LA CONCIENCIA ECOLÓGICA.Hace 15 mil millones de años que fue creado nuestro planeta y 4 mil millones que la primera vida surgió. Es mucho más tarde. Y, la vida sobre nuestra Tierra es el resultado de esta creación (o evolución que ha durado 4 mil millones de años). Pero, nadie, apenas, tiene respeto por este milagro. Sobre todo la tierra no se respeta nada más que los billetes impresos por los gobiernos. En algunas cortas décadas estamos destrozando toda la vida sobre nuestra Tierra, no importa que haya necesitado 4 mil millones de años para crearse, solo importa hacer más dinero. Solo importa lo que se llama "desarrollo," un desarrollo descontrolado, desarrollo por el único motivo de desarrollo dictado por los países industrializados.
Hoy la crisis en los países occidentales, puede apenas esconderse. El sistema económico suyo esta basado en, y necesita para funcionar, una producción cada día incrementada. Para sostener este sistema se ha promovido la creencia en la gente del occidente que la razón de la vida es acaparar más y más objetos, que la felicidad en la vida es poseer más y más, comprar y comprar. Numerosas conquistas se realizan, despreocupadas del hombre y de su ámbito, de un modo precipitado con el sólo propósito de producir riqueza aquí y ahora. El resultado es una rápida y hasta catastrófica degradación social, moral y ambiental. Los directivos occidentales y japoneses, por razones políticas, no pueden parar, menos hacer marcha atrás. Hacen esfuerzos desesperados para prolongar la vida del sistema, se oponen al control de la polución atmosférica, insisten en explotar minerales en la Antártida, necesitan controlar o conquistar Africa en razón de sus minerales, están acelerando la exploración de los planetas en el espacio, esperando un milagro, están opuestos al desarme, modernizando sus fuerzas armadas, peligrando cada día la ecología humana.
La cuestión ecológica no es nada nueva. Ha surgido durante siglos si recordamos que en el siglo XII Francisco de Asís ya imaginaba un mundo donde el hombre y la naturaleza vivirían en armonía. Y otros pensadores y escritores como Jean-Jacques Rousseau, William Morris, Thomas Malthus, etc han hecho eco de protesta a la degradación ecológica en la civilización occidental. Pero son los años 50, poco después de la segunda guerra mundial que la cuestión de la destrucción de la naturaleza volvió más inquietante para luego despertar la opinión pública "en masse" en los años 70 gracias a Barry Commoner, René Dumont, Max Nicholson, etc., los nuevos "profetas ecologistas". Pero lo más atractivo y reciente fue el llamamiento de defensa del medio ambiente durante el rezo del Ángelus en Les Combes, en los alpes italianos por el Papa Juan Pablo II quien aclama que "la montaña no sólo constituye un magnífico escenario para contemplar, sino que es casi una escuela de vida... invita a reflexionar sobre el papel del hombre en el cosmos y que los hombres sepan gozar de las tantas bellezas naturales aires, aguas, bosques con gran respeto por los tesoros que Dios ha puesto en nuestras manos. Llamado a cultivar y custodiar el jardín del mundo, el ser humano tiene una específica responsabilidad sobre el medio ambiente, no sólo con el presente sino también ante las generaciones futuras". (Cf. ABC, lunes 12/7/99). Este llamamiento aparece hoy día en todos los periódicos que no cesan de plantear la cuestión y señalar el peligro ecológico que nuestro planeta sufre. Veamos unos ejemplos:
- ABC: (Miércoles 23 6- 99):
"Cada año se destruyen 1,5 millones de hectáreas de la Amazonia. La organización ecologista Greenpeace dice que es debido a la acción de las industrias madereras y recuerda que en los últimos 20 años se ha destruido el 15% del territorio, lo que supone una superficie similar a Francia".- DIARIO 16 (VIERNES 25 6 99):
"Más de 350 puntos de la región (de Madrid) pueden estar contaminados".- EL PAÍS (MARTES, 25 5 99).
Los pesticidas caducados son una "bomba de relojería". Según FAO hay 100.000 toneladas en los países pobres.- EL PAÍS (LUNES 14 6 99).
