- PAZ - 4A                     Domingo, 16 de julio de 2000, El Espectador

José Bové estuvo en Colombia

José Bové, un activista francés que hizo parte de la Misión Internacional Campesina.
Foto AP

Este líder campesino francés, que anhela volver a Colombia, fue el artífice de la llamada "fiesta de la antimundialización". Hace parte de la ONG "Vía Campesina".

"Colombia es un país inverosímil"

OLGA GONZÁLEZ
Especial para El Espectador

Hacía más de un año estaba planeado el viaje, pero siempre existía alguna buena razón para aplazarlo. Finalmente, se decidió hacerlo en la primera quincena de julio. La coyuntura no podía ser más propicia,`para José Bové: estaba en la cima de su inmensa popularidad, tras haber reunido más de 100.000 personas a fines de junio en lo que fue calificado como la "fiesta de la antimundialización".

El 30 de junio, en efecto, Bové  demostró en Millau, un pueblito agrícola hasta entonces desapercibido, que es el paladín de Francia - y en buena medida de Europa -, el campesino que ha logrado acercar los extremos de la política, el ciudadano consciente del siglo XXI. Bové no es una figura de los medios, pese a que su largo bigote y su perenne pipa lo convierten en persona de fácil recordación.

Es un hombre de gran humanidad. Silencioso pero enérgico, atento a las contradicciones del mundo actual, recorrió el país en compañía de una delegación de invitados internacionales ligados con Vía Campesina, una poderosa ONG que vela por la seguridad alimentaria y por las condiciones de vida de los campesinos.

Conectado con el mundo, nos confía que estaba al tanto de la difícil situación de los campesinos y los indígenas colombianos. "El hecho de haberlo vivido es impresionante", afirma. "Es inverosímil, Colombia es inverosímil", no cesa de repetir.

Pero no se trata de la fascinación que todo colombiano supone que estalla en el cuerpo del visitante al contacto con el paisaje, ni del viejo cliché macondiano de lo real maravilloso.

No se trata en absoluto de esto. En su mirada, por el contrario, hay tristeza y frustración. "El miedo de la gente, los desplazados, las amenazas, todo es abatimiento. Arrestaron a nuestro equipo, es inverosímil": Delegados de derechos humanos le aconsejaron no venir porque en Colombia no hay garantías.

Pero los retos imposibles fortalecen a este criador de ovejas, la voz cantante contra el poder tentacular de las transnacionales, una voz que se escucha cada vez con más fuerza y que ha sembrado la alerta de que algo anda mal en una mundialización, en la que cada vez los pobres son más numerosos y los ricos más acumuladores y excluyentes.

En Arauca asistió a la negociación entre los indígenas U'was y el Gobierno; denuncia al segundo por utilizar un "doble lenguaje", prometiendo lo imposible. Por otra parte, aunque el viceministro del Interior estaba al tanto de la Misión, su equipo fue objeto de varios retenes militares.

Afirma sin chistar: "Acá hay una dictadura en un régimen republicano, esto es impresionante". Durante su estadía lo intimidaron permanentemente. ¿Por qué este Asterix francés, como lo calificó un medio colombiano, molestó a las autoridades?

El no se lo pudo preguntar al Presidente, pues éste se negó a recibirlo. pero tiene su explicación: "El ejemplo de Colombia muestra la realización, a escala real, de los desastres que puede alcanzar la globalización". Mientras enciende su pipa, comenta preocupado: "Es una caricatura, el país no existe, no hay Estado, las multinacionales pueden entrar cuando les plazca". ¿Qué hacer entonces?

"La respuesta no puede ser una mano armada", afirma. Bové ha viajado anteriormente por otros países donde tampoco hay garantías. "En Brasil también hay masacres de campesinos organizadas por los terratenientes, pero por lo menos hay movimientos sociales. Acá en cambio ha habido un genocidio político".

Se propone hacer denuncias internacionales contundentes, pues sabe en qué condiciones trabajan los ciudadanos conscientes del país. "El caso de Colombia debe darse a conocer, hay que destapar la mascarada".

Finalmente le preguntamos para que demienta su mirada: ¿Se va triste de Colombia

"Me voy triste por los que quedan", responde este Cid de las duras luchas. Y afirma José Bové que volverá si es útil para la causa campesina colombiana.

 

El NO francés a la globalización

JUAN CARLOS RINCÓN

El mediático agricultor francés José Bové es el líder de la lucha campesina contra la mundialización y uno de los baluartes del denominado "contrapoder", los militantes del nuevo milenio que rechazan la globalización económica impuesta por la triple alianza del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Como miembro del movimiento por la Justicia Global que levantó su protesta en Seattle y Washington, Bové critica la americanización del mundo y el neoliberalismo como pensamiento único. Es uno de los fundadores de la Confederación Campesina (Confédération Paysanne) en 1987.

