Sócrates y la "toma" de la cicuta
Ensayo sobre la ¨Toma¨ de la Facultad de Filosofía en Abril de 1999
I. EL TESTIMONIO DE SÓCRATES COMO PUNTO DE PARTIDA
Sentía que la muerte lo besaba lentamente. Sentía, quedamente, el fluir del ardiente veneno en sus venas. Pensó en hacerse una pregunta fundamental, algún cuestionamiento digno de su sabiduría. Quiso pronunciar alguna última palabra para intentar explicar lo que sentía. Deseaba comprender mucho más acerca de la vida, de los movimientos, del saber, de la virtud. Buscaba afanosamente la verdad. Sus discípulos dejaban caer lágrimas ante la inminente e injusta muerte del maestro. Recordó casi sin comprender, aquella proposición hecha por sus amigos de evadirse de la condena. Por supuesto, no lo aceptó. Hace un momento acabó de dirigir unas palabras al pueblo de Atenas o talvez a sus acongojados discípulos: ¨¿Cómo tu, mi estimadísimo ciudadano (...) cómo no te avergüenzas de ocuparte con afán en llenar lo más posible tu bolsa, y de procurarte fama y honor y, en cambio, del juicio moral, y de la verdad y de la mejora de tu alma nada se te da?¨ . Sócrates, un hombre de carne y hueso, agonizaba y se convertía, de esta manera, en la figura más emblemática de la filosofía de su tiempo. ¿Qué cosa más absurda podría darse que el hecho de brindársele la opción de escoger su castigo?. ¿Acaso al buscar la verdad, Sócrates ya no ha escogido, desde su juventud, ese destino?. Debemos imaginarnos a un Sócrates convencido de que su esfuerzo por llegar a la verdad le depararía un trágico desenlace. ¿Es ese el precio de la verdad? ¿Es ese el desenlace de todo aquel que sufra por amar al conocimiento?. Sócrates siempre fue pobre y se esmeró en seguir siéndolo durante toda su vida. Entendió que debía fundirse con el pueblo, que debía él mismo hacerse pueblo, conocerlo profundamente, deberse a él para sufrir sus mismas penurias existenciales. La felicidad espiritual perseguida durante su vida ha sido su experiencia más reconfortante.
Atenas estaba en plena decadencia moral y se sostenía entre la corrupción y la desorientación social. Fue una época propicia para la aparición de Sócrates, quien se sintió iluminado por los dioses para traer al pueblo ateniense un poco de claridad a sus espíritus. Los ciudadanos estaban confundidos, alienados, se vivía un clima de inestabilidad e incertidumbre social.
Todos estos acontecimientos se constituían en un ambiente propicio para la expansión del germen de algunos sofistas que, dándole mas importancia al fin de llenar sus bolsillos, que a los medios, conducían a Grecia camino a una de las mayores crisis de su historia.
Sócrates declaró, en una de esas fantasmales apariciones, que la verdad era una necesidad, por eso, su fin era buscarla. Para ello aguijoneaba constantemente a los atenienses, era algo así como un parásito para los mediocres, para esos pobres fariseos incapaces de liberar su espíritu por medio de la sabiduría. Se les atravesaba en el camino y les hacía sencillas preguntas que motivaban, sin embargo, complicadas pero insustanciales respuestas de sus interlocutores.
Pero ahora, en el preciso instante de su lenta muerte, mirando a su alrededor pensaba, casi ya sin poder aspirar el pesado aire de su habitación, que su voz tendría que ser oída por las generaciones venideras, por inquietos y soñadores jóvenes que continuarían las páginas que él no escribió en el doloroso libro de la lucha contra el pensamiento dominante de su época.
