Aty Ñe'e

Expresión de la comunidad

Natalia Santos

En 1975, se forma el grupo Aty Ñe'ê con la intención de hacer teatro en las áreas rurales e investigar la historia del teatro paraguayo y las expresiones populares. Esta experiencia, como otras similares, se convirtió en un chispazo que desafiaba al orden establecido y en un verdadero semillero de la cultura del cambio.

Este nuestro país...

Los diez años de transición no logran desterrar del todo los 50 años de cultura prebendaria y clientelista. Los habitantes de nuestro país, aún hoy se sacuden el polvo residual de la educación oficial controladora y uniformadora a la que se vieron sometidos.

Durante años, el estado autoritario difundió políticas culturales, que afianzaban la sujeción, la obediencia y el respeto a la estructura. A estas ideas se sumaron la censura y la regulación gubernamental, que despojaron de identidad al pueblo y restringieron las manifestaciones culturales propias. A los paraguayos se les enseñó a desvalorizar lo propio como inferior. La autocensura se encargó de debilitar la cultura tradicional y de frenar las nuevas manifestaciones.

Ante estos problemas la población trató de defender sus intereses y cultura ante la dominación. El teatro, como expresión genuina de la cultura, fue y es uno de los elementos utilizados por el pueblo para recobrar sus raíces y forjar su futuro.

Una propuesta de cambio

Gracias a la iniciativa de Raquel Rojas y Antonio Carmona, quienes regresaban al Paraguay, luego de participar en los trabajos de TiempoOvillo, se conformó Aty Ñe'ê, en 1975.

Esta propuesta intentaba comunicar un mensaje comprometido socialmente, con una dialéctica de cambio. No se reducía a la simple propuesta estética, ni a la denuncia. Proponía además, la búsqueda de un nuevo lenguaje, una relación entre significado y significante. La participación de todos en el tratamiento de los problemas, era la meta, al igual que la comprensión y la circulación de los bienes culturales.

La vida de la agrupación se dividió en dos etapas, la primera abarcó desde la fundación hasta 1981 (año en que muchos de los componentes originales viajaron al exterior) y la segunda se desarrolló desde 1981 hasta mediados de 1986.

Esfuerzo y juventud

El objetivo de Aty Ñe'ê era, ante todo, recobrar el patrimonio colectivo. Este cometido requería de voluntad, disciplina y compromiso. Por ello, junto a los ideólogos, trabajaron Cristina Gunsett, Ramón del Ríos, Alejo Pessoa, Blas Alcaraz, Hermes Giménez, May Obregón, Humberto Gulino y Hedy González.

Alcibiades González del Valle aportó al contenido de los mensajes. La música era un elemento integrado en los trabajos del grupo. Emiliano y Antonio González "Las voces del tiempo", Arturo Pereira, Ricardo Cáceres, Amadeo Cardozo y Pachín Centurión, rescataron el sentir popular en sus canciones.

Jorge Brítez y Wal Mayans, los miembros más jóvenes, aportaron el nuevo lenguaje corporal de las vanguardias. Mientras que el entrenamiento en el área de danza fue dirigido por Miguel Bonín.

De las raíces a la vanguardia

El teatro que hacía Aty Ñe'ê -dice Raquel Rojas- no se regía por las convenciones clásicas del teatro, más bien las transgredía, tanto en los temas, como en el espacio en que se desarrollaba la acción. Por esa razón la preparación del actor se volvía más exigente. El artista debía tener una formación integral que abarcara la voz, la gestualidad, la expresividad, la música y la danza.

"La improvisación es un espejismo que engaña a los ignorantes sobre la técnica que tiene todo trabajo de creación", así lo entendía el director cinematográfico Federico Fellini. Y podría decirse que la frase se aplica a la filosofía de trabajo de Aty Ñe'ê. Los espacios abiertos, requerían una voz más trabajada, que no sólo dijese un texto, si no que además cantara un sentimiento; un cuerpo que bailara y un rostro que trasmitiera más allá de lo meramente plástico. El actor debía ser malabarista, acróbata y músico como en la comedia italiana. El teatro había vuelto a las calles y plazas, al contacto directo, como en los inicios; pero a la tradición se sumaron las nuevas metodologías de trabajo propuestas por las vanguardias. La suma de las tradiciones teatrales y las vanguardias se fueron alimentando de las raíces culturales de un pueblo que no se resignaba a perder su identidad, a pesar de todo.

Quemarse con el país

"Llegar con el teatro a esa gran masa de nuestra población que son los campesinos, marginados de las manifestaciones culturales" era el propósito de la experiencia operadora cultural progresiva y revolucionaria que realizaba el grupo. "Básicamente nos hemos dejado llevar escuchando otras voces, luchando contra prejuicios y esquemas preestablecidos por el nuevo espacio, el nuevo público".