De estatura media, grandes bigotes y energía infatigable, a sus 46 años dejó de ser simplemente el activista y líder campesino de la región de Larzac, opuesto a las tesis de la globalización, para convertirse en uno de los símbolos contra las injusticias y el desequilibrio que genera el actual dogma económico.

Cooperativista convencido, apolítico y antimilitarista, José Bové se hizo mundialmente famoso el año pasado cuando impidió - se le acusa de haber demolido una parte - la construcción de un restaurante McDonald's en el pequeño poblado francés de Millau.

Pero su protesta lleva más de 20 años, desde cuando luchaba contra las grandes fábricas de queso industrial, convenciendo a los campesinos de no venderles la leche de oveja (para elaborar el famoso roquefort) y apoyar los productos artesanales.

Su poder de convocatoria lo convirtió en líder campesino nacional en los años 80. perseguido muchas veces, fue detenido en 1995 en el Muroroa por encabezar la oposición  a los ensayos nucleares franceses que reanudó el presidente Jaques Chirac.

Meses después en Francia, ingresó ilegalmente -para destruirla - a una plantación de girasoles modificados genéticamente por la multinacional Novartis. la policía lo arrestó.

El discurso alternativo de este agricultor francés es muy serio y convincente. Rechaza la americanización de la cultura y de las costumbres y el "capitalismo ultraliberal".

Su acción contra McDonald's lo convirtió en uno de los dirigentes más populares del Moviniento por la Justicia Global. Habla perfectamente inglés y fue orador en Seattle, en Washington y en Davos.

La próxima cita de Bové y los líderes del contrapoder será en Praga, en septiembre, durante la Asamblea Anual del Fondo Monetario Internacional y del banco Mundial, que analizará los resultados de diez años de liberalización económica en los países del Este.

Cual moderno mosquetero, José Bové alista su estoque para un nuevo duelo de David contra Goliat; el de los idealistas por un mundo más justo y solidario contra los dictados "políticamente correctos2 de la "Trinidad Pagana": las instituciones económicas internacionales (FMI, BM, OMC).

 

ENLACES

El desarrollo Globalizador y los Pueblos Indígenas de Colombia

Leer sobre el conflicto entre el pueblo Embera Katío y Urrá S.A. >>>

Leer sobre el conflicto entre el pueblo U'wa y la Occidental Petroleum >>>

Confederación Campesina de Francia (CP)

 

                                          Revista Semana Julio 16 de 2000.

El verdadero Astèrix
José Bové, el campesino francés que encarna la lucha mundial contra la globalización y la influencia norteamericana, estuvo en Colombia.


Para los colombianos fue uno más de los 10 miembros de la Misión Internacional Campesina que, durante una semana, visitó el país para conocer de primera mano el problema del desplazamiento interno y los efectos de los megaproyectos económicos en la sociedad. Para los campesinos de la zona de Lárzac, en el sur de Francia, es un héroe local aunque buena parte de la opinión pública de ese país lo considera un ídolo nacional. Una especie de Astèrix, el irreductible galo de las caricaturas que lucha contra la dominación del Imperio Romano con la ayuda de una poción mágica. Para las compañías multinacionales y los organismos multilaterales, como la Organización Mundial del Comercio (OMC), es una piedra en el zapato. Para los medios de comunicación, que lo convirtieron en una leyenda mundial, es el emblema de la lucha de los nuevos movimientos sociales contra la globalización. Para otros es un Quijote moderno, un utópico soñador empeñado en combatir contra molinos de viento. La hazaña que lo convirtió en héroe mundial: destruir un McDonald’s en una pequeña localidad de Francia.

¿Quién es este personaje novelesco, de mediana estatura, fornido, ojos azules, mostacho y manos cuadradas y endurecidas por el trabajo? Se presenta y se le conoce como José Bové, aunque cuando nació en 1953 sus padres lo bautizaron Joseph. Creció en Talance, cerca de Burdeos, pero vive en Montredon desde 1974. Bové es pastor: tiene 550 ovejas, algunas vacas y unos cuantos cerdos. Vive de lo que cultiva y de la leche de sus ovejas, que le vende a los productores de queso roquefort de la región. La historia de esta región y la de Bové están ligadas. Allí descubrió y desarrolló las dos vocaciones —la de campesino y la de rebelde— que lo hicieron desistir de su idea de ser profesor de filosofía y hoy lo tienen convertido en uno de los primeros héroes mediáticos del siglo XXI.

