- PAZ - 4A
Domingo, 16 de julio de 2000, El Espectador
José Bové estuvo en Colombia
José
Bové, un activista francés que hizo parte de la Misión Internacional Campesina.
Foto AP
Este líder campesino francés, que anhela volver a Colombia, fue el artífice de la llamada "fiesta de la antimundialización". Hace parte de la ONG "Vía Campesina".
"Colombia es un país inverosímil"
OLGA GONZÁLEZ
Especial para El Espectador
Hacía más de un año estaba planeado el viaje, pero siempre existía alguna buena razón para aplazarlo. Finalmente, se decidió hacerlo en la primera quincena de julio. La coyuntura no podía ser más propicia,`para José Bové: estaba en la cima de su inmensa popularidad, tras haber reunido más de 100.000 personas a fines de junio en lo que fue calificado como la "fiesta de la antimundialización".
El 30 de junio, en efecto, Bové demostró en Millau, un pueblito agrícola hasta entonces desapercibido, que es el paladín de Francia - y en buena medida de Europa -, el campesino que ha logrado acercar los extremos de la política, el ciudadano consciente del siglo XXI. Bové no es una figura de los medios, pese a que su largo bigote y su perenne pipa lo convierten en persona de fácil recordación.
Es un hombre de gran humanidad. Silencioso pero enérgico, atento a las contradicciones del mundo actual, recorrió el país en compañía de una delegación de invitados internacionales ligados con Vía Campesina, una poderosa ONG que vela por la seguridad alimentaria y por las condiciones de vida de los campesinos.
Conectado con el mundo, nos confía que estaba al tanto de la difícil situación de los campesinos y los indígenas colombianos. "El hecho de haberlo vivido es impresionante", afirma. "Es inverosímil, Colombia es inverosímil", no cesa de repetir.
Pero no se trata de la fascinación que todo colombiano supone que estalla en el cuerpo del visitante al contacto con el paisaje, ni del viejo cliché macondiano de lo real maravilloso.
No se trata en absoluto de esto. En su mirada, por el contrario, hay tristeza y frustración. "El miedo de la gente, los desplazados, las amenazas, todo es abatimiento. Arrestaron a nuestro equipo, es inverosímil": Delegados de derechos humanos le aconsejaron no venir porque en Colombia no hay garantías.
Pero los retos imposibles fortalecen a este criador de ovejas, la voz cantante contra el poder tentacular de las transnacionales, una voz que se escucha cada vez con más fuerza y que ha sembrado la alerta de que algo anda mal en una mundialización, en la que cada vez los pobres son más numerosos y los ricos más acumuladores y excluyentes.
En Arauca asistió a la negociación entre los indígenas U'was y el Gobierno; denuncia al segundo por utilizar un "doble lenguaje", prometiendo lo imposible. Por otra parte, aunque el viceministro del Interior estaba al tanto de la Misión, su equipo fue objeto de varios retenes militares.
Afirma sin chistar: "Acá hay una dictadura en un régimen republicano, esto es impresionante". Durante su estadía lo intimidaron permanentemente. ¿Por qué este Asterix francés, como lo calificó un medio colombiano, molestó a las autoridades?
El no se lo pudo preguntar al Presidente, pues éste se negó a recibirlo. pero tiene su explicación: "El ejemplo de Colombia muestra la realización, a escala real, de los desastres que puede alcanzar la globalización". Mientras enciende su pipa, comenta preocupado: "Es una caricatura, el país no existe, no hay Estado, las multinacionales pueden entrar cuando les plazca". ¿Qué hacer entonces?
"La respuesta no puede ser una mano armada", afirma. Bové ha viajado anteriormente por otros países donde tampoco hay garantías. "En Brasil también hay masacres de campesinos organizadas por los terratenientes, pero por lo menos hay movimientos sociales. Acá en cambio ha habido un genocidio político".
Se propone hacer denuncias internacionales contundentes, pues sabe en qué condiciones trabajan los ciudadanos conscientes del país. "El caso de Colombia debe darse a conocer, hay que destapar la mascarada".
Finalmente le preguntamos para que demienta su mirada: ¿Se va triste de Colombia
"Me voy triste por los que quedan", responde este Cid de las duras luchas. Y afirma José Bové que volverá si es útil para la causa campesina colombiana.
