J.J.
BENÍTEZ A FONDO
Entrevista al autor de la saga Caballo de Troya
por Iker Jiménez
Sobre él se ha dicho y escrito de todo. Y es que a nadie le ha podido dejar indiferente la trayectoria de nuestro más célebre investigador del fenómeno ovni. Reportero de pura raza, buscador incansable y autor de uno de los éxitos editoriales más importantes de los últimos tiempos, el navarro Juan José Benítez hace veinticinco años descubrió la "mágica llave" que cambiaría su existencia. Ahora, con el estrecho de Gibraltar como único testigo, hace para nosotros un balance lleno de nostalgia y salpicado de entrañables experiencias, mostrándonos el lado más humano del célebre "lobo solitario"
Pregunta.- Ya han pasado veinticinco años y varios millones de kilómetros desde que comenzaste a investigar el mundo de los ovnis. ¿Qué fue lo que te decidió a emprender este camino?
Respuesta.- Lo recuerdo perfectamente. Yo llego a La Gaceta del Norte en el 72 procedente de El Heraldo de Aragón y de La Verdad, de Murcia, donde había estado desde que terminé la carrera haciendo periodismo. Me encargaba de la sección local como reportero. En Bilbao hacías de todo, pero un día de primeros de mayo de aquel año salió de los viejos teletipos un comunicado que decía: Un aterrizaje en Burgos. Por pura casualidad yo estaba por la redacción aquella mañana y el redactor jefe me dijo que me hiciese cargo del asunto. Realmente so sabía bien ni a qué iba, pero cogí al fotógrafo y nos plantamos en la capital castellana. Yo recuerdo que aquel primer encuentro me causó una especial impresión por la extrañeza de que alguien queme su propio campo, que haga un círculo en el terreno, que los testigos te cuenten que han visto una esfera en silencio... Total, que me volví al periódico barruntando que aquello no era normal. Hice el reportaje como podría haber hecho el de un descarrilamiento o la entrevista al político de turno..., pero a partir de ese instante, algo quedó dentro de mí. ¿Qué fenómeno es éste?, me preguntaba. Pero nadie me supo responder. Desde entonces, los muchos incidentes de este tipo que se registraban en el área de influencia de La Gaceta los empecé a cubrir yo. Pero por una simple razón: nadie se quería ocupar de ellos y a mí el asunto me empezaba a gustar.
P.- Pero imagino que anteriormente, como periodista y como persona, opinarías algo al repecto. ¿Qué significaban los ovnis para Benítez antes de aquel 1972?
R.- Jamás había tenido la tentación de comprarme un libro sobre el tema, ni sabía quiénes investigaban estos asuntos. En definitiva, que aquello no me interesaba lo más mínimo y mi concepto respecto a la vida en otros mundos estaba completamente en blanco. A mí lo que me apasionaba eran las estrellas, la astronomía,... y también la fauna. Eso desde muy crío. Incluso en El Heraldo de Aragón hice una larga serie, de unos cuarenta capítulos, sobre la fauna aragonesa. Aún recuerdo cuando me iba al Pirineo con los científicos a fotografiar al cuco, al quebrantahuesos... Eran actividades que me apasionaban. Fíjate cómo sería mi desinterés que, incluso después de aquel año, me percaté de que en mis anteriores periódicos se habían estado publicando noticias sobre avistamientos de ovnis y yo no les había hecho el menor caso. Es como si alguien está totalmente virgen y en un momento determinado se le abren los ojos y dice: ¿pero esto qué es?...
Septiembre de 1974: odisea en Perú
P.- Será en 1974 cuando vuelvan a cambiar las tornas de tu vida reporteril. Esta vez en Perú y tras recibir un teletipo en el que se anuncia el contacto de un grupo con los extraterrestres, ¿cómo recuerdas un cuarto de siglo después aquella experiencia?