El calor ha generado tormentas tan destructivas que han supuesto un coste de 14 billones de pesetas en daños materiales. Los indicadores vitales de Worldwatch refuerzan la tendencia al deterioro ambiental del planeta.- ABC (DOMINGO 27 6 99).
Medio millón de toneladas de residuos peligrosos se encuentran repartidos por la geografía española. Resultan perjudiciales para la salud porque al afectar a las cadenas alimentarias se acumulan en el organismo y pueden llegar a provocar enfermedades cancerígenas, hepáticas y pulmonares.- ABC (VIERNES 11 6 99).
Detectada una neblina de contaminación sobre el Índico tan grande como EE.UU. La gigantesca y sucia neblina, de color marrón, está compuesta por toneladas de minúsculas partículas contaminantes en suspensión, producto del uso de combustible fósiles tanto en actividades industriales como tareas de transporte y produce daños en los ecosistemas terrestre y marino. La superficie de esta neblina nociva sobre el Índico equivale a la extensión de EE.UU.- EL MUNDO (LUNES 19 4 99).
<China, el "reino" donde ya no se ve el Sol. Nueve de las 10 ciudades más contaminadas del mundo están en China, donde la polución mata a 300.000 personas al año. > Se dice que en este país, algunas partes ha dejado verse el Sol y ya nadie se pregunta si el día amanecerá claro o nublado. Además, los días tienen todos el mismo color: gris, contaminación. Se puede seguir citando noticias tan espantosas como estas pero basta ya.LAS CATÁSTROFES: ANTECEDENTES.
El desarrollo y bienestar experimentado por los países del Norte se ha basado fundamentalmente en la defraudación de los recursos naturales. Al principio, la preocupación de los gobiernos era el finiquito de algunos recursos naturales y cómo racionalizarlo para no limitar el crecimiento de la economía. Pero con tantos accidentes y catástrofes producidos en los últimos veinticinco años la población se pone en alerta respecto a la problemática del medio ambiente. Así, en 1977 la explosión de una planta química en Seveso (al Norte de Milán, Italia) libera dioxina (recordamos el recién escándalo de dioxina en Bélgica), un producto extraordinariamente tóxico, obligando a la evacuación de la zona contaminada. ( Cf. Ignacio de Senillosa en Pobreza Desarrollo y Medio Ambiente: 1999 :21). Dos años más tarde, en 1979, el accidente acaecido en la planta productora de energía nuclear de Three Mile Island (EE.UU), acaba con el mito de la fisión nuclear como una fuente de energía prácticamente exenta de riesgos. También en 1979 una plataforma derramó 400.000 toneladas de petróleo al mar causando innumerables daños acuáticos. En el desastre químico de Bhopal, en la India, (la fuga de gas tóxica) en 1985, murieron más de 2.000 personas y unas 200.000 quedaron incapacitadas, muchas de ellas de por vida. El desastre fue debido a algún fallo técnico de la planta que producía la sustancia química en cuestión, el metil isocianato, que es utilizado en la fabricación de insecticidas. Eso ejemplifica los problemas inherentes a la tecnología de producción de sustancias químicas.
Productos petroquímicos y radiación.
De hecho, los investigadores científicos explican que las plantas productoras de energía nuclear y las operaciones asociadas a las mismas relativas a la manipulación de combustible pueden liberar cantidades sustanciales de material radiactivo al ambiente en circunstancias anormales: un accidente de tráfico que vierte desechos radiactivos sobre una carretera; una válvula bloqueada o manejada incorrectamente en una planta productora de energía nuclear que arroja gas radiactivo al aire o agua radiactiva a un río etc. La radiación contraria a la declaración habitual de que "la cantidad de radiación liberada fue inofensiva" al producir un accidente - por débil que sea, implica siempre el riesgo de algún daño. La fuga provocada por la rotura de una junta del proceso de fabricación de la empresa General Químicas en España el mes de julio pasado se calificó carente de riesgo para la salud a pesar de que la gente "notaba el sabor dulzón en la lengua característico del dióxido de azufre y picor en la garganta", informa el periódico El Mundo, (Martes 6 de julio de 1999, p.34).