Al momento, vio la aparición de su propia imagen proyectada en la pared, vio la noche de los tiempos, vio a una humanidad y a su historia, vio a los hombres buscando el conocimiento por siglos y milenios, vio teorías que al momento de su nacimiento fueron implacablemente refutadas, vio a todos los hombres en uno solo (Sócrates podía ser cualquier hombre, cualquier hombre podía ser Sócrates), vio más miseria que en Grecia, vio a nuevos Sócrates y a nuevos discípulos, vio nuevos enemigos, vio a la estirpe de los poderosos de su era expandirse en nuevos opresores intemporales y eternos que interpretaban a su antojo la democracia que paradójicamente tuvo su cuna en Grecia, vio todo esto y la nada, vio más allá de su mente y su corazón, más allá de su razón pura, más allá de las lágrimas de sus compañeros, vio a sus detractores, se vio vencido y triunfante, triste y alegre, sereno, franco, libre...
II. LA FACULTAD DE FILOSOFÍA DE LA U.N.A. O LA APOLOGÍA DE LA DECADENCIA
Aquellas noches, bajo el tenue resplandor de las ideas, los estudiantes sentimos una tácita presencia, talvez la de Albert Camus, quien en "Le mythe de Sisyphe" reflexionaba con nosotros, alrededor de una fogata, acerca de Sísifo, aquel mitológico hombre condenado eternamente a cargar la pesada roca del absurdo. Más de uno relacionó este acontecimiento con la realidad que les tocaba vivir. ¿No es esta la misma roca de la educación?, decían. Algún ávido lector de Roa Bastos, aludiendo a su ¨Yo El Supremo¨, rechazaba dicha condena con la siguiente sentencia ¿Qué revolución puede liberar a los pueblos que aman la opresión?. Únicamente los libres pueden ser liberados. Nos sentíamos libres (nos seguimos sintiendo libres. Creemos que podemos ser liberados). Otros sencillamente se preguntaban: ¿Porqué seguir aceptando las imposiciones, estructuras y los sistemas en los cuales nunca participamos ni influimos directamente?.
En la noche del 13 de abril de 1999, estudiantes de la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción, decidimos ocupar el predio de la facultad con el objetivo de salvaguardar documentos académicos y administrativos que servirían para probar supuestas irregularidades denunciadas por los representantes estudiantiles en la Asamblea Estudiantil de la Facultad de Filosofía de la UNA que posteriormente fueron derivadas al Consejo Superior Universitario y a la Contraloría General de la República. Esta decisión fue fruto de una necesidad de plantear nuevos rumbos para una facultad considerada nacional e internacionalmente mediocre, luego insuficiente y falsa.
Nuestros detractores niegan una lucha de 110 años de duración. Esto significa que niegan la lucha originada desde el mismo nacimiento de la Universidad Nacional de Asunción, una lucha por la ¨Universidad para todos¨, libre, gratuita y autónoma, lucha que de alguna manera forma parte de la historia de todos los estudiantes latinoamericanos que hasta hoy buscan su concepto de verdad, que es un concepto de libertad para todos, concepto de patria nueva, lucha que ha tenido sus altibajos desde los inicios de su historia; sí, nuestros detractores, aquellos dedos acusadores que se creen los soberanos absolutos de la verdad, niegan la violencia que ellos mismos producen a mayor escala en las aulas imponiendo autores y corrientes que se corresponden con la ideología de una elite que tanto ha oprimido al pueblo; creando, a través de Consejos directivos, leyes y reglamentos que suprimen la participación y la autogestión en contravención con el espíritu de la autonomía universitaria que ellos deforman en una tiranía universitaria. Afirman que la ¨toma¨ fue violenta, pero creemos que no más violenta que la injuriante educación impuesta por un sistema académico plagado de desaciertos. Nuestros detractores, los profundos intelectuales de la mediocridad institucionalizada, marcan con sus candentes fierros de ignorancia a todo aquel que, en medio de sus limitaciones impuestas por un sistema social que olvida al hombre, que aliena, domestica y agrede diariamente, sueñe con una educación que tienda su solidario brazo hacia las clases desprotegidas, que busque la investigación y la excelencia que otorga el universalismo, y que, de hecho, no existe en ninguna universidad paraguaya.
Esta es la educación que recibimos los pocos que accedemos a los estudios superiores de la universidad y que nos conduce hacia un aislamiento entre la conciencia universitaria y la realidad del pueblo.
