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Buenos Aires, ||año 6 - número 7 ||
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nota: por Javier Galarza

POSTALES DEL BORDE EN EL BORDA

No soy Gastón Pauls, pero a decir verdad tampoco estoy tan orgulloso de no serlo. A veces deseo rescatar historias del secreto pero a veces pienso también que el anonimato es la forma más piadosa de la historia. Sea como sea, allí vamos otra vez.

1.
Bajo hacia la avenida del invierno a través de la calle de las putas. Bordeo la torre panóptica del observador invisible, el ausente tácito (¿dios?), y entro al hospital Borda. A los costados, pabellones de ladrillos de una construcción interrumpida. Las casas abandonadas y las construcciones fantasmales adquieren en este lugar una nueva significación. Junto a la seguridad reposan dos perros. Los internos piden cigarrillos y monedas.

2.
Pregunto por la guardia, pido turno sin evidenciar demasiado apuro y me siento a esperar. Un muchacho morocho con un gorro de lana escupe, camina de un lado a otro y golpea las paredes. Un enfermero calvo y corpulento parece encargarse de mantener el orden.
A la guardia llega una chica bonita y bien arreglada. Está embarazada y usa gafas contra el sol. Se sienta junto a mí. Me cuenta que mezcló un litro de vino tinto con Rivotril. Habla arrastrando las palabras.
-Yo no puedo tomar alcohol a esta hora. - le digo.
-Yo tampoco. -responde.
Nos reímos. Me pide un cigarrillo. Toma uno y me pregunta si puede sacar otro. Le pregunto si vive sola. “No, vivo con un flaco.” “¿Y? ¿todo mal?”. “No, todo bien” dice entre hipos. “En un rato tiene que venir.”- agrega. Pronto la llama un médico. “Chau” me dice.
En el pabellón de los consultorios externos, una mujer pequeña me cuenta que estuvo internada, que tomó “más de cien pastillas”. Aguarda un momento y añade “nunca me prestaron tanta atención.”
Un hombre delgado y consumido se pasea por los corredores gritando “ se están tomando mi sangre, se están tomando mi sangre.”
Continúo mi recorrida por el hospital. Recuerdo ese pensamiento que asemeja de manera perturbadora la edificación de las cárceles con las escuelas y los hospitales.

3.
Me acuerdo de mi amigo Ale. Nunca pensamos que pudiera tener ese desenlace. Era actor, un chico un poco más oscuro de lo habitual, dueño de una mirada muy intensa y cierta ambigüedad seductora. Escribió alguna obra de teatro, ganó algunos premios, estuvo prendido con la cocaína, tuvo una relación digna de una novela con una chica rubia tan extraña como él (una vez se agarraron a golpes delante de nosotros), pero nunca sus amigos supimos demasiado de su vida, ya que pertenecía a esa clase de persona que siempre parece tener alguna reserva o secreto. Lo volví a ver ocasionalmente. Dos veces en un tren. Los encuentros en los trenes tienen cierta particularidad que algún día intentaré describir. Afirman aún más la idea de que todo en la vida, y la vida misma aún, no son más que un tránsito. Cuando lo volví a ver, cuando al fin se produjo el reencuentro de nuestro grupo, le habían diagnosticado esquizofrenia. Tenía ahora en la forma de hablar cierto infantilismo. Su mirada había decrecido en intensidad. Su crisis comenzó cuando caminaba por la calle y comenzó a sentir que se prendía fuego por dentro y entonces entró a algunos comercios gritando desesperado.
-¿No hacés más teatro?- le pregunté.
-No. Por mi enfermedad es mejor que no me meta en otras personas.-respondió con lógica.
Ahora Ale se dedica a la computación. Puede pasar horas hablando de complejos sistemas de redes. De alguna manera es como si ese circuito lo hubiera organizado. Pero la medicación le quitó el brillo de antaño y, sobre todo, ese brillo oscuro en los ojos de los secretos.

