¿A qué llamamos "doctrina social de la
Iglesia"?
Nuestra reflexión debe comenzar con un acercamiento al mismo concepto:
"Doctrina Social de la Iglesia". Las discusiones sobre él se han acentuado en
los últimos años. Para muchos el uso de la palabra "doctrina" no es el más
adecuado; pero incluso quienes lo creen así acaban utilizándolo; su uso ha consagrado la
palabra.
La Conferencia de Puebla (1979) se refirió a la DSI con los siguientes
términos:
"Conjunto de orientaciones, doctrinas y criterios de acción que
tienen su fuente en la Sagrada Escritura, en la enseñanza de los Padres y grandes
teólogos de la Iglesia y en el magisterio, especialmente de los últimos papas" (n.
472)
Uno de los mejores tratadistas españoles de las cuestiones sociales,
Luis González-Carvajal, la define así:
"La DSI es la explicitación de las consecuencias sociales de la
fe cristiana llevada a cabo en los tiempos modernos por el magisterio eclesiástico"
(1992: 655)
Como es bien sabido suele hablarse de la encíclica Rerum Novarum
de León XIII (1891) como el documento con el que nace la DSI. Ello no quiere decir, ni
mucho menos, que antes no haya habido pronunciamientos de la comunidad cristiana sobre
cuestiones sociales. Es evidente que si leemos con detalle el Nuevo Testamento, si
observamos las palabras y praxis del mismo, si acudimos a los Padres, vemos esa presencia.
Es importante tener en cuenta que normalmente asociamos DSI con el mundo que nace -vamos a
hablar así- con la revolución industrial. De ahí que González Carvajal aluda
expresamente a "los tiempos modernos".
En su definición quiere subrayarse otro aspecto: la DSI es una
consecuencia de la fe; es una explicitación de sus consecuencias sociales. Las palabras
usadas en Puebla también lo subrayan al hablar de las fuentes de la DSI.
Marciano Vidal, teólogo moralista español de prestigio internacional,
da un paso más buscando una definición de DSI "menos reductiva", y hablando de
"la potencialidad que tiene la fe cristiana para iluminar y transformar la realidad
social de cada época y de cada situación". Sus palabras son muestra de la
insistencia que otros teólogos quieren hacer en que la DSI no es principalmente
"textos", ni documentos, -ni mucho menos encíclicas-; la DSI es una dinámica
que emana de la fe, un potencial de ésta que tiene que ver, sobre todo, con la puesta en
práctica de la vida cristiana. La insistencia no carece de sentido; hay un gran peligro
entre nosotros -al menos en los ambientes cristianos que parecen más oficiales en España
y alrededores hoy- de identificar DSI con los escritos de los papas.
¿Tiene la Iglesia derecho a formular una "doctrina
social"?
Los últimos 40 años (periodo al que este aporte debe sustancialmente
referirse) han sido escenario de un cambio importantísimo en la vida de la Iglesia, en su
autocomprensión y en la reflexión que los cristianos hemos hecho sobre nuestra presencia
en el mundo. La DSI ha sufrido en estas décadas las consecuencias de este ajuste. Hay que
hablar por tanto de "la crisis de la DSI".
Uno de los problemas a los que ha tenido que enfrentarse es al de su
misma justificación. Amplios sectores de interés y poder -de muy diferente origen
ideológico- han coincidido en desear la ausencia de palabra de la Iglesia sobre
cuestiones sociales. Su mensaje ha venido a ser coincidente: que la Iglesia hable de la
salvación y de "las cosas de Dios", que de las del mundo ya hablaremos
nosotros. Los cristianos -el magisterio- se ha visto en muchas ocasiones obligado a
justificar porqué habla también "de las cosas de este mundo".
Desde otras posturas también se han puesto inconvenientes a la DSI,
apelando a la autonomía de las realidades sociales y económicas. El mundo "de la
economía" -se dice- tiene también sus leyes, como las tiene el mundo de la
física-. No tiene sentido que la Iglesia quiera opinar sobre lo que no sabe o sobre lo
que "tiene que ser de una determinada manera".