En la búsqueda de las fuentes culturales del Paraguay, Aty Ñe'e llegó a insertarse en Caazapá, donde el Padre Adolfo Zaracho sirvió de nexo para el trabajo con los líderes de las cooperativas que funcionaban con el apoyo del movimiento social de la iglesia. Las zonas de Concepción y Pedro Juan Caballero, también fueron alcanzadas en el recorrido por los caminos del país. "En Pedro Juan, nos recibía nuestro amigo Santiago Leguizamón, quien una vez nos cobijó durante dos meses", recuerda Raquel Rojas.

La tarea de rescate de identidad y tratamiento de los problemas comunales se extendió, también, a varias comunidades indígenas. En esta labor estuvo apoyada por el programa "Marandú", que desarrollaba la Universidad Católica. "Aty Ñe'e se empapó de la cultura de la población, la vivió en una época difícil y se quemó con el país".

Raquel Rojas aclaró que, la época en que hicieron la experiencia estuvo marcada por el gobierno de Stroessner, pero que pudieron realizarla con buenos resultados gracias al sostén de la Iglesia, que trabajaba con un enfoque social y cultural de cambio. El Instituto de Comunicación y Arte (ICA) y la Fundación Interamericana patrocinaron el emprendimiento, y Aty Ñe'ê se convirtió en una de las primeras ONG's culturales del país",

"El teatro: una posibilidad de salir de lo cotidiano"

El teatro popular es sinónimo de la falta de prejuicios ante la expresión teatral. Intenta alimentar a un nuevo público, donde el espectador sea crítico. Los espectadores dejan de ser tales para convertirse en partícipes de la acción como en una fiesta. "...es el esquema el que se rompe. Nos encontramos frente a un espacio diferente, una cancha, una pista de baile".

El público toma de manera diferente sus problemas, al verse representado en una obra, ya no es lo cotidiano, lo que pasa siempre y "no tiene remedio". Lo que vemos en el escenario nos permite erigirnos como críticos de nuestros actos, nos da la oportunidad de cambiar una realidad a la que muchas veces nos resignamos porque nadie nos pone un espejo enfrente.

Nuevo germinar

Aty Ñe'ê, al igual que otros grupos, se convirtió en semillero de la cultura de cambio. Sus integrantes realizan una labor multiplicadora desde los ámbitos en que se desarrollan, como los medios de comunicación, la docencia y el teatro.

Hoy, es necesario generar proyectos que incidan en la población. "La generación de nuevos espacios y nuevos lenguajes, depende de la implementación de una política cultural que parta de las distintas instituciones, sin depender del mercado, ni de la espontaneidad", afirmó la entrevistada. Pero, sin duda, la voluntad de los jóvenes artistas de seguir creciendo, de hacer algo que trascienda la satisfacción personal y permita tener un impacto en la sociedad, seguirá siendo el mayor y mejor detonante de las verdaderas explosiones culturales.

Un lenguaje propio

"Encontramos alternativas, expresiones, temas, elementos para puestas que han conformado nuestra actual forma de comprender el teatro, quizá un poco circense o payasesca, como nos han dicho más de una vez despectivamente, para nosotros es el mejor elogio saber que nos hemos aproximado en esa mágica ciencia del disparate y del "más difícil todavía" del gran espectáculo popular que es el circo". Así describían el estilo de puesta que realizaban los miembros del grupo.

 

Las representaciones

"Velada", obra posmodernista que sirvió de ligamento entre el pasado y el futuro. Marcó la creación de un nuevo lenguaje. La participación e interacción del público es su elemento diferenciador.

"Mascarada en río revuelto", obra de Ben Jonhson cuya puesta fue dirigida por Raquel Rojas y musicalizada por Arturo Pereira. Se rigió por los parámetros del teatro clásico.

Las obras de Brecht "Noche de pesca", dirigida por Antonio Carmona, y "De la guerra al Cabaret" dirigida por Raquel Rojas, tomaron elementos tanto de las vanguardias europeas, como del método de las acciones físicas de Stanislavsky.

 

El teatro: Espejo de la comunidad.

En una publicación de la agrupación, los componentes hacen referencia a una representación del borracho realizada en una aldea Ava Chiripá guaraní.

"Contaron que ese era uno de los problemas más graves de la comunidad, pero que había que plantearlo en otra situación y empezaron a darnos información de cómo, por qué y dónde se producían las borracheras, y como el dueño del boliche las utilizaba para acumular el sueldo de los indígenas cuando cobraban por su trabajo.

Hicimos los cambios, acondicionamos la situación[...] El impacto fue mayor, menos risas, más comentarios. La representación alcanzó un nivel más colectivo y más vibrante".

Bibliografía consultada

"Hacia un teatro de la comunidad. Recuento de una experiencia". Aty Ñe'ê. Impreso en Estudio Gráfico Asunción, 1981

"Las transformaciones en la cultura cotidiana bajo los efectos de la modernización conservadora." Fogel, Ramón. Palau, Tomás.

 

<volver>