El NO francés a la globalización
JUAN CARLOS RINCÓN
El mediático agricultor francés José Bové es el líder de la lucha campesina contra la mundialización y uno de los baluartes del denominado "contrapoder", los militantes del nuevo milenio que rechazan la globalización económica impuesta por la triple alianza del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial de Comercio (OMC).
Como miembro del movimiento por la Justicia Global que levantó su protesta en Seattle y Washington, Bové critica la americanización del mundo y el neoliberalismo como pensamiento único. Es uno de los fundadores de la Confederación Campesina (Confédération Paysanne) en 1987.
De estatura media, grandes bigotes y energía infatigable, a sus 46 años dejó de ser simplemente el activista y líder campesino de la región de Larzac, opuesto a las tesis de la globalización, para convertirse en uno de los símbolos contra las injusticias y el desequilibrio que genera el actual dogma económico.
Cooperativista convencido, apolítico y antimilitarista, José Bové se hizo mundialmente famoso el año pasado cuando impidió - se le acusa de haber demolido una parte - la construcción de un restaurante McDonald's en el pequeño poblado francés de Millau.
Pero su protesta lleva más de 20 años, desde cuando luchaba contra las grandes fábricas de queso industrial, convenciendo a los campesinos de no venderles la leche de oveja (para elaborar el famoso roquefort) y apoyar los productos artesanales.
Su poder de convocatoria lo convirtió en líder campesino nacional en los años 80. perseguido muchas veces, fue detenido en 1995 en el Muroroa por encabezar la oposición a los ensayos nucleares franceses que reanudó el presidente Jaques Chirac.
Meses después en Francia, ingresó ilegalmente -para destruirla - a una plantación de girasoles modificados genéticamente por la multinacional Novartis. la policía lo arrestó.
El discurso alternativo de este agricultor francés es muy serio y convincente. Rechaza la americanización de la cultura y de las costumbres y el "capitalismo ultraliberal".
Su acción contra McDonald's lo convirtió en uno de los dirigentes más populares del Moviniento por la Justicia Global. Habla perfectamente inglés y fue orador en Seattle, en Washington y en Davos.
La próxima cita de Bové y los líderes del contrapoder será en Praga, en septiembre, durante la Asamblea Anual del Fondo Monetario Internacional y del banco Mundial, que analizará los resultados de diez años de liberalización económica en los países del Este.
Cual moderno mosquetero, José Bové alista su estoque para un nuevo duelo de David contra Goliat; el de los idealistas por un mundo más justo y solidario contra los dictados "políticamente correctos2 de la "Trinidad Pagana": las instituciones económicas internacionales (FMI, BM, OMC).
ENLACES
El desarrollo Globalizador y los Pueblos Indígenas de Colombia
Leer sobre el conflicto entre el pueblo Embera Katío y Urrá S.A. >>>
Leer sobre el conflicto entre el pueblo U'wa y la Occidental Petroleum >>>
Confederación Campesina de Francia (CP)
¿Quién es este personaje novelesco, de mediana estatura, fornido,
ojos azules, mostacho y manos cuadradas y endurecidas por el
trabajo? Se presenta y se le conoce como José Bové, aunque cuando
nació en 1953 sus padres lo bautizaron Joseph. Creció en Talance,
cerca de Burdeos, pero vive en Montredon desde 1974. Bové es pastor:
tiene 550 ovejas, algunas vacas y unos cuantos cerdos. Vive de lo
que cultiva y de la leche de sus ovejas, que le vende a los
productores de queso roquefort de la región. La historia de esta
región y la de Bové están ligadas. Allí descubrió y desarrolló las
dos vocaciones —la de campesino y la de rebelde— que lo hicieron
desistir de su idea de ser profesor de filosofía y hoy lo tienen
convertido en uno de los primeros héroes mediáticos del siglo XXI.
