1. UNA DIMENSIÓN SIEMPRE PRESENTE EN LA VIDA DE LA CONGREGACIÓN
1. Mirando hacia atrás
Aunque no se haya expresado explícitamente con este nombre, el compromiso por la justicia y la paz y el empeño por construir una sociedad justa, que encarne los valores de Evangelio, ha estado siempre presente en la historia misionera de la Congregación. Baste recordar el trabajo denodado de nuestros misioneros en orden a la promoción social de muchos de los pueblos a los que fueron enviados. El trabajo con los inmigrantes, por ejemplo, en un momento en que no eran objeto de atención por parte de nadie a no ser por aquellos que los explotaban injustamente, marcó el comienzo de algunas de nuestras fundaciones; se les anunció el Evangelio y se les ayudó a mejorar las condiciones de vida. La presencia evangelizadora entre el mundo obrero, aunque tímida, supuso la apertura de nuevos caminos de evangelización para algunos claretianos. Muchos claretianos, a través de la predicación o la tarea educativa, intentaron trasmitir aquellos valores que son fundamento de una sociedad justa y fraterna, ajustada a los criterios evangélicos. Podríamos seguir el elenco. No hace falta.
No cabe duda, sin embargo, que ha habido también muchas ambigüedades. Unas, quizás, fruto de la mentalidad de la época; otras, fruto de la falta de visión o de una excesiva connivencia por nuestra parte con los poderes constituidos. No podemos negar que, a lo largo de nuestra historia, existen episodios y actitudes que no se ubican en la línea de una opción clara por la defensa de los derechos humanos y de los pueblos, o, por lo menos, en los que los protagonistas se muestran reticentes a tomar postura frente a los poderosos de turno.
De todos modos, se puede hablar de un balance positivo. Y no puede ser de otro modo, tratándose de una comunidad, como la nuestra, entregada al anuncio del Evangelio, que ha procurado vivir siempre en una gran cercanía al pueblo.
2. Una nueva conciencia evangelizadora
Todos somos conscientes de la renovación que supuso para la Iglesia el Concilio Vaticano II. Fue un paso poderoso del Espíritu por su Iglesia, preparada para ello, tanto desde el magisterio, como por una reflexión teológica y una praxis pastoral en busca de nuevos caminos.
La Congregación asumió la llamada conciliar y puso en marcha un serio proceso de renovación, que muchos de nosotros hemos vivido paso a paso. La relectura del carisma, la renovación de la vida misionera, de la comunidad y de la formación, los nuevos planteamientos apostólicos y el nuevo proyecto misionero de la Congregación. Todo ello se expresó a través de las Constituciones renovadas y de los documentos de loa diversos Capítulos Generales. Dentro de este proceso ha ido cobrando cada vez más relieve el tema de la Justicia y la Paz.
El proceso de renovación eclesial y la nueva conciencia evangelizadora que surgió con fuerza, tanto en la Iglesia universal como en las iglesias continentales, han sido como los puntos de referencia en el camino recorrido por la Congregación durante esos años. El Magisterio y la praxis pastoral de éstas iglesias particulares, sobre todo a nivel continental, han ejercido un poderoso influjo en nuestra propia reflexión y en la organización del trabajo de Justicia y Paz dentro de la Congregación.
Existe, además, otro elemento muy importante. La apertura al mundo nos pone en contacto con toda una serie de experiencias y grupos que, desde ideologías diversas, trabajan por la dignidad de las personas y de los pueblos. El contacto con todos ellos supone un revulsivo muy fuerte para nuestro propio compromiso en favor de la justicia, de la paz y de la ecología. Progresivamente nos hemos abierto a la colaboración. También es ciertamente importante la nueva conciencia que, a nivel cultural, nace y crece en torno al tema de los derechos humanos. La Declaración Universal de los Derechos Humanos del año 1948 constituye un punto de referencia obligado para la mayoría de los habitantes de nuestro planeta. A este hecho se ha sumado recientemente una creciente conciencia ecológica por parte de muchas personas.
Todo ello constituye el marco donde ubicar las referencias que, en torno al tema de Justicia, Paz e Integridad de la Creación, vamos a ir encontrando en los documentos capitulares del período posconciliar.
2. EL CAPÍTULO DE 1967
La mención explícita del tema de Justicia y Paz es muy limitada en los documentos de este Capítulo. La preocupación principal giró en torno al tema de la relectura del carisma y de la puesta en marcha de un proceso de renovación que asumiese las directrices del Concilio Vaticano II. Recojo las citas principales en torno a nuestro tema.