En el caso Chernobil (Ucrania) en 1986, más de 240 personas murieron debido a casos agudos de enfermedad por radiación y las estimaciones de futuras muertes por cáncer debidas a la lluvia radiactiva caída sobre una amplia zona de Europa se sitúan muy por encima de las 100.000. Más de 100.000 personas fueron evacuadas de sus hogares. Varios cientos de kilómetros cuadrados de tierra de cultivo han quedado inservibles. La lluvia radiactiva afectó a la producción de leche y verduras en la mayor parte de Europa.
Los desechos tóxicos son un acompañamiento inevitable de la producción de casi todos los productos petroquímicos. Al fabricar sus 200.000 a 250.000 millones de kilogramos de productos, la industria química es responsable de liberar en el ambiente casi la misma cantidad de sustancias químicas tóxicas, solo alrededor del 1% de los desechos tóxicos son realmente destruidos. El resto entran en al ambiente, ya sea de inmediato, ya si son almacenados en estratos subterráneos o depósitos de la superficie al cabo de algún tiempo. Estos productos químicos sintéticos como CFC o clorofluorocarbonos, explican los expertos, al escapar de su confinamiento, migra hacia arriba penetrando en la estratosfera donde encuentra moléculas de ozono. A continuación, se produce una compleja reacción catalítica, en la cual cada molécula de CFC provoca la destrucción de numerosas moléculas de ozono. Así el muy hablado efecto del ozono es el resultado de la intrusión de un proceso no natural en la química global, y se ha sacado la conclusión de que si este proceso continúa, es probable que los seres humanos, fauna y los cultivos sufran graves daños: un gran incremento del cáncer de piel, problemas oculares, desaparición de la fotosíntesis, aumento del caldeamiento global, etc. En resumen, acelera el efecto invernadero.
Las selvas tropicales: nuevos obstáculos.
Además de las perjudiciales intrusiones en la frágil red de la ecosfera, los recursos naturales han sido destruidos a un ritmo creciente. Tal vez, el problema más serio sea el de la destrucción de las selvas vírgenes, especialmente en los trópicos. Dichas selvas sustentan a una enorme diversidad de especies animales y vegetales, y cualquier alteración del equilibrio natural, como es normal y natural, repercute en primer término en los grupos humanos habitantes del país en que se provoca la modificación. Incluso la modificación artificial de la flora puede llegar a transformar la naturaleza del suelo provocando la esterilidad de amplias comarcas, como se aprecia con notable evidencia en el Continente africano.
Desafortunadamente, son los intereses en el mundo los que contribuyen a la destrucción de la selva tropical, simplemente para satisfacer los propios intereses financieros y políticos, no por el desarrollo del país como la manifestó un alto funcionario de una organización occidental al afirmar que "la única contribución que Africa puede hacer a la civilización son sus minerales, y para eso no necesitamos la selva". Otro de la misma organización añadió: "necesitamos eliminar la selva tropical. No queremos más vietnams". (Claes Linden, 1951:14) La destrucción de un continente y la muerte de millones de personas no cuenta para nada ante estos. Pero se ha demostrado que sin la selva, la temperatura tiende a aumentar y el clima se vuelve más seco e inhóspito para las plantas. Se oculta, pero está claro que los países en el oeste de Africa, por ejemplo, que destruyen la selva, no solamente disminuyen las lluvias en sus propios países, sino que exportan sequía a sus infortunados vecinos al este. Aquí, vemos la explicación principal de las sequías de los últimos años en el sur de Sudan, en Etiopía y otros países de Africa. En las últimas décadas todos los países de la Africa subsahariana han sufrido de escasez de comida, resultante de las repetidas sequías y con cada ciclo de sequía se incrementa la desertización. Esta capacidad reducida para la producción de comida, consecuencia de la sequía y desertización, ha puesto una población de más de 100 millón en las puertas de hambre y muerte. En efecto la destrucción de la selva tropical causa una catástrofe monumental y se anticipa que esta destrucción liberará cada año muchos billones de toneladas de dióxido de carbono, uno de los gases principales responsables del efecto invernadero.
