Debemos aproximarnos a Dios con la metodología de las matemáticas o, en su defecto, con la de la teología y la metafísica. Así, sostengo que Dios es incomprensible, pero no completamente absurdo, como pretenden los ateos. Y a continuación expongo el porqué.
Ante todo, hay que saber distinguir entre estos dos verbos: pensar y comprender. Dios sólo puede pensarse, porque es Espíritu; pero no puede comprenderse, puesto que es infinito. En un sentido análogo, podemos contemplar el océano sin abarcarlo en nuestro limitado campo de visión, pero de ahí no se sigue que el océano sea invisible o quimérico.
Luego, concluyo, tampoco Dios, ni la Verdad, ni el Infinito son absurdos por resultar incomprensibles.
La primera palabra racional del hombre fue para designar una acción: un
verbo. Poco después, con el surgimiento de nuevas palabras-acción, aparecieron
las palabras-persona, o sustantivos, que transferían a sujetos estables las
cualidades dinámicas por las que éstos destacaban. Y el verbo se hizo carne.
Como figura mixta, el adjetivo vino a cubrir la necesidad de una relación más
detallada de características del individuo, a las que no era viable integrar en
el mismo nombre. Así, pues, todo sujeto acabó reduciéndose a una amalgama de
adjetivos que eran automáticamente asociados al nombre propio, evocado por la
imagen de la persona de que se tratara.
Ahora bien:
1) El opuesto de un verbo es el mismo verbo precedido por una negación.
Es decir, la justa exclusión de la actividad a la que ese verbo refiere, a
saber: hablar y no hablar, creer y no creer, sentir y no sentir.
Proposición primera: Podemos pensar un verbo sin pensar en su opuesto (la
negación del mismo), pero no podemos pensar en su opuesto sin remitirnos a ese
verbo en particular.
Inferencia: La actividad esencial de Dios es amar infinitamente. Podemos pensar
en Dios sin pensar en su opuesto (el odio o amor limitado), pero no podemos
pensar en éste sin pensar en Dios.
2) El opuesto de un adjetivo es otro adjetivo asociado a éste, del que
se predica la misma información de forma aumentada o disminuida, a saber: alto
y bajo, lento y rápido, grande y pequeño.
Proposición segunda: No podemos pensar un adjetivo sin pensar implícitamente en
su opuesto, dado que ambos extremos son incompletos por separado y remiten a
una serie infinita.
Inferencia: Dios es omnipotente y eterno. No podemos pensar en Dios sin
comprender en su noción a todas las criaturas impotentes y perecederas. Dios
las abarca y se compadece de ellas desde su concepto mismo.
3) Un nombre no tiene opuesto, al apelar a una realidad que, o bien
carece de cualidades (los números como elemento cuantificador abstracto), o
bien las que reúne sólo son compatibles en un sentido, a saber:
"cuadrado" como figura de cuatro lados y cuatro ángulos rectos, cuyo
contrario sería una no-figura, algo no formado, opuesto por consiguiente a
todas las formas que podamos concebir.
Proposición tercera: No podemos pensar un nombre junto con su opuesto, que será
también el de todos los nombres de su especie o género. Dicho opuesto, sin el
nombre al que se opone y del que es la mera supresión, carece de sentido y
tampoco puede pensarse.
Inferencia: Dios es el que es. No podemos pensar en Dios y en la nada, mientras
que la nada por sí sola carece de sentido y es impensable.
No se sigue de ningún modo que Dios "genere las verdades" ex nihilo, sino que, más bien, Él, Verdad autosubsistente y eterna, escoge entre ellas, coeternas, para componer el orden del mundo y realizarlas en el mismo.
Tenemos, pues, tres verbos: realizar, crear y causar. Dios realiza en el universo algunas de las verdades preexistentes, que integran su Sabiduría (del mismo modo que el pintor selecciona sus acuarelas entre una gama infinita de colores); crea también desde la nada y junto con el tiempo, a partir de dichas nociones previas, todas las realidades mutables. Éstas, por su condición, se despliegan continuamente y causan el sinnúmero de fenómenos comprensibles para las inteligencias limitadas.