Rebelde con causa

A los 21 años José Bové se negó a prestar servicio militar y tampoco aceptó el servicio civil que le ofrecían a cambio. Mientras se encontraba escondido en un granja, cerca de Burdeos, se enteró de la existencia de un campo abandonado en Lárzac. Los campesinos querían ocuparlo para evitar que el ejército lo usara como campo de tiro. Bové se fue, junto con su compañera Alice, a apoyarlos y allá se quedó. “Es un lugar de alta resistencia, tuvimos que luchar muy duro contra el Estado francés y el ejército que quería quitarnos nuestras tierras para ampliar un campo de entrenamiento”, recuerda Bové mientras enciende la pipa que siempre lo acompaña. Con Alice y otros amigos se apropió de una granja abandonada sin ningún servicio. Bajo la luz de lámparas de petróleo leían las obras de impulsores de la no violencia como Gandhi o Martin Luther King, anarquistas como Mijail Bakunin o Joseph Proudhon, escritores contraculturales como Jack Kerouac o filósofos como Ralph Waldo Emerson.

En 1976, al frente de un grupo de 103 campesinos, fue encarcelado tres semanas por invadir instalaciones militares. En 1981 los militares se retiraron de Lárzac, tal y como se lo había prometido a Bové su amigo François Mitterrand. Acabado el problema, el pastor y su familia se convirtieron en arrendatarios de la propiedad.

Luego de este triunfo, durante la década de los 80, Bové se dedicó al sindicalismo agrario. “De estas luchas surgió el primer sindicato para los campesinos y los trabajadores y en el 87 se unieron todos los sindicatos para fundar la Confédération Paysanne (CP). Yo fui uno de los primeros dirigentes de este sindicato campesino”, dice Bové, sentado bajo un cuadro que muestra a un campesino colombiano arando la tierra, en un apartamento de las Torres del Parque en Bogotá.

Sindicalismo agrícola

Las luchas que emprendió Bové con la Confédération Paysanne lo pusieron en la senda que lo llevó a erigirse en diciembre pasado, frente al Palacio de Congresos de Seattle con un queso roquefort en la mano, en la figura de las manifestaciones contra la OMC. “En 1980 comenzamos una lucha muy dura para que no se utilizaran hormonas en la crianza de los animales. Se unieron a nosotros los consumidores de carne y logramos que en 1987 la Comunidad Europea prohibiera toda utilización de hormonas en la carne. Fue el momento en que Estados Unidos se puso en contra de Europa por negarse a importar su carne con hormonas”, recuerda Bové.

Hoy la CP aglutina el 19 por ciento de los votos campesinos de Francia, un porcentaje pequeño compensado por la resonancia que ha alcanzado la organización por sus vistosas acciones. En 1988, por ejemplo, Bové aró los Campos de Marte, en París, para protestar por una medida sobre la tierra cultivable que había tomado desde Bruselas la autoridad comunitaria. En los 90 el pastor de Lárzac internacionalizó su lucha y comenzó a apuntar su cayado contra la globalización económica. “Fue en los años 92 y 93 que empezamos una verdadera lucha para que la agricultura no fuera integrada en el comercio mundial, en los acuerdos del GATT, dice. Empezamos luchando contra la política europea. Luego reflexionamos con campesinos de otros países de América Latina, de Estados Unidos y de Asia, y creamos la Confederación de Vía Campesina, que logró reunir 10.000 manifestantes en Ginebra”. La Confederación Vía Campesina es una poderosa organización no gubernamental que vela por la seguridad alimentaria de los países y por la vida digna de los campesinos.

Está década también fue testigo de cómo el ‘pacifismo activo’ que pregona Bové lo llevó una y otra vez tras las rejas. En 1995 fue condenado en Tahití por integrar la tripulación de uno de los barcos de Greenpeace que intentó impedir los ensayos nucleares franceses en el atolón de Mururoa. Un año después fue condenado por destruir cultivos transgénicos. En enero de 1998, con otros 120 miembros de la CP, ingresó en un almacén de la compañía Novartis. Allí mezclaron cinco toneladas de maíz transgénico con maíz natural, las mojaron y así las volvieron inservibles. A Bové le fue impuesta una pena de ocho meses.

Catapulta global

El año pasado Estados Unidos, por cuenta de que la Comunidad Europea se negaba a importar carne de ese país con hormonas, impuso altas sobretasas aduaneras para varios productos europeos de exportación. Entre éstos estaba el queso roquefort. Los miembros de la CP no se quedaron manicruzados, según Bové. “Fuimos a ver al ministro de Agricultura para ver qué recursos era posible utilizar para oponerse a esta medida porque con un incremento de tasas de ciento por ciento era imposible para nosotros vender queso en el mercado norteamericano”. Como el gobierno no les dio ninguna respuesta decidieron realizar una acción que tuviera repercusiones mundiales y atacara en forma simbólica a las multinacionales.