Deforestación: otro mal.
A esta acción se añade la intensa deforestación que se ha ejercido previamente bajo la forma de talas e incendios; una destrucción "desordenada" y las talas despiadadas llevadas a cabo por las empresas occidentales sin sujeción a un previo estudio técnico que tenga en cuenta los intereses futuros de la población. Países de Asia y Africa comienzan la última década del S.XX con apenas 2 y 15% de sus selvas tropicales todavía no destruidas. En la Amazonia, por ejemplo, hasta 1970 se habían talado apenas cerca de 5 millones de hectáreas, mientras que en los últimos dieciocho años el área deforestada alcanza como mínimo 25 millones de hectáreas(MORAN, 1993:250). Ya en el informe de UNEP se revela que el 74% del área total de Africa está afectada por la desertización. (UNEP 1992:23). En Nigeria, por ejemplo, las exportaciones de madera han descendido vertiginosamente a lo largo de la década pasada a resultas de la tala abusiva, y Thailandia y las Filipinas en otro tiempo exportadoras de madera se han convertido ahora en importadoras netas a causa de la devastación de sus bosques, afectando de esta manera, no solo en lo ecológico, sino también en sus respectivas política económica porque esta deforestación no ha contribuido significativamente a la producción de alimentos para los pueblos afectados.
Incendios y extracciones.
La intensidad de esta destrucción parece ampliarse a medida que las reliquias forestales disminuyen, lo que tiene por efecto aumentar a la vez la densidad de las extracciones de madera y la acción de los incendios sobre estos bosques. Los incendios arrasan anualmente las praderas. El papel destructor de los incendios ha sido puesto, en repetidas ocasiones, de manifiesto por los especialistas en cuestiones tropicales, que hacen resaltar la acción inhibidora que ejercen, impidiendo la nueva creación del bosque y evitando toda reconstitución de la cobertura forestal. El periódico, Diario 16 nos informa que cada minuto hay 26 hectáreas menos de bosque en el mundo, una superficial igual a 35 campos de fútbol. (Diario 16, Viernes, 2 de julio de 1999) Parece poco a nivel mundial pero es significativo su cálculo al año.
La extracción de piedras, minerales y metales para la exportación es otro de los responsables de ingentes deterioros ambientales en todo el mundo, porque provocan (el procesamiento de minerales) diversos impactos ecológicos que van desde la destrucción de grandes extensiones de suelo a la generación de inmensas cantidades de residuos y de unos niveles de contaminación atmosférica y acuática de gran magnitud a muy pocas ventajas económicas. Se dice, por ejemplo, que una sola mina de cobre de Papua Nueva Guinea rendía el 40% de los beneficios del comercio de exportaciones del país, a costa de verter 130.000 toneladas de desperdicios contaminados por metales al río Kawerong todos los días (LESTER, 1993:270). Lo que se podría sacar de esta situación es que ya existe aquí sobre la tierra el infierno y nosotros, los hombres estamos creándolo con nuestra avaricia, nuestro egoísmo, nuestra falta de respeto por la vida. La destrucción de la selva y su fauna es el preludio al exterminio del propio hombre.
LOS PAISES NORTE-SUR: LA ÚLTIMA BARRERA.
El debate actual es que en los países industrializados del Norte, la opulencia y el consumo excesivo son percibidos como la mayor causa de deterioro ambiental, en el Tercer Mundo, la pobreza, entendida como pobreza de la gente y de los países, es considerada como el peor contaminante. Pero lo indudable es que el hemisferio norte contiene parte de la moderna tecnosfera, sus fábricas, plantas de energía eléctrica, vehículos automóviles y plantas petroquímicas, y la riqueza que la misma genera. El hemisferio sur contiene la mayor parte de la gente, casi toda desesperadamente pobre. En 1989, los 21 países más ricos, con sólo un 15% de la población mundial, acumulan el 82% del Producto Interno Bruto mundial, mientras que el 78% de la población mundial (4.000 millones de habitantes y 98 países) debía contentarse con un 18% del PIB mundial (IGNACIO DE SENILLOSA, 1997:25). Ahora se sitúa la cifra a 20:80. El resultado de esta división es una dolorosa ironía global: los países pobres del sur, a pesar de estar privados de una parte equitativa de la riqueza mundial, sufren los riesgos ambientales generados por la creación de esa riqueza en el norte. Bhopal, una población india de 700.000 habitantes, ilustra claramente las consecuencias que sobre la población de los países del Sur tienen las políticas de desarrollo industrial que favorecen los intereses económicos del Norte. Bhopal es el resultado más visible de un orden internacional que alienta la instalación de industrias de alto riesgo en los países del Sur, industrias que aprovechan legislaciones medioambientales menos restrictivas o la permisividad de las autoridades locales para recortar los gastos de seguridad y control medioambiental.