Lo que el Padre realiza, el Hijo lo crea y el Espíritu Santo lo vincula con su primer origen.
Ahora bien, ni la realización de las ideas, esto es, el proyecto de Dios entre los infinitos posibles, ni la creación del mundo resultan accesibles a nuestra razón. Nuestro conocimiento habitual es, pues, de tercer grado, mientras que la fe es un grado superior del conocimiento en estado embrionario.
I.
¿Amamos algo porque está en nosotros o está en nosotros porque lo amamos?
Si lo amamos porque está en nosotros, ¿cómo llegó a nosotros sin amor? ¿Cómo empezamos a amar?
Es decir, se postula que amamos la imagen ideal que nos formamos de alguien; que esa imagen es nuestra propia imagen; que, en consecuencia, sin autoimagen no podemos amar.
En ese caso, si el amor depende de la autoimagen o autoconciencia, ¿pueden amar los bebés o los animales? ¿No aman éstos nunca? ¿Empiezan aquéllos a amar en un momento determinado, dando el salto, por así decirlo, del no-amor al amor? ¿Es inopinado, es azaroso ese salto?
Hasta aquí la formulación del problema.
II.
A pesar de las aporías, creo que es posible fijar un denominador común para ambos "amores", humano y animal, que no es la proyección de una autoimagen, sino la atracción hacia aquello de lo que carecemos y consideramos innatamente como bueno. Nosotros intelectualmente, aunque no siempre con la misma distinción; los animales, irracionalmente.
Ahora admitidme la siguiente ecuación, basada en la economía de palabras: conocer es amar y amar es conocer.
Sólo podemos conocer lo positivo, de modo que no odiamos el mal porque lo conozcamos, sino porque nos priva del conocimiento de un bien mayor. Hablando con propiedad, no odiamos el mal, sino que lo queremos menos.
Dicho esto, aclaro: amar significa atraer hacia sí, y el conocimiento no es otra cosa. Es la interiorización de lo externo, el acercamiento de lo lejano o el desvelamiento de lo oculto.
Conocer y amar se dan al mismo tiempo, en un procedimiento único.
Entonces, volviendo a la problemática que nos ocupa, ¿cómo podríamos empezar a amar si nuestro amor depende de la autoconciencia y ésta sólo se forma en base a la experiencia? Habría que esperar, en efecto, a que nuestra conciencia se formara para empezar a amar.
Pero hemos convenido en que conocer y amar es lo mismo, y huelga decir que consciencia y conocimiento participan de una misma raíz etimológica.
Entonces, concluyo, conocemos y amamos gracias a ideas innatas, previas a toda experiencia, aunque la experiencia nos dé la ocasión de amar y conocer.
La idea de todas las ideas, el fundamento de su cognoscibilidad y, por consiguiente, de su ser, es Dios, el Dios del Amor y del Conocimiento.
III.
Resolvamos una posible objeción antes de proseguir con las consecuencias de todo lo razonado.
No avanzamos nada al considerar que la tendencia al amor que manifestamos está "programada" en nuestro mapa genético.
La programación genética vendría a ser la versión empirista de las ideas innatas. Pero así como la evolución explica los genes, los genes no explican la evolución.
Los genes no son eternos, y la historia no puede rotar en ellos. En cambio, las ideas sí lo son.
Es más: el primer humano conoció y amó tanto como el último, de manera que la evolución tampoco añade nada.
La evolución explica que unos genes determinados hayan prevalecido sobre los otros. No explica, sin embargo, la tendencia de los genes a hacernos actuar, que es lo que realmente está en cuestión.
IV.
Jesucristo dijo: ama a tus enemigos, porque amar sólo a los amigos es propio de paganos y pecadores.
Este precepto, el más dulce para el hombre, no nos fuerza a nada contra natura, ya que, como hemos expuesto, no podemos más que amar todo lo que conocemos.
