La prueba de características empíricas tendría que ser más o menos así:
"Si x ocurre, entonces Dios existe".
¿Qué cree el ateo que tiene que ocurrir para que exista Dios? O bien: ¿qué no tiene que ocurrir para que Dios no exista?
La prueba de tipo filosófico, en cambio, adoptaría esta forma:
"Si x es verdad, es decir, si debe afirmarse necesariamente y no se contradice con nada cuya autoevidencia se predique en todos los casos, entonces Dios existe".
¿Qué dice el ateo que tiene que ser verdad para que Dios pueda existir? O bien: ¿qué no debe ser verdad para que no pueda existir Dios?
Por último, la prueba lógica procedería como sigue:
"Si 'p entonces q' es correcto, entonces Dios existe".
¿Qué contenido asigna el ateo a 'p' y 'q' en la proposición anterior a fin de que la existencia de Dios quede expedita? O bien: ¿qué contenido precisan ambos elementos, si se demuestra la falsedad de la inferencia, para que en base a ello pueda afirmarse que Dios no existe?
Concluyo: si el ateo no sabe lo que busca, carece de legitimidad para examinar; si no sabe lo que niega, carece de fuerza para afirmar que niega; incluso carece de aptitud para dudar, si no sabe de qué duda.
Escriben:
<< ¿Qué es tu x, como caso empírico para probar tu hipótesis?. ¿Qué es la verdad de algo como x y cómo se la sostiene?. Y como bien señalas, ¿qué son tus p y q?; y la inferencia del "entonces", ¿es trivial y equivalente a toda inferencia o reviste alguna característica particular, como ser inductiva y derivada de una premisa sintética?.
Si respondes a estos puntos, que das por sentados y sobre los que interrogas a otros, quizás estés en condiciones de concluir. Por el momento tu conclusión no se deriva de tus premisas, ya que carecen de contenido demostrable, explícito o definido - según el caso - y sólo guardan la apariencia formal de los modos de razonamiento a que aludes >>.
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Respondo:
Por fin, Alnuk, alguien me hace la dichosa pregunta. Tienes razón cuando insinúas que yo necesito contestarla para poder afirmar, pero vosotros *también* deberéis hacer lo propio para poder negar o dudar con las mismas prerrogativas. De lo contrario, os constituís en parásitos de la discusión.
Os mostraré, pues, mi forma de despejar las incógnitas:
1) Para "Si x ocurre, entonces Dios existe":
1.1. Si existe armonía entre cuerpo y alma, entonces Dios, creador e ingeniero del universo, existe.
o:
1.2. Si existe lo contingente, entonces Dios, ser necesario, existe.
o:
1.3. Si existe lo limitado, entonces Dios, ilimitado, existe.
2) Para "Si x es verdad, entonces Dios existe":
2.1. Si algo es verdad, entonces Dios, la Verdad de cuya intuición las demás dependen, existe.
3) Para "Si 'p entonces q' es correcto, entonces Dios existe":
3.1. Si "todo lo efectivo-contingente existe por alguna razón" [= PRS] es cierto, entonces Dios existe.
Recuerdo a estos efectos que, estéis o no conformes con los enunciados de mis demostraciones, deberéis formular los vuestros (despejar las incógnitas) para adquirir el derecho a impugnarlos.
Tenéis dos actitudes posibles:
1) Por un lado, afirmar que la existencia de Dios no admite prueba, ya que, o bien es autocontradictoria, o bien atenta contra principios de la razón y leyes de la naturaleza conocidos por nosotros. Pero deberéis justificar el aserto.
2) Por el otro, sostener que si bien la existencia de Dios admite prueba, estando ésta más allá de la razón, resulta inasequible para un entendimiento finito. También deberéis argumentar vuestro posicionamiento, esto es, se os pedirá que concretéis qué clase de pruebas estáis admitiendo "a priori" y rechazando "a posteriori".
Existe la idea de círculo, y podemos pensar en esa figura sin que la veamos en la naturaleza. La idea de cículo, pues, no implica la existencia efectiva del círculo.
