Cáncer
(medicina), crecimiento tisular producido por la
proliferación continua de células anormales con capacidad de invasión y
destrucción de otros tejidos. El cáncer que puede originarse a partir de
cualquier tipo de célula en cualquier tejido corporal, no es una enfermedad
única sino un conjunto de enfermedades que se clasifican en función del tejido
y célula de origen. Existen varios cientos de formas distintas, siendo tres los
principales subtipos: los sarcomas proceden del tejido conectivo como huesos,
cartílagos, nervios, vasos sanguíneos, músculos y tejido adiposo. Los
carcinomas proceden de tejidos epiteliales como la piel o los epitelios que
tapizan las cavidades y órganos corporales, y los tejidos glandulares de la
mama y próstata. Los carcinomas incluyen algunos de los cánceres más
frecuentes. Los carcinomas de estructura similar a la piel se denominan
carcinomas de células escamosas. Los que tienen una estructura glandular se
denominan adenocarcinomas. En el tercer subtipo se encuentran las leucemias y
linfomas que incluyen los cánceres de los tejidos formadores de las células
sanguíneas. Producen inflamación de los ganglios linfáticos, invasión del
bazo y médula ósea, y sobreproducción de células blancas inmaduras. Estos
factores ayudan a su clasificación.
Naturaleza
de la enfermedad
El
crecimiento canceroso, o neoplasia, es clonal —todas las células proceden de
una única célula madre. Estas células han escapado al control que en
condiciones normales rige el crecimiento celular. Como las células
embrionarias, son incapaces de madurar o diferenciarse en un estadio adulto y
funcional. La proliferación de estas células puede formar una masa denominada
tumor, que crece sin mantener relación con la función del órgano del que
procede.
Tumores
Casi
todos los cánceres forman tumores, pero no todos los tumores son cancerosos o
malignos; la mayor parte son benignos (no ponen en peligro la salud). Los
tumores benignos se caracterizan por un crecimiento localizado y suelen estar
separados de los tejidos vecinos por una cápsula. Los tumores benignos tienen
un crecimiento lento y una estructura semejante al tejido del que proceden. En
ocasiones pueden producir alteraciones por obstrucción, compresión o
desplazamiento de las estructuras vecinas, como sucede a veces en el cerebro.
Algunos tumores benignos como los pólipos del colon son lesiones precancerosas.
Invasión
y diseminación
El principal atributo de los tumores malignos es su capacidad de diseminación fuera del lugar de origen. La invasión de los tejidos vecinos puede producirse por extensión o infiltración, o a distancia, produciendo crecimientos secundarios conocidos como metástasis. La localización y vía de propagación de las metástasis varía en función de los cánceres primarios:

1)
Cuando un cáncer invade la superficie del órgano de origen, las células
pueden propagarse desde esta superficie a la cavidad vecina y órganos
adyacentes, donde pueden implantarse.
2)
Las células tumorales pueden viajar en el interior de los vasos linfáticos
hacia los ganglios linfáticos, o también en los vasos sanguíneos. En la
corriente circulatoria, estas células se detienen en el punto en el que los
vasos son demasiado estrechos para su diámetro. Las células procedentes de
tumores del tracto gastrointestinal se detendrán en el hígado. Posteriormente
pueden propagarse a los pulmones. Las células del resto de los tumores invadirán
los pulmones antes de propagarse a otros órganos. Por tanto, los pulmones y el
hígado son dos localizaciones frecuentes de metástasis.
3)
Muchos cánceres envían células a la corriente circulatoria de manera
temprana, y mientras algunas de estas células mueren, otras pueden invadir y
penetrar en el árbol vascular y en los tejidos. Si este tejido tiene
condiciones favorables para la célula tumoral, ésta se multiplica produciéndose
una metástasis. En ocasiones, sólo se multiplica un pequeño número de veces
produciéndose un cúmulo de células que permanecen quiescentes en forma de
micrometástasis. Este estadio latente puede perdurar varios años, y por
razones desconocidas puede reactivarse y producir un cáncer recurrente.
Muchas
veces las células cancerosas conservan las características físicas y biológicas
del tejido del que proceden a pesar de estar ampliamente diseminadas. De este
modo, un patólogo puede, a través del examen microscópico de estas células,
determinar la procedencia de los tumores metastásicos. Los tumores de las glándulas
(véase Sistema endocrino) pueden ser identificados porque en ocasiones producen
de forma indiscriminada la misma hormona producida por el tejido del que
proceden. A veces, también responden a las hormonas que controlan esos tejidos
en condiciones normales.