Jesucristo nos insta a incrementar nuestra capacidad de amar y, por consiguiente, a intensificar nuestra facultad de conocer.
Podríamos añadir: no sólo amamos todo lo que conocemos, en la medida en que lo conocemos, sino que, además, lo conocemos todo, aunque no seamos conscientes de ello.
En el mismo sentido, afirmamos que la razón es auxiliar de la revelación, y que sin ella va a la deriva. Por otro lado, la revelación sin razón, es decir, sin conocimiento, sin amor, se convierte en mera Ley, en la carnalidad y vetustez que denunciaron los cristianos en el Antiguo Testamento.
Amar es tomar contacto con el conocimiento y con nosotros mismos. Pero no mediante nuestra sola imagen, sino a través de la imagen sin imagen de Dios.
5.5. Teleología del entusiasmo
I.
1.1) Ser perfecto es no poder mejorar ni empeorar, esto es, no cambiar.
1.2) El cambio es el paso de un estado mejor a uno peor, o viceversa, el
paso de un estado peor a uno mejor.
1.3) Ahora bien, un ser inteligente -con capacidad de representación y
autorepresentación- es mejor que un ser no inteligente.
1.4) Luego la perfección en un ser inteligente es la máxima
inteligencia, esto es, no poder percibir con mayor o menor distinción.
II.
2.1) El que se mueve carece de algo hacia cuya búsqueda se dirige.
2.2) El hombre es libre cuando crea.
2.3) No hay límites para la creación humana (el hombre es infinitamente
finito). Lo mismo puede predicarse de cualquier otro ser en el espacio y en el
tiempo.
2.4) Ergo, el hombre, cuando crea, se dirige libremente hacia algo que
no posee y que es ilimitado. Ello, al no tener, a su vez, fin al que dirigirse,
es completamente inmóvil y, por ende, perfecto.
Tal fin final puede ser material (el universo es ilimitado) o inmaterial (lo
inextenso no tiene límites).
2.5) No obstante, dicho ser (por el 1.4) también es inteligente en grado
máximo.
2.6) Ahora bien, el universo como amalgama no es inteligente, y ninguna
de sus criaturas (por el 2.3) lo es en grado máximo.
2.7) El ser al que el hombre se dirige cuando crea es, en consecuencia,
Dios.
III.
Objeciones y respuestas
A.
Escriben:
<< ____Algunas observaciones
dirigidas a los foristas que quieran debatir con Irichc (me excluyo).
A) Ser perfecto sólo se define respecto a un baremo. Ese baremo es subjetivo.
"Ser perfecto" no existe, sólo existe "ser perefecto para
alguien, y para algo". Afecta a 1.1.
B) Además, como son posibles los cambios que no mejoran ni empeoran, ser
perfecto no es no cambiar. Afecta a 1.1, 1.2,
C) Que la inteligencia sea "buena" es un criterio tremendamente
subjetivo. Afecta a 1.3.
D) La definición de inteligencia que usa la psicología es totalmente diferente
a la mencionada en 1.4.
E) 2.1 es un galimatías absurdo. El que se mueve no tiene porqué carecer de
algo hacia cuya búsqueda se dirige, pero además no tiene porqué buscar algo, ni
dirigirse a algo.
F) La libertad es otro concepto subjetivo, depende de la ignorancia del
observador, dado un Universo dirigido por las leyes de la física. Afecta a 2.2.
G) Una vez definida "libertad", el hombre no es sólo libre cuando
crea. Afecta a 2.2.
H) Hay límites clarísimos para la creación humana. Afecta a 2.3.
I) Hay límites aún más claros para la creación por parte de una piedra (un ser
en el espacio y en el tiempo). Afecta a 2.3.
J) 2.4 es non sequitur. Se puede dirigir a algo limitado. Puede crear no
libremente. Puede crear sin dirigirse a nada.