Ahora bien, si Dios no existiera tampoco podríamos pensar en Él. Esto es así porque Dios no es una idea, mientras que la idea de Dios sí implica la existencia de éste. Luego si pensamos en Dios, aceptamos su existencia.
Pensar en Dios es asumir su existencia, y el que quiera sustraerse a ella debe evitar también el contacto con la idea. En resumen: o se piensa en Dios y se cree en Él, o no se cree ni se piensa en Él, o se incurre en autocontradicción.
I.
Si Dios no
existiera no podríamos pensar en Él, porque su idea carecería de
inteligibilidad. El sentido en Dios equivale a su Ser, y el Ser de Dios conduce
al sentido de lo existente. Muchos objetan a Anselmo: "¡De la idea no se
sigue el Ser!". Pero yo les replico: "¡Del Ser se sigue la idea!",
... E, incluso a la luz de esto, ellos callan y tampoco lo aceptan.
La existencia de Dios, pues, es condición necesaria de su inteligibilidad.
Podría oponérseme, sin embargo, que sólo se requiere la idea de existencia
necesaria, y no así la existencia particular de Dios. Pero quien así
argumentara estaría andando en círculos: la existencia también debe asumirse al
concebir la necesidad, que es siempre necesidad de algo, y por ende, de algo
existente. No podemos pensar en la necesidad y decir que es innecesaria, como
tampoco podemos decir que es necesaria y afirmar que es necesidad de nada.
En definitiva, la idea de necesidad sólo implica dos cosas: De ella se sigue,
por un lado, la eternidad, porque nada necesario puede empezar a ser o dejar de
ser; por el otro, se deriva la omnipotencia, ya que lo que es necesario no
depende de nada, sino que todo depende de él. Estos atributos, eternidad y
omnipotencia, corresponden a Dios.
II.
Según
Wittgenstein, pensar en un hecho posible ya es "pensar el hecho". Se
mantiene que la existencia de Dios es posible, desde el momento en que no
entraña contradicción. Luego al pensar en Dios, o en la idea de Dios, pensamos
el hecho de su existencia. Ahora bien, no podríamos pensar tal cosa en base a
los datos que nos ofrecen los sentidos, ni limitarla a un ámbito temporal
determinado (como sucede en el resto de casos), de modo que aquella existencia
nos viene impuesta por una suerte de necesidad lógica implícita al hecho de
pensarla. O, en otras palabras, podemos pensarla porque existe como hecho;
"hecho" no sólo posible (en el tiempo), sino inevitable (fuera del
tiempo).
III.
No es que de la
idea pretenda pasar a la realidad, sino que, por su naturaleza, tal idea no se daría
si no nos viéramos obligados a presuponer la realidad que manifiesta. Y si la
idea se da, como efectivamente se da, es que dicha realidad -Dios- existe.
Es decir, la música no tiene ninguna propiedad intrínseca a partir de la cual
pudiéramos descubrir que poseemos oídos. Pero, si escuchamos música sin
necesidad de imaginarla, es que los poseemos.
No dudáis cuando véis, pero dudáis cuando pensáis. Si pensarais, dudaríais
cuando vierais; y si vierais, no dudaríais cuando pensarais.
IV.
Moredank, te he cogido ya varias
veces en falta y, lejos de reconocer tus errores, me exiges que te demuestre lo
que está bien establecido, sin molestarte por ello en señalar ninguna debilidad
en mi razonamiento. ¿Cómo quieres que me corrija, si no me orientas? Ésas son
para mí pruebas más que suficientes de tu mala fe en esta discusión.
Está claro que las demostraciones lógicas no te sirven, o no las entiendes, ya
que eres incapaz de criticarlas. Así que, como medida desesperada, si te parece
bien someterte a un pequeño ejercicio de mayéutica, me gustaría que
respondieras a estas preguntas con la máxima coherencia:
1) ¿Qué es para ti el ser y qué lo necesario, en base a definiciones
positivas?