Cuanto
más agresivo y maligno es un cáncer, menos recuerda a la estructura del tejido
del que procede, pero la tasa de crecimiento del cáncer depende no sólo del
tipo celular y grado de diferenciación, sino también de factores dependientes
del huésped. Una característica de malignidad es la heterogeneidad celular del
tumor. Debido a las alteraciones en la proliferación celular, las células
cancerosas son más susceptibles a las mutaciones. Con la evolución, el tumor
es cada vez menos diferenciado y de crecimiento más rápido. También puede
desarrollar resistencia a la quimioterapia o a la radiación.
Causas
del cáncer
Ciertos
factores son capaces de provocar un cáncer en una proporción de los individuos
expuestos a ellos. Entre éstos se encuentran la herencia, los virus, las
radiaciones ionizantes, los productos químicos y las alteraciones del sistema
inmunológico. Los investigadores estudian como estos diferentes factores pueden
interactuar de una manera multifactorial y secuencial para producir tumores
malignos. El cáncer es, en esencia, un proceso genético. Las alteraciones genéticas
pueden ser heredadas, o producidas en alguna célula por un virus o por una lesión
provocada de manera externa. Probablemente una serie de mutaciones secuenciales
conduce a la malignización de una única célula que se multiplica como un solo
clon. En un principio se consideró que un clon maligno era completamente
anormal, y que la única curación posible era la eliminación de todas las células
anormales del organismo. En la actualidad, se sabe que el problema reside en la
incapacidad de la célula de diferenciarse en su estado adulto y funcional, quizás
por la ausencia de algún factor necesario para esa diferenciación.
Factores
hereditarios
Se
calcula que menos del 20% de los cánceres son de causa hereditaria. Algunas
formas de cáncer son más frecuentes en algunas familias: el cáncer de mama es
un ejemplo de ello. El cáncer de colon es más frecuente en las familias con
tendencia a presentar pólipos de colon. Una forma de retinoblastoma sólo
aparece cuando está ausente un gen específico. Estos genes, denominados genes
supresores tumorales o antioncogenes, previenen en condiciones normales la
replicación celular. Su ausencia elimina el control normal de la multiplicación
celular. En algunos trastornos hereditarios, los cromosomas tienen una
fragilidad intrínseca; estos procesos conllevan un riesgo elevado de cáncer.
Factores
virales
Los
virus son la causa de muchos cánceres en animales. En el ser humano, el virus
de Epstein-Barr se asocia con el linfoma de Burkitt y los linfoepiteliomas, el
virus de la hepatitis con el hepatocarcinoma, y el virus herpes tipo II o virus
del herpes genital con el carcinoma de cérvix. Todos estos virus asociados a
tumores humanos son del tipo ADN. El virus HTLV, sin embargo, es del tipo ARN, o
retrovirus, como la mayor parte de los virus asociados a tumores en animales.
Produce una leucemia humana. En presencia de una enzima denominada transcriptasa
inversa, induce a la célula infectada a producir copias en ADN de los genes del
virus, que de esta manera se incorporan al genoma celular. Estos virus del tipo
ARN contienen un gen denominado oncogén viral capaz de transformar las células
normales en células malignas. Distintas investigaciones han demostrado que los
oncogenes virales tienen una contrapartida en las células humanas normales: es
el proto-oncogén, u oncogén celular. Los productos de los oncogenes (las proteínas
que producen) son factores de crecimiento (o proteínas necesarias para la acción
de tales factores de crecimiento), que estimulan el crecimiento de las células
tumorales.
Radiaciones
Las
radiaciones ionizantes son uno de los factores causales más reconocidos. La
radiación produce cambios en el ADN, como roturas o trasposiciones cromosómicas
en las que los cabos rotos de dos cromosomas pueden intercambiarse. La radiación
actúa como un iniciador de la carcinogénesis, induciendo alteraciones que
progresan hasta convertirse en cáncer después de un periodo de latencia de
varios años. En este intervalo puede producirse una exposición a otros
factores.
Productos
químicos
El
proceso por el que los productos químicos producen cáncer ha sido ampliamente
estudiado. Algunos actúan como iniciadores. Sólo requieren una única exposición,
pero el cáncer no aparece hasta pasado un largo periodo de latencia y tras la
exposición a otro agente denominado promotor. Los iniciadores producen cambios
irreversibles en el ADN. Los promotores no producen alteraciones en el ADN pero
sí un incremento de su síntesis y una estimulación de la expresión de los
genes. Su acción sólo tiene efecto cuando ha actuado previamente un iniciador,
y cuando actúan de forma repetida. El humo del tabaco, por ejemplo, contiene
muchos productos químicos iniciadores y promotores. La actuación del tabaco
como promotor es tal, que si se elimina el hábito de fumar, el riesgo de cáncer
de pulmón disminuye de forma rápida. El alcohol es también un importante
promotor; su abuso crónico incrementa de manera importante el riesgo de cánceres
que son inducidos por otros agentes, como el cáncer de pulmón en los
fumadores. Los carcinógenos químicos producen también roturas y
translocaciones cromosómicas.