Los simpatizantes de Sócrates, disconformes con la propuesta sofista, pretendían un modelo de enseñanza más acorde con sus expectativas acerca del conocimiento. Comprendían que la es cuela sofista llevaría al pueblo griego a la sombra. Vieron en el marginal Sócrates una luz que los conduciría a un futuro digno, a una experiencia de liberación.
Así también, y reclamando una luz que guíe a la educación hacia su auténtico destino, las universidades latinoamericanas actualmente se desangran en una feroz lucha contra el olvido de sus utopías. Les han sido negadas las posibilidades de decidir sus reformas, de escribir su historia. Le han impuesto a los estudiantes, desde los inicios de las repúblicas, el olvido oficial; en épocas de las dictaduras militares, los estudiantes han sufrido represiones, torturas y asesinatos y; en éstos tiempos de la dictadura disfrazada de democracia, siguen siendo comunes las persecuciones a estudiantes que manifiestan su repudio al statu quo, y porqué no decir esta verdad al mundo: asesinatos a manifestantes estudiantiles en Nicaragua, Chile, El Salvador, Venezuela y otros países en esta ¨democrática¨ década del ´90...
Particularmente en Paraguay, los reclamos por una educación superior para todos, exponen a los ciudadanos críticos a todo tipo de persecuciones. Principalmente esto se da hacia los gremios estudiantiles, y con esto hablamos de gremios que, como en las demandas de Córdoba del ´18, ya no desean, ¨que su casa de estudios siga siendo el lugar donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallen la cátedra que las dictara. Estudiantes que se levantan contra un régimen administrativo, contra un método docente, contra un concepto de autoridad¨. Sí, hablamos de estudiantes que ven a los estudiantes de Córdoba del ´18 como a compañeros en la indignación y a los de la América Latina de hoy como a los compañeros de lucha.
En el caso de los funcionarios, no solamente se llevan a cabo persecuciones sino también despidos injustificados. Estos funcionarios que se solidarizan a una lucha por una universidad para sus hijos son como Sócrates, porque prefieren el hambre que a rebajarse a aduladores, porque saben que las reivindicaciones estudiantiles forman parte de la contienda por una universidad popular. Saben que todo lo contrario está personificado en la cúpula universitaria, donde la ¨lucha¨ se trama para mantener un sistema que retrasa y que, en el mejor de los casos, estanca al país.
Asimismo, no podemos dejar de ampliar nuestra larga lista de infamias sin agregarle la indiferencia de la ¨justicia¨ ante denuncias legalmente comprobadas por sus propios organismos institucionales (Contraloría General de la República). Así, nuestra justicia sigue defendiendo lo que en el lenguaje popular del Paraguay se conoce como ¨opa rei¨ y sigue alimentando a la gran bestia de la corrupción con ¨pequeñas¨ bestias conocidas como irregularidades no aclaradas ni castigadas, como las administrativas y académicas que fueron comprobadas por la Contraloría General de la República y especialmente por la Comisión Interventora de la misma Universidad Nacional de Asunción y que fueron calificadas como simples ¨situaciones de importancia relativa¨. ¿Sería de importancia relativa, en futuras intervenciones, la destitución despiadada de funcionarios opositores al manejo administrativo de un ente? ¿Sería de importancia relativa la suspensión o expulsión de alumnos críticos de la decadencia universitaria?
. Estas irregularidades exigen tácitamente un cambio radical en la facultad de filosofía, en la UNA, y en el concepto de universidad en el Paraguay porque traicionan a la sagrada causa que deberían militar nuestras autoridades universitarias: el desarrollo de la inteligencia de un pueblo
III. LA ¨TOMA¨ DE LA FACULTAD COMO ALTERNATIVA DE LIBERACIÓN UNIVERSITARIA
Durante los días y las noches que participamos de la "toma", intentamos dilucidar aspectos concernientes a nuestro pasado, presente y futuro. Pensamos que solamente actuando en el ámbito educativo que nos tocaba vivir, podíamos construir la Universidad fecundadora de seres pensantes, con andamiajes propios. Artistas de reconocido compromiso social se plegaron a las reivindicaciones. La comunidad intelectual apoyó nuestro accionar, algunos de ellos hasta impartieron clases en la Facultad Popular de Filosofía, creada por los universitarios en huelga. Varias organizaciones sociales, culturales y sindicales, estudiantes de otras facultades de la UNA y de Filosofía de la UCA, así como de institutos de la UNA como el ¨Andrés Barbero¨, marcaron presencia por medio de comunicados y manifestaciones públicas.