R.- Lo veo con ternura, diciendo ¡qué cosas hacía yo! Pero no me arrepiento en absoluto. Aquel segundo teletipo histórico contenía una crónica del corresponsal de EFE en Lima, Enrique Valls, donde se afirmaba que unos jóvenes del Instituto Peruano de Relaciones Interplanetarias decían haber contactado con los ovnis. Fue mi director quien me dijo: "Oye Juanjo: ¿tú quieres ir a Perú?". La verdad es que me quede frío, porque no sabía de qué iba. Me puso el teletipo sobre la mesa diciéndome que lo estudiara. A los pocos días decido embarcarme en el tema y llego hasta Perú, donde rápidamente encuentro a las personas del IPRI. Me paso una semana o dos de continuas grabaciones con ellos, interrogándoles una y otra vez. Y la verdad es que aquella historia me pareció muy fantasiosa, muy utópica... y sin pruebas. Tan es así que lo que realmente ocupó la mayor parte de mi tiempo fueron las famosas Piedras de Ica. Aquello me interesaba más porque era algo tangible, que sí podía tocar.
P.- ¿Y ese inicial escepticismo se quebró el 7 de septiembre, justo el día de tu cumpleaños?
R.- Lo cierto es que unos días antes de esa fecha Carlos Paz, presidente de aquel grupo, me dijo que ellos tenían contactos con los "guías del cosmos", siempre previa cita. Les pregunté escamado en qué consistían esos encuentros, y si habría posibilidad de verlos. Su respuesta fue inmediata. La escritura automática era el medio a través del cual ya se habían manifestado en otras ocasiones. Ahí sí que vi algo importante y le pregunté al Sr. Paz si podría acudir a una de esas citas. Y al cabo de una semana encontré en el hall del hotel una respuesta en forma de nota. En ella se me indicaba que la cita había quedado concertada para el sábado 7 en los arenales de Chilca, a unos cien kilómetros de Lima. A las pocas horas, los ocho elegidos para la ocasión ya íbamos caminando por aquel oscuro desierto. Estuvimos aguantando un frío increíble, mientras yo iba conteniendo una creciente sensación de ridículo espantoso y de vergüenza interior. No cesaba de preguntarme qué demonios hacía allí esperando a que bajaran los ovnis... ¡Estaba más loco que ellos! Encima me obligaron a no llevar cámaras y yo, que era tan ingenuo, acepté. Toda la noche estuve pensando en mi director. "Como aparezcan y no los fotografíe me echa", me repetía a mí mismo. Y, como bien dices, todo se quebró en un momento. Los gritos de unos miembros del grupo me pillaron de espaldas. A los tres segundos me di vuelta y mire a los cielos a tiempo para observar una impresionante esfera de luz blanca que descendía a través de una densa capa de nubes. Casi instintivamente, lo primero que hice fue mirar al suelo pensando que aquellos peruanos me estaban engañando. Pero no... Aquello empezó a moverse al tiempo que aparecía un segundo objeto casi idéntico, pero más pequeño, trazando giros en el más absoluto de los silencios. Uno de los ovnis lanzó hacia el suelo un fino haz de luz blanca que se cortaba en pleno aire, sin llegar a tocar la arena, Estuvieron así entre cinco y siete inolvidables minutos antes de comenzar a internarse en el colchón de nubes y desaparecer.
P.- Cuando regresas a España, tus reportajes narrando aquella historia tuvieron un gran impacto, al impulsar la creación de numerosos grupos que imitaban al IPRI peruano. Analizando los hechos dos décadas después, ¿qué grado de responsabilidad te autoimpones en este espectacular desencadenamiento?
R.- No soy responsable de todo lo que se montó siguiendo aquellas enseñanzas de los "guías cósmicos". No te voy a engañar: yo regresé a España entusiasmado. Había visto en aquel desierto algo que no tenía explicación y lo sigo refrendando. Cuando publico los reportajes en La Gaceta del Norte se disparan las tiradas. Se vendió más que con la muerte de Franco, aquello provocó un follón sin precedentes que no te puedes ni imaginar. A mí incluso se me reclamó por parte de altas instancias del Estado para contar, junto al director del periódico, todo lo que había ocurrido en Perú. Ahora, con el paso del tiempo, me doy cuenta de que había en esos reportajes y en el posterior libro SOS a la humanidad dos cosas bien diferentes: una era lo que yo vi sobre Chilca, y otra todo aquello de los contactos del grupo IPRI. En esto último es indudable que había muchas cosas de cosecha propia de aquellas gentes, mucha fantasía..., pero sí había algo de verdad, algo que sigo defendiendo hasta ahora: la existencia de unos seres que no conocemos, cuya naturaleza física no es la nuestra y que trabajan en un papel especial con cada ser humano. Lo demás no es comprobable-, todo el grupo RAMA, todo lo que montaron, probablemente era fruto de la imaginación de aquellas personas.
