Patricia Lara
Madre, es la tarde...
Soñé, madre,
que tu hija
tenía un amante
bajo la lluvia
en arpegio de violines
él y ella caminantes...
Otro día soñé
lo mismo, madre,
asfalto mojado
en exilio errantes
caminan los poetas
las manos en alto
la sangre palpitante...
Son sueños,
señora sempiterna,
su hija escribe descalza,
arranca de la vida
que lastima,
9
El tren de las distancias
la voz le arde...
Sabes, Madre,
es el fuego de las horas
que anuncia mi llamada
la distancia
en brocales diminutos,
es el sol
a mis espaldas
que se hace
herida lacerante...
Madre,
ay, Madrecita mía,
si yo te contara
los sueños de mis versos,
la ausencia de mi padre...
la luz que nace
de estas manos
y este clavel tan rojo
tan sutil
tan tristemente lejano
tan manso
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Patricia Lara
y a veces tan distante...
No es nada, Madre,
la belleza que se rompe
en jarrones escarlata...
Puede que sea la lluvia
el otoño que nace
para siempre
en esta tarde...
Ay, Madre,
Madrecita mía,
por qué la vida
con sus noches
en la fragua
en las horas mortecinas
se me estrellan
se disparan...
Por qué, Madre, la vida?
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El tren de las distancias
Distancia en el tiempo
(A Víctor Gómez Reyes)
Yo te escribía versos
hace tanto,
tanto tiempo,
en viaje de sueños
y lejanas ilusiones...
Hereje
con zapatos de cartón
pasaste caminante,
con sonora voz
por equipaje...
Recupero cada tarde
tus mañanas
tus pasos
en naufragio
tus manos distantes,
en la alameda aquella
en la de los besos...
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Patricia Lara
Tú nombrabas
mis noches
mis ausencias
en farolas apagadas
en penumbras
de mariposas sin alas
de nuestro andar
de jóvenes solitarios
en el bosque...
Desde qué lejanas
tierras se me asoma
tu recuerdo...
Desde qué luciérnagas
se apagó
tan triste el eco...
La queja de los pájaros
el lloro de los árboles
me traen tu nombre.
Es otoño, amor,
hace veinte siglos
desde entonces...
13
El tren de las distancias
Esta calma de aromos...
(A Daniel)
Ay, hijo,
qué extraña está la calma.
Los aromos encendidos
lo anunciaron, lo dijeron.
El silencio matutino
lo escribía en el viento
mordiendo eterno mi cara.
Ay, hijo,
es la ausencia
es la partida de una noche
negra, silente...
Qué miserable es el destierro, hijo...
Déjame, amor, tus pasos,
estréllame en tu ventana
que se rompa el silencio...
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Patricia Lara
Ay, hijo, es el tren de las distancias...
La calle llora en mi alma
y el eco de tus besos
reclama las no madrugadas...
Ay, hijo,
qué extraña y fría es la mañana...
Septiembre 17
allí se rompe mi alma
será un saludo salobre...
Adornaré la distancia
con campanas al viento
y en tus manos guirnaldas...
Ay, hijo,
déjame este llanto
en cada mañana
en el asfalto,
en los tejados
en los árboles
15
El tren de las distancias
y en tus brazos
para siempre
como hoy, en esta mañana...
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Patricia Lara
En un tren fantasma
(A un ferroviario)
Esta herencia de rumbos ambiguos,
de amores sin casta
me regala tu sonrisa, padre,
hogares distantes, hijos, lágrimas,
partos y recuerdos
de las horas eternamente amargas.
Que fue mi destino
la locura y la nada,
vete al mismo infierno,
es tu testamento centenario
desatado que aplasta.
Ven, te desafío,
esta noche te espero,
con las manos tibias
recogeré la escarcha,
te daré un sorbo de vino,
fantasma milenario,
17
El tren de las distancias
ven a decirme lo que pasa...
Moreno y amargo
mira lo que has hecho,
sólo una sonrisa
y encanto al pobre
a los niños, al viento
a las nubes, al áspid
y me embarco con ellos
en un tren eterno
como tú, orate sin destino.
Qué haré contigo,
idiota ferroviario,
sin rumbo, sin norte, sin palabras...
me dejaste la locura,
un navío embrujado para vivir
todo aquello que siempre te faltaba...
Tramposo,
encantador de serpientes,
déjame tu abrigo
tus pies alados
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Patricia Lara
y la noche en que te fuiste...
Tengo frío
es noche de fantasmas.
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El tren de las distancias
Monólogo post mortem
Venceré la distancia
le ganaré a este cansancio,
alados los pies
recobraré las mañanas
serán mías las madrugadas.
Subirá el incienso
desde mi tierra salobre
hasta las cavernas
que hallará en medio
de las noches...
El crepitar de este fuego
que no se me pasa
fundirá mis secretos
alzando desde el abismo
la flama que anuncie esperanzas...