Al principio, la gris sombra de la preocupación se apoderó de algunos de nosotros, ¿porqué no tenerla?. Nuestra verdad sería conocida por todo el país, y como todos sabemos, los que dicen su verdad siempre se exponen al trágico destino de Luther King, Gandhi, Cristo, Sócrates, ¨Che¨ Guevara y muchos otros audaces espíritus que deseaban la liberación de su pueblo. El recuerdo de los encarcelados, torturados y asesinados que decían su verdad en las dictaduras militares seguía latente. ¿Cómo no preocuparse si la opinión pública podía malinterpretar nuestra lucha como Atenas malinterpretó a un Sócrates que sólo soñó con una Grecia bendecida por la sabiduría?. Pensamos en el ¨marzo paraguayo¨ y sentimos que el país necesitaba un ¨abril universitario¨. Sentimos que nuestro deber consistía en gritar ¡basta!, y así lo hicimos. Sólo después de este grito descubrimos que nuestra verdad sólo representaba el pico de un iceberg que podía derrumbar al barco de la educación gratuita.
Todas nuestras acciones fueron llevadas a cabo con el fin de dejar sentada nuestra manifiesta postura acerca de la ¨Universidad que todos queremos¨. Pero ¿Cuál es ese modelo de universidad que perseguimos? ¿Qué pretendíamos al cerrarle a las autoridades académicas y administrativas el ingreso al predio universitario?, o mejor nos preguntamos ¿qué hubiese ocurrido si permitíamos el ingreso de funcionarios y catedráticos al predio?.
Evidentemente lo que queríamos evitar era, y como ya lo hemos citado en algún momento de este ensayo, la sustracción de importantes documentos que podrían servir de prueba a la hora de demostrar los hechos ilícitos que hoy ya han sido comprobados por las pesquisas realizadas por la Contraloría y la Comisión interventora académica.
Ahora bien, no es menos evidente que había un malestar generalizado en el ámbito estudiantil, lo que traía una preocupación e incertidumbre por la situación de irregularidad. Sin embargo, las mociones hechas en las asambleas permanentes de los estudiantes en tenaz vigilia siempre fueron firmes y los resultados de las votaciones fueron categóricos. Nunca existió tanta uniformidad en las decisiones tomadas por una asamblea estudiantil en la Facultad de Filosofía como ocurrió en aquella oportunidad. Habiendo tantos estudiantes de diferentes pensamientos ideológicos, la unidad en la diversidad fue el marco preponderante. No podemos negar que hubo también estudiantes que no estuvieron de acuerdo con la metodología empleada en la oportunidad. Sin embargo, las actas del Centro de Estudiantes revelan la confianza depositada por los participantes al mayor órgano representativo de la voluntad estudiantil.
La suma de los absurdos constituye nuestra mejor referencia para el esclarecimiento del tema, y a todos los sucesos mencionados se le suma el cierre de la biblioteca por parte de unos funcionarios que más que mostrar una cultura bibliográfica muestran su extrema preocupación en adherirse, con garras y dientes, a la estrategia de la decadencia educativa. En ¨Las fuerzas morales¨ José Ingenieros desarrolla pensamientos relevantes para evidenciar sobre la tristeza de un pueblo al abandonar los libros. Afirma que la sociedad puede seguir siendo afortunada aún cuando los hombres no lean porque no quieran leer, pero donde lo patético sería no leer por falta de libros. ¿No se colabora con ello con el disparate académico?. Claramente la respuesta es sí, se colabora y se es cómplice del deterioro intelectual.
IV. PERFIL DEL ESTUDIANTE INSUMISO
Los estudiantes que participaron en la ¨toma¨ fueron simples hombres y mujeres que se sentían excluidos, discriminados y violentados por el sistema académico de la facultad, por lo que, las irregularidades administrativas propiciaban para ellos y para los futuros universitarios el exterminio de la educación superior gratuita y popular, así como el afianzamiento de la mediocridad en los pocos que acceden a ella. .
