Posiblemente, en el itinerario espiritual de cada uno, el proceso de experiencia habrá empezado y habrá ido madurando de diferentes formas, según las experiencias que hayan marcado este proceso y los contextos concretos en los que este se haya desarrollado. No obstante, creo que la mayoría de los elementos que propongo a continuación, configuran, con mayor o menor relieve las distintas experiencias que todos nosotros estamos viviendo.
Desde el constante proceso de contacto con algunos aspectos de realidad de algunas situaciones de marginación así como de búsqueda incesante de lecturas de estas realidades - proceso en el cual inevitablemente estamos implicados, me parece positivo e incluso necesario tener presentes una serie de aspectos y elementos de lectura y profundización en la experiencia de esta realidad a distintos niveles, que nos permitan "hacernos cargo de ella" y encontrar caminos de respuesta y/o alternativas ante estas situaciones.
En los próximos apartados, voy a tratar de presentar estos diversos aspectos o dimensiones o niveles de lectura y experienciación de la realidad.
1. Un doble núcleo básico: la experiencia de filiación-fraternidad y la experiencia de que "el Reino de Dios está entre vosotros".
Por lo que nos cuentan los evangelios, esta debió de ser la experiencia fundante de la vida y el trabajo de Jesús de Nazaret, del cual tratamos de seguir las huellas. Juntamente con él y desde él, nos encontramos con estas dos realidades que nos son dadas: que todos los hombres y mujeres nos llamamos y somos de verdad hijos e hijas de Dios; y que Dios está realizando en nuestra historia y con nuestra colaboración este proyecto de fraternidad que Jesús, usando unos términos de tremenda ambigüedad pero de gran aceptación en su tiempo - términos, el sentido de los cuales él fue desvelando a través de sus palabras y de su forma de ser, de vivir y de hacer -, vivió, anunció y realizó con sus íntimos y sus discípulos/as: el Reino de Dios, que va creciendo muy despacio, que se va haciendo, que llegará un día a plenitud, que exige una respuesta de adhesión y colaboración de nuestra parte, que es invitación a la fiesta del compartir, la igualdad y la paz, que ya "está entre vosotros".
Desde lo mejor de nuestra tradición claretiana, no podemos olvidar hasta qué punto esta doble dimensión cuaja en el proceso espiritual de Claret y está en la base de su proyecto misionero.
Posiblemente en nosotros esta experiencia se ha ido configurando en contraste con unas personas, unos rostros, con unas historias personales concretas: personas, rostros, que han sufrido y sufren las consecuencias de lo que es el anti-Reino: se trata de personas mutiladas, cercenadas en su ser más íntimo, a las que no se ha permitido y/o que no se han permitido vivir ni experimentar el gozo de sentirse humanos, miembros de este cuerpo que es la sociedad humana, y que no tienen derecho a ser: a ser ellos/ellas, a desarrollar sus capacidades y ponerlas al servicio de los demás, a vivir sus identidades culturales, a un trabajo digno, a un aprendizaje cultural... Y sentimos esta realidad como un pecado fundamental, como una perversión básica de lo que es el proyecto de Dios. Vemos, vivimos y compartimos el dolor radical que supone el estar al margen de las corrientes de vida, de relación, de intercambio en todos los sentidos, que se da entre una parte de los humanos. Percibimos además la gravedad de esta situación cuando en nuestro mundo son inmensas mayorías - en los países del Sur - o grandes minorías -en los países de Norte - los que malviven y malmueren en esta situación.
Todo este proceso de experiencia - la confrontación de lo que es el bello y humanizador proyecto de Dios con la perversión de este proyecto que vivimos en la realidad - es lo que nos lleva a proclamar que en nuestro servicio, en tanto que Iglesia y en tanto que Congregación, o vivimos todos estas dimensiones fundamentales o estamos escondiendo y falseando algo muy básico del mensaje de Jesús.
Sirvan estas primeras pistas para contextuar las siguientes propuestas. Aunque iremos recalando en ellas.
2.- Una realidad compleja e interconectada a distintos niveles: local, estatal, continental, intercontinental, mundial...