2.1. Decreto sobre el Patrimonio espiritual de la Congregación
Se da una sensibilidad fuerte hacia las situaciones de marginalidad que se descubren en el mundo y se afirma que este fenómeno no puede dejar indiferentes a los miembros de la Congregación, como no dejó indiferente al Fundador. En el número 53 de este documento se dice: "El espíritu del Fundador y la situación de la iglesia en el mundo contemporáneo piden una atención particular a la evangelización de los pobres y al apostolado social en todos los sectores de la sociedad".
2.2. Decreto sobre el apostolado
Es en éste documento donde el tema encuentra su espacio natural. Se parte de la afirmación de un principio básico, de importancia capital para la comprensión de nuestra misión como servidores de la Palabra: "Apostolado es toda contribución al Reino de Dios" (1AP 1). Es un paso adelante muy importante en la comprensión del apostolado de la Congregación, que invita a abrir nuevos caminos de anuncio y testimonio de esa realidad gozosa que Jesús anunció: el Reino de Dios. El posconcilio va a ser testigo de una gran creatividad en la creación de nuevos apostolados que van a enriquecer las expresiones del carisma congregacional.
Haciéndose eco del la Constitución conciliar GAUDIUM ET SPES, el Capítulo afirma "que no hay nada verdaderamente humano que no encuentre eco en nuestro corazón", y que nuestro carisma misionero nos obligará a esforzarnos "a dar cristiana solución a todos los problemas de nuestros hermanos los hombres (cf AG 10)". Todo esto lo encontramos en el número 7 del decreto sobre el Apostolado.
En el número 9 se hace un llamamiento a integrarnos en la pastoral de conjunto, también en este campo del apostolado social. Y, en el número 33, el Capítulo pide asumir como destinatarios de nuestra misión a los desplazados e insinúa ya una primera referencia a lo que, más tarde, se llamarán "comunidades de inserción".
Pero es en el número 35 donde se encuentra la referencia más clara a nuestro tema: "El campo de lo social: Debemos abordar apostólicamente el campo actualísimo de lo social: tanto en la orientación del pensamiento y formación de conciencias como en la reforma decidida de nuestro propio testimonio; tanto en los criterios con que aceptemos las fundaciones y ministerios como en le modo de llevarlos a cabo, para realizar la obra de justicia bajo la inspiración de la caridad (GS 72; cf. Populorum Progressio). Me parece importate hacer notar que la frase del documento capitular afirma con claridad que el compromiso por lo social -se hablaba de este modo- no sólo es un elemento a asumir en nuestro trabajo, sino también en nuestra propia vida y organización comunitaria y congregacional.
2.3. Decreto sobre las Misiones a no-Cristianos
En este documento encontramos un par de referencias. La primera, un poco ambigua, invita a la cooperación a las obras de desarrollo humano y social de los pueblos en que se hallan situadas nuestras misiones (cf. Mi 19). La ambigüedad le vendría de "la colaboración con las autoridades civiles", sin matizarla críticamente, ya que, como muy bien conocemos, no siempre dichas autoridades se mueven por principios de justicia y equidad. De todos modos, la indicación es válida y apunta a un aspecto importante de la misión. En el número 35, se hace un llamamiento a apoyar a todos aquellos que trabajan por el bien del pueblo, abriendo un horizonte muy hermoso de ecumenismo y macroecumenismo.
2.4. Decreto sobre la educación cristiana
Una pequeña referencia en este documento la encontramos cuando habla de formar en los valores y procurar educar hombres que vivan para el apostolado. De todos modos, el tema de Justicia y Paz o de lo social no es contemplado directamente en el decreto sobre la educación cristiana, lo cual no significa que no se tuviese en cuenta en la praxis pastoral de nuestros centros educativos.
3. CAPÍTULO GENERAL DE 1973
El Capítulo reflexiona, sobre todo, el tema de la comunidad claretiana como comunidad para la misión. Se hace una evaluación de los primeros seis años del proceso de renovación congregacional y se procura abrir nuevos horizontes a la vida misionera de la Congregación y de cada uno de sus Organismos. Veamos rápidamente las referencias al tema de Justicia y Paz que aparecen en los documentos capitulares.