Extendidas las manos
en palmas agradecidas
recogeré la lluvia, la misma
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Patricia Lara
que lava mi cara
y refresca de vez en cuando mi alma...
Doblegaré a este tiempo de ausencias
germinaré bajo la tierra
para saltar a los brazos de la vida que me
[invita
que me llama y que de tanto en tanto
me guiña y me dice que me espera.
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El tren de las distancias
Magazine
Todo duerme
mientras bebo fugaz
la copa de la alianza
(Vestido de fiesta y lentejuelas)
Miro el fuego,
la llama me ensordece
despliego la danza
en sutil baile de máscaras...
y me invento una paloma
un colibrí con muerte de pájaros...
Me quedo en el abismo
con ojos bien abiertos
para despedir la noche
el crudo invierno
de leños contagiosos
que jugaron a ser lámparas
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Patricia Lara
(Era el tiempo del ocaso)
Mañana será otro día
volveré por las calles
a deambular como Mary Poppins
con mi traje de fantasmas...
(Recogeremos espigas)
La llama arderá en mis manos
las espinas con alas de moscas
clavarán para siempre mi pasado.
(Girasoles bordearán el camino)
Mientras una lágrima me guiña
miraré los fuegos como siempre,
desde el borde de la fuente
en la copa tinta
con nombre de solitario empedernido...
(Atardecer de nuevo,
la espada eternamente de doble filo)
23
El tren de las distancias
Leyendo a Rimbaud
Quiero fallecer
en noche clara
en bosques de bambúes
en el todo y la nada.
Ni amores, ni palabras...
Ebria de las voces de Rimbaud
no me importa el cielo
sólo la noche
en firmamento absoluto,
en ausencia de flores
de gastadas primaveras
negadas a los cuatro puntos cardinales.
Ni promesas, ni amores...
Es la aurora de mi tiempo
me niego rotundamente
las lágrimas de otros siglos.
No más el abismo,
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Patricia Lara
estoy al otro lado,
descalza entre el cielo y el infierno.
Ni florecillas, ni sonrisa falsa...
Ya nada volverá a tocarme,
guarda tu espada, tristeza,
deja ya de mirarme ciegamente
no viajo por tus pasillos,
iré por donde quiera
con traje de ultratumbas
con voces lejanas.
Ni augurios, ni promesas...
Guarda tu maldita presencia
ya nada podrá alcanzarme
he muerto en esta noche
con la letra en la garganta
grandiosa, delirante...
Sin amores, sin promesas
mi amante es la palabra...
25
El tren de las distancias
Nada ha cambiado
La casa quedó intacta allá en el recuerdo.
El gato de la infancia te sigue esperando.
Las muñecas toman sol en el mismo patio.
Tu padre no ha muerto, sólo cambió de
[tren
no habrá regresos.
Tu madre teje contigo los mismos sueños.
No es cierto que ha pasado tanto tiempo.
Las uvas maduran como siempre,
los gorriones gritan eternos, a toda hora,
sólo algarabía, no hay silencios.
La calle de adoquines recibe la misma
[lluvia
ésa de los juegos y las risas.
Nadie se ha casado, son los mismos niños
Nada se ha incendiado,
las casas de adobe siguen de pie junto al
[viento.
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Patricia Lara
Las madres siguen cosiendo en el patio,
todos los niños gritan detrás de un
[caballo.
Nadie se ha muerto,
nadie rompió los vestidos viejos.
Nadie se ha muerto, el tiempo no ha
[pasado.
27
El tren de las distancias
Marasmo de otros manantiales
(A Erasmo)
Ahora que tú y yo no somos nada
después del naufragio en la distancia
te miro con ternura, sin rencores,
sólo quiero la firmeza de tu barca.
Ahora que tú y yo no somos nada
en la hora que se duerme el canto de otros
[ecos
camino en solitario, tú lo sabes
desde antes, para siempre...
con el canto de los grillos en las manos, en
[los pasos,
en esta ausencia que no calla.
Ahora que pasó la lluvia que me nombra
ahora que soy dueña de estas alas
se me ha hecho crónica cierta tristeza
que empapela milenaria los recuerdos
y no sé porqué causa siento la cara
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Patricia Lara
[mojada...
Ahora que todo el tiempo se levanta
te miro silenciosa en este abismo
incendiando las noches que me faltan.
Ahora que camino y alzo el vuelo
cuando ya tus manos no me atrapan
te miro, niño díscolo, en cada madrugada
y siento la fatiga de esta historia
ahora, cuando tú y yo no somos nada.
Para qué explicarlo, tú no sabes, no lo
[entiendes,
es el cauce de mis aguas...
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El tren de las distancias
Sin cerrojos
Romperé todos los espejos
de mañana, casi al alba
disueltos en el agua...
en hojas amarillas,
mis pies desandarán los siglos
cargados de mentiras
de botas y amapolas desgastadas.