Para mí, especialmente en el campo concreto de la relación con inmigrantes del Magreb y de contacto con procesos de países del Sur, especialmente de Brasil, ha sido y continúa siendo absolutamente necesario buscar las herramientas necesarias que me ayuden a conocer:
- algunos aspectos históricos básicos, con sus referentes culturales, religiosos, sociales, etc. (esto, en mi caso, supone tratar de conocer lo posible de la historia y realidad de Vic, del Magreb, de Brasil, con su historia, sus movimientos sociales, sus tradiciones culturales y religiosas, etc.);
- atender a los procesos políticos y económicos, y a las "revoluciones" y cambios de paradigmas culturales que se están dando a niveles locales y a niveles mundiales;
- estar con las personas, estar con las personas y estar con las personas: escuchar mucho, ver, mirar, oler, probar, conocer de cerca la experiencia concreta de muchas de estas personas, su manera de percibir la realidad, su fe, sus capacidades y sus limitaciones: un conocimiento concreto, pues, hecho día a día, amasado con cercanía, cariño, dolores y alegrías compartidos; un conocimiento que cuenta con las instituciones y los proyectos comunes, pero que los sabe al servicio de las personas concretas.
Todo ello tiende a permitir una cierta percepción lúcida de la realidad a los distintos niveles. Uno va aprendiendo, además, que no hay "lecturas definitivas" de la realidad y que los distintos tipos de instrumentos que se pueden utilizar para su lectura son constantemente mejorables: psicologías, sociologías, tipos de intervenciones sociales, economías, políticas...
Evidentemente, además, uno tiene al mismo tiempo la certeza de la importancia del uso de estos instrumentos, tanto como la relatividad de su validez. Pero tiene que utilizar de la mejor forma posible los instrumentos que va considerando más válidos para captar la realidad e intervenir, porque está claro que algo importante del Reino de Dios se está jugando en todo ello.
Al hablar, pues, de espiritualidad,no puedo dejar de referirme, en primer lugar, a esta capacidad de lectura-percepción crítica de la realidad en sus distintos niveles.
3.- Las personas, sujeto sagrado de "derechos-deberes". La naturaleza, sujeto sagrado - espacio sagrado y fraterno - de nuestro crecimiento colectivo.
Sólo subrayar algunos aspectos:
Por una parte,es ciertísima la realidad de irrespeto hacia la persona, convertida normalmente en mercancía, objeto de intercambio, productora, cumplidora de unos deberes religiosos y civiles a los que ha de atenerse, objeto de análisis... Ante todo ello, la urgencia del no perder la memoria de que estamos hechos "a imagen y semejanza de Dios": es decir, la referencia a este "Absoluto relativo" que es toda persona o, dicho de otra forma, la percepción y experiencia de la sacralidad de la persona, de todas y cada una...
Por otra parte, me parece importante insistir en la contraparte de los deberes, que están relacionados con la capacidad divina o la capacidad sagrada de la persona: creo que debemos huir del excesivo victimismo, y porque somos profundamente respetuosos del otro, no aceptar fácilmente estos victimismos que pueden tener muchas personas, y que pueden no permitirles ir más allá de su pasado o de su presente cerrados. Sirva como ejemplo un doble visctimismo que con frecuencia oigo a mi alrededor: algunos catalanes-vicenses de toda la vida se sienten víctimas de la "invasión-inmigración" que están viviendo; algunos de los inmigrantes se sienten víctimas de la incomprensión e inaceptación de parte de los catalanes. Una y otra percepción favorecen el miedo y la "parálisis" en el proceso relacional y cívico. Ante ello, se pueden invocar los "principios y deberes" de unos y otros, o intentar crear iniciativas que abran posibilidades nuevas de roce, de conocimiento, de respeto mutuo...
Creo que tendría que hacernos pensar esta respuesta frecuente de Jesús de Nazaret: "Tu fe te ha salvado": es decir, es la capacidad de la persona para superar sus situaciones de enfermedad, dependencias, mala situación económica, etc..., un aspecto básico que no podemos olvidar y que, en muchos momentos, será bueno que "exijamos" a las personas. Esto puede sonar a muy duro, pero creo que es el camino de entrada al Reino. Todo ello no quita la crítica básica a las estructuras injustas que hemos mencionado más arriba. Pero creo que, con frecuencia, especialmente en estructuras de tipo asistencial, se corre el riesgo de no ayudar a las personas a emplear todas sus capacidades de decisión, lucha y transformación personal y social. Una vez más Jesús de Nazaret nos alienta, cuando insiste en la dureza de la lucha y la implicación de todas las capacidades personales, para "entrar en el Reino". En este sentido, todos los trabajos que actualmente se están llevando a cabo en el sentido de ayudar al "perdón", a la reconciliación con uno mismo y con los demás, etc., pueden ser de gran ayuda en muchas trayectorias personales y colectivas.