4.
Otro hombre, de rasgos duros y nobles, aguarda ser atendido por su psiquiatra “Estoy aquí por muchas cosas. El trabajo. La familia. Las mujeres. Muchas exigencias. Mi hermano es ingeniero. El anduvo bien. Me dijo que no me puede ayudar. Se gasta la vida en putas. Yo ando con mujeres, pero son amigas. Una tiene un hijos de diez años. Es otra relación. Hacemos el amor, tomamos mate. No se si nos vamos a juntar. No me preocupa. Hago las cosas a mi manera pero estoy bien. Que suerte que existe la medicación. Yo ya llevo más de treinta años de psicoanálisis. Me enamoré de adolescente, pero no pudo ser. Nunca me casé. Mirá, ayer recorté esta frase del diario: “con los necios y los soberbios no se puede tratar.” Porque entonces ¿de qué sirve la inteligencia?
Mirá, tengo unos cuantos años más que vos. No sé de que se trata la vida. Vos tampoco sabés.

5.
“Yo maté al japonés Hubo una lucha psíquica. Tuvo una hemorragia cerebral.” grita un muchacho sentado desde un banco a quien quiera escucharlo.
“Voy al poder de Dios El don de lenguas. Todo eso.”- añade.
“Pero ¿cómo murió el japonés?” pregunta una enfermera repentinamente interesada.
“Yo lo maté. Fue una lucha psíquica. Con mi sangre lo maté.”
Entonces canta “estoy enamorado del señor, estoy enamorado de Jesús.”
Sigo mi marcha. Caminar por cementerios y hospicios es una referencia. Algún día seremos tierra. Mientras tanto estar del lado de adentro o de afuera apenas parecen circunstancias, eventualidades. La idea del tránsito. Largas caminatas en el invierno. Encuentros con amigos en los trenes. Cosas así.

 


 

nota: por juan pablo gonzalez

Si la religión es el opio de los pueblos, ¿Dios no es el Gran Narco?

“Que los cristianos venerasen a un único dios que no tolera a otros dioses a su lado es un hecho que el mundo ha tenido que expiar acerbamente. Y no sólo lo ha pagado con el exterminio de seres humanos y pueblos, sino también con la destrucción planificada de documentos...” Ernst Jünger