En agosto de 1999 decidieron intervenir un local que McDonald’s estaba construyendo en la localidad de Millau. La versión de Bové es muy diferente a la de las autoridades francesas. Según él, “la decisión fue ir a las obras y no romper, pero sí desmontar, los elementos del McDonald’s y llevarlos a la prefectura de la ciudad para dejar un testimonio”. Cinco días después la justicia francesa intervino y detuvo a los cinco manifestantes principales. La fotografía de Bové esposado le dio la vuelta al mundo.

Tres semanas después fue liberado con una fianza de 180.000 dólares. “Mucha gente intervino mandando plata para los compañeros, especialmente campesinos y ciudadanos estadounidenses que pagaron para que pudiéramos salir. Fue la prueba de que nosotros no atacamos al pueblo norteamericano sino al sistema de las multinacionales”, dice. El juicio a Bové se realizó a finales del pasado mes de junio. El fiscal del caso solicitó 10 meses de cárcel, de los cuales por lo menos uno deberá pasarlo a la sombra.

La lucha sigue

Después del triunfo de su discurso en la Cumbre del Milenio en Seattle y en la reunión del Foro Económico de Davos (Suiza), Bové pasó la semana pasada por Colombia como miembro de la Misión Campesina Internacional. Aquí visitó el territorio de los u’wa, probó el tamal y se fue convencido de que Colombia es “el reflejo de lo que sería el mundo si se aplicaran sin freno las reglas de la Organización Mundial del Comercio”. En septiembre Bové y sus amigos se encontrarán en una cumbre en Praga para analizar la situación de los antiguos países del bloque Este. También habrá una asamblea campesina que, según Bové, “vamos a aprovechar para mejorar nuestras relaciones con otras organizaciones campesinas y crear un observatorio mundial de la globalización que queremos instalar en Ginebra”. Esto quiere decir que el nuevo Astèrix, seguirá en su lucha contra lo que llama “el complot del silencio” y los efectos de la globalización. Por lo pronto sus 550 ovejas, su queso roquefort y el vino de Sauternes con que siempre lo acompaña tendrán que seguir esperando.

Bové y el maíz transgénico

La acción tuvo lugar el 8 de enero de 1998. Ese día, 120 miembros de la Confédération Paysanne (CP) ingresaron a un almacen de la compañía Novartis en la ciudad francesa de Nérac y destruyeron cinco toneladas de semillas de maíz transgénico. Fue su manera de protestar contra una decisión tomada por el gobierno francés que permitía la producción de este tipo de maíz en dicho país. Para inutilizarlo, lo mezclaron con semillas de maíz natural y lo humedecieron.

El producto de Novartis, de acuerdo con informaciones de la prensa europea, "es genéticamente modificado a través de la adición del gen Bt, para que resista el ataque del gusano barredor europeo del maíz. También es resistente a los herbicidas y contiene un gen de resitencia antibiótica introducido como un marcador". Novartis pidió un millón de dólares estadounidenses por los daños

El juicio se llevó a cabo en febrero de 1998. La empresa recibió 500.000 francos de compensación. José Bové y René Reisel recibieron una pena de ocho meses de cárcel.

La siguiente es la declaración que hizo Bové durante el juicio. Viene al caso porque el propio Bové durante su visita a Colombia insistió en que los campesinos se opongan al cultivo de maíz transgénico en sus campos.

3 de febrero de 1998

Madame,

Hoy estoy presente en esta Corte con René Riesel y Francis Roux, acusados de haber cometido, de acuerdo con la ley, un crimen serio. El supuesto crimen es la destrucción de costales de maíz genéticamente modificado. Sí, es serio, y por eso asumo toda la responsabilidad. No me voy a esconder detrás de una responsabilidad colectiva y anónima. Como agremiado de la Confédération Paysanne, creo en la capacidad de todos para actuar como individuos. En nuestra unión no hay una jerarquía de responsabilidad. Cada miembro juega un papel determinante en la construcción de su futuro, y está enteramente comprometido con ello. La fuerza de nuestro movimiento está en la determinación de movilizar a individuos libres que aceptan todas las consecuencias de sus actos sabiendo cabalmente el motivo de éstos.

Sí, el 8 de enero participé en la destrucción de maíz genéticamente modificado que estaba almacenado en los silos de granos de Novartis en Nérac. Y de lo único que me arrepiento es de no haber podido destruir más.

Yo sabía que al actuar de esta manera estaba haciendo algo ilegal. Pero era necesario, y no tuvimos otra alternativa. La manera en que los productos agrícolas genéticamente modificados han sido impuestos en los países europeos no nos dejó otra opción.