Cabría decir algo sobre nuestro "ser-con-la-naturaleza", nuestro "ser-Tierra", sabernos parte orgánica de este pequeño planeta que es nuestra casa. No dejan de ser interesantes, en este sentido lecturas tales com "La trama de la vida" de Fritjord Capra, o algunos de los análisis de las recientes teorías del "Caos": posiblemente formamos parte, así parece que nos vamos descubriendo, de una maravillosa e insospechada globalidad, de un "todo" material-mental que tiene sus propias leyes que, de momento, desconocemos en gran parte... En cualquier caso, sí que parece evidente y urgente la necesidad de un cambio de parámetros de relación con la Tierra-Gaya y sus recursos: somos parte de ella, y ahí también podemos experimentar algo de lo sagrado de la vida y del cosmos, incluso más allá de lo que normalmente entendemos por vida. Es lo que L. Boff llama en uno de sus últimos libros , "A águia e a galinha", el paso de la "democracia" a la "biocracia".
4.- La "crisis" de todas las estructuras idolátricas: la "economía", la "política", la "sociedad", la "religión". La recuperación de experiencias originantes de humanidad.
Me parece bueno recordar, aunque sea brevemente, lo que tantas veces se ha dicho: cómo los humanos tenemos esta paradójica capacidad de convertir todas las estructuras, todas las ideas, todos los medios - incluso el ámbito de la religión - en fines que tienden no a estar al servicio de las personas, sino a poner a las personas a su servicio. Me parece importante incidir en el ámbito de la religión,quizá porque ya tenemos claros los otros ámbitos. Es significativa aquella frase de que "Jesús esperaba el Reino, y apareció la Iglesia", por lo que tiene de sugerente: debemos reclamar una y otra vez la urgencia de que todas las estructuras eclesiales-religiosas aprendan, aprendamos, a ponernos al servicio y en la órbita del Reino de Dios que es infinitamente más importante y global que la Iglesia misma. Es sólo desde esta perspectiva clave y globalizadora de Jesús de Nazaret, que seremos capaces de valorar y alentar todos los ámbitos de la persona, de la vida humana, de la sociedad. Y cabe que podamos experimentar aquel gozo especial que, por lo menos una vez en su vida experimentó Jesús: "Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado esto a los"incultos" e insignificantes, y no a los intelectuales y expertos. Sí Padre, así lo has querido."
Otra referencia breve, pero no menos importante: me atrevería a decir que en el evangelio de la Iglesia, cabe, básicamente, la Iglesia, en buena relación con las otras iglesias y religiones. En el evangelio del Reino - si se me permite hablar así -, caben todas las religiones e ideologías, en la medida en que todos nos vayamos convirtiendo, desde todas las mediaciones y estructuras religiosas, sociales,... al servicio de la presencia del Reino y de la bondad del Dios Padre-Madre que vivió y anunció Jesús. Digamos que la perspectiva del Reino nos ofrece a todas las tradiciones religiosas y estructuras humanas el convertirnos, hasta poner realmente siempre en primer lugar el Proyecto fundamental del Padre al servicio del cual estuvo Jesús. Esto puede liberar enormes capacidades de energía al servicio de este proyecto. Y abre perspectivas de diálogo nuevas, puestasal servicio de lo mejor de cada tradición cultural y religiosa: por decirlo de alguna manera, se pasa de priorizar aspectos teológico-dogmáticos a priorizar el Servicio a la Vida, que está en la entraña de las principales ( y "no principales", muchas veces) tradiciones culturales y religiosas.
5.- En Exodo: la constante creación y recreación de redes de fraternidad.
Desde estas perspectivas, y abundando en lo que es el eje central de la "Agenda Latinoamericana" de este año, creo importante la insistencia en esta dimensión de Éxodo constante, que supone siempre el "ir más allá sin movernos de la realidad", el "saber leer las oportunidades de cambio que en cada momento la realidad nos ofrece", el "elaborar y trabajar nuevas oportunidades colectivamente", el "mantener la capacidad de resistencia, de persistencia y la capacidad de soñar", cuando la realidad es dura y sin sentido.
Si tenemos todo esto presente, quizá podamos ir descubriendo la importancia de todo lo que son, a distintos niveles, las redes que desde el nivel local al nivel internacional, se van tejiendo -y destejiendo, a veces,...-, de todas las pequeñas y grandes realidades de presencia y lucha transformadora: de mentalidades, de colaboración y organización de presencias marginales, de luchas por la paz y los derechos humanos...