Este discurso es algo más difícil de rebatir. Esa supuesta
"dificultad" de la economía; la necesidad de "saber", se esgrime con
frecuencia para justificar medidas y posturas ("no hay otra política económica
posible", suele decirse). Cualquier persona medianamente honrada y versada en el
funcionamiento de lo económico sabe que eso es falso: hay muchas maneras de organizar la
satisfacción de las necesidades humanas, de producir bienes y servicios, y de proceder a
su reparto. Lo que sí puede acontecer es que una vez establecidos determinados objetivos,
modelos de sociedad y de estilo de vida, haya únicamente maneras muy concretas de llegar
a ellos.
Los cristianos también objetan a ese carácter supuestamente
inaccesible de lo económico. Dice González Carvajal: el mundo de los problemas sociales
no se reduce a mera técnica. "La moral debe establecer los fines de la actividad
económica. A continuación la ciencia económica determina los medios eficaces para
lograr tales fines. La moral, por último, tendrá que intervenir otra vez para decir
cuáles de esos medios eficaces son medios legítimos" (1992: 657)
Las fuentes de la Doctrina Social
Ya León XIII y los primeros tratadistas sistemáticos de la DSI
reflexionaron este tema y aludieron a dos fuentes básicas: la revelación y el derecho
natural, mencionados normalmente de modo conjunto. En la práctica, durante la primera
parte del siglo XX, predominó en los escritos pontificios la apelación al "derecho
natural". No debe extrañar; sabemos que el recurso a la Escritura ha sido
redescubierto por la Iglesia Católica en nuestro siglo. En los documentos postconciliares
se detecta, según algunos autores, una disminución de ese apelar al derecho natural. Mi
sensación personal es que los últimos documentos de Juan Pablo II, especialmente Veritatis
Splendor y Fides et Ratio intentan volver a ello bajo el epígrafe "ley
natural". Son conscientes de que nos encontramos en un entorno cultural
crecientemente mundializado en el que el diálogo no puede basarse muchas veces "en
la revelación" si se quieren encontrar espacios comunes con otras tradiciones
(religiosas o a-religiosas).
Durante este siglo se ha cuestionado mucho la noción de "derecho
natural". Es evidente que con frecuencia, no sólo en la Iglesia, se han colocado
bajo ese "paraguas" principios, ideas y prácticas pertenecientes a determinadas
concepciones o experiencias del mundo -la europea, por ejemplo. De todas maneras es muy
peligroso "tirar el niño con el agua": "no parece posible prescindir del
derecho natural considerado en un sentido amplio, es decir, de lo humano del hombre según
se lo conoce por la recta razón" (González Carvajal 1992: 658).
En cuanto a la Escritura y a la Tradición de la Iglesia, debidamente
entendidas, me parece muy claro en que medida son fuente de la DSI. No me detengo en ello.
Un método también puesto en cuestión
El método de la DSI tampoco se ha librado de ser discutido en estos
años. Los analistas están de acuerdo en señalar un cambio importante, una
"inflexión" que sitúan en el pontificado de Juan XXIII. Hasta entonces, como
en tantos campos de la teología, el método había consistido en la aplicación de
principios permanentes a situaciones cambiantes (método "deductivo"). A partir
de entonces se adopta una perspectiva "inductiva". Aumenta la preocupación por
la situación histórico-social concreta. El objetivo es "la lectura de la realidad a
la luz de la Palabra de Dios".
Tres indicadores nos sirven para tomar constancia de la relevancia del
cambio:
1. Se amplía el recurso a las ciencias sociales. Así lo sugiere ya
Gaudium et Spes (GS) 44: la Iglesia necesita la ayuda de otras personas
"creyentes o no creyentes"- que conozcan a fondo las diversas
instituciones y disciplinas y comprendan con claridad la razón última de todas ellas.
Clodovis Boff reflexionó muy bien todo esto en "TeologÍa de lo Político".
2. Se insiste en la necesidad de atender a "los signos de los
tiempos", con lo que eso supone de recuperación de un concepto evangélico, y con
todas las potencialidades que ha abierto en el caminar posterior de los cristianos.
3. Hay una "ampliación" de los destinatarios de la DSI.
Incluso los textos que antes se dirigían únicamente a los obispos se escriben a los
no-creyentes, a los gobernantes de las naciones, a la "opinión pública". En
esta ampliación el magisterio corrige -en parte y al menos en la teoría- algo el
eurocentrismo con el que vivió -y quizá vive aún.