K) No todo lo inmóvil es perfecto, no ha dado una definición de perfecto que
implica esto. La falta de cambio es falsa, hemos visto, y además el que lo perfecto
sea inmóvil no implicaría que lo inmóvil sea perfecto. (a -> b no implica b
-> a). Afecta al "por ende" de 2.4
L) Incluso aceptando que el fin final sea perfecto, y que como dice en 1.4
"la perfección en un ser inteligente sea ser máximamente inteligente",
comete un fallo lógico en 2.5 al no haber demostrado que el fin final inmóvil y
perfecto es inteligente. Sólo ha demostrado que si lo es, es perfectamente
inteligente.
M) Algo que es perfectamente inteligente está limitado en su nivel de inteligencia,
severamente. Por tanto no es ilimiado. Por tanto según la lógica usada, es
material (ver 2.4).
N) Que el Universo no sea inteligente es un hipótesis. Afecta a 2.6
O) 2.6 es non sequitur, ya que el que no haya límites para la creación de X no
es, definitivamente, una demostración de que X no es inteligente en grado
máximo. Si acaso lo sería de lo contrario.
____En resumen: Una amalgama de contradicciones, lógica mal usada, non sequitur
y vaguedades tan densa en el número de errores que lamento haberla analizado.
Yo no perdería el (más) tiempo con esta aportación >>.
Respondo:
1) "Ser perfecto es
subjetivo" es una definición injustificadamente subjetiva de "ser
perfecto", de modo que la descarto. Ser perfecto es no poder cambiar, lo
cual se deduce "a sensu contrario" del hecho de que todo lo
imperfecto (finito) cambia.
2) Llamo "mejor" y
"peor" a estados con más o menos materia y más o menos actividad,
respectivamente. Es imposible que se dé una sucesión de estados idénticos.
Ergo, todo cambio implica una transición a mejor o a peor.
3) Un ser inteligente puede hacer
más cosas que un ser no inteligente. De ahí se sigue que es mejor que éste.
4) El que se mueve lo hace por una
razón, una causa final. Ésta no puede apuntar hacia sí mismo, ya que si así
fuera no se movería (la distancia entre A y A es nula).
5) Llamo "espontaneidad" a
la contingencia lógica de todos los sucesos, y "libertad" a la
actividad consciente (y contingente) ejercida sin coacción.
6) Si el azar, y no la libertad,
fuera la clave de toda creación artística, las máquinas serían más artistas que
los hombres, ya que su capacidad memorística y combinatoria actual es mucho
mayor. Ahora bien, ninguna máquina es capaz de crear nada que no se deduzca
geométricamente de los datos almacenados en ella. Un hombre, en cambio, puede
tener bastante claro qué quiere crear, puede contar con todos los elementos
sobre la mesa y, sin embargo, desconocer el cómo. Ese "cómo" es
teleológico y no, como la tarea del programador, matemático.
7) Supongamos que el hombre al crear
se dirigiera hacia algo absolutamente limitado. Al llegar a ese algo idealmente
buscado (la creación es un movimiento del alma), el hombre ya no podría crear
más. No obstante, siempre habrá razones para crear más y para que la inventiva
del hombre aumente y evolucione. Por lo tanto, la primera hipótesis es falsa.
B.
Escriben:
<< Mi querido amigo, usted afirma:
"Ser perfecto es no poder mejorar ni
empeorar, esto es, no cambiar [...] El que se mueve carece de algo hacia cuya
búsqueda se dirige [...] El hombre, cuando crea, se dirige libremente hacia
algo que no posee y que es ilimitado. Ello, al no tener, a su vez, fin al que
dirigirse, es completamente inmóvil y, por ende, perfecto..."
Mi querido amigo Daniel, si Ello no se mueve
y no tiene fin al que dirigirse, entonces tampoco crea, teniendo en cuenta que
según usted, el que se mueve carece de algo hacia lo cual tiende. Si no tiene
capacidad de crear porque no puede moverse y porque no tiene carencias hacia
las que dirigirse, la cosa perfecta de la que usted habla no es completa, al
menos en el sentido creativo e intelectivo >>.
