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Búsqueda de vida
extraterrestre. |
Jill Tarter, la científica a la que encarna Jodie Foster
en la película Contacto, define de esta forma el programa
SETI (Search for Extraterrestial Intelligence):
"Intentamos hacer un experimento con nuestra anticuada
tecnología, esto es, escuchar con radiotelescopios para ver si
podemos localizar señales emitidas por civilizaciones
tecnológicas". Si existen civilizaciones extraterrestres,
puede que utilicen las ondas electromagnéticas para transmitir
datos, como nosotros. Sería, por lo tanto, como buscar una
emisora de radio en el dial: hay que encontrar la frecuencia del
emisor. Por debajo de un Ghz (Gigaherzio), nuestra galaxia, la
Vía Láctea, emite demasiado ruido, la llamada radiación
sincrotónica. Por encima de 10 Ghz, las moléculas de la
atmósfera absorben las ondas. En el intervalo de frecuencias de
1 a 10 Ghz se encuentran las longitudes de onda del hidrógeno y
del hidróxilo, elementos ambos que existen en abundancia en el
Universo. Es lógico pensar que unos supuestos habitantes
extraterrestres utilizarán tales longitudes de onda.
En 1959 la prestigiosa revista científica Nature
publicó el artículo Buscando Comunicaciones interestelares
de los físicos Giuseppe Cocconi y Philip Morrison. En él
explicaban cómo se pueden utilizar los radiotelescopios
para recibir señales enviadas por posibles civilizaciones
extraterrestres. En 1960, sin conocer la propuesta de Cocconi y
Morrison, el astrónomo Frank D. Drake intentó desde el
Observatorio de Green Bank (Virginia) localizar señales
procedentes de las estrellas Epsilon Eridani y Tau
Centi, a 11 años luz de la Tierra. Drake lo llamó Proyecto
Ozma, en honor del reino del mago de Oz. Tan sólo descubrió
la señal de un avión espía U2, pero abrió la puerta de las
búsquedas sistemáticas de señales inteligentes procedentes del
espacio. Un año después, aprovechando la primera conferencia
del proyecto SETI, Drake desarrolló una ecuación que lleva su
nombre, <<
* >>. Dicha ecuación trata de delimitar el número de
civilizaciones tecnológicas que puede haber en el Universo.
Teniendo en cuenta los datos que conocemos, esta fórmula es pura
hipótesis, y según cómo la empleemos ofrece datos diferentes.
No obstante, nos hace reflexionar: ante un Universo tan
gigantesco y variado, ¿no es razonable pensar que existen otras
civilizaciones inteligentes?
ORIGEN DE LA VIDA
La ciencia ofrece una serie de posibilidades que permiten
afrontar con optimismo la búsqueda de extraterrestres. Por
ejemplo, la teoría sobre el origen de la vida, desarrollada por
científicos como Darwin, Oparin o Haldane, y experimentada por
Miller y Urey en 1952, en la Universidad de Chicago, propone que
gracias a la energía de la atmósfera primitiva de la Tierra
surgieron moléculas orgánicas simples. Éstas, por medio de
otras reacciones químicas, se transformaron en moléculas más
complejas, hasta convertirse en las primeras moléculas
autorreproductoras. En este camino, durante miles y miles de
años, se llegaría a organismos cada vez más complejos, capaces
de albergar inteligencia. Este hecho, que al parecer dio origen a
la vida en la Tierra, podría repetirse en otros planetas gracias
a un proceso que no exige demasiadas complicaciones.
Por otra parte, se han encontrado moléculas pluriatómicas en el
espacio interestelar, algunas de las cuales son orgánicas. Los
investigadores creen que el polvo de estas nubes interestelares
facilita la creación de moléculas. En nuestro propio
Sistema Solar, en Europa, una de las lunas de Júpiter, se
ha descubierto oxígeno, agua en forma de hielo y compuestos de
carbono, con lo que se cree que puede haber alguna forma de vida.