Romperé tus ojos frente a mi cara
gritaré la lluvia torrencial
maldita de esperanzas,
desganchado noviembre
en la aurora del tiempo que no vino
en los árboles mustios
a la orilla del cauce río arriba, lejos.
Arrancaré tus manos
cercenadas a la altura del abismo
recogeré tus gritos,
adornaré tu sueño casi limpio
con demonios y fantasmas
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Patricia Lara
de un ayer misterioso
atrapado en la seda de un gusano
que escapa de tu boca, de mi cielo, en
[silencio...
Arrancaré la leyenda del calendario
dejaré los números en treinta y uno
será la nube con alas de palomas negras...
Sentada en la ventana secular
callaré el hongo atómico de los tiempos,
de las horas asesinas,
de este cielo en versos que no cesa
de gritar que todo es sepia...
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El tren de las distancias
Imaginario
Mi ángel
se hizo fantasma
clavado en la pared.
Mi voz maldita
en el eco de un no sé
ya nunca regresó.
La incierta madrugada
se hizo eterna sin estrellas,
tanta soledad.
Mi querube
colgado en el olvido
roto el traje,
en algún recodo
en la memoria
se extravió.
El demonio
al borde del abismo
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Patricia Lara
inventado allá en la nada
se instala, se queda
a veces deshoja margaritas...
El silencio salobre
se desborda
se enreda allá en la cruz.
Espectral tiniebla
se levanta en la distancia
donde yace
el memorial.
Místico envoltorio
se eleva en la penumbra,
adivino el pasado
que se fue tan lejos
milenario, sin tiempos.
En el gólgota, allí te espero.
En el árbol, de rodillas...
33
El tren de las distancias
Mesiánica promesa
de un ángel muerto.
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Patricia Lara
Acerca de unos vientos
Quién, me pregunto
llegará primero a mi ventana
con paso tenue, sigiloso;
la muerte o la poesía,
si muero un poco
como el cisne cada día.
La mañana junto al fuego
de las letras se empecina en levantarme
danza roja que emborracha
mis manos, mis distancias
y toda esta tristeza que no pasa.
Quién, me pregunto
llegará primero hasta mi puerta
con paso arrogante, firme;
la locura o la tristeza
si nunca duermo
como el viento en cada geografía.
La noche llama al universo
35
El tren de las distancias
en este mundo que se nombra poesía.
Nada me detiene,
ni tus besos, ni tus anclas
ni aun los coros de los niños...
Viajo hacia el destino
de estas letras silenciosas
que saben a naranjas en letanía,
hojarascas inmemoriales
de otras vidas, de unos sueños
en la infancia.
Quién, me pregunto,
atrapará primero mi vida y mis palabras.
Sólo el viento de la noche
en cada madrugada,
hermanos de la luz y de las sombras
que me aguardan.
Sólo el viento gitano que pasa.
Es el único que entiende esta lectura sin
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Patricia Lara
[asombros;
como Elías en la altura de las rocas.
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El tren de las distancias
Madre, no puedo, es la agonía
No cerraré la herida
que sangre,
así ha de ser en la despedida.
La llovizna sabe a silencio
a pasos descalzos
al lado oscuro del abismo.
No cerraré la herida
que duela,
que me diga que así se va la vida.
La luna trae el olvido
de las estrellas
ésas que escaparon entre mis manos.
No cerraré la herida
que corra como agua clara
vertiente desfallecida.
El espacio tiene el recuerdo
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Patricia Lara
de quien yace en una tumba
sin estrellas y sin lunas.
No cerraré la herida
sólo los ojos, para no verte
en la partida.
La tarde trae los ecos
que se quedaron
entre tu beso y mi despedida.
No cerraré la herida
que muera como la vida.
No cerraré la herida...
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El tren de las distancias
De escarchas y distancias
(A Pablo)
Bébete la escarcha
siéntela en la lengua
que te parta la cara
que reviente tus ojos.
No mires el sol
cúbrete de silencios
con acordes de guitarra
llama al viento que yace en tu puerta.
Cada mañana búscame
detrás de la tormenta,
grita para que te escuche
llora tu pena y lánzame tus quejas.
Corre con pies descalzos
quítate ese traje
desnuda tu alma y en llamas
danza...
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Patricia Lara
La llovizna que avance,
déjala salir, que no amaine.
Es ahora tu tiempo,
desde allí, amor entrañable, levántate...
Desde la distancia embravecida
lameré tu costado
lavaré tu rostro enfurecido
en danza de ausencias
gritaré cada día la lluvia
la mañana de nunca más un beso...
Levántate, grita,
doblégate a las lágrimas,
déjala a tus pies
al borde del camino
que la escarcha toda se derrita...
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El tren de las distancias
Sentencia de las uvas