P.- ¿Qué te inspira ahora la palabra RAMA, la misma que abanderó a más de seiscientos grupos españoles?
R.- Un rechazo. Yo jamás me vinculé a esas agrupaciones ni fundé ninguna de ellas, milagrosamente para mí. Sí estaba en contacto con muchas personas que los integraban, pero siempre me mantuve al margen,... y menos mal. Lo digo por que creo que el 90% de lo que predicaban era fantasía. Si llego a meterme en el asunto probablemente hubiese perdido los papeles y hoy estaría tan desprestigiado como lo está Sixto Paz; indudablemente, yo no habría sido un investigador objetivo. Por eso, siempre he querido ser totalmente independiente. Yo me niego a releer mis propios libros, y probablemente aquel OVNIS: SOS a la humanidad ahora no lo hubiese escrito. Pero en aquellos momentos era lo que a mí me contaron, y como investigador y periodista, yo debía ser fiel a aquello que me estaban contando. Todavía ahora me escriben personas preguntándome cómo hay que hacer para ponerse en contacto con los extraterrestres... Esas cartas van todas directamente a la papelera. Yo me niego a decir nada a la gente sobre este tema, pero sin duda el recuerdo de todo aquello es interesante para mí. Fue algo que me marcó profundamente y que me cambió la brújula de muchas cosas en la vida.
Tras el rastro de los ovnis
P.- Toda esa historia refleja también un tiempo concreto de cambios profundos en este país y, por ende, de búsqueda de nuevas experiencias. En ese marco socialmente irrepetible comienzas a realizar decenas de series reporteriles que hoy son ya históricas. ¿Cómo surgió esa apuesta gracias a la cual un periódico avaló un asunto tan desprestigiado?
R.- Yo creo que sólo hubo una explicación: el tema ovni levantó la tirada del periódico hasta los 120.000 ejemplares, que en aquella época y para un diario de provincias era mucho... El director y los redactores jefes estaban entusiasmados por la cuenta de resultados, pero ninguno de ellos, absolutamente ninguno, creía en nada de esto. Entonces, durante un tiempo se me autorizó a que hiciera investigaciones y viajes y a que publicara bastantes cosas,... aunque no todas. Pero llegó un punto en que el Opus Dei, que estaba muy metido en aquella Gaceta del Norte, empezó a "poner la proa" al asunto y, lógicamente, a ponerme a mí también en su punto de mira. Esto la gente no lo sabe, pero entonces comencé a experimentar muchas dificultades para publicar cosas.
P.- ¿Te coaccionaron porque el tema era ideológicamente incómodo?
R.- Me decían que los ovnis no existían, que aquello era una ridiculez y que estábamos desprestigiando al periódico. Por lo tanto, todas mis investigaciones se iban sistemáticamente a la basura. Varios jefes de sección le acabaron "comiendo el coco" al director y ganaron la batalla, que no la guerra... Y fíjate: yo ahora se lo agradezco. En aquel 1977 empiezo a tener dificultades graves para seguir difundiendo. La situación se convierte en un infierno tal que yo tengo que tomar una decisión: o sigo investigando el tema porque me apasiona y creo que es muy importante o renuncio definitivamente a él porque en el periódico no hay posibilidades de continuar.
P.- Y decides lanzarte a tumba abierta a seguir divulgando sobre ovnis, abandonando para ello tu profesión...