Por otro lado, los países en vías de desarrollo del Sur no sólo experimentarán el impacto del caldeamiento global y de la reducción del ozono, que se deben hoy principalmente a los países industrializados, sino que son también víctimas de las exportaciones tóxicas del norte. Por ejemplo, al haberse impuesto prohibiciones sobre plaguicidas particularmente peligrosos en países industrializados, los fabricantes los han comercializado, en su lugar, en los países en vías de desarrollo. Allí, pobremente regulados, han creado en el cuerpo de los habitantes de las poblaciones locales las más altas concentraciones de plaguicidas del mundo. La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) alertó, hace poco, contra el almacenamiento de pesticidas caducados. En una reunión de países donantes en Roma el 25 de Mayo 1999, la FAO advirtió de que el problema afecta a todo el planeta aunque "más de 100.000 toneladas de pesticidas caducados están en países en vías de desarrollo... y continuarán amenazando la salud y el ambiente durante los próximos 30 años" (EL PAÍS, MARTES 25 DE MAYO DE 1999). Unas 20.000 toneladas de pesticidas ya obsoletos están en Africa donde infectan el ambiente y plantean graves problemas de salud pública si recordamos que a menudo los barriles rebosantes de productos altamente tóxicos son abandonados al aire libre, cerca de los puntos de almacenamiento y de venta de productos alimenticios y, lo que es peor, al alcance de los niños que juegan fuera de casa.
Claro está que la nueva auge de la <globalización> hace que en el mercado global, estas sustancias y procesos perjudiciales para el medio ambiente avancen por el camino que ofrece menos resistencia, que es el que conduce a países bien dispuesto a aceptar la degradación de su propio medio ambiente a cambio de una compensación económica inmediata. Desde esta perspectiva, no cabe duda de que para los tercermundistas, la moda ecológica no dejará de ser un intento de las naciones ricas de estabilizar la situación mundial en beneficio propio. Por ejemplo, los planes de Ucrania y los Estados Unidos para comerciar emisiones de dióxido de carbono habrían sido impensables hace 20 años. Los problemas ecológicos, se puede concluir, tanto los relativos a la contaminación ambiental como los relativos al agotamiento de los recursos, los crean las economías más avanzadas y los países más ricos y derrochadores, mientras que son los pobres los que sufren las consecuencias.
¿CUIDADO RESPONSABLE O DESARROLLO SOSTENIBLE?
Hace unos años que la asociación canadiense de fabricantes de productos químicos inició un programa de "cuidado responsable" donde las empresas concuerdan en adoptar el concepto de "gestión del producto" y tratar de lograr el mejoramiento de la seguridad del producto, la protección ambiental y la salud pública. En los EE.UU la industria química sostiene que el cuidado responsable ha hecho reducir las emisiones tóxicas en el 60% en cinco años (Cf. OPCIONES, 1998:13). Ahora bien, el problema que tiene este programa es que la mayoría de los planes de autorregulación carecen de transparencia: no se basan en normas públicas con niveles de emisión publicados, y el gobierno tiende a apreciar esta autorregulación porque es barata.
Además, viste la poca funcionalidad del "cuidado responsable" el informe del Comité Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, Nuestro futuro común, conocido como el informe Brundtland de 1987 propone la idea del "desarrollo sostenible". El desarrollo sostenible es una crítica al desarrollo real porque se basa en parte en la idea de que el desarrollo real produce resultados negativos sobre el bienestar (la contaminación, el estrés, etc.). Además el desarrollo real tiende a aumentar la contaminación del medio ambiente y acercar el agotamiento de los recursos no renovables.
