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La Prevención de las Enfermedades
Cardiovasculares (continuación)
Ejercicio físico en
forma habitual.
El
ejercicio físico debe convertirse en un hábito. Están comprobados los múltiples
beneficios del ejercicio sobre la circulación, hipertensión arterial,
metabolismo del colesterol y triglicéridos, desarrollo muscular,
disminución del estrés, función digestiva, función respiratoria y el
sueño; además, al mejorar el estado físico, produce una gran sensación
de bienestar.
Empezar
un programa diario de ejercicios:
Hay
que tener en cuenta
que el ejercicio afecta a todos los órganos y sistemas produciendo múltiples
adaptaciones del organismo, lo que ha llevado al desarrollo de una especialidad médica dedicada al estudio de la fisiología del ejercicio aplicada a todas las ramas de la medicina en un sentido amplio y profundo.
La actividad física no está exenta de riesgos. Debe
consultar siempre a su médico antes de empezar un programa de
ejercicios.
Es importante valorar la existencia de una enfermedad que contraindique total o
parcialmente la práctica deportiva para evitar los efectos perjudiciales del ejercicio físico para la salud.
Por esa razón, será fundamental la consulta médica previa, con especial atención a la
evaluación cardiovascular y respiratoria. Todo ingreso en un programa de ejercicio debe ser indicado y supervisado por un médico.
Esto es
imprescindible si debido a su condición médica
actual:
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Tiene
dolor en el pecho, dolor en el cuello, en el brazo, o en todos ellos.
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Le
falta aliento.
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Le
han diagnosticado una condición cardiaca.
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Tiene
problemas en los huesos, en las articulaciones, o en ambos.
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Está
tomando en la actualidad medicamentos para el corazón, la presión de
la sangre, o ambos.
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Nunca
ha sido muy activo físicamente.
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Sufre
mareos.
La prescripción de un
programa de ejercicio físico se basa en la frecuencia, intensidad, duración del entrenamiento, la modalidad de ejercicio (en general de predominio
dinámico o aeróbico) y el nivel de aptitud al inicio.
Los sujetos sanos así como los afectados por enfermedades cardiovasculares pueden mejorar su grado de aptitud rápidamente y con niveles de entrenamiento ligero.
La mejoría se produce por un aumento del gasto cardiaco (cantidad de sangre expelida por el corazón por unidad de tiempo) que origina una mayor cantidad de sangre aportada a los músculos y también por una mayor capacidad para aprovechar el oxígeno de la sangre. Durante el periodo del entrenamiento también mejoran aspectos hormonales, metabólicos, neurológicos y de función respiratoria.
La actividad física de tipo aeróbico,
es decir, de larga duración, intensidad ligera-moderada (individualizada para cada persona), realizada con asiduidad y movilizando grandes grupos musculares (ejercicio dinámico como
caminatas, bicicleta o natación por ejemplo) es el tipo de ejercicio más recomendable, del que se derivan las adaptaciones más beneficiosas para la salud:
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Disminuye la tensión arterial
en reposo y favorece el control de la hipertensión arterial ligera-moderada.
Desciende hasta
en 7 mmHg la sistólica y 4 mmHg la diastólica, disminuyendo el
requerimiento de medicamentos.
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El perfil lipídico se modifica con un
descenso de los triglicéridos sanguíneos y un incremento de la fracción
HDL-colesterol (colesterol bueno, que no produce placas de ateroma que obstruyan las arterias) con un efecto protector frente a la arterioesclerosis.
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Nos ayuda a controlar la
diabetes, disminuyendo las necesidades de insulina.
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Produce un incremento importante del gasto calórico, que permite controlar la
obesidad.
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Mejora
la capacidad pulmonar, la circulación en general y el
aprovechamiento del oxígeno no solo por los músculos
(incluyendo el músculo cardíaco), sino también por los órganos
internos y la piel, lo cual se refleja en mayor capacidad para
realizar esfuerzos y mejoría en las funciones digestivas,
renales, inmunológicas, endocrinas, el estado de ánimo, el sueño,
etc.
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Aumenta
la reabsorción de calcio por los huesos, fortaleciéndolos y disminuyendo
el riesgo de fracturas por Osteoporosis. Disminuye los niveles
circulantes de adrenalina, la "hormona del estrés" y
aumenta los niveles de endorfinas y otras sustancias
cerebrales, contribuyendo a bajar la tensión emocional y mejorar el
estado anímico.
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En los
practican la actividad física, existe una tendencia hacia tener hábitos higiénico-dietéticos más saludables como
no fumar, comer bien (con pocas grasas) y descansar lo suficiente.
La intensidad del ejercicio aeróbico
se puede medir con relación al volumen de oxígeno máximo
consumido por el cuerpo. Para fines prácticos, la intensidad se calcula
con la frecuencia de las pulsaciones cardíacas por minuto.
La Frecuencia Cardíaca Máxima o
número máximo de pulsaciones por minuto (FCM) que puede alcanzar un
corazón sano con seguridad, se calcula mediante una constante de 220 a la
cual se le resta la edad, es decir:
F.C.Máxima
= 220 – Edad
Así, un hombre de 50 años sería:
220 - 50 = 170.
Para las mujeres la constante
es de 210.
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Se considera ejercicio aeróbico suave al
realizado con una media del 55% al 60% del número máximo de pulsaciones
(FCM), moderado al realizado entre el 60% - 75%, y fuerte al ejecutado
entre 75% y 85%. Por encima del 85% de la FCM se agrega un gran componente
anaeróbico.
Los mayores beneficios se logran con el
ejercicio aeróbico moderado. Para el ejemplo, un hombre de 50 años debería
mantener una frecuencia cardíaca entre 100 y 120 pulsaciones por
minuto para que la intensidad del ejercicio sea moderada y esa sería
su frecuencia cardíaca ideal.
El
ejercicio debe realizarse gradualmente, desde niveles muy bajos en tiempo,
frecuencia e intensidad, hasta alcanzar al cabo de 8 semanas los objetivos
adecuados y mantenerlo en forma continua e intensidad moderada para poder
activar la utilización de las grasas como fuente energética, no menos de
tres veces semanales de 30 minutos cada una.
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