Rebelde con causa
A los 21 años José Bové se negó a prestar servicio militar y
tampoco aceptó el servicio civil que le ofrecían a cambio. Mientras
se encontraba escondido en un granja, cerca de Burdeos, se enteró de
la existencia de un campo abandonado en Lárzac. Los campesinos
querían ocuparlo para evitar que el ejército lo usara como campo de
tiro. Bové se fue, junto con su compañera Alice, a apoyarlos y allá
se quedó. “Es un lugar de alta resistencia, tuvimos que luchar muy
duro contra el Estado francés y el ejército que quería quitarnos
nuestras tierras para ampliar un campo de entrenamiento”, recuerda
Bové mientras enciende la pipa que siempre lo acompaña. Con Alice y
otros amigos se apropió de una granja abandonada sin ningún
servicio. Bajo la luz de lámparas de petróleo leían las obras de
impulsores de la no violencia como Gandhi o Martin Luther King,
anarquistas como Mijail Bakunin o Joseph Proudhon, escritores
contraculturales como Jack Kerouac o filósofos como Ralph Waldo
Emerson.
En 1976, al frente de un grupo de 103 campesinos, fue encarcelado
tres semanas por invadir instalaciones militares. En 1981 los
militares se retiraron de Lárzac, tal y como se lo había prometido a
Bové su amigo François Mitterrand. Acabado el problema, el pastor y
su familia se convirtieron en arrendatarios de la propiedad.
Luego de este triunfo, durante la década de los 80, Bové se
dedicó al sindicalismo agrario. “De estas luchas surgió el primer
sindicato para los campesinos y los trabajadores y en el 87 se
unieron todos los sindicatos para fundar la Confédération Paysanne
(CP). Yo fui uno de los primeros dirigentes de este sindicato
campesino”, dice Bové, sentado bajo un cuadro que muestra a un
campesino colombiano arando la tierra, en un apartamento de las
Torres del Parque en Bogotá.
Sindicalismo agrícola
Las luchas que emprendió Bové con la Confédération Paysanne lo
pusieron en la senda que lo llevó a erigirse en diciembre pasado,
frente al Palacio de Congresos de Seattle con un queso roquefort en
la mano, en la figura de las manifestaciones contra la OMC. “En 1980
comenzamos una lucha muy dura para que no se utilizaran hormonas en
la crianza de los animales. Se unieron a nosotros los consumidores
de carne y logramos que en 1987 la Comunidad Europea prohibiera toda
utilización de hormonas en la carne. Fue el momento en que Estados
Unidos se puso en contra de Europa por negarse a importar su carne
con hormonas”, recuerda Bové.
Hoy la CP aglutina el 19 por ciento de los votos campesinos de
Francia, un porcentaje pequeño compensado por la resonancia que ha
alcanzado la organización por sus vistosas acciones. En 1988, por
ejemplo, Bové aró los Campos de Marte, en París, para protestar por
una medida sobre la tierra cultivable que había tomado desde
Bruselas la autoridad comunitaria. En los 90 el pastor de Lárzac
internacionalizó su lucha y comenzó a apuntar su cayado contra la
globalización económica. “Fue en los años 92 y 93 que empezamos una
verdadera lucha para que la agricultura no fuera integrada en el
comercio mundial, en los acuerdos del GATT, dice. Empezamos luchando
contra la política europea. Luego reflexionamos con campesinos de
otros países de América Latina, de Estados Unidos y de Asia, y
creamos la Confederación de Vía Campesina, que logró reunir 10.000
manifestantes en Ginebra”. La Confederación Vía Campesina es una
poderosa organización no gubernamental que vela por la seguridad
alimentaria de los países y por la vida digna de los campesinos.
Está década también fue testigo de cómo el ‘pacifismo activo’ que
pregona Bové lo llevó una y otra vez tras las rejas. En 1995 fue
condenado en Tahití por integrar la tripulación de uno de los barcos
de Greenpeace que intentó impedir los ensayos nucleares franceses en
el atolón de Mururoa. Un año después fue condenado por destruir
cultivos transgénicos. En enero de 1998, con otros 120 miembros de
la CP, ingresó en un almacén de la compañía Novartis. Allí mezclaron
cinco toneladas de maíz transgénico con maíz natural, las mojaron y
así las volvieron inservibles. A Bové le fue impuesta una pena de
ocho meses.
Catapulta global
El año pasado Estados Unidos, por cuenta de que la Comunidad
Europea se negaba a importar carne de ese país con hormonas, impuso
altas sobretasas aduaneras para varios productos europeos de
exportación. Entre éstos estaba el queso roquefort. Los miembros de
la CP no se quedaron manicruzados, según Bové. “Fuimos a ver al
ministro de Agricultura para ver qué recursos era posible utilizar
para oponerse a esta medida porque con un incremento de tasas de
ciento por ciento era imposible para nosotros vender queso en el
mercado norteamericano”. Como el gobierno no les dio ninguna
respuesta decidieron realizar una acción que tuviera repercusiones
mundiales y atacara en forma simbólica a las multinacionales.
