Sólo a manera de brevísimo
apunte, ya que se trata de una problemática ajena a la biblia, indicaremos lo siguiente:
a. El judío y el cristiano tienen un concepto
positivo de la creación, de la materia, del mundo etc.... Los salmos celebran
repetidamente al Dios creador; la naturaleza lleva la impronta de su poder.
b. Hay igualmente una fuerte conciencia de la
relación entre la naturaleza y el hombre. Este tiene el derecho de dominarla, de servirse
de ella (los animales son designados, a veces, como "los que sirven al hombre").
Ella sigue la suerte del hombre, que con su pecado la deteriora (Gn 3,17: "maldita
será la tierra por tu culpa"), pero, cuando él sea plenamente salvado, también
ella "participará de la gloria de los hijos de Dios" (Rm 8,21). Para los
tiempos de la salvación total se espera "un cielo nuevo y una tierra nueva" (Ap
21,1).
c. La biblia en su conjunto no justifica tendencias
vegetarianas, como algunos intentan defender últimamente. Gn 1,29-3O forma parte de una
narración muy particular, y queda suficientemente contrapesado por la posterior
legislación respecto de animales puros e impuros, comestibles o no. La cena pascual es
cena de carne.
d. En el cristianismo paulino debe de haber habido
algunos movimientos "escrupulosos" (cf.1Cor 8,4ss; 1O,25ss), que el apóstol
intentó atajar de raíz (ya Jesús había declarado "puros todos los
alimentos": Mc 7,19). Posteriormente se dio en iglesias de herencia paulina alguna
tendencia encratita (cf.Col 2,21-23; 1Tim 4,3-5), que fue igualmente condenada por los
maestros del momento.
e. Ciertamente la biblia ama más la frondosidad que
el desierto, de modo que, para la época mesiánica, se espera que "se convertirá el
desierto en un edén" (Is 51,3), pero no se encuentra el menor lamento, por ejemplo,
sobre la tala de cedros realizada por Salomón para su templo y palacio. No parece existir
ninguna perspectiva de que la generación del momento pueda privar del disfrute de la
creación a la generación que la seguirá; no hay clara conciencia de que los recursos
naturales con limitados.
Por todo esto, la biblia no nos proporciona de
manera directa unos criterios de lo que hoy se llama "ecología" y de la actitud
ética correspondiente. Nos da, eso sí, unos ojos que contemplen el mundo como criatura y
regalo de Dios, destinado a ser glorifica junto con el hombre; quiere que éste sea señor
de la creación y no al revés; y, por supuesto, sabe que los recursos naturales
pertenecen a toda la humanidad, y no a unos pocos. |