Niveles en la DSI
Una de las cuestiones que más necesario es tener en cuenta a la hora
de acercarse a cualquier tipo de magisterio eclesial es el carácter
"jerárquico" de las verdades. Lamentablemente se trata de algo que quizá no
tiene en la Iglesia actual el serio tratamiento que merece en estos tiempos en los que no
falta quien vea en el Obispo de Roma la totalidad y la plenitud del magisterio, olvidando
todos sus demás elementos y expresiones y sobretodo la "eclesialidad" el
servicio del sucesor de Pedro y el sentido de la comunión eclesial.
Esta "gradualidad" de las afirmaciones magisteriales es, si
cabe, más necesaria de considerar al acercarse a la DSI por su claro carácter
histórico. La Congregación para la Educación Católica lo ha subrayado al hablar de la
DSI y su lugar en la formación sacerdotal:
"basándose "sobre principios siempre válidos" lleva
consigo "juicios contingentes", ya que se desarrolla en función de las
circunstancias cambiantes de la historia y se orienta esencialmente a la "acción o
praxis cristiana" (Orientaciones 1988: 3)
Afíente a situaciones tan diversas, nos es difícil pronunciar una
palabra única, como tambiÉn proponer una solución con valor universal. No es Éste
nuestro propósito ni tampoco nuestra misión. Incumbe a las comunidades cristianas
analizar con objetividad la situación propia de su país, esclarecerla mediante la luz de
la palabra inalterable del Evangelio, deducir principios de reflexión, normas de juicio y
directrices de acción según las enseñanzas sociales de la Iglesia" (OA 4)
¿Uniformidad de/en la DSI?
La respuesta parece casi evidente, pero el magisterio la ha hecho
expresa: Auna misma fe puede llevar a compromisos diferentes" (GS 43, OA 50).
Evidentemente hay unos principios básicos, inquebrantables (difícil en algún momento
formularlos con nitidez); pero una vez sentados estos la pluralidad se convierte en cierto
"paisaje normal" de la vida eclesial. Es, de todos modos, importante tener en
cuenta que así mismo se invita a instaurar una comunidad fraterna en la que no falte la
escucha recíproca, el diálogo sincero, la solicitud por el bien común... (cf GS 43)
Discrepar es una buena oportunidad para el ejercicio del diálogo de calidad.
1959-1999: Tiempo de "cambios de paradigma"
Así ha sido definida la evolución de la DSI por quienes se han
acercado a ella más recientemente. La llegada de los años 60 supuso la puesta en
cuestión de una situación que hasta ese momento había sido pacíficamente "vivida
y respetada". Alguien llegó incluso a proclamar la "muerte de la DSI". Los
autores coinciden en señalar que esta ha revivido reorientándose y que el pontificado de
Juan Pablo II le ha supuesto un "fuerte espaldarazo".
Un paradigma preconciliar y neoescolástico
Así es la DSI que llega a los 60. Se identifica con la jerarquía como
sujeto, en línea con la eclesiológica más bien jerarcológica del momento. Se
privilegia la apelación al "derecho natural" sobre la Escritura. El método es
sustancialmente deductivo, las categorías filosóficas prevalecen sobre las sociales. Se
subraya la existencia de dos órdenes distintos (lo social ha de someterse a lo
cristiano). Los planteamientos dan pie a que muchos observadores, incluso bastantes
cristianos, vivan la DSI como una "tercera vía" entre el capitalismo liberal y
el colectivismo marxista. No hay un reconocimiento Agenuino y claro" de la autonomía
de la secularidad y de la laicidad.
No es justo de todos modos valorar este modelo como exclusivamente
negativo. Fue el intento de respuesta eclesial a la nueva situación emanada de la
revolución industrial. Intentaba prolongar en el tiempo los tratados de justicia y
derecho de los siglos XVI y XVII, aunque no lograra su calidad, y pretendía ser un
aldabonazo en quienes reducían la fe a una práctica privatista y carente de
repercusiones sociales en un contexto de intimismo. Para los analistas de hoy la DSI de
este momento representó Aun oasis en el desierto de la teología moral casuística y
neoescolástica". Incluso supo, en sus últimos años de vigencia, jugar un
interesante papel en la reconstrucción de algunas naciones tras la II Guerra Mundial,
Alemania entre ellas, por ejemplo.
La crisis del modelo: cambios
Los cambios en el modelo vienen de la carismática mano de Juan XXIII.
En "Mater et Magistra" se constata ya un cambio del método deductivo. En los
textos conciliares ya se verá con claridad esa inflexión metodológica.