En agosto de 1999 decidieron intervenir un local que McDonald’s
estaba construyendo en la localidad de Millau. La versión de Bové es
muy diferente a la de las autoridades francesas. Según él, “la
decisión fue ir a las obras y no romper, pero sí desmontar, los
elementos del McDonald’s y llevarlos a la prefectura de la ciudad
para dejar un testimonio”. Cinco días después la justicia francesa
intervino y detuvo a los cinco manifestantes principales. La
fotografía de Bové esposado le dio la vuelta al mundo.
Tres semanas después fue liberado con una fianza de 180.000
dólares. “Mucha gente intervino mandando plata para los compañeros,
especialmente campesinos y ciudadanos estadounidenses que pagaron
para que pudiéramos salir. Fue la prueba de que nosotros no atacamos
al pueblo norteamericano sino al sistema de las multinacionales”,
dice. El juicio a Bové se realizó a finales del pasado mes de junio.
El fiscal del caso solicitó 10 meses de cárcel, de los cuales por lo
menos uno deberá pasarlo a la sombra.
La lucha sigue
Después del triunfo de su discurso en la Cumbre del Milenio en
Seattle y en la reunión del Foro Económico de Davos (Suiza), Bové
pasó la semana pasada por Colombia como miembro de la Misión
Campesina Internacional. Aquí visitó el territorio de los u’wa,
probó el tamal y se fue convencido de que Colombia es “el reflejo de
lo que sería el mundo si se aplicaran sin freno las reglas de la
Organización Mundial del Comercio”. En septiembre Bové y sus amigos
se encontrarán en una cumbre en Praga para analizar la situación de
los antiguos países del bloque Este. También habrá una asamblea
campesina que, según Bové, “vamos a aprovechar para mejorar nuestras
relaciones con otras organizaciones campesinas y crear un
observatorio mundial de la globalización que queremos instalar en
Ginebra”.
Esto quiere decir que el nuevo Astèrix, seguirá en su lucha
contra lo que llama “el complot del silencio” y los efectos de la
globalización. Por lo pronto sus 550 ovejas, su queso roquefort y el
vino de Sauternes con que siempre lo acompaña tendrán que seguir
esperando.
Revista Semana Julio 16 de 2000.
El verdadero Astèrix
José Bové, el
campesino francés que encarna la lucha mundial contra la globalización y la
influencia norteamericana, estuvo en Colombia.
Para los colombianos fue uno más de los 10 miembros de la Misión
Internacional Campesina que, durante una semana, visitó el país para
conocer de primera mano el problema del desplazamiento interno y los
efectos de los megaproyectos económicos en la sociedad. Para los
campesinos de la zona de Lárzac, en el sur de Francia, es un héroe
local aunque buena parte de la opinión pública de ese país lo
considera un ídolo nacional. Una especie de Astèrix, el irreductible
galo de las caricaturas que lucha contra la dominación del Imperio
Romano con la ayuda de una poción mágica. Para las compañías
multinacionales y los organismos multilaterales, como la
Organización Mundial del Comercio (OMC), es una piedra en el zapato.
Para los medios de comunicación, que lo convirtieron en una leyenda
mundial, es el emblema de la lucha de los nuevos movimientos
sociales contra la globalización. Para otros es un Quijote moderno,
un utópico soñador empeñado en combatir contra molinos de viento. La
hazaña que lo convirtió en héroe mundial: destruir un McDonald’s en
una pequeña localidad de Francia.
Bové y el maíz transgénico
La acción tuvo lugar el 8 de enero de 1998. Ese día, 120 miembros de la
Confédération Paysanne (CP) ingresaron a un almacen de la compañía
Novartis en la ciudad francesa de Nérac y destruyeron cinco toneladas de
semillas de maíz transgénico. Fue su manera de protestar contra una decisión tomada por
el gobierno francés que permitía la producción de este tipo de maíz en dicho país. Para
inutilizarlo, lo mezclaron con semillas de maíz natural y lo humedecieron.