Nuestros adversarios afirman desde el anonimato y la cobardía, pero categóricamente, que este sueño universitario fue concretado por ¨30 gatos locos¨, rebeldes sin causa ni futuro, indefinidos sexuales, alcohólicos y drogadictos, ateos, traidores de la patria, delincuentes juveniles y bandoleros. Lo que no saben, o por la ¨ilimitada clarividencia¨ de sus ideas no desean saber, es que la ¨toma¨ de los ¨30 gatos locos¨ fue avalada por la asamblea del Centro de Estudiantes y hasta hoy no ha sido desconocida por dicho gremio. Sencillamente llevaron a la práctica lo planteado en los ámbitos de decisión gremial. No saben tampoco que, los rebeldes sin causa, planteaban una universidad libre, gratuita y generadora de conocimiento. No saben que estos rebeldes sin futuro, quisimos forjar un presente proponiendo un futuro digno para los que aún son niños y los que aún no han nacido. Ignoran que estos indefinidos sexuales rechazan todo tipo de segregación que el sistema impone al hombre, pues con ello solo manifiesta su opresión hacia la libertad del ser. Nosotros, alcohólicos y drogadictos, simples marginales, ateos y traidores a la patria, sí, nosotros, los delincuentes juveniles y los bandoleros que buscamos la verdad como el maestro Sócrates, manifestamos que la búsqueda de la verdad no ha muerto, que la ideología de la ¨toma¨ unió a hombres y mujeres de distintos pensamientos religiosos o concepciones teológicas, y que el concepto de patria es sinónimo de compromiso, no con un territorio ni con una bandera, sino con la libertad que se pueda ejercer dentro de su ámbito, y que por más que nos hagan beber infinitas cicutas, nosotros, los bandoleros de siempre, continuaremos cuestionando, vigilando los pasos de una falsa autonomía democrática.
Ha dicho José Ingenieros que la juventud no es culpable del pasado. Muchos de nosotros, estudiantes y docentes universitarios, somos el producto de 35 años de dictadura, de una guerra que aniquiló moralmente al Paraguay y lo condenó a la desdicha y de otra que labró su propia ruina al ceder ante el manejo turbulento de la mafia del petróleo, somos el producto de esas luchas sin sentido ni gloria, de los funestos manejos de los destinos de los ciudadanos. Es hora de comprometerse, no por una cuestión histórica ni banal, sino por la simple razón de que la apatía idiotiza a las personas. Nuestro primer paso, como lo afirmaba el mismo Ingenieros, será aprender a pensar desde la individualidad, y en segundo lugar, practicar todo lo que se ha pensado. La experiencia de la ¨Universidad que todos queremos¨ planteada en la ¨toma¨ es suficiente como punto de partida para todo aquel estudiante insatisfecho con la propuesta académica planteada por la facultad. Esa insatisfacción debe partir de un plano personal, no proponerse accionar a partir de un simple rumor ni de un simple indicio, sino absorber la responsabilidad de saberse desatado de toda cadena que evite razonar libremente y recién entonces adherirse a las ideas que le han sido propuestas por la experiencia. En cierto sentido esto significaría una mayor atención en los planteamientos académicos brindados en las aulas, así como también un mayor interés en el destino que se le da a las riquezas generadas por el pueblo, pero las preguntas a las que siempre debemos recurrir en estos casos son: ¿Deseamos estudiar en una universidad a cualquier precio? ¿Deseamos recibir un título académico de manos de una deficiente facultad? ¿Deseamos acomodarnos en el mundo?. Por supuesto que no; queremos estudiar en una universidad que brinde igualdad de condiciones y de derechos; queremos desarrollarnos como personas, no como autómatas con título universitario; queremos transformar el mundo, no ser simples títeres y mucho menos titiriteros de la ¨globalización¨. Si reuniéramos en una discusión imaginaria al pensamiento de Mijail Bakunin con el pensamiento de las autoridades universitarias, éstas se verían obligadas a admitir que el pueblo quiere pero no sabe y que la U.N.A sabe pero no quiere que el pueblo acceda al saber. Como Bakunin, deseamos que el pueblo acceda a la organización y la ciencia. Dejamos a la imaginación del lector el mismo tipo de discusión imaginaria de las autoridades de la U.N.A. con Einstein , Marx, Freire, o Freud (el resultado sería evidente ¿o no?). Esa misma imaginación nos podría servir para volver nuestra mirada a Sócrates, y afirmar que no podemos darle de beber la cicuta a nuestra educación, eso se correspondería con el suicidio moral de nuestros hijos, amigos y compañeros que pasarán alguna vez por las mismas aulas que hoy nosotros ocupamos.