¿Cuándo hubo un debate público sobre los organismos transgénicos? ¿Cuándo fueron consultados los agricultores y los consumidores sobre esto? Nunca.

Las decisiones han sido tomadas a nivel de la Organización Mundial del Comercio (OMC), y la maquinaria del Estado está en mancuerna con la ley de las fuerzas del mercado. La OMC dicta su propia ley sobre la apertura de las barreras comerciales. La obligación de importar carne bovina hormonada de Estados Unidos es un buen ejemplo de esto. El pánel de la OMC, el verdadero policía del comercio mundial, decide qué es "bueno" para ambos países y su gente, sin consultar o tener el derecho de apelación.

Los países o grupos de países que se niegan a importar carne bovina hormonada o productos genéticamente modificados tienen que comprobar que éstos son peligrosos, ¡y no lo contrario! El Codex alimentarius, la norma dictaminada por las multinacionales, ¡está ahí para poner las reglas del juego!

¿Por qué negarse a algo que es presentado como 'progreso'? No es por anticuados, o por nostalgia de 'los buenos tiempos pasados'. Es porque nos preocupa el porvenir y porque queremos dar nuestra palabra sobre el desarrollo futuro. No estoy en contra de la investigación básica. Creo que sería ilusorio y perjudicial querer frenarla, pero no creo que todas las aplicaciones de la investigación sean necesariamente deseables a nivel humano, social o ambiental.

La actual discusión sobre clonación se parece a la de las modificaciones genéticas. ¿Es todo lo que es posible deseable y de beneficio para la gente?

Hoy, ninguna persona inteligente puede decir que el maíz transgénico es un ejemplo de progreso, ni para la agricultura, ni para la economía. Son igualmente graves las preocupaciones que giran en torno al maíz genéticamente modificado tanto con respecto a la salud humana como a la naturaleza.

El maíz Bt de Novartis está asociado con múltiples riesgos de largo plazo por la presencia de tres genes introducidos. Hasta el director de Novartis acepta que un 'cero riesgo' simplemente no existe. ¿Es esto un reconocimiento de incapacidad o una manera de hacer a un lado su futura responsabilidad en el caso de que haya problemas? Los problemas que surgen debido a ciertas prácticas agrícolas (tales como alimentos elaborados con ingredientes animales, los efectos en las poblaciones apícolas, etcétera.) sólo refuerzan nuestra cautela cuando estamos tratando con los aprendices de brujos.

El mayor peligro que el maíz transgénico representa, al igual que los otros organismos genéticamente modificados, es la imposibilidad de evaluar las consecuencias a largo plazo de su uso, y rastrear sus efectos en el ambiente, los animales y los seres humanos.

Los organismos genéticamente modificados y los productos sin modificar no son separados. Por ejemplo, la soya no manipulada y la genéticamente modificada son mezcladas al llegar a Francia. Como resultado de ello, no hay manera de rastrear la soya genéticamente modificada. No hay alternativa, ni para el productor, de los cuales soy uno, ni para el consumidor, quienes somos todos.

Este tipo de cultura también representa una amenaza para el futuro de los agricultores. Por algunas décadas, el productivismo ha servido para esclavizar a los agricultores. De ser un productor, el agricultor se ha transformado en alguien explotado: ya no puede decidir sobre cómo maneja la tierra, ni escoger libremente sus técnicas de cultivo. Sin embargo, una verdadera revolución ha estado teniendo lugar durante los últimos 15 años entre los miembros de la Confédération Paysanne, quienes han puesto otro tipo de agricultura en acción.

O aceptamos la producción intensiva y la enorme reducción del número de agricultores sólo en aras de los intereses del mercado mundial, o creamos una agricultura campesina para el beneficio de todos. El maíz genéticamente modificado también es un símbolo del sistema agrícola y del tipo de sociedad que me niego a aceptar. El maíz transgénico es meramente un producto de la tecnología, donde los medios se vuelven el fin. Las decisiones políticas son hechas a un lado por el poder del dinero.

La agricultura es una perfecta ilustración de este tipo de lógica, que permea todas las facetas de la producción alimenticia. La producción agrícola se ha transformado en industria agrícola. Desde los campesinos que formaron sus pequeñas cooperativas, hemos visto un vuelco hacia las firmas que racionalizan los sistemas de producción para poder maximizar las ganancias sobre sus inversiones. Desde la década de los veinte, el maíz de los Estados Unidos ha sido hibridizado para obligar a todos los agricultores a vender sus semillas a través de una corporación.