El
producto de Novartis, de acuerdo con informaciones de la prensa europea, "es
genéticamente modificado a través de la adición del gen Bt, para que resista el
ataque del gusano barredor europeo del maíz. También es resistente a los herbicidas y
contiene un gen de resitencia antibiótica introducido como un marcador".
Novartis pidió un millón de dólares estadounidenses por los daños
El juicio se llevó a cabo en febrero de 1998. La empresa recibió 500.000 francos de
compensación. José Bové y René Reisel recibieron una pena de ocho meses de cárcel.
La siguiente es la declaración que hizo Bové durante el juicio. Viene al caso
porque el propio Bové durante su visita a Colombia insistió en que los campesinos se
opongan al cultivo de maíz transgénico en sus campos.
3 de febrero de 1998
Madame,
Hoy estoy presente en esta Corte con René Riesel y Francis Roux, acusados de haber
cometido, de acuerdo con la ley, un crimen serio. El supuesto crimen es la destrucción
de costales de maíz genéticamente modificado. Sí, es serio, y por eso asumo toda la
responsabilidad. No me voy a esconder detrás de una responsabilidad
colectiva y anónima. Como agremiado de la Confédération Paysanne, creo en la
capacidad de todos para actuar como individuos. En nuestra unión no hay una
jerarquía de responsabilidad. Cada miembro juega un papel determinante en la
construcción de su futuro, y está enteramente comprometido con ello. La
fuerza de nuestro movimiento está en la determinación de movilizar a
individuos libres que aceptan todas las consecuencias de sus actos sabiendo
cabalmente el motivo de éstos.
Sí, el 8 de enero participé en la
destrucción de maíz genéticamente modificado que estaba almacenado en los
silos de granos de Novartis en Nérac. Y de lo único que me arrepiento es de
no haber podido destruir más.
Yo sabía que al actuar de esta manera
estaba haciendo algo ilegal. Pero era necesario, y no tuvimos otra
alternativa. La manera en que los productos agrícolas genéticamente
modificados han sido impuestos en los países europeos no nos dejó otra
opción.
¿Cuándo hubo un debate público sobre los organismos transgénicos?
¿Cuándo fueron consultados los agricultores y los consumidores sobre esto?
Nunca.
Las decisiones han sido tomadas a nivel de la Organización Mundial
del Comercio (OMC), y la maquinaria del Estado está en mancuerna con la ley
de las fuerzas del mercado. La OMC dicta su propia ley sobre la apertura de
las barreras comerciales. La obligación de importar carne bovina hormonada
de Estados Unidos es un buen ejemplo de esto. El pánel de la OMC, el
verdadero policía del comercio mundial, decide qué es "bueno" para ambos
países y su gente, sin consultar o tener el derecho de apelación.
Los
países o grupos de países que se niegan a importar carne bovina hormonada o
productos genéticamente modificados tienen que comprobar que éstos son
peligrosos, ¡y no lo contrario! El Codex alimentarius, la norma dictaminada
por las multinacionales, ¡está ahí para poner las reglas del
juego!
¿Por qué negarse a algo que es presentado como 'progreso'? No
es por anticuados, o por nostalgia de 'los buenos tiempos pasados'. Es
porque nos preocupa el porvenir y porque queremos dar nuestra palabra sobre
el desarrollo futuro. No estoy en contra de la investigación básica. Creo
que sería ilusorio y perjudicial querer frenarla, pero no creo que todas las
aplicaciones de la investigación sean necesariamente deseables a nivel
humano, social o ambiental.
La actual discusión sobre clonación se
parece a la de las modificaciones genéticas. ¿Es todo lo que es posible
deseable y de beneficio para la gente?
Hoy, ninguna persona inteligente
puede decir que el maíz transgénico es un ejemplo de progreso, ni para la
agricultura, ni para la economía. Son igualmente graves las preocupaciones
que giran en torno al maíz genéticamente modificado tanto con respecto a la
salud humana como a la naturaleza.
El maíz Bt de Novartis está
asociado con múltiples riesgos de largo plazo por la presencia de tres genes
introducidos. Hasta el director de Novartis acepta que un 'cero riesgo'
simplemente no existe. ¿Es esto un reconocimiento de incapacidad o una
manera de hacer a un lado su futura responsabilidad en el caso de que haya
problemas? Los problemas que surgen debido a ciertas prácticas agrícolas
(tales como alimentos elaborados con ingredientes animales, los efectos en
las poblaciones apícolas, etcétera.) sólo refuerzan nuestra cautela cuando
estamos tratando con los aprendices de brujos.