R.- Efectivamente. Y me encuentro con el gravísimo problema de decir: ¿de qué vivo?, ¿de qué van a comer mis hijos?. Yo en el periódico tenía un sueldo de redactor, que en aquella época era de unas treinta y tantas mil pesetas... y nada más. No tenía otros recursos, pero si quería seguir siendo fiel a mi trabajo, a la investigación en la que creía pese a toda la incomprensión de mi familia, de mis amigos y de todo el mundo,... tenía que renunciar definitivamente al periodismo. Y así lo hice.
P.- Pero investigar cuesta dinero, ¿cómo lograste sobrevivir a aquella etapa y continuaste realizando tus desplazamientos tras el rastro de los ovnis?
R.- Conseguí un contrato leonino con la editorial Plaza y Janés en el que me hacían escribir nada menos que seis libros en un año y me daban trescientas mil pesetas a obra entregada. Encima, no tenía derechos de autor. Lógicamente, todos los que me rodeaban me dijeron que cumplir aquello era imposible, una autentica locura,... pero firmé, y con aquello me despedí del periodismo activo para lanzarme a las carreteras y jugarme la vida investigando durante años, durante muchos años. Fue una época difícil, pero inolvidable...
P.- ¿Qué palabra te viene a la cabeza al recordar aquel tiempo de búsqueda?
R.- Aventura. Fue una época muy bonita, muy difícil y muy dura en la que luché solo,... completamente solo. Pero sentía tal entusiasmo por el tema, y yo sabía que era verdad,... que no me importaba. Y así, con un viejo cochecillo que yo tenía me iba solo por las carreteras y suplía todas las calamidades con el entusiasmo y con el afán de verlos. Eso era una obsesión. Recuerdo que, incluso en agosto, cuando aún estaba en el periódico y pasaba un mes de descanso con mi familia en Barbate, me enteraba por casualidad que una nave se había visto en... no sé, en la Ruta de la Plata por ejemplo, y dejaba a mi gente aquí y con aquel calor, recorría centenares de kilómetros, con el único objetivo de verlos. Me iba como un loco "detrás de la nave" y nunca llegaba a alcanzarla, claro... Esa es la historia, una historia de esfuerzo, de lamentos, de fracasos, de calamidades, de penurias, de no tener nunca un duro, pero de seguir en la brecha, luchando con investigaciones, con casos y más casos,... y, sobre todo, con tenacidad. Es una época importantísima para un investigador, porque el que lo es, a pesar de los fracasos, sabe pelear, luchar y salir adelante.
P.- Noto en tus palabras cierta nostalgia al recordar...
R.- Sí, es una historia que me trae una gran nostalgia; no porque no haga lo mismo ahora, que lo sigo haciendo, pero indudablemente ya no tengo los problemas económicos que tenía entonces, ni las dificultades de publicación ni, sobre todo, de incomprensión. Claro, es que son 25 años, y eso es mucho, mucho tiempo...
P.- ¿Qué ha cambiado en la investigación desde entonces? ¿Ha variado la actitud de las gentes, los propios casos...?
R.- No, los sucesos ovni no han cambiado. Pero sí ha variado la mentalidad de las gentes, el marco. Ahora creo que las personas son más abiertas y tratan mejor al investigador. Antes teníamos muchas dificultades para llegar al testigo y hacer que nos contara lo que había visto. Era, sin duda, una situación social más cerrada. El tema estaba mucho más ridiculizado que ahora. Hoy es relativamente más sencillo investigar, aunque hay muchos problemas que todavía están ahí. Las dificultades de tipo religioso y político de antaño eran terribles. A mí esto me afectó hasta el punto de ponerme en la encrucijada; es decir: o continuaba la investigación del tema lo cual significaba que me tenía que ir del periódico- o renunciaba; así de claro. A mí se me dijo: "No vas a escribir ni a investigar más de ovnis. Te vas a dedicar a otras materias,... esto se terminó porque, son cosas de locos".
P.- ¿Qué habría sido de ti si hubieses aceptado esa imposición?