Las corporaciones se fusionaron para invertir en nuevas técnicas con las cuales obtener mayores ganancias. Novartis, el líder mundial de la industria farmacéutica, invierte miles de millones para poder permanecer como número uno: vende semillas, herbicidas, pesticidas y medicinas. Pero la competencia es fuerte, y como resultado de la fusión que hicieron dos de sus competidores principales la semana pasada, ha anunciado el plan de despedir a dos mil trabajadores para poder garantizar a sus accionistas los beneficios de la compañía.

¿Es este el tipo de lógica que queremos? No. Rechazo este brinco hacia adelante donde el fin de la economía no es satisfacer las necesidades, sino simplemente producir por el hecho de producir, sin vínculo alguno con los intereses individuales o integrales.

¿Necesitamos maíz genéticamente modificado en Europa? No. En 1997 la producción de maíz se incrementó de nuevo. Se derrama de los silos. La Unión Europea tiene que almacenar el excedente. Y ¿quién paga por esto? Los ciudadanos. ¿Quién necesita estas nuevas semillas? Nadie. ¡Sólo Novartis que quiere obtener réditos de su inversión y mantenerse como grupo farmacéutico número uno del mundo!

Al destruir las semillas del maíz genéticamente modificado el 8 de enero en la fábrica de Novartis en Nérac, queríamos poner esta miope lógica en los reflectores.

No existe un debate democrático. La conspiración del silencio organizada por las compañías y los Estados soberanos es la única lógica que prevalece. Así como sucede con la sangre contaminada por el virus del VIH, o con la infección de la vaca loca, el público no se debe de alarmar.

Hoy, al estar ante ustedes, soy consciente de estar al margen de la ley que quiere que todo ciudadano esté contento con expresar sus puntos de vista con el simple hecho de depositar su voto en una urna cada seis años.

Pero no es de esta manera como se van a resolver los problemas. Al contrario: con la acción que llevamos a cabo, y por la cual estamos siendo juzgados, desatamos un amplio movimiento ciudadano que se niega al uso de organismos genéticamente modificados en el alimento para animales y humanos. Estas acciones terminarán cuando la demente lógica pare.

Sí, la acción fue ilegal, pero mantengo el reclamo porque fue legítimo. No pido clemencia, sino justicia. O actuamos en interés de todos y ustedes nos perdonan, o hemos sacudido el establishment, y en ese caso ustedes nos castigarán. No hay otro asunto.

José Bové
http://www.confederationpaysanne.fr

Misión Campesina Internacional

El viaje de José Bové a Colombia estaba hablado hace más de un año, pero sólo se concretó hasta el pasado mes de abril durante la conferencia internacional Tierra, Derechos Humanos y Paz en Colombia, que se celebró en Bruselas y contó con la asistencia de 150 delegados de Organizaciones No Gubernamentales europeas y latinoamericanas. Bové permaneció 10 días en Colombia junto con nueve integrantes más de la Misión Internacional Campesina, que visitó el país para conocer la situación de los campesinos e indígenas. Divididos en grupos, los visitantes recorrieron el sur de Bolívar, Tolima, Valle, Cauca, Putumayo y el territorio de los u’wa. Además se entrevistaron con varios funcionarios estatales. En su declaración final los delegados afirmaron: “Se quiere hacer creer al mundo que el narcotráfico es la causa y esencia de lo que ocurre en Colombia, cuando en verdad es la consecuencia del modelo neoliberal de globalización, de la apertura económica, la concentración violenta de la propiedad de la tierra que expulsa a los campesinos a la colonización, y la corrupción que desde hace muchas décadas dominan altas esferas de la sociedad colombiana. Hoy pensamos que la principal razón por la que esta terrible realidad subsiste es porque el mundo no la conoce”. Por eso los resultados de la Misión serán presentados en noviembre en la Asamblea General de las Naciones Unidas, más concretamente en la Comisión de Derechos Sociales, Económicos, Políticos y Culturales. Los delegados también buscarán que el Parlamento Europeo realice una audición especial sobre Colombia. Su objetivo final es crear presión para que el gobierno colombiano se comprometa a realizar una reforma agraria, con la compra de seis millones de hectáreas de tierra, dentro de la frontera agrícola.


Via Campesina 

International farmers movement

Movimiento campesino international

Mouvement paysan international

secretaria operativa/operative secretariat: Apdo Postal 3628 Tegucigalpa, MDC Honduras, C.A.

Tel & fax : + 504 235 99 15 E-mail: viacam@gbm.hn

DECLARACIÓN DE LA MISIÓN INTERNACIONAL CAMPESINA EN COLOMBIA

Los integrantes de la misión internacional de la Vía Campesina manifestamos ante todo que estamos conmovidos e indignados al conocer de manera directa la situación que viven los campesinos(as) colombianos y sus organizaciones y también los indígenas, especialmente el pueblo U’wa .