El mayor peligro que
el maíz transgénico representa, al igual que los otros organismos
genéticamente modificados, es la imposibilidad de evaluar las consecuencias
a largo plazo de su uso, y rastrear sus efectos en el ambiente, los animales
y los seres humanos.
Los organismos genéticamente modificados y los
productos sin modificar no son separados. Por ejemplo, la soya no manipulada
y la genéticamente modificada son mezcladas al llegar a Francia. Como
resultado de ello, no hay manera de rastrear la soya genéticamente
modificada. No hay alternativa, ni para el productor, de los cuales soy uno,
ni para el consumidor, quienes somos todos.
Este tipo de cultura
también representa una amenaza para el futuro de los agricultores. Por
algunas décadas, el productivismo ha servido para esclavizar a los
agricultores. De ser un productor, el agricultor se ha transformado en
alguien explotado: ya no puede decidir sobre cómo maneja la tierra, ni
escoger libremente sus técnicas de cultivo. Sin embargo, una verdadera
revolución ha estado teniendo lugar durante los últimos 15 años entre los
miembros de la Confédération Paysanne, quienes han puesto otro tipo de
agricultura en acción.
O aceptamos la producción intensiva y la enorme
reducción del número de agricultores sólo en aras de los intereses del
mercado mundial, o creamos una agricultura campesina para el beneficio de
todos. El maíz genéticamente modificado también es un símbolo del sistema
agrícola y del tipo de sociedad que me niego a aceptar. El maíz transgénico
es meramente un producto de la tecnología, donde los medios se vuelven el
fin. Las decisiones políticas son hechas a un lado por el poder del
dinero.
La agricultura es una perfecta ilustración de este tipo de
lógica, que permea todas las facetas de la producción alimenticia. La
producción agrícola se ha transformado en industria agrícola. Desde los
campesinos que formaron sus pequeñas cooperativas, hemos visto un vuelco
hacia las firmas que racionalizan los sistemas de producción para poder
maximizar las ganancias sobre sus inversiones. Desde la década de los
veinte, el maíz de los Estados Unidos ha sido hibridizado para obligar a
todos los agricultores a vender sus semillas a través de una
corporación.
Las corporaciones se fusionaron para invertir en nuevas
técnicas con las cuales obtener mayores ganancias. Novartis, el líder
mundial de la industria farmacéutica, invierte miles de millones para poder
permanecer como número uno: vende semillas, herbicidas, pesticidas y
medicinas. Pero la competencia es fuerte, y como resultado de la fusión que
hicieron dos de sus competidores principales la semana pasada, ha anunciado
el plan de despedir a dos mil trabajadores para poder garantizar a sus
accionistas los beneficios de la compañía.
¿Es este el tipo de lógica
que queremos? No. Rechazo este brinco hacia adelante donde el fin de la
economía no es satisfacer las necesidades, sino simplemente producir por el
hecho de producir, sin vínculo alguno con los intereses individuales o
integrales.
¿Necesitamos maíz genéticamente modificado en
Europa? No. En 1997 la producción de maíz se incrementó de nuevo. Se
derrama de los silos. La Unión Europea tiene que almacenar el excedente. Y
¿quién paga por esto? Los ciudadanos. ¿Quién necesita estas nuevas semillas?
Nadie. ¡Sólo Novartis que quiere obtener réditos de su inversión y
mantenerse como grupo farmacéutico número uno del mundo!
Al destruir
las semillas del maíz genéticamente modificado el 8 de enero en la fábrica
de Novartis en Nérac, queríamos poner esta miope lógica en los
reflectores.
No existe un debate democrático. La conspiración del
silencio organizada por las compañías y los Estados soberanos es la única
lógica que prevalece. Así como sucede con la sangre contaminada por el virus
del VIH, o con la infección de la vaca loca, el público no se debe de
alarmar.
Hoy, al estar ante ustedes, soy consciente de estar al margen de
la ley que quiere que todo ciudadano esté contento con expresar sus puntos
de vista con el simple hecho de depositar su voto en una urna cada seis
años.
