Sin lugar a dudas por nuestra mente ha cruzado alguna vez la pregunta, ¿Por qué estoy en la masonería? ¿Qué es lo que retiene en ella? A estas preguntas le hemos dado diferentes respuestas y probablemente ninguna nos ha sido satisfactoria.
Pero siempre hay algo intangible, algo indefinido que no sabemos que es, pero nos conduce siempre adelante; llegamos aquí respondiendo a una llamada interior que no comprendemos; aquí encontramos tradiciones que se han trasmitido de generación en generación, enlazando el pasado, el presente y el porvenir; y como principal componente, hombres libres y sanos principios morales, los cuales forman un lazo que los une en torno al G.'.A.'.D.'.U.'.
Al hincarnos, vislumbramos la verdadera luz y entramos a un proceso que posteriormente nos conducirá a la perfección y ello redundará en beneficio de nuestra familia y de nuestros hermanos en general. Por lo tanto, la ejecución de nuestros actos va a demostrar que la verdad, la razón, la equidad, la fraternidad y la libertad las debemos de aplicar, enseñar y promover, para que el buen entendimiento y la armonía reine en el medio en el cual nos desenvolvemos.
La no-aceptación o la no-práctica de estos preceptos morales nos conducen a tener una base inestable y en consecuencia vamos a retirarnos de nuestro objetivo para el cual recibimos la luz verdadera.
Por lo tanto los deberes y la educación que el masón se impone, son siempre prácticos, ya que sus convicciones lo conducen a orientar siempre sus enseñanzas por el camino de la prudencia y de la discreción.
Efectivamente hermanos, nosotros no solo debemos de conocer los principios, normas y lineamientos que emanan de nuestra augusta institución, sino llevarlos a la práctica real y efectiva, ya que esto conduce a incrementar los lazos de unión para que germinen la libertad, la igualdad y la fraternidad.
Rodolfo Jaime González
M.'.M.'.