R.- Hombre, yo era un buen reportero, un auténtico "tigre de Bengala" que vendía a su madre por una noticia. Recuerdo las que armaba disfrazándome de bombero, de médico para entrar en hospitales y sacar la noticia. Y era así porque vivía del periodismo. De todos modos, si hubiera renunciado al tema ovni ya sé lo que me esperaba: el periodismo "normal" en el que probablemente llegaría a ser redactor jefe, director,... pero habría fracasado. Habría fracasado conmigo mismo. Hubiera engrosado esa burocracia directiva del periodismo, que es su peor enemigo. Y ahora veo que mereció la pena el esfuerzo, y lo digo porque yo me divierto, disfruto investigando y notando ese cosquilleo en el estómago que me hace sentirme como un eterno principiante cuando inicio un viaje para encuestar a un testigo. Esa sensación que perdura durante horas y durante kilómetros. Y estoy convencido de que ese cosquilleo o lo tienes inyectado en vena o no lo tienes.
Investigar a los investigadores
P.- Ahora muchos jóvenes se embarcan en la aventura de la investigación. ¿Cómo pueden saber si esa sustancia del auténtico "reportero de raza" está recorriendo sus venas?
R.- Es muy difícil poder explicarlo. Podríamos simplificarlo con la palabra vocación, pero tampoco es eso. Es algo que no depende de nosotros. Y sé que esto es difícil entenderlo, pero estoy convencido de ello. Cada ser humano tiene un papel en la vida, quiera o no quiera y le guste o no. Lo normal es que esté satisfecho,... pero te ha tocado por tu naturaleza, por tus características... y por algo más.
P.- ¿Algo ajeno a nosotros mismos?
R.- Si, aunque no tengo todavía pruebas suficientes, pero intuyo que podría ser cierto. Hay que investigar a los propios investigadores, y te lo digo por algo muy importante: los verdaderos investigadores verdaderos en el sentido de que lo sientan en el corazón- tienen que haber sido "tocados"; no es una casualidad.
P.- ¿Tocados por quién o por qué?
R.- Pon tú mismo el nombre que quieras, que acertarás. Pero lo indudable es que algo nos está haciendo jugar a los investigadores del fenómeno un papel muy concreto en esta existencia.
P.- ¿Cuál ha sido el tuyo?
R.- A mí seguramente, como a otros investigadores y cada uno en su circulo o en su región, me ha tocado el papel de difundir. Y lo sigo haciendo. Es un trabajo de concienciación colectiva de mucha gente para decirles que hay otra vida y otras civilizaciones... Es abrir la mente de las personas, que es el trabajo que estáis haciendo todos vosotros ahora.
P.- ¿Y crees sinceramente que se está logrando algo?
R.- Claro que sí. Lo que pasa es que, afortunadamente para nosotros, no somos conscientes de ello. Es decir: tú, por fortuna para ti, no eres consciente de la repercusión y del efecto multiplicador que tienen tus reportajes, tus programas de radio o televisión o tus conferencias. Y eso tiene un efecto tremendo, terrible. No puedes imaginar hasta dónde va a llegar un reportaje que publiquen en la revista, ni sabes realmente las repercusiones que va a tener a nivel íntimo de las personas. Pero indudablemente lo tiene. Y ésa es la labor en la que estamos. Y no nos damos mucha cuenta, ya que aparentemente se investiga por otras razones; pero la más importante es que estás haciendo una labor de concienciación que será valorada, no ahora, sino en el futuro. Nosotros estamos haciendo historia, estamos construyendo la historia... y algún día tus reportajes y tus libros cuando los escribas- serán fuentes informativas importantísimas para toda una serie de historiadores que necesitarán acudir a esos documentos porque los testigos ya no existirán. Nosotros, amigo, estamos haciendo historia: y probablemente ésta sea la gran historia.
Periodismo e investigación
P.- Eso está muy bien, pero contradice nuestra naturaleza periodística que nos solicita pruebas constantemente. ¿Dónde se esconden las evidencias?