Varios son los factores que "generaron crisis":
1. El impacto de la secularización: la DSI aparece como una
intromisión "sacral", como la voluntad de interferir en los asuntos sociales.
2. La crisis de la "especificidad cristiana". Se desata una
carrera por encontrar qué es aquello que pueda distinguir a los cristianos de otros
planteamientos.
3. Ha entrado en crisis el mismo modelo de iglesia que ha alumbrado la
DSI moderna.
4. Sus planteamientos teológicos de fondo también son cuestionados:
esa distinción tan clara entre "lo humano" y "lo cristiano"; el uso
ingenuo y escaso de la Escritura; la lectura espiritualista de la cristología; el recurso
a una eclesiología superada...
5. Sus aplicaciones prácticas tambiÉn son criticadas. Se las juzga
idealistas (se quedan en lo superestructural), individualistas (discursos moralizantes),
pacifistas en el sentido de ireneistas (no cuestionan el orden establecido), ahistóricas
(la ortodoxia se impone a la ortopraxis). Se le achaca no haberse percatado de dimensiones
fundamentales: el carácter estructural del capitalismo; el carácter global de la
economía; el significado de la lucha social...
La emergencia de un nuevo paradigma
Marciano Vidal cree que estos momentos pueden juzgarse a modo de
tesis/antitesis/síntesis. A finales de los años 70 habría emergido un paradigma nuevo,
con notables variaciones. Muchas de las cosas utilizadas hasta la fecha recobran valor en
cuanto se incorporan a un nuevo marco. Se abre la tarea -década de los 80- de descubrir
"la nueva identidad de la DSI". Esta se habría manifestado -en opinión del
mismo Vidal- con claridad en "Sollicitudo Rei Socialis"
1. La DSI es el "instrumento" a través del que la Iglesia
"experta en humanidad" (PP 13) realiza su misión. Se subraya su carácter
instrumental; no se trata de un ídolo; su fin es servir a la persona y al Reino.
2.La DSI es parte de la misión evangelizadora de la Iglesia (SRS 41).
De ahí -algo clave- que deba impregnar todas las dimensiones de la fe: la liturgia, la
catequesis, la evangelización. Se trata de una cuestión nuclear: la DSI es de todos los
cristianos y para todos.
3. No es una ideología, ni una tercera vía, no propugna la
constitución de "un orden social cristiano" ni fomentar instituciones
confesionales, reconoce la autonomía de las realidades temporales y procura ser
dialogante y respetuosa con la secularidad y la laicidad.
4. La DSI forma parte de la teología moral, y en concreto de la
teología moral social. Es, para Vidal, "lo más novedoso" (1992: 176). Ya no es
vista como una filosofía, se subraya su carácter práxico; se vincula -añado yo- a toda
la tarea teológica de la Iglesia, luego todos hacemos DSI.
5. Intenta formularse en un modelo "teándrico", en el que se
vive la "interacción entre la Palabra de Dios y la realidad social humana".
6. Se articula en tres dimensiones: principios de reflexión, criterios
de juicio, directrices de acción (SRS 8). De ahí que sus afirmaciones tengan que ser
recibidas de distinto modo, cada una tiene su clave hermeneútica propia.
A pesar de los avances obtenidos adn queda parte del camino por hacer.
En concreto Vidal sugiere que falta por desarrollar algunas de las insinuaciones hechas
por Pablo VI en OA: clarificar cómo los diversos niveles eclesiales (comunidades locales,
Roma, laicado, episcopado) intervienen en formular la DSI; cómo articular los criterios
generales con las diversas situaciones concretas, y cómo hacer práctica la comunión y
coexistencia de diversas lecturas al interior de la misma comunidad.
1959-1999: Periodos de evolución de la DSI
No sé si se esperaba de esta aportación al Taller una presentación
detallada de qué ha aportado cada uno de los documentos pontificios a la DSI en las
últimas décadas. Se trata de algo que se encuentra con facilidad en cualquier manual de
moral o social o DSI. Hubiera sido interesante un estudio algo serio de los temas
fundamentales. No lo he hecho. Intentaré hacerlo para el Taller. Creo, de todos modos,
más interesante tomar conciencia de esos cambios de paradigma y de las preguntas a las
que la DSI ha debido dar respuesta en esta etapa. Me detengo ahora, antes de concluir, en
esbozar una rápida mirada sobre la orientación en relación al mundo que la Iglesia ha
dado a su pensamiento social en esta segunda parte del siglo. Es muy conveniente ir
teniendo presente cómo ha ido cambiando el mundo en estos años y cuáles han sido los
fenómenos sociales y políticos más relevantes.