Factores
inmunes
Se
cree que el sistema inmunológico es capaz de reconocer algunas formas de células
malignas y producir células capaces de destruirlas. Algunas enfermedades o
procesos que conducen a una situación de déficit del sistema inmunológico son
la causa del desarrollo de algunos cánceres. Esto sucede en el síndrome de
inmunodeficiencia adquirida (SIDA), enfermedades deficitarias del sistema
inmunológico congénitas, o la administración de fármacos inmunodepresores.
Factores
ambientales
Se
calcula que éstos son la causa del 80% de los cánceres. La relación causa
efecto más demostrada es el humo de tabaco, inhalado de forma activa o pasiva;
es responsable de cerca del 30% de las muertes por cáncer. Los factores
alimentarios pueden ser responsables de un 40%, pero la relación causal no está
tan establecida, y no se conocen con exactitud los constituyentes de la dieta
que son responsables. La obesidad es un factor de riesgo para algunos cánceres
como el cáncer de mama, colon, útero y próstata. El alto contenido en grasa y
el pobre contenido en fibra de la dieta se asocian con una alta incidencia de cáncer
de colon. Al igual que ocurre con el alcohol, las grasas y la obesidad parecen
actuar como promotores.
Oncogenes
El
componente que relaciona todos los factores expuestos con anterioridad parece
ser el oncogén. Los virus oncogénicos pueden insertar sus genes en diferentes
lugares del genoma animal. Un oncogén viral se inserta en conexión con un
oncogén celular, influye en la expresión de este oncogén e induce cáncer.
Los carcinógenos químicos y la radiación producen lesiones en el ADN,
mutaciones y alteraciones en los cromosomas, y los oncogenes tienen una
localización dentro del cromosoma en proximidad a los puntos frágiles o puntos
de ruptura.
Se
cree que la malignización es la consecuencia de una serie de alteraciones que
comienzan con un gen alterado o una mutación somática (una mutación de una célula
normal de un tejido corporal), seguida de la acción promotora de algún agente
que estimula la expresión de uno o varios oncogenes, o inhibe los efectos de
uno o varios antioncogenes; en consecuencia se liberan factores de crecimiento.
Es posible que el primer evento sea la falta de producción de los metabolitos
necesarios para la diferenciación celular normal. La estimulación por los
factores de crecimiento produce la proliferación del clon de células
indiferenciadas, y un defecto del sistema inmunológico permite que estas células
alteradas escapen a la destrucción por el sistema de control del organismo.
Incidencia
El
cáncer es la segunda causa de muerte en los adultos en el mundo occidental, y
es la principal causa de muerte por enfermedad en niños de 1 a 14 años. Existe
una gran variación de incidencia según el área geográfica. La mortalidad por
cualquier tipo de cáncer en varones ajustada a la edad es de 310,9 por cien mil
en Luxemburgo (la más alta) y de 37,5 en El Salvador (la más baja). En las
mujeres, es de 175,2 en Dinamarca, y 48,7 en El Salvador. Para algunos tipos de
cáncer, la incidencia en diferentes países puede variar en un factor de hasta
40. Estudios sobre poblaciones que han emigrado de un área geográfica a otra
diferente sugieren que tales variaciones se deben más a diferencias en estilo
de vida que al origen étnico. Esto es comprensible, si se considera que la
mayor parte de los cánceres se relacionan con factores ambientales más que con
la herencia, pese a que ambos inciden.
Los
cánceres que producen mayor mortalidad en Estados Unidos y en Europa son el cáncer
de pulmón (primero en los dos sexos), el cáncer colorectal (segundo si se
suman ambos sexos), el cáncer de mama y de útero en las mujeres, y el cáncer
de próstata en los varones. Los mencionados son responsables de más del 55% de
todas las muertes por cáncer. Las diferentes formas de cáncer cutáneo son la
forma más frecuente de cáncer con más de medio millón de casos al año que,
salvo en el caso del melanoma maligno, no figuran en las estadísticas.
Globalmente, en España, los cánceres más frecuentes son los del sistema
respiratorio seguidos por los del estómago, próstata, colon y mama. Dentro de
los tumores femeninos los de mama son los más frecuentes.