3.1. Carta abierta a la Congregación
El Capítulo escribe una carta abierta a la Congregación en la que se abordan algunos temas generales del proceso de renovación. En el numero 35 de la misma se pide claramente "nuevas formas de presencia y anuncio de la Buena Nueva a los pobres, a los marginados, a los que padecen la injusticia..."
3.2. Decreto sobre la Vida religiosa
En los números 15 y 16 de este decreto encontramos unas indicaciones sobre la resonancia que los fenómenos de la secularización y la liberación deben encontrar en nuestra propia vida como consagrados. Por una parte, analizando la implicación del fenómeno de la secularización en la vida religiosa, el documento capitular invita a un esfuerzo serio de participación en las empresas humanas desde una clave de Reino (2VR 15). Por otra parte, en una reflexión sobre el fenómeno de la liberación en la vida religiosa, el Capítulo hace un llamamiento a la denuncia y al compromiso en favor de los pobres (2VR 16). No se trata solamente de acciones a realizar, sino de aspectos que tienen que ver con lo más nuclear de nuestra vida consagrada y del testimonio de las Bienaventuranzas que nuestra comunidad está llamada a ofrecer.
En el número 54 se insiste en que el espíritu claretiano exige una preferencia por los pobres y se invita a denunciar cualquier forma de injusticia social.
3.3. Decreto sobre el apostolado
En este decreto cabe resaltar que se asume muy explícitamente el contexto social a la hora de plantear el proyecto apostólico de la Congregación. Es una de las nuevas aportaciones de este Capítulo. Se habla claramente del desafío que supone la proclamación del Evangelio en medio de "estructuras injustas y sistemas alienantes" (2AP 3).
En la parte programática, se subrayan algunos aspectos interesantes:
· la fuerza condenatoria de las injusticias que comporta la misma proclamación del Evangelio (78)
· se pide no sólo la denuncia de los pecados personales, sino de las situaciones que lesionan la dignidad de los hijos de Dios (79)
· se dan unos criterios para orientar el trabajo pastoral en línea liberadora:
Ø El discernimiento de lo auténtico del pueblo como primer camino de liberación
Ø La búsqueda continua de los medios aptos para tal liberación
Ø El compromiso con los hermanos en esos medios liberadores (80).
En el n. 82 se habla todavía de la relación entre evangelización y promoción humana, y, en el 84, al señalar los sujetos pasivos de nuestra evangelización, lo hace desde la perspectiva de los pobres y marginados.
3.4. Decreto sobre la formación
Al presentar "algunos principios de orientación formativa", se afirma, entre otros elementos, que "la formación integral del claretiano deberá asumir de alguna manera la sensibilidad cultural, socioeconómica y política de la sociedad actual" (2F 10). Ello se presenta como una exigencia de la dimensión profética de nuestro carisma.
4. CAPÍTULO DE 1979
El Capítulo de 1979 presenta una novedad respecto a los anteriores. La Congregación se da un proyecto misionero, que abarca, global y articuladamente, todos los aspectos de nuestra vida misionera: la espiritualidad, la comunidad, la formación, el apostolado, la economía y el gobierno. El documento "LA MISIÓN DEL CLARETIANO HOY", después de analizar la realidad del mundo y de presentar una relectura del carisma misionero claretiano dentro de la nueva conciencia evangelizadora de la Iglesia, explicita unas opciones misioneras que deben marcar indeleblemente todas las acciones apostólicas de la Congregación. No se habla ya de estructuras pastorales, sino de opciones de fondo y de destinatarios preferenciales. Las opciones deberán informar cualquier obra y ser criterio de su "claretianidad"; y las obras deberán responder a los destinatarios preferenciales, que habrá que concretar en cada lugar y circunstancia. El tema de Justicia y Paz está ya muy presente, aunque no se use excesivamente la expresión.
