|
nota:
por Diego Julio
VIDA
DE BOLETERO DE CINE PORNO
La
película porno, real, viva, cruda y desnuda,
vista no desde la butaca sino desde la boletería...
otra original entre-vista rescatada para La
Maldita en tiempos que la marginalidad
se convierte en otro negocio exótico...
"David,
veintidos años:
Entre por mi tío que conoce al dueño,
y bueno... laburo de nueve a cinco, hasta que viene
un viejo a la una y me hace la suplencia.
Vendo entradas y de vez en cuando me peleo con un
travesti; entro pongo la pava y ahí arranco.
¿Te cuento anécdotas?
Con los putos tengo bardo, se pelean, se te tiran...
te ven pendejo. Hay peruanos y bolivianos, el boliviano
para darte una idea es King Kong con pollera. A
lo primero se me tiraban todos, yo ponía
la voz gruesa, una vez casi lo agarró a uno
del cogote; pero ya no... ahora me respetan.
Ahora estamos dando LA PERSUACIÓN, ANALE
GRANDE y HEIDI; yo las pongo (es un cine continuado),
a veces las miro porque tengo un monitor, pero mucho
no porque se te va a la presión a la mierda.
De vez en cuando vienen minas; una vez vino una
con el marido, el chabón la entregaba para
que le rompan el culo, enfermizo! enfermizo! Yo...
me tocan a mi mujer y los mato a palos.
Abajo se dan matraca (el cine es un sótano),
minas mucho no vienen porque hay muchos travestis
y hay piñas seguro. A veces la que limpia
acá en la galería me tira la goma,
es medio bagre pero bueh... Como yo tengo la boletería
espejada, la mina se me pone abajo del mostrador
y me la chupa mientras vendo entradas (risas).
Una vez le rompieron el culo a uno, y se cagó,
se vino a quejar diciendo que la butaca estaba toda
cagada; se ve que le dió verguenza.
Es muy pesado el ambiente, hay mucho punga, le van
a chorear a los pajeros, a los tipos que se bajan
los lienzos, se descuidan y les afanan todo. A veces
quieren entrar a cambio de un estéreo, linternas,
billeteras (vacías más vale), calculadoras,
agendas personales, llaveros, todo lo que se puedan
afanar.
El que limpia a la noche se encuentra de todo, pero
hay semen por todas partes.
Es un laburo muy bohemio, a mi me gusta tengo tiempo
para pintar y escribir.
Todas las mañanas cuando llego hay cola,
desde viejitos a los que no se le para, hasta tipos
de traje y corbata."
nota:
por ana lema
¿VIRGINIDAD
A TODA COSTA?
Aún
en nuestros días existen mujeres que necesitan
esconder su sexualidad, incluso que se avergüenzan
de ejercerla libremente. Como solución
recurren a una cirugía, conocida como reconstrucción
del himen.
Hace
unas semanas me reencontré en la calle
con una amiga, estudiante de sociología,
recién llegada de Estados Unidos. Eran
eso de las ocho de la noche y, como teníamos
tiempo, nos fuimos a charlar a un café.
Después de ponernos al tanto sobre nuestras
respectivas vidas, hacía un par de años
que no nos veíamos, la conversación
derivó en las relaciones con los hombres
y de allí, a la situación de la
mujer latina en el país del norte. En ese
momento, Gilda me comentó el caso de una
compañera de estudios proveniente de Colombia
que, a punto de casarse, había invertido
no se cúanto dinero, -creo que mencionó
una cifra cercana a los dos mil dólares-
para reconstruir su himen. Entonces, comprobé
que la geografía no basta para borrar ciertas
tradiciones machistas de las mentes de algunas
mujeres. Aunque, molesta por lo que oía,
quise conocer más. Le pregunté dónde
se prestaba el servicio. Me explicó que,
tanto en Nueva York como en otras ciudades importantes,
existen institutos de belleza clínica,
donde se practica esta cirugía que asegura
la reconstrucción total de la membrana,
dejando solo un pequeño orificio para la
menstruación. Como para ayudar a digerir
la historia pedimos una cerveza; mientras llenaba
mi vaso me contó que el porcentaje de hispanas
que se sometía a esta práctica era
altísimo, que le seguían las mujeres
coreanas y las chinas; ya que, a las norteamericanas
no les interesaba el asunto. En ese momento mi
mente recordó el nombre Egipto, país
en que las mujeres van a operarse, más
precisamente al Cairo, para lograr casarse
limpias porque de lo contrario, serían
consideradas una deshonra para sus familias y,
tal como dicta la tradición de dicho país,
merecedoras directas de la muerte. Comentamos
que, afortunadamente, no todos los hombres piensan
así, sino que existen aquellos que aceptan
la igualdad y libertad sexual, aunque coincidimos
en que la teoría no bastaba si estas creencias
igualitarias no pasan a la práctica.
Gilda siguió con su historia de su compañera
colombiana. Comentó que, como la muchacha
no tenía suficiente dinero para pagar sus
estudios, se había prostituído a
espaldas de su novio, para que no la abandonara
y que, una vez ahorrado cierto dinero, había
recurrido a la cirugía del himen, para
poder casarse como dios manda. Parece
que su novio pertenece a una familia tradicional,
también de Colombia, que vería muy
mal que la futura esposa no fuera virgen. La impotencia
me dejó sin palabras, me imaginé
la chica y como debería ser para ella el
retener todos estos secretos ante su pareja y
la vergüenza que sentiría de sí
misma como para llegar a someterse a semejante
operación como símbolo del
amor que le profesaba al muchacho. Me mantuve
distraída hasta que la voz del mozo me
devolvió a la realidad. En ese momento
mi amiga se fijó en la hora. Era tarde.
Intercambiamos teléfonos y direcciones,
y después de pagar la cuenta, nos despedimos.
Cuando llegué a mi casa la supuesta imagen
de la chica, aquella que había construido
en mi cabeza, seguía intacta. Encendí
el televisor y, como de costumbre, comencé
a hacer zapping; una imagen de Afganistán
mostraba una mujer cubierta de pies a cabeza,
con un bebé en brazos. Esto cerró
el cuadro y apagué el aparato. La idea
de lo chocante que resulta saber que muchas de
las prácticas y creencias que, durante
siglos mantuvieron sometidas y bajo humillación
a miles de mujeres, actualmente se sigan realizando,
me acompañó a la cama.
ARRIBA
|