| ASESINOS EXTRANJEROS |
Luis Alfredo Garabito
Pido perdón a Dios, a ustedes y a todos aquellos a quienes haya hecho sufrir". Fue el preámbulo de una confesión terrible de Luis Alfredo Garavito, conocido desde entonces como "la Bestia": "He matado a 140 niños" La autoinculpación dejó mudos vanos segundos a los fiscales colombianos que lo escuchaban, todos curtidos investigadores de los delitos más atroces. Después de afirmar que no era ningún psicópata sexual, relató sin omitir detalles que había asesinado a niños de entre 8 y 16 años.
En Colombia lo describen como un astuto asesino, un criminal escurridizo y un sádico solitario. Pero también está claro que, cualquiera que sea su personalidad, la creciente desintegración de la sociedad colombiana proporcionó el entorno perfecto para que este maniaco sexual pudiera operar sin ser capturado durante siete años.
A pesar de la captura de Garavito, en Colombia quedan sin resolver decenas de secuestros y asesinatos de niños. Muchos, si no la mayoría de las victimas, eran niños que vendían en la calle lotería, dulces o baratijas, lavaban coches o eran limpiabotas. Todos pertenecían a familias de escasos recursos, o estaban separados de sus padres a causa de la pobreza o la violencia política que en poco más de una década ha obligado a abandonar sus casas y sus tierras a millón y medio de colombianos. Estos niños -sucios, hambrientos, ariscos, mal vestidos y peor calzados- se han convertido en un espectáculo rutinario en las esquinas de las grandes y pequeñas ciudades, donde piden limosna, venden periódicos y goma de mascar o se ofrecen para lo que sea.
"En Colombia desaparecen niños a diario, en especial de las clases pobres", dice Rosa Catán, quien trabaja en un centro de rehabilitación de niños drogadictos. "Muchos de estos niños provienen de hogares inestables, pero la profunda inestabilidad social, política y económica producida por ataques guerrilleros, masacres de los paramilitares y abusos del Ejército ha fragmentado aún más a las familias".
El caso se destapó en noviembre de 1998, cuando un joven que montaba a caballo en un descampado cercano al aeropuerto de Pereira, capital de! departamento de Risa raída, encontró una fosa con huesos humanos.
Eran los restos de 13 niños, de entre 8 y 14 años, que habían sido asesinados. Una semana después, la fiscalía llegó hasta un terreno cubierto de maleza, al fondo de un abismo de 500 metros. Allí se encontraron otros 12 cuerpos y nueve cráneos. Todos de niños. Algunos conservaban en la base del cuello la soga con la que habían sido atados.
Lo dijo sin que le temblara la voz, con frialdad aterradora. Se encontraban ante el peor asesino de niños de la historia. ¿Quién era aquel monstruo con un historial tan espantoso que ni siquiera criminales temibles y famosos como Jack el Destripador tuvieron un registro semejante?.
En un principio, los crímenes de Garavito pasaron casi inadvertidos para los colombianos, hasta que cometió una cadena de asesinatos en el departamento del Valle y luego en Pereira, que alertaron a todo el país y estremecieron al mundo, hasta et punto de que Amnistía Internacional, el Parlamento Europeo y la ONU enviaron misiones para seguir el caso.
La fiscalía empezó a atar cabos con otro hallazgo que se había tomado como un hecho aislado. En enero de 1998 se habían encontraron los cráneos de cuatro menores en el mismo barrio cercano al aeropuerto de Pereirá. En total, eran restos de 27 personas, todos menores Los investigadores relacionaron et hallazgo con otros cuerpos localizados en los últimos cinco años. El saldo final fue de nueve fosas con 42 esqueletos. La fiscalía adjuntó los restos a la investigación por hallazgos de fosas con osamentas de menores cuyas muertes parecían tener un hilo conductor. En diez poblaciones se descubrieron fosas con un mínimo de 55 menores muertos.
La versión inicial fue que los crímenes habían sido perpetrados por un pervertido sexual, pero no se descartaron los ritos de sectas satánicas, pues muchos fueron degollados y la cabeza se encontró a cierta distancia.
Después de múltiples investigaciones el caso dio un vuelco cuando se hallaron en un hotel de Villavicencio los elementos que concluyeron en la confesión de Garavito. Eran fotografías de muchas de sus víctimas, tomadas en los momentos previos a los crímenes. Allí, en el hotel donde se hospedaba, había una agenda en la que llevaba una cuidadosa relación de lugares y fechas de sus macabras acciones. "Encontré un sitio perfecto", consignaba en la libreta. Cada niño muerto se convertía en su cuaderno en una rayita más, hasta 140 .
GARAVITO guardaba en una agenda una cuidada relación de lugares y fechas de sus crímenes
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