Justicia y Paz
Misioneros Claretianos

 

Ecología: valoración ética

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3. Valoración ético-pastoral del problema ecológico.
 

3.1 Aportaciones del Magisterio de la Iglesia.

3.1.1 Vaticano II: Gaudium et Spes.

En la Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, se expresa la relación que guarda el hombre con el universo, con los bienes creados y las cosas (GS 69 y 36).

3.1.2 Encíclica "Mater et Magistra" de Juan XXIII.

En relación a la creación se anota únicamente este texto:

"... se recuerda en el Génesis, [como] el Creador dio a la primera pareja humana dos mandamientos, que se complementan mutuamente: el primero, propagar la vida: creced y multiplicaos; el segundo, dominar la naturaleza: llenad la tierra y enseñoraos de ella" (n.4).

3.1.3 Mensaje de Pablo VI a la FAO.

Este mensaje fue titulado "La Iglesia ante los problemas humanos del hambre y de la miseria". Parte de la constatación de una realidad para hablar de la agresión al medio ambiente: la creciente pobreza en gran número de hombres, la injusticia social en el uso de los bienes de la tierra, el hambre... e invita a gobernar la tierra con distrubución de los bienes en justicia y el cuidado de la casa común de los hombres.

El medio ambiente, dice, es un patrimonio de la humanidad, de tal forma que los propietarios -privados o públicos- deben ordenar su uso para un bien entendido beneficio de todos: el hombre es la primera y la más auténtica riqueza de la tierra (n.5).

3.1.4 Sínodo de Obispos de 1971: "La Justicia en el Mundo".

Aquí se expone la agresión al medio ambiente a través de las graves injusticias manifestadas en el mundo. Al respecto expresan:

"... los hombres comienzan a percibir una dimensión nueva y más radical de la unidad -de las ciencias-, porque se dan cuenta de que los recursos -como los preciosísimos tesoros del aire y del agua, imprescindibles para la vida, y la limitada y frágil biosfera de todo el conjunto de los seres vivos- no son infinitos, sino que, por el contrario, deben ser cuidados y protegidos como un patrimonio único de toda la humanidad" (n.6).

3.1.5 III Conferencia del CELAM.

Su contenido es rico, si se lee con los ojos puestos en los pobres, en los que han sido marginados, despojados de sus tierras para construir grandes ciudades, o de aquellos otros que siguen trabajando, desgastándose por el bienestar de unos cuantos, construyéndoles un mundo sin contaminación, dejando que sus tierras, ríos, lleven en sus venas, el desecho de los de arriba, de los que si consumen, de los hombres que son desechables. En esta perspectiva se encuentra el siguiente número:

"El amor de Dios que nos dignifica radicalmente, se vuelve por necesidad comunión de amor con los demás hombres y participación fraterna, para nosotros, hoy, debe volverse, principalmente obra de justicia para los oprimidos esfuerzo de liberación para quienes más la necesitan. En efecto, "nadie puede amar a Dios, a quien no ve, si no ama al hermano a quien ve" (I Jn 4,20). Con todo, la comunión y participación verdaderas sólo pueden existir en esta vida proyectadas sobre el plano muy concreto de las realidades temporales, de modo que el dominio, uso y transformación de los bienes de la tierra, de la cultura, de la ciencia y de la técnica, vayan realizándose en un justo y fraternal señorío del hombre sobre el mundo, teniendo en cuenta el respeto de la ecología. El Evangelio nos debe enseñar que, ante las realidades que vivimos, no se puede hoy en América Latina amar de veras al hermano y por lo tanto a Dios,sin comprometerse a nivel personal y en muchos casos, incluso, a nivel de estructuras, con el servicio y la promoción de los grupos humanos y de los estratos sociales más desposeídos y humillados, con todas las consecuencias que se siguen en el plano de esas realidades temporales".

Por tanto, se va afirmando una toma de conciencia, ante la realidad latinoamericana que aún sigue siendo el hoy latinoamericano:

"... hay que tomar conciencia de los efectos devastadores de una industrialización descontrolada y de una urbanización que va tomando proporciones alarmantes. El agotamiento de los recursos naturales y la contaminación del ambiente constituirán un problema dramático. Afirmamos una vez más la necesidad de una profunda revisión de la tendencia consumista de las naciones más desarrolladas, deben tenerse en cuenta las necesidades elementales de los pueblos pobres que forman la mayor parte del mundo" (n. 496).