La libertad implica responsabilidad. Más de uno pensará que ser libres de decidir entre una cosa u otra, implica sólo el hecho de la decisión. Si hemos decidido estudiar en esta o aquella universidad, así también debemos asumir la responsabilidad de construir el modelo que más convenga a nuestra educación. Esta decisión de desterrar a la sombra de los opresores con la fuerza de los oprimidos, por nombrar una idea de Paulo Freire en su ¨Pedagogía del oprimido¨, requiere justificar nuestra postura, requiere una adhesión y un compromiso de lucha con esa decisión.
Sabemos que, entre los catedráticos de la facultad, existen grandes intelectuales que ven cortadas las alas de su imaginación y conocimiento con el sistema académico impuesto por la universidad, lo que los obliga a demostrar una actitud pasiva en sus cátedras, lo que los limita a la cultura del folleto, de la fotocopia, del resumen de resúmenes y al triste dogmatismo docente. Otros se manifiestan abiertamente apoyando nuestra lucha. Sabemos que se ven obligados a callar las irregularidades para evitar enfrentarse con la turba maquiavélica de la cúpula universitaria. Cualquier intelectual que haya sido excluido o marginado de la enseñanza superior, es testigo del manejo que se percibe en la atmósfera de las facultades estatales. Sabemos todo esto, y nuestra condición de beneficiarios de una educación pagada por el pueblo nos obliga a denunciarla como parasitaria, caduca y excluyente.
Nuestros detractores creen que han ganado porque la toma de la Facultad de Filosofía ha terminado. Ellos creen que ganan cuando cercenan los derechos de los que sueñan con una universidad mejor. Nosotros somos los estudiantes. La universidad está compuesta por docentes, egresados y estudiantes, y nosotros, los estudiantes, tenemos el deber de ser el espíritu de la universidad, una universidad que está pagada por los sudores y las heridas del pueblo, y como espíritu de la universidad estatal, deseamos una educación, como ya hemos dicho tantas veces, para la patria y no esta triste caricatura. Pedimos patria y ellos nos amenazan con perder el año, pedimos educación y nos cierran la biblioteca en forma arbitraria, pedimos el fin de la corrupción y echan del Consejo Superior a nuestros Representantes Estudiantiles que denunciaron los ilícitos y a los funcionarios que apoyaron las reivindicaciones estudiantiles. Creen que ganan, y cuando ellos ganan, gana la privatización de la UNA, la elitización económica del conocimiento. Como hemos dicho, nuestros detractores creen que ganan, nosotros creemos que somos estudiantes siempre que se entiendan los verdaderos alcances de esta palabra, por todo ello, seguiremos en la lucha.
V. LA ¨TOMA¨ DE LA CICUTA
Rápidamente se desvanecía. Intentó construir algunas preguntas en su mente estragada por la irrefutable llegada de la muerte. Tal vez recordó cómo, despectivamente, muchos lo tildaron de innovador y revolucionario, reflexionó brevemente que "más vale padecer la injusticia que cometerla¨, recordó también, abrumado por la confusión causada por su ya débil estado y los sollozos de sus seres queridos, la acusación de sus verdugos: ¨Corromper a la juventud y traer nuevos dioses¨.
Sócrates mantuvo su serenidad hasta el fin y en ningún momento sintió miedo. Entendió que su lucha no había empezado con él ni terminaría con él. Formaba parte de una cadena que contemplaba y contemplaría aciertos y errores en la búsqueda del saber y del valor del saber.
