El Portillo de la Cernedora: En la defensa de
Alfaro contra el asedio del Conde de Fox (1466), colaboraban todos sus vecinos.
Entre ellos estaba María la Pamplonilla. de oficio cernedora y
madre del prisionero de los franceses y nevarros, Hernando.
Desde el día que su hijo quedó prisionero de los navarros, la
infeliz madre salía al anochecer de su casa, situada en las proximidades
de la puerta de San Martín, se encaminaba a las murallas, aproximándose
a las gentes de armas, y con lágrimas en sus ojos preguntaba por su hijo. En
el sitio más cercano donde ella creía que había sido detenido,
se paraba y así permanecía hasta que el toque de cubrefuego la
obligaba a abandonar los lugares de sus penas.
Una noche de Marzo, de fuerte viento, casi un vendaval, reclinada contra la muralla,
oyó del exterior de ella sonidos lejanos, luego voces confusas, pronunciadas
con recelo y cuidado, después palabras enérgicas más cercanas,
y ensiguida alarmas y avisos de los guardias en un lugar inmediato a la puerta de
San MartÍn, lugar de defensa y vigilancia, compuesto de unas torrecillas,
varias almenas y una puerta, llamada Portillo de Navarra. María,
marchó a saltos en dirección al portillo; los hombres de guerra que
acudían le abrían paso y ella gritaba "lo he conocido, es la voz
de mi Hernando, dejadme". Y cesando la alarma por los dichos de la cernedora,
el grito de la madre al reconocer a su hijo, y las respuesta de este, hicieron
abrir la puerta y que por ella penetrase el fugado, desecho y herido, que venía
a contar que los soldados del navarro Erviti habían colocado una máquina
de guerra en las murallas de la Cascajosa para facilitar el asalto.