R.- No creo que consigamos más. El afán de lograr esas evidencias es un motor que en muchos aspectos te impulsa a buscar algo para ofrecerlo a la opinión pública. Y se encuentran algunas evidencias, pero no es lo más importante. Yo creo que ese trabajo de fondo del que te hablaba es más importante aún; ése en el que sin darte cuenta estás tocando el corazón de las personas y les estás mostrando una ventana a la que nunca antes se habían asomado. Yo dudo ya de que vaya a encontrar evidencias importantísimas. Luchar por ellas es muy interesante, y todavía recuerdo que yo en mis primeros viajes he llegado a llevar piedras en el bolsillo para escuchar el "clonc" del ovni,... pero ya no lucho solo por eso. Ahora lo hago por encontrar información y poder transmitirla, y con ella que cada cual piense y que haga lo que quiera.
P.- ¿Ha cambiado en este tiempo el modo de informar y de divulgar?
R.- Creo que ahora es más serio, en general, porque también hay bastante basura por ahí. Se hacen las cosas con más reposo, mejor, con más documentación. Y lo cierto es que el tema está menos desprestigiado. Los de mi generación no hemos tenido la preparación de los jóvenes que ahora investigáis. Eso me hace pensar que la generación que ahora está en los medios es buenísima, fantásticamente preparada. Eso lo digo prescindiendo de sus teorías y lo que cada uno de ellos piense. Y eso es fantástico y lógico. También los que vengan dentro de dos décadas serán aún mejores, más objetivos y más críticos.
Ver un ovni
P.- En estos veinticinco años has tenido ocasión de ver ovnis en distintos puntos del mundo. ¿El investigador que jamás se encuentra con ellos está predestinado a ser escéptico?
R.- Creo que depende mucho de la persona. Hay muchos que jamás los han visto y siguen divulgando con ahínco. Depende de lo que tengas en la cabeza. Pudiera ser como una especie de recompensa personal a su esfuerzo y lucha. Pero tampoco creas que hay que darle a esto mucha importancia. El escepticismo se puede provocar esencialmente porque no se es un buen investigador. Una persona que reúne información es muy difícil que sea escéptica. Puede serlo en preguntas de fondo, al cuestionarse que viene hasta aquí o con qué motivo lo hacen. Si tienes información es imposible dudar del fenómeno.
P.- Pongámonos en la hipótesis de que algún día, quizá dentro de muchos años, se confirma definitivamente la existencia de seres que nos visitan desde otros lugares del universo. ¿Qué supondría esa noticia para J.J. Benítez?
R.- Como ser humano me sentiría reconfortado, porque toda la lucha que están llevando a cabo los investigadores sería gratificada. Aunque tampoco es algo que me preocupe demasiado que ocurra o no. Yo sé que existen y sé que es absolutamente cierto. Te digo más, probablemente dentro de un tiempo me retire. Es algo a lo que estoy dando vueltas. No sé cuándo, pero la idea ya revolotea en mi interior. Creo que hay que dejaros paso a vosotros, a la gente joven, ayudandoos en todo lo que haga falta. Probablemente dentro de unos años yo no tenga nada que aportar, y si no soy capaz de dar respuestas, lo lógico es que me retire; hay que saber hacerlo. Además, como te he dicho, creo que los que ahora vienen detrás son excelentes y tienen lo más importante: el tema inyectado en la vena y dentro de su corazón. Son muy jóvenes y todavía necesitan experiencia y ayuda. Deben aprender que las investigaciones son costosas. Y digo costosas refiriéndome también al aspecto personal. La gente no sabe que tú estás separado de tu familia, de tus amigos, de la tranquilidad de tu casa... y a cambio te estás jugando la vida en las carreteras, te la estás jugando día tras día persiguiendo el rastro del fenómeno. Todo esto determinada gentuza aquejada de cretinez mental que critica pos sistema el enigma ovni no lo sabe valorar. Pero aquí lo que importa es precisamente lo que no hacen o no saben hacer: seguir informando, seguir investigando para demostrar que el fenómeno está ahí. Ese es el peor enemigo de esta gente. Y por ese fenómeno, algunos seguiremos luchando y sacando nuevos casos, concienciando a la humanidad.
P.- Imagino que será difícil hacer balance de media vida dedicada al fenómeno ovni, pero ¿qué te ha aportado este mundo inexplorado? ¿Qué has aprendido de él como persona este último cuarto de siglo?