El desarrollo sostenible pone el énfasis sobre los requisitos medioambientales globales y la interdependencia medioambiental pero la cuestión más clave es que la sostenibilidad no depende en definitiva de los gobiernos sino de las empresas, porque las empresas controlan más del 90% de la inversión que da forma a nuestro futuro y las empresas se basan en las utilidades, de manera que para lograr el desarrollo sostenible se requerirá hacer que la sostenibilidad sea rentable. El gobierno de Beijing, por ejemplo, ahora esta decidido a poner fin al descontrol medioambiental por la amenaza que padece pero siempre que eso no suponga una disminución de sus previsiones de crecimiento económico. Y es cierto que al lado de la rentabilidad económica está (el aspecto del desarrollo más humano) el peligro mundial por las emisiones de dióxido de carbón. Así, el concepto empresarial del desarrollo sostenible es bastante estrecho y la justicia social hasta ahora ha atraído mucho menos interés. El desastre de Bhopal ayudó a convencer a algunos líderes del sector privado de que no podían desconocer los efectos ambientales. Las acusaciones de abusos de derechos humanos y la contaminación ambiental por la Shell Oil en Nigeria y de explotación de mano de obra infantil por Adidas (todas a por el desarrollo sostenible y cuidado responsable) obligaron a esas empresas a comenzar a pensar en los efectos sobre el desarrollo porque en Africa y en Latinoamérica, no solo no ha habido desarrollo, sino que dio marcha atrás en los años ochenta. En la década pasada, el promedio de ingresos cayó en un 10% en la mayoría de los países de América Latina y hasta en un 20% en el Africa subsahariana", nos comunica María Elena Hurtado, (Cf. Pobreza, Desarrollo y Medio Ambiente, 1999:183). En China, el crecimiento industrial no ha respetado norma medioambiental alguna y la mayoría de su población sigue viviendo en el campo 870 millones de personas por lo que la creciente desertización, que ya afecta al 28% de su territorio, es un auténtico drama. ( véase EL MUNDO, lunes 19 de abril 1999, p.40)
En definitiva, existe un conflicto entre la destrucción de la naturaleza para ganar dinero y la conservación de la naturaleza para poder sobrevivir, o lo que es lo mismo, entre el desarrollo económico (sostenible) y el cuidado responsable porque la ilusión del crecimiento económico continuado es alimentada por los ricos del mundo para tener a los pobres en paz. Por el contrario, la idea correcta es que el crecimiento económico lleva al agotamiento de recursos y a la contaminación y eso perjudica a los pobres. Además, el capitalismo no incluye los costes ambientales en su contabilidad, y solo lo hace cuando los movimientos ecologistas populares reaccionan contra el destrozo que causa sobre sus condiciones naturales de producción.
Hace falta, pues, el uso racional y prudente de los recursos naturales dentro de una estrategia guiada por las necesidades vitales en vez de guiarse por la racionalidad económica del mercado, que no da valor a los costes ambientales. Esta estrategia debe atender a las necesidades del presente sin sacrificar el bienestar de generaciones venideras.
LA RESPONSABILIDAD DE LOS AGENTES PASTORALES:
La religión puede, sin duda, ayudar a motivar a las personas a cambiar su modo de vida y a comprometerse en una acción común para descubrir los criterios de solución aceptables para todos ya que la religión influencia nuestra visión del mundo a la vez que contribuye a la formación de valores y criterios. El debate acerca de la responsabilidad de la religión en la crisis del medio ambiente se remonta hacia fines de los años sesenta cuando una norteamericana, Lynn White, publicaba una artículo achacando al cristianismo como el responsable de la presente situación de la crisis medioambiental. (Mbonyinkebe Sebahira, en PRO MUNDI VITA, p.8). Ella apuntaba que donde el cristianismo esté presente, existe un problema de desacralización. Cuando el cristianismo penetra una sociedad, al mismo tiempo, la naturaleza se ve desacralizada allí mismo donde antes, ella era sagrada porque el cristianismo predica un camino de salvación extraño al sistema natural, profesando una filosofía antropocéntrica como se narra en la literatura testamentaria en el Génesis: "Tomó, pues, Yavé Dios al hombre y le dejó en el jardín del Edén, para que lo labrase y lo cuidase". Dios encomendaba al hombre la guarda y el uso de la tierra convirtiendo el hombre en centro del universo. De esta manera, el hombre es constituido gerente y gestor de un mundo al que usa de acuerdo a su voluntad. Esta autora es de opinión de que o se deshace de un cristianismo que perjudica al medio ambiente o toma una actitud radicalmente diferente. En lugar de un cristianismo voluntario que explota la naturaleza, la opción sería por un cristianismo de San Francisco de Asís cuyo misticismo hacia la naturaleza lo hace cantando un himno a su hermano el sol y a su hermana luna.