Pero no es de esta manera como se van a resolver los problemas. Al
contrario: con la acción que llevamos a cabo, y por la cual estamos siendo
juzgados, desatamos un amplio movimiento ciudadano que se niega al uso de
organismos genéticamente modificados en el alimento para animales y humanos.
Estas acciones terminarán cuando la demente lógica pare.
Sí, la
acción fue ilegal, pero mantengo el reclamo porque fue legítimo. No pido
clemencia, sino justicia. O actuamos en interés de todos y ustedes nos
perdonan, o hemos sacudido el establishment, y en ese caso ustedes nos
castigarán. No hay otro asunto.
José Bové
http://www.confederationpaysanne.fr
Misión Campesina Internacional
Via Campesina
International
farmers movement
Movimiento
campesino international
Mouvement
paysan international
secretaria operativa/operative
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Tel & fax : + 504 235 99 15 E-mail: viacam@gbm.hn
DECLARACIÓN
DE LA MISIÓN INTERNACIONAL CAMPESINA EN COLOMBIA
Los integrantes de la
misión internacional de la Vía Campesina manifestamos ante todo que estamos
conmovidos e indignados al conocer de manera directa la situación que viven los
campesinos(as) colombianos y sus organizaciones y también los indígenas, especialmente
el pueblo U’wa .
Después de haber conversado con altos funcionarios del Estado, con dirigentes
nacionales de los campesinos(as) e indígenas y con sus organizaciones y bases
locales en Puerto Asís (Putumayo), Cauca, Tolima, Magdalena Medio y Cubará
(Boyacá), pensamos que la difícil situación de la población rural colombiana se
relaciona directamente con la problemática global y la lucha de millones de
campesinos en el mundo: la soberanía alimentaria, el derecho de las naciones y las comunidades de decidir sobre su economía
y alimentación, la reforma agraria y la lucha contra el intento de las
transnacionales por copar todos los espacios mediante los grandes proyectos de
inversión y la apropiación del patrimonio genético y los saberes culturales.
Son escandalosas las estadísticas que muestran que entre 1984 y 1997 los
propietarios de fincas de más de 500 hectáreas (0.2% de los propietarios)
pasaron de tener el 32 % a tener el 45 % de la tierra y desde 1.974 ha disminuido el área cultivada en cerca de un millón de
hectáreas. Estas cifras muestran que el derecho humano a la alimentación, que
implica el derecho de acceso a la tierra como recurso para alimentarse en
autodeterminación, no está respetado. El instrumento más eficaz para garantizar
el derecho a la alimentación, la Reforma Agraria, no se implementa para
garantizar al campesinado el acceso a la tierra. La ley de Reforma Agraria de
1994 excluye gran numero del millón familias sin tierra y de campesinos pobres
del beneficio del programa por su sistema de crédito. La obligación a financiar
el 30% del precio de la tierra ha dejado un gran numero de beneficiarios con
deudas impagables.
Además, las instituciones para implementar la Reforma Agraria, el INCORA y el Banco
Agrario, carecen de fondos suficientes para aumentar el volumen de tierras
redistribuidas.
Constatamos que en directa correlación con el incremento de la violencia, Colombia ha
perdido su soberanía y seguridad alimentaria, pasando a depender de las
importaciones de alimentos y reduciendo drásticamente el área sembrada,
mientras se incrementa la concentración de la propiedad de la tierra. En vez de
la alimentación de los colombianos, el modelo vigente prioriza los grandes
proyectos de inversión petroleros y viales y en torno a las áreas estratégicas
donde deben ser realizados.
Estas cifras muestran que hay beneficiarios
directos de la violencia y creemos que la responsabilidad de estos grandes
propietarios en la guerra y en el desplazamiento de miles de campesinos a los
cultivos ilegales debe ser denunciada ante la comunidad internacional, a la
cual se ha dado una falsa imagen de las causas del conflicto colombiano.
Nos preocupa especialmente que haya una legislación para desplazar forzada
aunque legalmente a los campesinos cuyas
tierras estén a menos de 5 kilómetros de pozos petroleros u otras
explotaciones. Y desde luego nos preocupa y nos indigna el desplazamiento
violento de cerca dedos millones de
campesinos(as) durante los últimos 15 años.