Ángel Galindo, moralista de la Universidad Pontificia de Salamanca,
señala cuatro orientaciones distintas:
1.Apologético-demostrativo frente al mundo: de Pío XI a 1937.
2. Apertura dialogal al mundo en orden a una cooperación: de Pío XII
(1939) a Juan XXIII
3. Apertura misionera de la conciencia cristiana e inserción en el
mundo: del Concilio a 1975 (Evangelii Nuntiandi)
4. Búsqueda de identidad: de Puebla a "Centesimus annus"
(1991)
En el segundo momento la DSI toma conciencia de algunas
realidades que hasta entonces se le han escapado, y que son importantes sobre el sentido
de la historia humana, la dignidad de la persona, el valor de la conciencia, la autonomía
de las realidades terrenas... A ello se añade la intuición de que no corresponde al
clero la organización de lo sociopolítico sino al laicado, la validez de un
"legitimo pluralismo"... "La actitud de fondo queda reflejada bajo el deseo
de ser fiel al principio "no basta condenar, es necesario dialogar" (Galindo
1996: 137).
En el tercer momento crecen las convicciones adquiridas en las
décadas anteriores, se descubre que el bien también existe fuera de la conciencia
cristiana, y se adquiere cierta conciencia de "servicialidad", de
"sacramento" respecto al mundo. Se insiste en la necesidad de explicitar con
palabras -y hechos- el significado vital de la experiencia de la fe: el testimonio.
La cuarta etapa estaría marcada, sobre todo, por la búsqueda
de la especificidad de la vida cristiana. Las preguntas fundamentales tienen que ver con
la identidad ética, el compromiso específico (la existencia de formas legítimas de
plural compromiso siembra cierto desconcierto), la identidad de la DSI.
Consideración final
No quiero concluir estas páginas sin compartir mi sensación de
que si en bastantes ocasiones puede decirse que la Iglesia ha llegado tarde a plantearse
-y ofrecer luz- sobre problemas sociales, en nuestros días manifiesta -a mi juicio- una
frescura algo mayor. Me resisto a identificar DSI simplemente con los escritos
pontificios. Toda la Iglesia esta haciendo DSI. Más áun, Juan Pablo II también la hace
cuando escribe documentos que generalmente no son tomados por tal doctrina. Pienso, por
ejemplo, en los referentes al "derecho a la vida", investigación genética,
mensajes de cuaresma, intervenciones ante el cuerpo diplomático y gobiernos... Pero
también hay una gran variedad de instituciones de iglesia produciendo DSI-palabra y
DSI-praxis.
Me parece que, centrando incluso el tema en Juan Pablo II, la DSI ha
puesto sobre la mesa los asuntos fundamentales de este fin de siglo mientras otras muchas
instancias sociales han guardado silencio o han deseado que la Iglesia lo guardara: el
desequilibrio Norte-Sur, la condena de millones de personas a la muerte mientras otros
nadan en la abundancia, los negocios armamentistas, la cultura de la violencia,
importancia de los derechos humanos y su respeto, la cuestión -muy delicada- de los
derechos "de los pueblos", la situación de la mujer, el problema de la deuda,
la convivencia entre diferentes... Los temas están señalados, y algunos criterios de
interés formulados. La DSI está, por tanto, viva, y es merecedora de una mayor atención
por parte de los cristianos, y entre ellos, de nosotros.
Bibliografía utilizada
-Albuquerque, E. (1991) La dimensión social de la caridad. Proyecto
de moral social cristiana. Madrid: CCS.
-Cuadrón, A y otros (1996) Doctrina Social de la Iglesia. Manual
abreviado. Madrid: Bac.
-Galindo, A (1996) Moral socioeconómica. Madrid: Bac.
-González-Carvajal, L. (1992) "Doctrina social de la
Iglesia", en Vidal, M Conceptos fundamentales de ética teológica. Madrid:
Trotta, 655-666.
-Vidal, M. (1992) "La doctrina social de la Iglesia. El debate
sobre su función y su método", en Retos morales en la sociedad y en la Iglesia.
Estella: Verbo Divino. |