Respondo:
Un Dios creador es mejor que un Dios no
creador. Ahora bien, Dios es el mismo cuando crea y cuando no crea, puesto que su
capacidad de crear es eternamente idéntica (algo que no puede predicarse del
hombre, cuyas características están sujetas al tiempo y al cambio). Al crear,
entonces, Dios no progresa, ni lo hace por carencia, sino, muy al contrario,
siguiendo el principio de lo mejor: "Es mejor ser que no ser".
Prosiguen:
<< Tengamos en cuenta que según usted:
"un ser inteligente -con capacidad de
representación y autorepresentación- es mejor que un ser no inteligente."
Capacidad de representación y autorepresentación
implican cambio y dirigirse a un fin. Un ser inmóvil que no se dirige a fin
alguno es incapaz de crear o representar algo. El movimiento creativo es hacia
lo que se carece >>.
Contesto:
En el caso de Dios esa capacidad es
eternamente actual, como se ha dicho.
Concluyen:
<< Por lo tanto, el Dios del que usted
habla, no crea ni es inteligente. Mucho menos de modo perfecto.
¿Es correcto o me equivoco? ¿Podría usted
explicarlo por favor? >>.
Replico:
Buen intento, pero ignoras el principio de
lo mejor, que es el principio central de toda actividad teleológica.
Al menos tu crítica es inteligente. Oportet esse haereses.
5.6. Todos vivimos en
Dios
¿Cuál es la esencia de la
filosofía? Unos dirán que la felicidad, y tienen razón: Dios no filosofa,
porque es completamente feliz. Pero ser feliz no significa otra cosa que ser lo
que se es, o en otras palabras, ser para el ser.
Existe una delgada línea entre la
introspección y la mística. Afirmemos, en primer lugar, que todo el que se
conoce a sí mismo desaparece. Sólo somos, pues, en tanto que somos opacos para
nosotros mismos. En nuestra imperfección está nuestra diferencia, y en nuestra
diferencia podemos apreciar nuestra individualidad. Ahora bien, conocernos a
nosotros mismos significaría ser más que nuestra propia noción, que quedaría
comprendida por nosotros, lo cual es contradictorio; y una contradicción
conduce al no ser.
Todo hombre es un extraño para sí
mismo. Podría sostenerse este nuevo axioma existencial: No me comprendo, luego
soy. Cuando el hombre se comprenda, dejará de ser y se fundirá con Dios. Sin
embargo, eso es imposible y sólo puede aceptarse como tendencia, aunque la
mística lo acepte no sólo potencialmente, sino también como acto. Por eso la
mística es vivir la contradicción: hablar del mundo desde fuera del mundo,
parafraseando a Wittgenstein; al contrario que la teología, que habla del
extramundo desde el mundo.
Pues bien, todo positivismo
científico que pretenda conocer al hombre escatológicamente y agotarlo en cada
una de sus posibilidades se equivoca. En el momento en que el hombre conozca al
hombre, ya no será el hombre al que ha conocido, sino un nuevo hombre superior;
y, cuando se conozca a sí mismo, ya no será hombre.
La mística es la constatación sobrenatural de que mi mente y la de Dios son la misma. Tal pensamiento fue tenido por herético, porque suprimía la justicia divina aplicada a los individuos. No obstante, Dios puede suprimir su justicia por un acto de gracia, y no hay que olvidar que toda su creación es graciable, esto es, gratuita, o lo que es lo mismo, contingente. A pesar de que nuestra mente no sea eterna y sí lo sea la de Dios, bien podría ser que hubiera identidad de substancia entre ellas. Los gnósticos pensaban que el alma era la "chispa divina" que habitaba en cada hombre, una especie de ángel caído en el abismo ciego de la materia. Siendo Dios simple y no susceptible de división, ¿por qué no podría, con todo, reproducirse en el tiempo, si lo hace eternamente en la generación del Hijo? No es absurdo, y para Dios todo es posible.