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El conocimiento de las propiedades embriagantes de la Amanita muscaria se remonta, por lo menos, hace alrededor de 6.000 años.
Es por esta razón que se cree que el hongo matamoscas ha sido utilizado por el hombre durante más tiempo que cualquier otra planta enteogénica.
Los restos arqueológicos con referencias a la embriaguez causada por este hongo se datan con antigüedad de unos 3.000 años. Estos restos descubiertos por N.N. Dikov, llamados petroglifos, muestran hongos y figuras antropomorfas con hongos unidos a sus cabezas.
Los petroglifos se encuentran en el territorio de los chukchi, uno de los pueblos siberianos conocidos por consumir tradicionalmente la Amanita muscaria.
Junto con el pueblo chukchi, los lapones, los koriak, los cheremies, los vogules iukaguir, los zirianos iukaguir y los kamchadales de la península de Kamchatka, junto con otras tribus de Siberia Central cerca de los ríos Ob y Yenisei, muestran una gran difusión del uso del hongo enteógeno casi hasta la actualidad.
En dirección más hacia Occidente es muy probable que el consumo de matamoscas fuese objeto, en la prehistoria, de una propagación llevada a cabo por el movimiento migratorio de los grupúsculos indoeuropeos, surgidos del Kazakhstan actual y de las estepas asiáticas.
Estos grupúsculos se fueron desplazando, llevando su emigración hasta el norte de Alemania y las Islas Británicas.
Por el sur los indoeuropeos llegaron hasta el territorio francés actual y el norte de la Península Ibérica e Itálica. Llevaban el conocimiento de la metalurgia del bronce y el hierro y la práctica de modificar ritualmente la consciencia por acción de la Amanita muscaria, práctica que fue adoptada por los pueblos habitantes de los territorios donde crecía.
Los pueblos siberianos son profundamente micófilos. Son los únicos a los que se les despiertan pasiones más fuertes que a los catalanes hacia los hongos y saben usarlos con finalidades gastronómicas, terapéuticas, para encender fuego, etc..., además de consumir Amanita muscaria periódicamente en sus ritos y ceremonias, como elemento extático o enteógeno.
En el inmenso territorio siberiano todas las creencias tradicionales están enzarzadas en la figura suprema del chamán y éste mantenía el consumo del hongo enteógeno en el centro mismo de sus prácticas mágicas y terapéuticas.
Según el micólogo estonio Maret Saar la práctica del consumo de la Amanita muscaria sigue viva en la península de Kamchatka, a igual que el uso medicinal por los Khanty contra la fatiga psicofísica y contra la mordedura de serpientes venenosas.
El hecho de que el consumo de Amanitas actualmente haya casi desaparecido se puede deber a los cambios sociales, culturales y económicos que aparecieron después de la revolución del neolítico. Pese a no producirse sincrónicamente en todo el territorio, provocaron cambios muy profundos en las antiguas concepciones religiosas y en los antiguos cultos.
Probablemente fue entonces cuando ocurrió su supresión total, sobreviviendo tales prácticas extáticas y mágico-religiosas en los lugares más remotos de Siberia.
El chamamismo del noreste de Europa se adaptó suavemente a las religiones agrícolas de las grandes civilizaciones mesoamericanas y andinas, justamente al contrario de lo que ocurrió en el Viejo mundo, donde la relación hombre-divinidad se fue organizando entorno a unas jerarquías dogmáticas que cerraban los caminos a los individuos como tales en su contacto con la divinidad. Fue entonces precisamente cuando los enteógenos adquirieron el carácter tabú que mantienen actualmente.
La influencia del cristianismo tuvo que combatir cultos paganos ligados al uso de esta Amanita, que probablemente hizo que este hongo se incluyera en el elenco de las venenosas.
Otros datos y curiosidades:
- En siberia los consumidores de Amanitas consideran que el hongo joven (aquel que aun no se ha abierto completamente) produce un efecto estimulante y que los hongos maduros se usan para tener experiencias alucinógenas.
- La piedra filosofal de los alquimistas se considera, junto con el Santo Grial y la famosa lámpara de Aladino, una metáfora para referirse a la Amanita muscaria.
- La microscopia producida por la ingestión de Amanita muscaria podría haber inspirado la obra de Lewis Carroll "Alicia en el país de las maravillas".
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