este pasaje de la Sagrada Escritura encontramos los pilares de la originalidad de nuestro estilo: el acogimiento y la contemplación, en cuanto son encuentro y unidad con Dios en la vida, lo que hacemos extensivo a toda persona con la que compartamos.
Al cumplirse 10 años de fundación cuatro de sus miembros, tres de ellos pertenecientes al grupo que comenzó, sellaron su acto de consagración perpetua a la Santísima Trinidad y se comprometieron a vivir los Consejos Evangélicos y el carisma comunitario.
El año 2003 celebramos 15 años de vida comunitaria. Queremos agradecer al Señor por la fecundidad dada a la Comunidad y recordar que es posible vivir el Evangelio en medio del mundo, y aprovechar de hacer la invitación a aquellos varones que tengan la inquietud de consagrarse a Dios en medio de su trabajo, para que se integren a nuestra espiritualidad.