Después de haber conversado con altos funcionarios del Estado, con dirigentes nacionales de los campesinos(as) e indígenas y con sus organizaciones y bases locales en Puerto Asís (Putumayo), Cauca, Tolima, Magdalena Medio y Cubará (Boyacá), pensamos que la difícil situación de la población rural colombiana se relaciona directamente con la problemática global y la lucha de millones de campesinos en el mundo: la soberanía alimentaria, el derecho de las naciones y las comunidades de decidir sobre su economía y alimentación, la reforma agraria y la lucha contra el intento de las transnacionales por copar todos los espacios mediante los grandes proyectos de inversión y la apropiación del patrimonio genético y los saberes culturales.

Son escandalosas las estadísticas que muestran que entre 1984 y 1997 los propietarios de fincas de más de 500 hectáreas (0.2% de los propietarios) pasaron de tener el 32 % a tener el 45 % de la tierra y desde 1.974 ha disminuido el área cultivada en cerca de un millón de hectáreas. Estas cifras muestran que el derecho humano a la alimentación, que implica el derecho de acceso a la tierra como recurso para alimentarse en autodeterminación, no está respetado. El instrumento más eficaz para garantizar el derecho a la alimentación, la Reforma Agraria, no se implementa para garantizar al campesinado el acceso a la tierra. La ley de Reforma Agraria de 1994 excluye gran numero del millón familias sin tierra y de campesinos pobres del beneficio del programa por su sistema de crédito. La obligación a financiar el 30% del precio de la tierra ha dejado un gran numero de beneficiarios con deudas impagables.

Además, las instituciones para implementar la Reforma Agraria, el INCORA y el Banco Agrario, carecen de fondos suficientes para aumentar el volumen de tierras redistribuidas.

Constatamos que en directa correlación con el incremento de la violencia, Colombia ha perdido su soberanía y seguridad alimentaria, pasando a depender de las importaciones de alimentos y reduciendo drásticamente el área sembrada, mientras se incrementa la concentración de la propiedad de la tierra. En vez de la alimentación de los colombianos, el modelo vigente prioriza los grandes proyectos de inversión petroleros y viales y en torno a las áreas estratégicas donde deben ser realizados.

Estas cifras muestran que hay beneficiarios directos de la violencia y creemos que la responsabilidad de estos grandes propietarios en la guerra y en el desplazamiento de miles de campesinos a los cultivos ilegales debe ser denunciada ante la comunidad internacional, a la cual se ha dado una falsa imagen de las causas del conflicto colombiano.

Nos preocupa especialmente que haya una legislación para desplazar forzada aunque legalmente a los campesinos cuyas tierras estén a menos de 5 kilómetros de pozos petroleros u otras explotaciones. Y desde luego nos preocupa y nos indigna el desplazamiento violento de cerca dedos millones de campesinos(as) durante los últimos 15 años.

Es imposible dejar de pensar que el desplazamiento sistemático de los campesinos no obedece a un plan preconcebido por los gestores de un modelo de desarrollo, supuestamente acelerado, quienes consideran al campesinado y a los indígenas como poblaciones inviables u obstáculos al desarrollo y desean extirpar a como de lugar a las economías campesinas y a las culturas indígenas, considerando que si el mercado no ha podido hacerlo por sí mismo, la guerra puede cumplir el papel de un programa económico.

Se quiere hacer creer al mundo que el narcotráfico es la causa y esencia de lo que ocurre en Colombia, cuando en verdad es la consecuencia del modelo neoliberal de globalización, de la apertura económica, la concentración violenta de la propiedad de la tierra que expulsa a los campesinos a la colonización y la corrupción que desde hace muchas décadas dominan altas esferas de la sociedad colombiana.

Hoy pensamos que la principal razón por la que esta terrible realidad subsiste es porque el mundo no la conoce. La diplomacia y los medios de comunicación han divulgado la imagen de Colombia como ”la democracia más antigua de América Latina”, cuando a una sola de las organizaciones campesinas le asesinaron 1.700 de sus activistas en los últimos 14 años y otro tanto le ha ocurrido a otras. No pensamos que pueda denominarse como democrático un régimen en el cual se ha cometido y se sigue cometiendo un verdadero genocidio contra los dirigentes campesinos, indígenas, sindicales y de la oposición política y que se funda en un modelo bipartidista conservador liberal.