La Iglesia (y las grandes religiones) generalmente se han aliado a las Monarquías, Imperios, Naciones, etc, (ver la marxista: “la religión es el opio de los pueblos”, un opio de contrabando que se usa a escondidas; ver a Kropotkin: “Por otra parte, el Estado, considerado como poder político, la Justicia Estatal, la Iglesia y el Capitalismo representan realidades y planteamientos ideológicos que no podemos separar. Esas instituciones se han desarrollado, en el curso de la historia, apoyándose y reforzándose mutuamente.”) y dando su vista buena más de una vez a toda clase de atrocidades: esclavitud, inquisición, guerras, hogueras, torturas y autotorturas, desapariciones, matanzas, hambrunas, etc, etc, siempre al lado del poder, los sacerdotes como cómplices del Estado Paternalista...
los reyes y generales y presidentes de las manos de los papas y obispos...
además la conducta “divina” durante las Cruzadas y el Medioevo,
la Santa Inquisición con sus hogueras y expropiación de bienes,
su pleno apoyo moral a los “conquistadores” a la hora del esclavismo y las matanzas y las violaciones,
el robo de oro para las coronas y el papado,
la persecución y exterminio de conocimientos médicos-religiosos-filosóficos-artísticos-científicos,
el desprecio racista abusivo hacia “los salvajes”, las mujeres, los “bárbaros”, las minorías más débiles, las mayorias ingenuas y credulas... además de la larga historia de sabidos amoríos ocultos entre curas y monjas y entre curas y monaguillos- incluyendo todo tipo de abusos sexuales (incluso a menores) y psicológicos entre los fieles; perversiones y abortos, sadomasoquismo e hipocresía...
Y la Iglesia, que estuvo detrás de esas y otras mentiras y guerras, de esos y otros botines, impuestos y contribuciones de contrabandistas y piratas y ladrones varios, de esos y otros actos obscenos, sectarios, blasfemos... que nos llegan hasta el apoyo incondicional de hoy del Papa y los suyos a gente como Pinochet y Videla- sabidos dictadores y asesinos no arrepentidos- o al caga-boy Bush, que no para de cagar bombas, pesticidas y dólares que confían en su Dios Bélico Millonario y hambrean al Tercer Mundo...
Sabemos también hoy en día de todo tipo de lavados de cerebro a los que nos someten tanto sectas, como grandes religiones, como las grandes naciones: dice Max Stirner: “La política, como la Religión, pretendió encargarse de la “educación” del hombre... hacer de él alguna cosa, es decir... un “ verdadero creyente”,...“un verdadero ciudadano” o un “verdadero súbdito””.
En una nota del diario Página 12 citan a Frances Stonor Saunders hablando de Dios como un “arma de la Guerra Fría promovida por la CIA”. Y dice que fue durante esa época que “los EEUU descubrieron lo útil que podía ser la invocación a la religión... Dios estaba en todas partes... y empezó a aparecer en los billetes... con el lema oficial de la nación “confiamos en dios”” (“IN GOD WE TRUST” o “IN GOLD WE TRUST” - EN EL ORO CONFIAMOS- como han traducido/transcripto por ahí.
En la Dictadura Militar -apoyada por la Iglesia- Dios también estaba en todos lados, como arma de guerra fría/ caliente que nos tiene a todos cagando (¿hace falta agregar lo de los 30 000 desaparecidos por Crímenes del Estado Católico; y recordar los millones de indígenas liquidados primero por Europa y después por los “patriotas” de Argentina y otras Naciones Independientes con la complicidad de los crucifijos de oro?).
Dios experimenta y castiga a sus criaturas. Dios el Dinero y sus legiones de pobres que mueren de hambre, o Dios el Diablo (“el Demonio es Dios invertido” recordaba Alan Watts), o Dios el Estado que nos protege con impuestos prohibiciones y estafas, o Dios el Comandante de Policía de gatillos y fusilamientos fáciles, o Dios el Científico que crea bombas atómicas, contamina los mares y usa a los pobres como ratas de laboratorio, o Dios el Presidente, de Argentina o de EEUU o de Roma o del FMI...
Dijeron Heráclito y otros que los hombres imaginaban a sus dioses a partir de sus ideas. Si echamos un vistazo en las religiones: cada región, cada pueblo ha engendrado una deidad o una mitología, o un Olimpo de deidades/ aliados /demonios particulares, que van del chamanismo/ animismo/ espiritismo al politeísmo y al monoteísmo (siempre falso, lleno de santos y santas y otros). En cada región el arte que se usa para representarlos varía, la imaginación mitológica es caleidoscópica... y maravillosa.
Pero las grandes religiones intentan obstinadamente instaurar el dogma (y se declaran unas a otras “guerras santas”), a fuerza de proteger racistas y asesinos, a castas y elites. Y Dios: ¿estará muerto, como propuso Nietzsche; o borracho y embrutecido, como imaginó Lautreámont?
¿Y Dios está en todos lados, o los billetes están en todos lados?
¿Y si la religión el opio de los pueblos, Dios no es el GranNarco?

“Los poderes legítmos del gobierno sólo se extienden a los actos que lesionan a otros. Millones de hombres, mujeres y niños inocentes han sido quemados, torturados, multados y encarcelados desde que se introdujo el cristianismo. ¿Cuál ha sido el efecto de la violencia? Hacer de la mitad del mundo estúpido y de la otra mitad hipócrita, apoyar la bellaquería y el error sobre toda la tierra.” Thomas Jefferson, 1782

metafísica del poder
entender al poder político como una especie de ‘falsa casta divina’, “altamente decadente”, donde hijos, hermanos, primos, cónyuges y toda clase de parientes (y amigos) se pasan el volante del poder de las naciones y demás, para mantener su confortabilidad y perder del todo su dignidad... asi en el reino como en la tierra... monarquías, dictaduras, democracias, mascaradas entregadas por el enmascarado Dios a los hombres... caretas de cera divina que se incendian al mirar las flacas costillas de los holocaustos...

 

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