El punto de partida de la MCH es importante: la Congregación se deja cuestionar por la situación del mundo de hoy, sobre todo por la situación de las personas (MCH 4). Los puntos que se aportan en el análisis de la realidad nos hablan de una gran sensibilidad social y nos demuestran una ubicación congregacional clara entre los que sufren las consecuencias de un orden injusto. En este sentido el compromiso por adecuar este orden a las exigencias del Evangelio estará presente, aunque sea implícitamente, en todo el documento. Se nota ya la preocupación ecológica como preocupación de justicia y como un aspecto a tener presente en la tarea evangelizadora (MCH 13). En uno de los títulos de la parte analítica del documento se recoge muy bien el tema que nos ocupa: "El difícil quehacer de la convivencia en justicia y paz" (MCH 17)
Se afirma con toda claridad que la iglesia "toma partido por quienes sufren marginación u opresión y se pone al servicio de la humanidad que aspira a una convivencia más justa y ordenada". Me parece importante subrayar este aspecto porque, con demasiada frecuencia, con el recurso a una pretendida "neutralidad", parece que nos queramos eximir de tomar la responsabilidad que nos corresponde como seguidores de Jesús en radicalidad. Al mismo tiempo, esta afirmación descalifica a aquellos que toman partido por modelos sociales, políticos o económicos que no favorecen a aquellos por quienes la iglesia ha tomado partido. En el número 25 se insiste: "Estas implicaciones entre justicia y evangelización nos afectan como claretianos, de modo que no podemos permanecer indiferentes ante situaciones que contradicen el plan del Creador, la filiación divina y la fraternidad humana. Como religiosos, no podemos desoír el clamor de los pobres, ni olvidar a la justicia que ha de ser un elemento interior a la práctica de la pobreza consagrada". (MCH 25).
En el número 100, el documento resume la reflexión de la iglesia sobre este particular, asumiéndola como punto de referencia obligado para re-interpretar en este momento histórico nuestro carisma evangelizador. El número acaba recogiendo la palabras de la introducción del Sínodo de 1971 sobre la Justicia, que son de una claridad meridiana: "La acción en favor de la justicia y la participación en la transformación del mundo se nos presenta claramente como una dimensión constitutiva de la predicación el Evangelio, es decir, de la misión de la Iglesia para la redención del género humano y la liberación de toda situación opresiva". Es éste un campo donde los laicos tienen una misión muy específica que habrá que respetar y apoyar (cf MCH 115).
Más tarde, al hablar de las características de nuestro seguimiento de Jesús en una comunidad evangelizada y evangelizadora, se van leyendo la consagración, la comunidad y los votos también en clave social. Me parece un aspecto a tener en cuenta y que merecería una meditación más profunda por nuestra parte (cf MCH 149).
La explicitación de las opciones de misión constituye la parte nuclear del documento, porque da forma programática a la reflexión hecha hasta ese momento. Dos de ellas inciden más directamente en el tema de Justicia y Paz, aunque las hemos de comprender las cinco de una manera global e interrelacionada.
La opción por una evangelización profética y liberadora se sitúa caramente en esta línea. Se habla de "llevar la luz del Evangelio con todo su contenido de denuncia y de anuncio salvador"; de "aceptar los riesgos" que comporta una opción de esta índole; de nuestro compromiso por "solidarizarnos" con la angustias y las luchas de aquellos a quienes hemos sido enviados; de nuestro propósito de "trabajar para acabar con la injusticia" (cf MCH 169-172).
La opción por una evangelización desde la perspectiva de los pobres y necesitados nos orienta igualmente hacia una acción decidida por la Justicia y la Paz. La situación de los pobres y oprimidos nos da la perspectiva desde la que proclamar el mensaje y el punto de referencia para conformar nuestra vida y programar nuestra acción pastoral. Conversión, revisión y búsqueda de nuevos caminos evangelizadores serán consecuencias lógicas de esta opción. Ella comporta una vivencia seria de la pobreza religiosa, condición indispensable para alcanzar la libertad de espíritu que requiere vivir esta opción que se expresa con tanta contundencia (cf MCH 173-176).
Se insistirá todavía en la misma línea al señalar a los pobres como destinatarios preferenciales de nuestra acción apostólica. Ello implica ciertamente presencia entre ellos y asunción seria de su causa en nuestros proyectos pastorales. El desplazamiento hacia los empobrecidos, de que se hablará abundantemente después en la Congregación, es una consecuencia normal de estos principios (cf MCH 183-184).
En la última parte del documento, donde se señalan algunas líneas de programación, se insiste en la necesidad de realizar análisis serios de la realidad donde se tengan en cuenta también los factores sociales, económicos, políticos y culturales (cf MCH 201-204). Y todavía una última llamada a nuestras comunidades situadas en el llamado primer mundo para que sean "centros de solidaridad, de fraternidad, de comunión y de encuentro del sentido de la vida" (MCH 226). Ningún claretiano, esté donde esté, puede eximirse del compromiso por la Justicia y la Paz, pues perdería su identidad como evangelizador.
