Nuestro Ser:
Comunidad de Mambré
El ser de nuestra comunidad radica en Mambré (Gen. 18, 1-9), donde la Trinidad se manifiesta en tres viajeros que se instalan en la cotidianeidad, sin grandes manifestaciones. Para nosotros la comunidad y el trabajo es la tienda donde Dios se nos aparece y sacraliza lo cotidiano. Lo acogemos, lo contemplamos, establecemos una relación con Él, como Abraham con los tres ángeles.
Nuestra consagración a la Santísima Trinidad nos evoca la unidad. Estamos llamados a ser signo de la unidad en el mundo; así como en Dios no se hayan suprimidas las diferencias, sino que están unidas, unificadas y llevadas a la plenitud. En nuestra comunidad esto significa que cada uno aporta con su originalidad a la identidad común como forma de llevar a la plenitud el Ser y Misión de los Constructores de la Ciudad de María. Mambré es siempre recuerdo permanente de plasmar la unidad de la Trinidad en la vida.
Rasgo característico
y central de nuestra comunidad es la hospitalidad; el acogimiento en lenguaje
comunitario.
Tal como lo expresa la palabra griega philoxenia, es más que un ofrecer comida o techo: demuestra una forma de
intimidad profunda. Es el llamado permanente al acogimiento para que partiendo
en el seno de nuestra vida cotidiana, entre nosotros y nuestros hermanos,
hombres y mujeres, podamos sentir y vincularnos al Dios que existe y nos ama.
Mambré implica una irrupción en nuestras vidas, tal como lo fue para Abraham, quien invita al Señor, el cual se muestra dispuesto a encontrarse con él. Esto es la contemplación: encontrarse con Dios, conocerlo y amarlo.
Así como el Señor se aparece a Abraham, también la Santísima Trinidad ha irrumpido en nuestra comunidad. Sin que nos lo propusiéramos el ícono de la Trinidad de Ruvlev ha adquirido un significado especial para nosotros y con ella el texto del Génesis que relata el encuentro de Abraham con los tres viajeros. En ese texto encontramos elementos claves de nuestra espiritualidad: la vida en comunidad mostrada por la Trinidad que se aparece a Abraham, la oración significada por el diálogo entre Abraham y los ángeles, y el acogimiento a los visitantes que permite el encuentro.