Para terminar este párrafo, no puedo dejar de referirme una vez más a la inspiración de Jesús, cuando habla de que el Reino de Dios es parecido a una simiente, o a un poco de levadura que una mujer coloca en la masa de harina... Esta visión extraordinaria por lo que de realista tiene - esta dura realidad del mal, el dolor y la muerte injustos... - ante la cual y con la cual constantemente luchamos, tratando de crear nuevos espacios de vida, alegría, esperanza personales y colectivas. A la puerta, ya, del 2000, parecería que los inmensos esfuerzos y las enormes luchas que han llenado años y años de este último siglo, hayan sido inútiles, se hayan desdibujado y aparezca el omnipotente brazo del dios-mercado masacrando vidas y esperanzas en todo el planeta. Y no obstante, cuando somos invitados al Jubileo 2000, vuelven a resonar las palabras de Jesús en la sinagoga de Nazaret. Y resuena en nosotros la certeza de que aquel proyecto sigue hoy buscando caminos de realización en nuestro mundo, a pesar de las enormes dificultades que ello supone.
Me atrevería a decir que estamos pasando de la "era ideológico-moral", a la "era ético-religiosa". Esta era que está muriendo creyó que con la propagación de grandes ideas y proyectos estructurales, la realidad se iba a transformar. En este nuevo momento humano que está amaneciendo, nos encontramos incómodos, porque sabemos que lo único que se nos pide a los humanos son todas nuestras capacidades de creación de una humanidad auténtica. Y vemos demasiado claro que este precio es muy alto para quien está instalado en las ideas económicas, políticas, sociales o religiosas del tipo que sean, y no necesita cambiar sus actitudes ni su vida.
En este sentido, estoy convencido de que la aportación de la mujer, de las mujeres, así como el descubrimiento de la dimensión femenina que todos llevamos dentro, va a ser crucial para nuestro futuro. Creo que la mujer, por su capacidad de "vivir más complexivamente" la realidad, es también capaz de vivir y expresar con más simplicidad y profundidad la dimensión de sacralidad de la realidad humana, de la realidad que es la tierra. En este sentido, tenemos mucho que aprender, tenemos que aprender a escuchar, tenemos que transformar los espacios eclesiales y sociales de toma decisiones, para que la mujer tenga en ellos el papel que le corresponde. En cualquier caso, a nivel de los grupos y redes en los que nos encontramos y participamos, podemos y debemos realizar estas transformaciones de estructuras, de forma que la presencia y el papel de las mujeres en la reflexión y la toma de decisiones sean los que deben ser, si no queremos perdernos estas posibilidades que sólo ellas pueden ofrecernos.
Otro colectivo social al cual deberíamos prestar atención y dar voz, es precisamenteel de los excluídos: los que han vivido situaciones inhumanas, de procesos duros en la lucha por la vida, tienen muchas veces almacenada en su interior una sabíduría insólita, que puede romper nuestras convenciones y prejuicios, y que puede ser profundamente enriquecedor e iluminador de nuevas perspectivas cívicas, sociales, y eclesiales.
Este Éxodo constante sólo cobrará su sentido si lo hacemos conjuntamente todos estos hombres y mujeres que, consciente o inconscientemente soñamos el Reino y percibimos su presencia ya, en medio del dolor, la injusticia y la muerte. Y, a pesar de todos los pesares, este Éxodo es verdad ya, y el Reino de Dios está entre nosotros. Esta es una realidad que queda enmascarada tanto por el dolor, como por las cifras, los tipos de noticias y la incapacidad general de nuestra sociedad para esta percepción interior. Es posiblemente el Espíritu de la Verdad que Jesús nos envió el que nos hace capaces de esta percepción en medio de todas las contradicciones, y el que nos ayuda a "esperar contra toda esperanza", en la vuelta diaria, dura y amorosa, a la tarea.
Conclusión
Me ha parecido que podía ser enriquecedor para nuestro trabajo, más que una visión muy amplia y sintética, la insistencia en algunos aspectos, que, en algunos casos, pueden resultar algo polémicos. De todas maneras, creo que puede ser más fructífero esto para nuestra reflexión y para nuestro trabajo de tipo taller.
Sirvan, pues, estas reflexiones, para iniciar un diálogo que, sin lugar a dudas, será enriquecerá y completará en muchos aspectos estas breves pistas, que están dadas desde una perspectiva personal y circunstancial muy limitada.
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