Y en nuestro mismo planeta se han encontrado diversos
organismos -bacterias en su mayoría- , capaces de vivir en
situaciones extremas de calor, frío o ausencia de oxígeno. Por
su parte, los científicos Hoyle y Wickramasinghe afirman que los
cometas y los meteoritos que cayeron a la Tierra desde el espacio
pudieron traer el material orgánico que originó la vida.
BUSQUEDA MUNDIAL
El astrónomo y divulgador Carl Sagan, para demostrar que la vida
no es algo raro en el cosmos, acuñó el llamado "principio
de mediocridad": la Tierra es un planeta corriente, y
por lo tanto, puede haber muchos otros mundos como el nuestro.
Esto no quiere decir que la vida sea como la de nuestro planeta,
sino que, sea como fuere, sigue una pauta universal.
En la década de los 60 los rusos dominaron el
proyecto SETI, utilizando antenas omnidireccionales para
investigar grandes parcelas del cielo. A principios de los 70,
los estadounidenses tomaron el mando al implicarse en la NASA,
bajo la dirección de Bernard Olivier, de la corporación
Hewelett Packard. Posteriormente llegaría también la ayuda de
la Sociedad Planetaria de Carl Sagan. Desde entonces, los
científicos del SETI desarrollan múltiples proyectos y equipos
técnicos capaces de sintonizar y analizar muchos canales en poco
tiempo, dada la ingente cantidad de señales procedentes del
Universo. Como apunta Miguel Angel Sabadell, astrofísico
español y colaborador del SETI, "se han tenido que diseñar
algoritmos y microchips especiales para poder
trabajar".
HOLA, SOMOS NOSOTROS
En 1993 el Congreso de los Estados Unidos decidió retirar las
ayudas económicas al proyecto, y actualmente se desarrolla
gracias a universidades como Berkeley (California), ayudas
privadas como la de Steven Spielberg, y a empresas como
Intel. En la actualidad, los proyectos más importantes son
Phoenix, SERENDIP y META II. También se están
desarrollando experimentos de tipo óptico y la construcción de
un radiotelescopio de una hectárea de superficie específico
para el SETI. Junto a éste coexiste una liga compuesta por
radioastrónomos aficionados de todo el mundo que rastrean
señales en el firmamento, utilizando equipos caseros, y otro
grupo analiza la información en casa.
Los proyectos SETI tienen además otras aplicaciones
más terrestres, en campos tan diversos como la detección de
algunos tipos de cánceres, la mejora de las telecomunicaciones o
la búsqueda de nuevas galaxias. Además de escuchar, también se
están mandando mensajes. En 1974 se trasmitió un mensaje
desde el radiotelescopio más grande del mundo, el de Arecibo
(Puerto Rico) dirigido al cúmulo de galaxias M13. El mensaje
portaba 1679 bits de información sobre química, biología, el
ser humano y el Sistema Solar. En 1999 fue enviado otro mensaje
muy parecido desde un radiotelescopio ucraniano, gracias al
aporte económico de una empresa. Por otro lado, las sondas Pioneer
10 y Pioneer 11 llevan sendas placas de oro, con
imágenes de un hombre y una mujer e información sobre el
Sistema Solar. Además, todo tipo de onda electromagnética
emitida por radio o televisión sale de la Tierra y viaja por le
espacio a la velocidad de la luz. Queramos o no, ya nos pueden
estar escuchando.
BUSCAR EN
CASA Cualquier persona desde su casa también
puede participar en el proyecto SETI@home. Para estudiar la
enorme cantidad de datos recibidos en el observatorio de Arecibo
(Puerto Rico), los científicos del SETI proponen entrar dentro
de la web del proyecto y recoger un programa salvapantallas que
premite procesar la información y devolverla a la Universidad de
Berkeley (Califormia). El programa se activa durante los tiempos
muertos del ordenador. Desde abril de 1999, fecha en la que el
programa apareció en Internet, casi dos millones de personas
colaboran con esta llamada, la cual estará abierta hasta el año
que viene. Apenas nada, según el relaciones públicas del SETI,
Seth Shostak, "puesto que supone el dos por ciento de la
información recibida en el elescopio".
Mas información: www.seti.org
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