5. CAPÍTULO DE 1985
El Capítulo de 1985 retoma la temática de la renovación posconciliar y, en particular de la MCH, y plantea la necesidad de asumir personalmente el proceso que está viviendo la Congregación. La persona del Claretiano, siempre entendido como miembro de una comunidad misionera, centra la atención del Capítulo que intenta ofrecer unas orientaciones concretas para personalizar, y naturalmente dinamizar, el proceso de renovación. No son excesivas las referencias al tema de Justicia y Paz, aunque aporta algunos acentos iluminadores.
En el número 29 denuncia la falta de análisis técnicos y críticos en nuestros proyectos pastorales, lo que hace difícil una respuesta significativa a los desafíos de nuestro mundo. El documento plantea el tema de la revisión de las estructuras económicas y, en el número 39, reconoce que la pobreza que existe hoy en nuestro mundo debería inquietarnos más profundamente, y nota que "esta realidad no logra cuestionar suficientemente nuestro estilo de vida, nuestras viviendas e inmuebles, nuestros recursos económicos y el empleo que de ellos hacemos, nuestras seguridades, nuestra misma estructura y organización económica, desde el nivel local al general" (CPR 39). Esto trae como consecuencia una gran limitación en la acción en favor de la Justicia y la Paz.
En el número 68, dentro del tema formativo que el documento trata en diversos momentos, pide una formación inicial y permanente que eduque la sensibilidad ante los problemas de la justicia y la paz. Y propone integrar en los programas de renovación experiencias que motiven la apertura a la realidad (cf CPR 70).
El tema de las comunidades de inserción aparece con fuerza: "Cada Organismo, sobre todo los ubicados en el tercer mundo, plasme en realizaciones concretas nuestra opción misionera por los pobres, creando en el futuro un mayor número de comunidades insertas entre ellos, que compartan realmente su situación y los acompañen en sus esfuerzos de promoción y liberación, haciendo que cada claretiano actúe desde la perspectiva de los pobres y sea un abogado creíble de su causa" (CPR 80). Y a los claretianos que trabajan en el primer mundo les dice que den un nuevo rostro a su ser misionero frente "al mundo de la marginación y de la droga y en solidaridad con los movimientos de defensa de la vida, de los derechos humanos, de la paz".
El Capítulo llama a potenciar nuestra presencia en Asia y África, y añade: "en aquellos países donde el pueblo sufra regímenes totalitarios seremos testigos del Dios vivo y liberador" (CPR 82)
6. CAPÍTULO DE 1991
El Capítulo de 1991 retoma el proceso de renovación congregacional y afirma su total consonancia con nuestro carisma de servidores de la Palabra. Desde este punto nuclear de nuestra identidad, lanza un llamamiento a hacer de la Palabra de Dios el verdadero centro y motor de nuestra espiritualidad, de nuestra comunidad y de nuestra acción evangelizadora. El Capítulo ofrece numerosas líneas de acción y sugerencias prácticas que deben inspirar la programación de los Organismos mayores y las comunidades.
Hay un primer momento de análisis de la realidad, que constituye ya una praxis adquirida en este tipo de documentos. Recojo simplemente algunas de las orientaciones prácticas que tienen que ver más directamente con el tema de Justicia, Paz e Integridad de la Creación:
· "Iluminar y promover iniciativas que abren caminos al Reino de Dios por la proclamación de la fe, la vivencia del Evangelio, la defensa de la vida, la justicia, la solidaridad, la paz, colaborando así en la instauración de un orden social más justo" (SP 10.1.)
· "Servir a la Palabra optando por el acompañamiento preferencial de quienes viven en situaciones de miseria y opresión y de quienes están en la increencia o han perdido el sentido de la vida" (SP 10.2.)
· "Escuchemos la Palabra de Dios en la oración personal, en los acontecimientos de la historia, en las culturas y en la vida de los pueblos, en sus silencios y en sus clamores" (SP 16.1)
· "Identifiquémonos con los pobres, sin lo cual es difícil entender y anunciar la Palabra de Jesús" (SP 16.4)
· "Experimentamos con frecuencia las dificultades de nuestro ministerio, porque transmitir un mensaje de anuncio y denuncia en situaciones conflictivas de increencia, de injusticia, de alienación o de muerte, es siempre peligroso y arriesgado." (SP 17).
· "En estos años, los claretianos nos hemos sentido acuciados por el panorama de las mayorías empobrecidas y oprimidas, que viven en condiciones infrahumanas. Esta situación nos impulsa a reiterar con más fuerza todavía nuestra opción congregacional por los pobres..... La palabra profética no pude ser neutral, sino que reviste ineludiblemente una dimensión política; y nunca -si es auténtica- estará al servicio del ídolo el poder". (SP 20).