2) No cabe duda de que podemos decir lo imposible, por ejemplo, "A
= no A". Ahora bien, ¿podemos pensarlo? Si así fuera, ¿qué distinguiría a
lo posible de lo imposible y a lo pensable de lo impensable?
3) ¿Puedes pensar en el ser necesario? ¿Es posible pensarlo como
inexistente? ¿Eres capaz de concebir que algo impensable sea? Contesta sí o no.
Si la esencia del ser es ser pensable y lo que no es no puede ser pensado, sólo
podemos pensar lo que es. Pero no todo lo que es existe (existir es siempre ser
ahora), ya que, si se trata de una sucesión compleja e irrepetible de acontecimientos,
puede haber existido en el pasado o llegar a existir en el futuro, sin carecer
por ello de ser en el resto de momentos.
Sin embargo, lo que es y es simple, por ser único y carecer de partes que lo
dividan (resulta superfluo multiplicar los entes sin necesidad), siendo además
fuera del tiempo, por ser necesario en términos absolutos y distinto a lo
pasible, esto es, a lo que es por otro (que, en tanto que móvil y múltiple,
integra el tiempo y el espacio), ese ser, digo, no puede más que existir
invariablemente y al margen de cualquier circunstancia, suponiendo que sea
pensable. Sólo si existe es pensable, y sólo si es pensable existe. ¿Qué
objeciones planteas, pues, al argumento y a su conclusión?
Sobre Dios y su demostrabilidad: La crítica científica de lo sobrenatural es aplicable a todos los dioses fenoménicos, es decir, a las supuestas potencias naturales dotadas de voluntad libre y, en consecuencia, inexplicables por sí mismas (léase: los dioses panteístas de los cultos idolátricos). Ahora bien, esta crítica no afecta al Dios nouménico y trascendente de los monoteístas, que ni participa de la materia, ya que es pura forma (pero no “la forma de todo”, como quería Spinoza), ni de ordinario actúa sobre ella Deus ex machina.
Sobre la carga de la prueba: No hay ninguna demostración que el ateo considere válida, y es porque sus nociones de "Dios" y "demostrar" son confusas. Ahora bien, no digo que podamos demostrar que Dios existe, ya que su misma noción es en buena parte incomprensible, pero sí que tal existencia debe predicarse. Es decir, una cosa es demostrarlo, ofrecer pruebas, y otra es predicarlo como axioma que no requiere pruebas, pero de cuya no postulación se sigue un absurdo.
Lo único que podría destruir esa pretensión creyente o teísta sería un razonamiento que mostrara que la fe se opone frontalmente a la verdad. Pero no existe tal razonamiento, y que ignoremos algo no significa que sea evidentemente falso. "Si es dudoso, es falso": ésa es la falacia cartesiana.
Sobre el conocimiento moral: Dios es el único fundamento posible de la moral, y sin moral el mundo de lo visible y lo invisible se hace trizas. Toda acción tiene una única valoración moral; luego, las que nosotros efectuamos a título subjetivo no son más que visiones parciales, distorsionadas o sencillamente erróneas de ese único modelo aplicable en cada caso. Las matemáticas no son opinables, excepto tal vez desde nuestra ignorancia. Con la moral sucede lo mismo, tengamos o no conciencia de ello.
Imaginar infinitos sistemas morales supone que haya uno o infinitos por cada individuo. Es decir, la anti-moral, porque la moralidad es el resultado de la sociabilidad humana, y sin una problemática previa de interacción, reducida al solipsismo, se vuelve completamente vacua.
9.8. La falacia de “la
falacia de la composición”
I.
Escribieron:
<< Es evidente que existe algo y siempre ha existido algo y siempre
existirá algo >>.
A lo que contesté:
No tiene nada de obvio, a no ser que estés afirmando la siguiente perogrullada:
"Siempre que el tiempo existe, el tiempo existe". Pero que el tiempo
y la materia sean eternos, sin comienzo absoluto, está por demostrar. Vemos que
todo en la Naturaleza tiene un comienzo, y que ésta no supone en sí nada
distinto a sus partes, sino que es el nombre con el que nos referimos al
conjunto de las mismas. ¿Por qué le dais, pues, propiedades exorbitantes,
cualitativamente diferenciadas?
