Los
grandes principios de la ley de Dios se hallan
incorporados en los Diez Mandamientos,
y ejemplificados en la vida de Cristo. Expresan
el amor de Dios, su voluntad y sus propósitos
en lo que concierne a la conducta y las relaciones
humanas, y son obligatorios para todo individuo
en todas las edades. Esos preceptos son la base
del pacto que Dios ha hecho con su pueblo, y la
norma que se usa en el juicio de Dios. Por medio
de la agencia del Espíritu Santo, definen
el pecado y despiertan el sentido de nuestra necesidad
de un Salvador. La salvación viene exclusivamente
por gracia y no por obras, pero su fruto es la
obediencia a los Mandamientos. Esta obediencia
desarrolla el carácter del cristiano y
produce una sensación de bienestar. Constituye
una evidencia de nuestro amor por el Señor
y de nuestra preocupación por nuestros
semejantes. La obediencia de fe demuestra el poder
que Cristo tiene para transformar vidas, y en
consecuencia fortalece el testimonio del cristiano.
Apoyo Bíblico
para este tema:
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