R.- ¡Huy! Muchísimas cosas. Es como si la brújula te la cambian 180º. Si yo no me hubiese topado con aquel teletipo, probablemente habría sido un buen periodista. Pero también otra clase de persona. Y te aseguro que me gusta como soy. A pesar de mis muchos defectos, me gusta la línea en la que me muevo. Probablemente habría sido más desgraciado como persona, a pesar de que mi vida no ha sido muy afortunada. Ahora tengo cincuenta años y no soy una persona desgraciada. Tengo ilusiones cada mañana y la mente más abierta que antes, soy más tolerante, veo la vida de otra forma. Creo que estoy más cerca de las estrellas y, por tanto, más cerca de la gente. El fenómeno ovni es una llave que te abre una puerta, que luego te lleva a otra y posteriormente a otra y a otra...
P.- En el interior de este J.J. Benítez actual, el del incuestionable éxito literario, ¿qué queda de aquel reportero errante que luchaba solo a finales de los setenta?
R.- Probablemente, una capacidad de entusiasmo que no ha cambiado un ápice. La tenacidad y la curiosidad también han quedado ahí. Era una persona que tenía ciertas ideas y ahora éstas han cambiado bastante... para mejor, afortunadamente. De aquel Benítez queda una persona que no se rinde fácilmente. Que no se rinde aunque haya fracasado setenta veces. Eso está todavía ahí.
P.- ¿Y si pudieras cambiar algo de esta larga búsqueda?
R.- Es que como creo que todo esta perfectamente y meticulosamente organizado... Creo que lo están hasta las cosas aparentemente malas, que en el fondo no lo son... Probablemente no cambiaría nada. Quizás, y a nivel muy personal, me gustaría no haber pasado por los amargísimos tragos de mi pasado. Pero si no me hubiera tocado eso, me habría tocado otra cosa. Mira: yo estoy contento con lo que tengo y con lo que soy. No aspiro a grandes cosas ni me interesa el triunfo o el éxito. Me aburre. Aspiro a tener solamente un poco de paz y a dormir como lo hago, como un niño y con la consciencia muy tranquila. Tengo ahora un grado de intimidad tan profunda con "El jefe" que me está haciendo experimentar una etapa especial y agradable.
El más importante de todos los casos
P.- Para terminar, me gustaría recordar una frase que escribiste en la última página de tu libro "100.000 kilómetros tras los ovnis", publicado en aquella época que tanto hemos recordado. Decías que, después de tanto recorrido, sabías que algún día podrías llegar hasta ELLOS. ¿Sigues manteniendo esa misma esperanza?
R.- Lo que voy a decir no lo sabe nadie. Jamás lo he comentado con nadie. Yo, cuando tenía cuarenta y seis años, estando en Estados Unidos, he descubierto que ya me había tropezado con ellos...
P.- Que anteriormente te habías tropezado... ¿Con qué?
R.- Con un ser, con un humanoide... exactamente a los seis años, pero esto me vino a la mente justamente cuarenta años después. Yo tenía algo aquí, en la cabeza, y sabía que hacía tiempo algo me había ocurrido a los seis años, pero no lo tenía muy claro; eran imágenes nebulosas y lejanas. En ese viaje todo se organizó de tal forma que tuve la posibilidad de comenzar a aclarar el enigma que tenía dentro.
P.- Entonces, ¿has estado investigando el más importante de todos los casos, el tuyo?
R.- A los cuarenta años justos del incidente comenzaron a surgir unas escenas en mi mente. A través de una sofronización comencé a recordar toda aquella increíble experiencia. Escenas en las que aparecía un ser gigantesco provisto de una escafandra o casco, que aparecía también junto al río. Inmediatamente viajé de nuevo a España y fui a la aldea para entrevistar a los testigos de mi propia desaparición y comenzar a recopilar todo lo posible en torno a ese tiempo perdido en mi niñez.
P.- ¿Y cómo era ese ser extraño que aparece junto a ti?
R.- Con seis años, a mi me pareció altísimo, gigantesco. Apareció repentinamente; iba vestido con un mono o uniforme muy oscuro, negro, de un material parecido al plexiglás... Llevaba una escafandra también oscura que me impidió ver su rostro, y sus extremidades eran muy finas y largas. El tronco también era estrecho.