Es imposible dejar de pensar que el desplazamiento sistemático de los campesinos no obedece a un plan
preconcebido por los gestores de un modelo de desarrollo, supuestamente
acelerado, quienes consideran al campesinado y a los indígenas como poblaciones
inviables u obstáculos al desarrollo y desean extirpar a como de lugar a las economías campesinas y
a las culturas indígenas, considerando que si el mercado no ha podido hacerlo
por sí mismo, la guerra puede cumplir el papel de un programa económico.
Se quiere hacer creer al mundo que el narcotráfico es la causa y esencia de lo que
ocurre en Colombia, cuando en verdad es la consecuencia del modelo neoliberal
de globalización, de la apertura económica, la concentración violenta de la
propiedad de la tierra que expulsa a los campesinos a la colonización y la
corrupción que desde hace muchas décadas dominan altas esferas de la sociedad
colombiana.
Hoy pensamos que la principal razón por la que esta terrible realidad subsiste es
porque el mundo no la conoce. La diplomacia y los medios de comunicación han
divulgado la imagen de Colombia como ”la democracia más antigua de América
Latina”, cuando a una sola de las
organizaciones campesinas le asesinaron 1.700 de sus activistas en los últimos
14 años y otro tanto le ha ocurrido a otras. No pensamos que pueda denominarse como democrático un régimen en el cual
se ha cometido y se sigue cometiendo un verdadero genocidio contra los
dirigentes campesinos, indígenas, sindicales y de la oposición política y que se funda en un modelo bipartidista conservador
liberal.
Nos impresionó e indignó la lista de dirigentes sindicales y campesinos asesinados,
desaparecidos y exiliados en el pasado más reciente, inclusive este mismo año y
mucho más el conocer las circunstancias en que fueron y son perseguidos por
luchar por los derechos de la mayoría de la población rural. Fue doloroso saber
como los indígenas Chimila del Magdalena y los Embera de Murrí están como
presos y cercados en su propio territorio
Las transnacionales están imponiendo su modelo de globalización,
nosotros estamos construyendo la globalización de la lucha contra ese modelo de
exclusión y violencia y construimos la solidaridad con los campesinos,
asalariados rurales e indígenas de Colombia y con las organizaciones que
valientemente mantienen en medio de la violencia, ocupa desde ya un lugar
indispensable en nuestro trabajo.
A la vez, causa admiración y llena de esperanza, ver que la lucha indígena y
campesina continúa con valor y firmeza. Ver al pueblo indígena U’wa movilizado,
al lado de miles de campesinos de Arauca, Norte de Santander y Boyacá,
enfrentándose a la Occidental Pertroleum, al gigantesco poder de las
transnacionales petroleras. Esto nos ha llenado de alegría y esperanza. Hablar
con los campesinos del Cauca sobre su paro de octubre pasado, ver su
organización; conocer a los campesinos del Magdalena Medio cercados por los
paramilitares y por la desinformación de los medios de comunicación; conocer a
los campesinos e indígenas del Putumayo listos a labrar su futuro y plantar
cara al Plan Colombia, es reconfortante y esperanzador.
Firman,
JOSE BOVE Vocero de la Confédération Paysanne de Francia
JOAQUIM MIRANDA, presidente de la Comisión de Desarollo y Cooperación del Parlamento Europeo
UNZALU SALTERAIN presidente
de la organización campesina vasca EHNE y miembro de la Coordination Paysanne
Europénne - CPE
ALBA PALACIO, Diputada del Parlamento Centroamericano y dirigente de la
Asociación de Trabajadores del Campo de Nicaragua
EVO MORALES, dirigente campesino y diputado de Bolivia
STEFAN OTTERINGER, representante de FIAN internacional
JOSE MANUEL DE LAS HERAS, Secretario General de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos - COAG, España
SUSANA PAIM FIGUEREIDO, abogada del Movimiento de Trabajadores sin Tierra - MST- Brasil
GARY ESPINOZA MARTINEZ, Secretario General de la Federación Nacional de Organizaciones Campesinas e Indígenas del Ecuador – FENOCI
FLORENCIA COSTA, periodista, de Brasil
GEORGES BARTOLLI, periodista francés
Santafé de Bogotá, 11 de julio del 2000
Secretaria Operativa de la Misión Internacional
Campesina:
Maison de La Paix, Rue Van Elewijck 35;
1050 - Bruxelles, Belgique
Telefax: (00 32 2) 648 51 18 misioncol@skynet.be