Hay que imaginar a un Sócrates comprometido con la verdad y cuestionado por los ¨dueños¨ de la verdad. Imaginarlo con una mirada serena, amiga y crítica hacia la sociedad que le tocó vivir, a un Sócrates que, como todos los hombres, se equivocó en muchos aspectos de su pensamiento, pero abrió las puertas de un nuevo mundo, más solidario, más abierto a las ideas, más evolucionado.
Al momento, deja de respirar, sus discípulos lloran la pérdida del maestro, amigo y compañero. El tiempo y el espacio lo han abandonado. Quizás se ha repartido su recuerdo entre los hombres. Ya no advierte que su testimonio ha quedado. El hombre que afirmó ¨sólo sé que nada sé¨ se ha ido.
Sócrates tenía que morir. Los estudiantes tienen que ser querellados y los funcionarios privados de su fuente de trabajo.
De esta manera, las autoridades de la UNA del ´99, subvierten los valores proclamados en el ¨Manifiesto Liminar de Córdoba¨ del ´18 mostrando al país una vergüenza más y una libertad menos. Los estudiantes estamos cansados de pedir. Los estudiantes exigimos las libertades que faltan.
Los "libres de pecado¨ nos exigen que dejemos de soñar. Nos lanzan con sus piedras de mediocridad y limitación, nos exigen que sigamos cargando la pesada roca de la educación, la del infiel Sísifo, nos obligan a callar nuestra indignación o de lo contrario nos proponen el exilio universitario, desean que adoremos a sus mismos dioses, a tristes seres que habitan en el patético Olimpo de los falsos discursos politiqueros, a los caudillos militares que deambulan por el mundo predicando el odio entre los hombres y mendigando el perdón por errores, quizás, de ¨importancia relativa¨, no saben que nuestros ejemplos gravitan entre Roa Bastos, Ingenieros, Freire, Jesucristo, el ¨Che¨, Freud, Einstein, Santiago Leguizamón, Cortázar o el mismo Sócrates.
Sócrates no podía seguir corrompiendo a los jóvenes ofreciéndoles conocimiento. Nosotros no podemos seguir denunciando corrupción y quijotescamente campantes ver nuestras denuncias enjuiciadas. Fue condenado a la cicuta por proclamar la búsqueda de la verdad. Seremos sumariados y perseguidos por exigir honestidad.
Basta conocer el bien para quererlo¨ diría el ateniense. ¨Basta conocer al pueblo para querer su bien¨ decimos nosotros.
Ese cuerpo que antes se interponía en el camino de los atenienses, lleno de pasión por el frágil lapso de la vida, ahora yacía frío y tieso. Su mítica voz aún estremecía los coliseos y sitios más recónditos de Atenas. Sus discípulos, amigos y familiares, participaban incrédulos en el sepelio del que ayer quizás les decía, con su propio testimonio, que consagren su vida a la verdad y sus ideales a la lucha que ésta búsqueda conlleva. Algunos, cabizbajos y dubitativos, observaban el final del gran maestro, lo veían partir en su nostalgia. Lo querían vivo, lo veían muerto, apagado, extinto. Quizás en el fondo deseaban tenerlo al lado de todos ellos, con aquella honda mirada, con aquella mano solidaria extendida en el viento. Recordaban no sin pesadumbre cada palabra suya, cada enseñanza suya que habitaba en sus conciencias. Se repetía en ellos. Ellos seguían siendo individuos pensantes y a la vez sentían al compañero y su inspiración. Sólo entonces comprendieron que no había muerto.
Coordinadora "Filosofía en pie" Autores intelectuales:
Gustavo Torres Grössling (1º Letras)
Carlos Noguera (2º Letras)
Marco A. Flecha (4º Comunicación)
Nelson Viveros (2º Letras)
Jaime Harasic (3º Psicología)
Liza Bogado (2º Psicología)
Suscriben los siguientes grupos y movimientos:
Movimiento de Integración Universitaria de Filosofía (MIUF)
Organización Estudiantil de Filosofía (OEF)
Grupo Bíblico Universitario (GBU)
Club de Literatura
Revista La Vigilia del Búho
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