· "Debemos promover una auténtica inserción entre las masas pobres y empobrecidas, para ser signos del Reino". (SP 20.2)
La tercera parte del documento capitular se centra en una reflexión sobre cada uno de los Continentes donde la Congregación está presente. De cada uno de ellos se presentan los desafíos más destacados y para cada uno se proponen algunas líneas de acción. Entre los desafíos aparecen repetidamente aquellos que tienen relación con las realidades sociales de esos pueblos y que obligan a un compromiso claro en favor de la justicia, la paz y la integridad de la Creación. Recogemos las líneas de acción más significativas en relación al tema de Justicia, Paz e Integridad de la Creación:
· ÁFRICA: "En el servicio misionero de la Palabra, a través de nuestra predicación, nos comprometemos a defender los derechos humanos, a promover la solidaridad frente al tribalismo y a sensibilizar a la sociedad sobre la dignidad de la mujer" (SP 25.1).
· AMÉRICA LATINA: "Seguir desplazando nuestras posiciones hacia los pobres y las etnias marginadas con procesos serios de inserción e inculturación" (SP 27.3)
· "Comprometernos en la iniciativas de defensa de la vida y los derechos humanos y las causas de justicia y paz, abandonando toda neutralidad cómplice" (SP 27.6)
· "Acompañar los procesos de liberación de nuestros pueblos a través de sus propias organizaciones. Alentar su educación para la democracia y su participación política" (SP 27.7)
· ASIA: "El apoyo a los movimientos significativos que están trabajando por la construcción de una sociedad más justa y solidaria" (SP 29.6)
· EUROPA: "Cultivar una solidaridad real con los "excluidos" del proceso de desarrollo de Europa y con los países más pobres. Para ello: renovaremos y favoreceremos la pastoral de emigrantes y crearemos comunidades de inserción, también laicales, orientando a los jóvenes cristianos a optar por una presencia mayor entre los podres; educaremos y evangelizaremos desde y para la justicia y la paz, realizando compromisos significativos en este sentido; seguiremos ayudando a nuestras zonas de misión y consolidaremos las procuras misionales" (SP 31.4)
· AMÉRICA DEL NORTE: "Hemos de promover la concientización de la sociedad sobre los problemas de la familia, la violencia y el crimen en los barrios, la droga, el racismo y el sexismo, usando los medios de comunicación social y colaborando con otros agentes que trabajan por el cambio social" (SP 33.3)
7. EL CAPÍTULO DE 1997
Repasemos ahora el EMP buscando en el mismo la referencias al tema que nos ocupa. Primeramente, hemos de tener en cuenta que toda la reflexión del EMP intenta explicitar algunos rasgos de la vocación-misión del profeta, tal como está descrita en el n.2. Estos rasgos se traducen en las orientaciones y en las decisiones que, en relación a los diversos ámbitos de nuestra vida misionera, encontramos en el documento. Hay tres momentos en el documento, y en todos hay una referencia explícita al tema de Justicia y Paz. Al ser el documento del último Capítulo General nos vas a detener n poco más en el mismo.
7.1. La realidad de nuestro mundo
La profecía, se afirma en el número cuatro, se ubica histórica y geográficamente. "Nosotros intentamos escuchar la Palabra de Dios en nuestro hoy, en los acontecimientos de la historia, en las culturas y en la vida de los pueblos, en sus silencios y en sus clamores" (EMP 4). ¿Cuáles son, pues, estas palabras? Haciéndonos eco de Pablo VI en la Populorum Progressio, ¿Cuáles son los hechos y las situaciones que nos hacen "estremecer" a los Claretianos? Los encontramos apuntados en los nn. 5-9. La gran mayoría de los rasgos que se mencionan tienen que ver con la situación de injusticia social, cultural, política o económica de los pueblos con quienes compartimos nuestra vida. Basta observar las palabras que se repiten una y otra vez: derechos humanos, neoliberalismo, libre mercado, situación de las minorías culturales, emigrantes y refugiados, xenofobia, violencia, corrupción, atentados contra la naturaleza, descomposición familiar y un largo etcétera. Igualmente entre los signos de esperanza que se descubren en el caminar de la gente se mencionan las organizaciones populares que nacen como alternativa a sistemas que crean opresión, la nueva solidaridad global que está emergiendo, el voluntariado y las ONGs. Nos duelen estas situaciones porque estamos cercanos al pueblo, porque compartimos su vida; y nos alegran los signos positivos que se vislumbran. Es un hecho claro que este grito llega con mayor fuerza y es escuchado con mayor atención por aquellas comunidades claretianas que viven verdaderamente entre la gente. A otras, solamente les llega a través de los débiles ecos de la prensa o de otros medios de comunicación social; y, claro está, tienen mucha menos fuerza provocativa.