P.- ¿Y se te acercó?
R.- Sí, y me llegó a agarrar fuertemente la muñeca con ademán de firmeza. Así me condujo a una pequeña gruta en cuyo interior había unos huecos como sarcófagos de piedra desde los cuales surgían luces de diversos colores. Esto no lo he contado a nadie, pero al penetrar en aquella cueva el humanoide me agarra por las axilas y me introduce en uno de esos huecos de piedra. Transcurridos unos segundos me saca de aquella especie de fosa y me parece que me abraza, me abraza con enorme cariño... A partir de ese instante, todo se desvanece y aparezco, según constataron las gentes del pueblo y la propia guardia civil, en el interior de una casa. Los testigos que aún viven recuerdan muy bien aquella desaparición y reaparición de mi niñez. Ahora es cuando estoy recogiendo pruebas de lo que realmente ocurrió.
P.- El tener consciencia de esta experiencia habrá supuesto grandes cambios en tu vida.
R.- Si te digo la verdad, no. Creo que esto se recuerda justo en un momento en el cual no se pueden modificar tus planteamientos. No me ha cambiado sustancialmente ni me ha alterado. La prueba es que yo lo sé desde hace cuatro años y jamás se lo había dicho a nadie, salvo esta excepción, y no pienso tampoco hacer alarde alguno de ello. Es una vivencia que, estoy seguro, otras muchas personas han tenido y recordarán en su momento. A pesar de mi mala memoria tengo las imágenes tan claras como si las estuviera viendo ahora: la bruma, el río, el levantarme relativamente sorprendido no asustado- y aquel ser altísimo que me coge y me empuja hacia la gruta. Es curioso. Creo que si fuera alguna jugada de mi inconsciente yo, con toda la información que tengo, hubiera pensado en un ovni, en una nave. Pero allí no había nada, tan sólo una gruta, un detalle que no es nada habitual en la casuística ovni. Mi familia, los miembros de la Benemérita y la gente de allí no comprendían cómo había podido desaparecer en el centro del pueblo, por donde pasaba el río, y aparecer súbitamente dentro de una casa ¡Y en ese pueblo apenas había cuatro!
P.- Entonces, ¿esta historia tan sólo supone una ratificación a nivel personal?
R.- Sí, una seguridad a nivel personal. Una seguridad de saber que esto está muy bien planificado y que estamos trabajando por algo muy importante. Es algo que se queda para ti, algo que no me ha cambiado y que yo tampoco voy a ir por ahí diciendo, ni se me ocurrirá nunca, salvo esta excepción que hago contigo...
P.- Ahora, en estas bodas de plata, déjanos pensar que continuarás en la brecha durante mucho más tiempo...
R.- A pesar de todo lo que ocurra, mi objetivo es seguir informando, seguir luchando, quizá más en silencio que antes; y lo haré hasta que la Providencia quiera. Esa es mi labor. Si mis libros llegan a servir para algo a alguien, será suficiente. Con eso me daré por satisfecho. Para mí, por ejemplo, es muy importante que tú, que los jóvenes, estéis aportando datos, documentos, fotos, nombres y apellidos... Eso es construir la historia. Pasar a la historia no es lo importante, lo verdaderamente esencial es construirla, contarla para que dentro de quizás cien o doscientos años, cuando el fenómeno sea aceptado, se vaya a las fuentes y se recuerde que en el siglo XX había unos locos que contaban la historia invisible de la que nadie se ocupaba. Solamente por eso merece la pena seguir investigando.
Estabamos de acuerdo. Y también parecían estarlo las muchas estrellas que empezaban a lucir sobre ese mismo mar al que Juanjo siempre soñó regresar. Allí comprendí de nuevo por qué, para muchas personas en todos los rincones del mundo, este navarro universal se ha convertido en algo más que un ejemplo...
© Copyright 1997-1999 Rubén S.C.
All rights reserverdTomado de http://www.ctv.es/USERS/xfiles/xfiles/ufo010.htm
http://www.caballodetroya.es.vg