Nos impresionó e indignó la lista de dirigentes sindicales y campesinos asesinados, desaparecidos y exiliados en el pasado más reciente, inclusive este mismo año y mucho más el conocer las circunstancias en que fueron y son perseguidos por luchar por los derechos de la mayoría de la población rural. Fue doloroso saber como los indígenas Chimila del Magdalena y los Embera de Murrí están como presos y cercados en su propio territorio

Las transnacionales están imponiendo su modelo de globalización, nosotros estamos construyendo la globalización de la lucha contra ese modelo de exclusión y violencia y construimos la solidaridad con los campesinos, asalariados rurales e indígenas de Colombia y con las organizaciones que valientemente mantienen en medio de la violencia, ocupa desde ya un lugar indispensable en nuestro trabajo.

A la vez, causa admiración y llena de esperanza, ver que la lucha indígena y campesina continúa con valor y firmeza. Ver al pueblo indígena U’wa movilizado, al lado de miles de campesinos de Arauca, Norte de Santander y Boyacá, enfrentándose a la Occidental Pertroleum, al gigantesco poder de las transnacionales petroleras. Esto nos ha llenado de alegría y esperanza. Hablar con los campesinos del Cauca sobre su paro de octubre pasado, ver su organización; conocer a los campesinos del Magdalena Medio cercados por los paramilitares y por la desinformación de los medios de comunicación; conocer a los campesinos e indígenas del Putumayo listos a labrar su futuro y plantar cara al Plan Colombia, es reconfortante y esperanzador.

Vamos con el compromiso de la solidaridad, a la que nos empuja sin vacilar, ver la decisión de dar hasta su propia vida por la vida de su gente, que vimos en todos y cada uno de los líderes campesinos e indígenas, quienes en cualquier momento pueden ser las víctimas del día de los sicarios o ser detenidos , salvajemente torturados y luego desaparecidos.

En este contexto llamamos a los pueblos del mundo en general y a las organizaciones afiliadas a Vía Campesina a realizar una activa oposición y denuncia al llamado Plan Colombia, particularmente impulsado por los Estados Unidos, que según hemos visto y analizado, no garantiza el desarrollo integral del campesinado en Colombia. Esperamos que la UNIÓN EUROPEA no se involucre ni apoye este plan que busca perpetuar la tragedia colombiana; que aplica recetas militaristas, beneficiando la expansión de la propiedad terrateniente, mediante el cultivo de la palma africana; que impone la explotación de las transnacionales petroleras en Putumayo, el territorio U’wa, mineras en el Magdalena Medio y otros lugares del país; que abre la Amazonía a las transnacionales para acceder a su biodiversidad y patrimonio genético, sin que se solucione el problema de los cultivos ilegales, pues dada su situación los campesinos(as) simplemente irán más adentro en la selva, tumbándola para repetir y ampliar esos mismos cultivos, causando mayor daño ecológico, tanto con la dispersión de los cultivos, como con las fumigaciones químicas y con hongos cuyo comportamiento puede ser fatal para la selva y la vida humana.

Es nuestra profunda convicción que la solución a la grave situación de Colombia no esta en más esfuerzos de guerra como lo presenta el Plan Colombia, sino con actitudes y políticas en el sentido de la real democratización del país, de la erradicación de la corrupción y de la voluntad política para terminar con la impunidad de tantos crímenes y de la complicidad con las fuerzas paramilitares; de la efectiva resolución de los problemas económicos y sociales, que reduzcan los índices de pobreza e injusticia social de la población y que frene el desplazamiento forzado.

¡La solidaridad superará la indignación y la lucha alimentará la esperanza!

Firman,

 

JOSE BOVE Vocero de la Confédération Paysanne de Francia

JOAQUIM MIRANDA, presidente de la Comisión de Desarollo y Cooperación del Parlamento Europeo

UNZALU SALTERAIN presidente de la organización campesina vasca EHNE y miembro de la Coordination Paysanne Europénne - CPE

ALBA PALACIO, Diputada del Parlamento Centroamericano y dirigente de la Asociación de Trabajadores del Campo de Nicaragua

EVO MORALES, dirigente campesino y diputado de Bolivia

STEFAN OTTERINGER, representante de FIAN internacional

JOSE MANUEL DE LAS HERAS, Secretario General  de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos - COAG, España

SUSANA PAIM FIGUEREIDO, abogada del Movimiento de Trabajadores sin Tierra - MST- Brasil

GARY ESPINOZA MARTINEZ, Secretario General de la Federación Nacional de Organizaciones Campesinas e Indígenas del Ecuador – FENOCI

FLORENCIA COSTA, periodista, de Brasil

GEORGES BARTOLLI, periodista francés

Santafé de Bogotá, 11 de julio del 2000

Secretaria Operativa de la Misión Internacional Campesina:
Maison de La Paix, Rue Van Elewijck 35;  1050 - Bruxelles, Belgique
Telefax: (00 32 2) 648 51 18           misioncol@skynet.be

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