Todas ellas son realidades a tener en cuenta en cualquier acción pastoral, porque tienen que ver con la vida concreta de la gente. Esa "nueva cultura del amor", a la que se ha referido varias veces Juan Pablo II, solamente podrá ser construida sobre las ruinas de la contra-cultura del egoísmo y del "lucro por encima de todo". Es la tarea del profeta, llamado a destruir y construir. Ahora bien, algunos de estos puntos que nos interrogan con tanta fuerza requieren una respuesta muy concreta. Esta es la actividad que deberíamos recoger en los proyectos de Justicia y Paz.
7.2. Justicia y Paz y el estilo de vida profético
Las referencias al tema de Justicia y Paz, en esta segunda parte del EMP, quedan enmarcadas en los números dedicados a la pobreza y a la comunión.
Al hablar de la pobreza, se hace un llamamiento a la coherencia de vida y, por ello, se hace caer en la cuenta de cómo la economía de mercado, en la que estamos inmersos, nos obliga a repensar constantemente nuestras economías y estilo de vida (EMP 25). La dimensión de Justicia y Paz no se agota en unas acciones que se programan, sino que tiene que ver con nuestra misma vida. Se pide, pues:
· Buscar una mayor sencillez y austeridad en el estilo de vida (25.1)
· Emprender proyectos económicos concretos que canalicen la opción por los pobres y contribuyan concretamente a crear una "cultura de solidaridad" (25.2)
· Ceder nuestras instalaciones para obras de promoción social (25.3)
· Vigilar el destino de la inversiones económicas en orden a favorecer la justicia y a evitar contribuir a aumentar las desigualdades sociales.
Al hablar de la comunión ("para que el mundo crea", titula este apartado el documento capitular), se insiste en la dimensión misionera que ésta ha de tener: hemos de ser constructores de paz (EMP 33). Por ello, se nos dice textualmente: Nos esforzaremos en trabajar conjuntamente con aquellos hombres y mujeres, instituciones y grupos que asumen el testimonio profético del Reino de Dios: iglesias particulares, vida religiosa, comunidades eclesiales de base, movimientos eclesiales, organizaciones no gubernamentales, grupos de justicia y paz y salvaguarda de la creación, asociaciones de solidaridad, colectivos de pensadores etc... (33.4).
Finalmente, se pide todavía integrar este tema en la formación inicial y continua.
7.3. Justicia y Paz y ministerio profético
Las referencias al tema de Justicia y Paz se concentran en el segundo y cuarto apartados motivados con una cita del número 46 de las Constituciones: "Para comunicar el Misterio íntegro de Cristo" y "Para ayudar a todos los que buscan la transformación del mundo según el designio de Dios". Tengamos presente que éste (CC 46) es el número que define nuestra misión específica en el pueblo de Dios y que precisamente en él, se nos recuerda la necesidad de vivir en profunda comunión con todos los hombres, compartiendo sus esperanzas y dolores y uniendo nuestro esfuerzo al de todos aquellos que buscan la transformación del mundo según el designio de Dios. La dimensión de Justicia y Paz es, pues, parte constituyente de nuestra misión en la Iglesia.
Fijémonos en el EMP. Nos pide concretamente:
· Solidaridad con los pobres y marginados (42)
· Un anuncio de consolación para el pueblo herido (43).
· Cito textualmente el 44: "Nuestras palabras y acciones denunciarán en cualquier parte del mundo, el orden económico injusto que pone el lucro por encima de la persona y causa tanta pobreza, deshumanización y muerte; será asimismo denuncia de todo aquello que pueda lesionar los derechos humanos, la paz y la justicia, o destruir la naturaleza".
· Una atención muy especial al gran reto del "crecimiento de la pobreza que afecta a la mayoría de la población mundial y que es consecuencia de la expansión de estructuras y sistemas socioeconómicos y políticos injustos, como el neoliberalismo" (48). Y para ello propone:
Ø una confrontación seria de nuestros criterios y posiciones con las realidades de nuestro mundo (48.1)
Ø un desplazamiento de nuestros ministerios hacia los pobres (48.2)
Ø una colaboración decidida en la campaña para cancelar la deuda externa de los países pobres (48.3).