Lynn White representa la multitud de unas mentes (que no son pocas) que atribuyen la destrucción de la naturaleza en el mundo al dualismo de la visión del mundo occidental que concibe a la naturaleza como inanimada y reservada a la única explotación y provecho del hombre. Pero, también hay que destacar que existen otras visiones del mundo y otras concepciones de las relaciones del hombre con el universo como se observa en la espiritualidad oriental o la africana que adora ciertos árboles y bosquecillos considerados como moradas de los espíritus. O las fuentes, los ríos, los lagos y los mares que constituyen los grandes "templos acuáticos" donde moran los genios del agua, las célebres mami wata, o la diosa Tierra (Ala) para los Ibos de Nigeria, que ocupa un lugar importante en la vida social y moral en tanto que guardiana de la moralidad y fuente de fecundidad para la mujer, la vegetación y los productos agrícolas. Aprovechar ésta mentalidad y tradición de estos pueblos por los agentes de evangelización, sin desviar del objetivo que es transmitir la Buena Noticia, colaborará en el respeto de la gente sencilla a la naturaleza. Y de este modo, también, comunicar al mundo occidental que la economía y el mercado no constituyen los únicos valores de la vida humana.
HACIA LA JUSTICIA Y LA PAZ
La ética del medio ambiente y las relaciones entre las especies están a la orden del día. En muchos países la protección de los animales es objeto de discusiones y se pregunta si los hombres y mujeres tienen derecho para eliminar a las otras especies considerando que los científicos observan que cada animal, incluido el más pequeño, tiene un papel que jugar en el conjunto del ecosistema y que su eventual desaparición crea un inevitable desequilibrio en cadena. Pero, ¿se puede justificar el gasto millonario ocasionado por los esfuerzos destinados a salvar a dos ballenas atrapadas en los hielos cuando al mismo tiempo miles de niños mueren a causa de la desnutrición?
No es nada nuevo que la búsqueda de ganancias a corto plazo por las empresas multinacionales provoca la destrucción insensata de nuestro ecosistema. Desde hace muchos años los países industrializados en Europa, Japón, los Estados Unidos y otros más, se han aprovechado de la existencia de falta de controles en el campo del desarrollo económico, arrogándose así un nivel de vida incomparablemente superior al de los otros países del Tercer Mundo. Ahora, son estos mismos países los que han decidido la condena de las industrias causantes de la contaminación, la deforestación, etc., con ello inducen a suponer que el Tercer Mundo debería conformarse con sus actuales niveles de vida, sinónimos de miseria. Bajo estas condiciones, ¿cómo se podría entonces organizar un modo de producción económica con el fin de obtener una mayor y más adecuada repartición de la riqueza?
En muchas ocasiones Europa ha tratado de enviar sus indeseables desperdicios tóxicos hacia Africa. Este tráfico, realizado por un barco Italiano y condenado internacionalmente se vio forzado a errar interminablemente en el Atlántico en búsqueda de un puerto de acogida. Gracias a una condena similar, el "Castor" no llegó a salir de Europa desde marzo de 1997. Por otro lado, el accidente de Bhopal que llevó la vida de unas tres mil personas y dañó la vida a otros veinticinco mil más se quedó sin saber quién se responsabilizaba de ello; los gobiernos locales o la comunidad internacional. Todo esto nos lleva a pensar que si creemos en la posibilidad de detener la destrucción ecológica igualmente que la masacre de los océanos y especies vivas, entonces, debemos adoptar una nueva visión del cosmos, sobre todo, desarrollar una serie de relaciones que no son ni mecánicas ni tampoco de dominación sino que estén basadas en términos de reciprocidad.
