No olvidemos jamás que al ingresar a la fraternidad masónica hemos dejado de ser turbamulta ciega e inconsciente. Se nos ha dado una luz, y no podemos alegar que vamos a obscuras por nuestro camino.
El hombre, para ocupar su lugar en el concierto de la vida universal, debe saber en primer lugar quien es, de dónde ha venido y hacia dónde va.
Debe saber su origen y su destino, conocimiento que lo llevará a comprender claramente la Ley de Solidaridad, o sea, la necesidad absoluta de unión y armonía entre todos los seres de la creación, para conquistar esa estrella mágica que todos anhelamos y que es la felicidad. Conscientes de que el poder del hombre que aspira a superarse no reside en el conocimiento de las cosas exteriores, sino en el perfeccionamiento de su yo interior; insistiremos en la práctica constante de los nobles y elevados principios masónicos, a través de los cuales, el hombre puede lograr su entonamiento con el Gran Arquitecto del Universo, para que la armonía y el verdadero sentimiento de Fraternidad reine entre todos los hombre.
Hacemos votos al Gran Arquitecto del Universo para que la Paz profunda reine en vuestros corazones.