"Si no cambian las tendencias actuales, se seguirá deteriorando la relación del hombre con la naturaleza por la explotación irracional de sus recursos y la contaminación ambiental, con el aumento de graves daños al hombre y al equilibrio ecológico" (n. 139).

Ya casi al final del documento, propone como línea de trabajo para construir una sociedad en su desarrollo justo y equitativo:

"Preservar los recursos naturales creados por Dios para todos los hombres, a fin de transmitirlos como herencia enriquecedora a las generaciones futuras" (n. 1236).

3.1.6 Mensaje para la Jornada Mundial de la paz del Papa Juan Pablo II (1 - Enero - 1990).

Fue títulado "Paz con Dios creador, paz con toda la creación" y subraya la necesidad de una visión global de todo este problema: "Toda intervención en un área del ecosistema debe considerar sus consecuencias en otras áreas y, en general, en el bienestar de las generaciones futuras" (n.6). Por lo que debe tener una visión del universo como un todo, como un verdadero "cosmos", dotado de un equilibrio interno, que debe ser respetado (n.8), así como la "integridad de la creación" (n.7).

3.1.7 IV Conferencia del CELAM (Octubre - 1992).

Los obispos latinoamericanos reunidos en Santo Domingo, reflexionaron sobre el tema de la ecología, dentro del capítulo dedicado a la promoción humana, y le dedican nuevo números en total (169-177), y enfatizan en la necesidad de subordinar las propuestas del desarrollo económico de las naciones a criterios éticos: "una ética ecológica implica el abandono de una moral utilitarista e individualista; postula la aceptación del principio del destino universal de los bienes de la creación y promoción de la justicia y solidaridad como valores indispensables" (n.169).

Otro elemento importante que trata el documento es lo referente a la tierra como don de Dios, donde señala que existe lamentablemente en nuestro continente, la mentalidad mercantilista, que "considera a la tierra en su relación exclusiva con la explotación y el lucro, y que lleva a la especulación del suelo urbano, haciendo inaccesible la tierra para la vivienda de los pobres; además, no podemos olvidar la situación de los que trabajan su tierra y ganan el sustento de su familia con tecnología todavía tradicionales" (n.172).

3.1.8 Un punto controvertido: la Laborem Excersens.

En la eciclíca de Juan Pablo II, se elabora un análisis de los actuales problemas laborales y económicos que seguramente alegrará los corazones de todos aquellos que buscan una vida de trabajo más humanística. Subraya la primacía del trabajo por encima del capital, las maneras en que el trabajo debería estar al servicio de la gente en vez de las utilidades y los derechos de los trabajadores para unirse a defender los fines humanos.

Por otra parte, el Papa refuerza esta teoría humanística del trabajo con una lectura de las Escrituras, especialmente del Gen.1,28 que subraya la misión de los seres humanos de "dominar" la tierra de una manera que forzosamente haría temblar a los ecólogos. Como si no se diera cuenta de las discusiones de la última década en torno al lugar que ocupa el antropocentrismo cristiano en el saqueo de la tierra, o de la necesidad de establecer derechos para que la tierra se oponga a dicho saqueo, o del multifacético problema de establecer una espiritualidad más respetuosa hacia la naturaleza, el Papa casi hace que el hecho de forzar a la naturaleza a la productividad sea la medida de la grandeza humana.

3.2 San Francisco de Asís.

¿Por qué traer a escena a Francisco de Asís al finalizar un asunto que atañe a la búsqueda de la formación de una nueva ética medioambiental? Francisco ha salido de una hagiografía marcadamente romántica y emocional y ha entrado, con la fuerza de un proyectista de raza, en la discusión acerca de la solución de la difícil relación entre hombre, naturaleza y ciudad. El propuso un modo alternativo de vivir la relación hombre-naturaleza, hombre-ciudad en el siglo XIII que le tocó vivir.

En el momento en que, abandonado y enfermo, siente la cercanía de la muerte, expresa esta relación en el Cántico de las criaturas: canto de la fraternidad cósmica, de la alegría de vivir juntos, del agradecimiento. ¿No podemos tomar sus palabras y comenzar una humanidad?

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