· Apertura y disponibilidad para una colaboración con "muchos hombres y mujeres de toda condición que alientan el movimiento de los pueblos hacia el Reino de Dios" (50). Concretamente se nos dice que (cito textualmente porque se trata de números que hablan específicamente del tema):
Ø Estaremos presentes de manera significativa entre los marginados y allí donde la vida esté más amenazada. Alentaremos nuestra participación subsidiaria en los lugares e instituciones donde se decide la suerte de los pobres. Intentaremos discernir la voz que nos viene de los nuevos movimientos sociales y acoger los estímulos al cambio que nos puedan venir tanto desde dentro como desde fuera de la Iglesia (50.2)
Ø El Gobierno General renovará el Secretariado de Justicia y Paz integrando en él la preocupación ecológica e impulsará la animación de esta dimensión en nuestro ministerio. Integraremos estos aspectos en nuestros proyectos provinciales y comunitarios y colaboraremos con otros organizaciones que trabajen en estos ámbitos (50.3)
Ø Dedicaremos a algunas personas a un estudio profundo del funcionamiento actual de la economía mundial y del llamado neoliberalismo, intentando comprender sus mecanismos internos y sus efectos reales. Buscaremos alternativas viables a sus injusticias y las propondremos a través de nuestra palabra y acciones (50.4).
Finalmente, en los números 58-62 se invita a los Claretianos de cada uno de los continentes donde está presente la Congregación a asumir algunos compromisos concretos. Varios de ellos tocan, directa o indirectamente, al área de Justicia, Paz y Salvaguarda de la Creación.
8. CONCLUSIÓN
Como podemos constatar, los documentos capitulares de la época de renovación posconciliar presentan un camino serio de reflexión en torno a la Justicia, la Paz y la Integridad de la Creación. El tema se ha ido asumiendo progresivamente y ha aflorado, de modos diversos, en la vida y en la praxis misionera de nuestras comunidades.
Es necesario, sin embargo, hacer un ulterior esfuerzo para plasmar en la realidad cotidiana de nuestras vidas y en todas las actividades apostólicas que llevamos lo que declaramos repetidamente en nuestros documentos. Hay experiencias interesantes en la Congregación. Hay claretianos comprometidos y abiertos a la colaboración con otras personas y grupos que trabajan por los derechos humanos, por la Justicia y la paz, por la ecología. Pero los hay desinteresados del tema, para quienes las orientaciones de los Capítulos Generales no pasan de ser unas palabras bonitas que quedan ahí, en el archivo o en el olvido.
El año pasado se hizo una encuesta a todos los encargados provinciales de Justicia y Paz. Las respuestas fueron pocas (10 sobre 33). Me parece que los resultados de esa encuesta permiten aventurar una tipología, que nos ayuda a comprender cómo están los Organismos claretianos en relación al tema de Justicia y Paz. Podríamos distinguir cuatro modos diversos de situarse ante el tema:
· Algunos Organismos están muy seriamente comprometidos en esta área, le dedican personal y la integran muy bien en la mayoría de sus posiciones pastorales.
· Otros Organismos cuentan con personas muy comprometidas en esta área, aunque el Organismo, en cuanto tal, no se haya planteado el tema con suficiente profundidad. De todos modos, se apoya a esas personas, por lo menos por parte del Gobierno Provincial y de algunos miembros del Organismo más sensibilizados al respecto.
· Hay otros Organismos en los que algunos claretianos realizan un trabajo notable en este campo, pero no cuentan con un apoyo claro por parte del Gobierno Provincial ni de la mayoría de los miembros de la Provincia, Delegación o Casa Generalicia. Son -podríamos decir- "tolerados".
· Finalmente existen Organismos en la Congregación en los que el tema de Justicia y Paz no encuentra ninguna resonancia ni en sus proyectos ni en las posiciones pastorales. No están en contra, pero tampoco hacen nada positivamente al respecto.
El compromiso por la Justicia, la Paz y la Integridad de la Creación, que es compromiso por el Reino, ha de estar mucho más presente en la vida de la Congregación. Este taller puede ser una buena oportunidad para buscar caminos para ello.
Roma, 25 de agosto de 1999
Josep M. Abella, cmf.
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