II.
Otro participante tercia:
<< Se suele decir que todo lo que vemos sale de algo, y por tanto el
Universo también debe salir de algo. Eso es una “falacia de la composición” en
filosofía: Si las partes de algo tienen una propiedad, el todo debe tenerla.
Eso es falso, no es verdad. Por ejemplo: Ninguna de las partes de un coche “es
un coche”... Sólo el conjunto tiene la propiedad de ser un coche (y sólo en
determindas condiciones), las partes no. Lo mismo en cuanto a “ser partes”.
Sólo las partes de un coche tienen esa propiedad. El conjunto del coche no
>>.
Por último, contesto:
¿Qué forma de argumentar es ésta? Admito que no lo había leído, y a fe mía que
es de órdago. Veamos: Si las partes de un coche son de hierro, entonces el
coche (al menos parcialmente) es de hierro. La opción opuesta es
contradictoria, ya que supondría que algo es y no es parte del todo, o que el
todo es y no es la suma de sus partes.
Con respecto a que sólo al conjunto del coche se le puede llamar tal, de
acuerdo. Lo que aquí se procura demostrar es que las propiedades de las partes
deben ser poseídas por el todo, pero no necesariamente a la inversa. MoredanK
refuta al hombre de paja y cree haber logrado un gran triunfo.
Pero hagámosle un favor al chico y ofrezcamos una analogía algo más afortunada
(no mucho) que la que él emprende. Russell objeta a Copleston, que esgrimía
contra él el argumento leibniziano de la contingencia, el hecho de que "Si
bien todo hombre tiene una madre, la humanidad no tiene por qué tenerla".
En este caso yo le preguntaría a Russell: ¿Qué es "la humanidad"? Sin
duda, la suma de todos los hombres, paridos por sus respectivas madres. ¿Puede
decirse entonces con derecho que la humanidad "no tiene madre"?
Rotundamente no. ¡Por supuesto que la tiene!, pero no la idea abstracta de
humanidad, sino aquello que representa; es decir, tiene tantas madres como
humanos. Que no tenga una sola madre es irrelevante, y de hecho en mi anterior
mensaje hablo de una diferencia cualitativa -como lo sería el paso de la
contingencia a la necesidad- y no meramente cuantitativa, como la que da el
amigo Bertrand en su ejemplo. Ya que el todo es, por definición, mayor que sus
partes.
9.9. Límites de la pregunta por la causa primera
Más adelante leo:
<< Supongamos que el Universo sale y que la única explicación posible
es Dios. ¿Nos explica algo esto? Por ejemplo ¿de dónde sale Dios? y ¿porqué
hizo el Universo? [si se me responde con alguna característica o deseo de Dios:
¿porqué tenía esa característica o deseo?] >>.
Respondo:
Supón mejor que tienes un vaso lleno de agua y que, al inclinarlo, se derrama.
¿Por qué se derrama? Diremos: Porque el vaso puede inclinarse y es inclinado, y
el agua derramarse y es derramada. Ahora bien, ¿por qué motivo el vaso puede
inclinarse y el agua derramarse? También resulta sencillo de resolver: Porque
el vaso es un objeto móvil y el agua (contenida en él) es un elemento fluido. Un
preguntador pesado y semiestúpido procedería con más preguntas del estilo de
"¿Por qué el vaso es móvil?" o "¿Por qué el agua es
fluida?", y se le darían otras tantas explicaciones para satisfacerle.
Tarde o temprano debería parar de preguntar, pues de lo contrario se estaría
arriesgando a parecer totalmente inepto u obstinado: la propia navaja de
Ockham, si sabe usarla, ha de servirle como guía para distinguir lo superfluo
de lo requerido.
Concluyo: Algo así les sucede a los ateos con Dios: la razón ya está dada, pero
ellos -falsos escépticos- no cesan de fingir que la buscan.