PROPUESTAS POR EL PORVENIR.
A esta altura, solo nos queda ofrecer unas propuestas ante todo lo expuesto arriba.
Nuestra ecosfera está sometida a un ataque que resulta intolerable en su actual impacto y que podría terminar en una catástrofe global si no se hace nada para detenerlo. Pero, estamos ante un problema moral profundo e inevitable: el medio ambiente, ¿debe ser protegido de la destrucción por ello mismo, o bien para aumentar el bienestar de los seres humanos que de ello dependen? Algunos defensores del ambiente creen que el bienestar de la humanidad aumentaría si la gente fuera menos dependiente de los artefactos de la tecnosfera y viviera en más estrecha armonía con su ecosistema regional caminando o montando en bicicleta en lugar de conducir un coche, viviendo en pueblos en lugar de en ciudades. Esta postura da por sentado que la tecnosfera es necesariamente un mundo inaceptable desde el punto de vista ambiental. Esto es incorrecto. A pesar de que casi todos los aspectos de la actual tecnosfera son antiecológicos, existen tecnologías que son compatibles con la ecosfera aunque han sido poco utilizadas hasta ahora.
El impacto de un contaminante sobre el ambiente puede remediarse de dos formas generales: o bien la actividad que genera el contaminante es modificada para su eliminación o bien, sin alterar dicha actividad, se instala un dispositivo de control que retiene o destruye el contaminante antes de que pueda entrar en el ambiente. No obstante, está claro que en la labor de restaurar la calidad ambiental, la prevención funciona; el control, no. Dicha prevención requiere la transformación de la actual estructura de la tecnosfera, haciendo que esté en armonía con la ecosfera. Eso significa modificar masivamente los principales sistemas industriales, agrícolas, energéticos y de transporte y, más importante desarrollar medios políticos que atraigan el interés público por la calidad ambiental.
La energía solar se ha probado como una tecnología alternativa ecológicamente adecuada dando la existencia de posibles tecnologías alternativas. Se tiene hoy considerable experiencia práctica con la conservación de la energía en viviendas, industria y transporte, que sólo necesita ser extendida universalmente. Todas las tecnologías de energía solar que pueden sustituir a los combustibles fósiles gaseosos, líquidos y sólidos están al alcance de la mano. Además, la fuente más conveniente de electricidad solar, las células fotovoltaicas, están ya bien desarrolladas.
Pero, claro está que todos los conocimientos que existen, aun cuando se integrara en modelos ecológicos humanos, no podrán resolver los problemas que hemos analizado si no se forma una conciencia moral acerca de la importancia de la justicia social y de la necesidad de crear una racionalidad ecológica del hombre como ser que convive con su medio. La ecología humana (que se esta hablando estos últimos años) ofrece a la sociedad una metodología y una visión sistemática de las relaciones entre el hombre y el medio ambiente. Esa visión intenta impedir la miopía común en las decisiones gubernamentales que olvidan las consecuencias de un acto en el resto del sistema. Ya han formado multitud de asociaciones, organizaciones como: Los Amigos de la Tierra, Los Verdes, La Generación Ecológica, La Europe Écologie, Alternativas Rojo y Verde, etc. Hace falta ya un apoyo masivo e inquebrantable a éstas organizaciones en la lucha contra la degradación ecológica. Es necesario reconocer por todos los gobiernos el derecho de expresión y actuación de éstas organizaciones de la defensa de la naturaleza que han asumido éste compromiso. Pero, por encima de todo y aparte de las normas, decretos, leyes y nuevas tecnologías, hace falta invitar a todos a un nuevo civismo que es consciente de éste peligro que nos acecha, y que cada ciudadano debe y puede aportar su grano de responsabilidad en la protección del medio ambiente y de la salud pública.
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