Detección
y diagnóstico
Cuanto
más temprano sea el diagnóstico y el tratamiento, mayores posibilidades de
curación habrá. Las pruebas de screening (detección precoz en pacientes
aparentemente sanos) permiten realizar el diagnóstico antes del desarrollo de
los síntomas, en una fase en la que el cáncer es más curable. Algunos de los
cánceres más mortíferos, como el de mama, colon y recto, cuello uterino y próstata,
pueden ser puestos en evidencia mediante pruebas de screening.
El
diagnóstico precoz de las formas de cáncer para las que no existe una prueba
práctica de screening depende de la identificación por parte del paciente de
los signos tempranos de la enfermedad. Los síntomas enumerados en la siguiente
lista pueden señalar la existencia de un cáncer:
Cambios
en el ritmo intestinal o urinario
Heridas
que no cicatrizan
Hemorragias
inhabituales
Bultos
en las mamas o en otras regiones del organismo
Dificultad
para tragar alimentos
Cambios
repentinos en el aspecto de verrugas cutáneas
Tos
persistente o ronquera
Pérdida
de peso
Pérdida
de apetito
El
diagnóstico del cáncer comienza por una exhaustiva historia clínica y examen
físico, que incluye la inspección y palpación de todas las localizaciones
corporales accesibles, en especial la piel, cuello, mamas, abdomen, testículos
y ganglios linfáticos accesibles. Debe realizarse el examen de los orificios
corporales, en particular el examen rectal para los cánceres de recto y próstata,
y el examen pélvico para los cánceres de cuello y matriz uterina.
Biopsia
La
biopsia sigue siendo el único método definitivo para el diagnóstico del cáncer.
En una biopsia, se toma para estudio una sección del tejido tumoral o de una
metástasis. Diversas técnicas recientes han reducido la necesidad de realizar
biopsias quirúrgicas abiertas. La mayor parte de los tumores en cualquier
localización corporal son accesibles a la biopsia a través de una fina aguja
flexible dirigida por palpación o tomografía axial computerizada (TAC). Con el
diagnóstico previo a la cirugía, el médico y el paciente pueden realizar una
mejor planificación del tratamiento y de la cirugía, si es preciso.
Estudio
de la enfermedad
Una
vez establecido el diagnóstico definitivo de cáncer, la extensión o estadio
de la enfermedad deben ser evaluados puesto que de ellos dependen el pronóstico
y tratamiento adecuado. Para cada tipo específico de tumor el estadio (I, II,
III, IV) se define en función del hallazgo de ciertos datos con significación
pronóstica: tumor localizado de pequeño tamaño, tumor localizado más
extenso, afectación de los ganglios linfáticos regionales y metástasis a
distancia. El estadio clínico se deduce de los datos obtenidos antes de la
exploración quirúrgica, y condiciona la elección del tratamiento inicial. El
estadio quirúrgico depende de los hallazgos exploratorios durante la intervención
y puede diferir del estadio clínico; el tratamiento posterior y el pronóstico
se establecen en función de éste. También permite analizar los efectos de
diferentes tratamientos.
Tratamiento
Las
medidas terapéuticas tradicionales incluyen la cirugía, la radiación y la
quimioterapia. En la actualidad se estudia la utilidad de la inmunoterapia y la
modulación de la respuesta biológica.
Cirugía
La
principal estrategia para el tratamiento curativo del cáncer es la excisión de
todas las células malignas mediante una intervención quirúrgica. En el
pasado, esto implicaba la excisión de todo el tejido afectado y de la mayor
cantidad posible de tejido potencialmente afectado, incluidos los tejidos
vecinos y los ganglios linfáticos. Para algunos tumores, y en especial el cáncer
de mama, no es precisa una cirugía tan ablativa (mastectomía) en la mayor
parte de los casos. Las mejoras en las técnicas quirúrgicas, los conocimientos
en fisiología, en anestesia y la disponibilidad de potentes antibióticos y
hemoderivados, han permitido realizar cirugías más limitadas, con menos
secuelas y más pronta recuperación. Sin embargo, muchos cánceres están
demasiado extendidos en el momento del diagnóstico para que la cirugía
curativa sea posible. Si la extensión local del tumor afecta a tejidos vecinos
que no pueden ser resecados, o si existen metástasis a distancia, la cirugía
no será un tratamiento curativo. Sin embargo, puede ser beneficiosa para el
alivio sintomático de ciertas situaciones como la obstrucción, o puede tener
el objetivo de disminuir la masa tumoral para permitir una mejor respuesta al
tratamiento quimioterapéutico o radioterapéutico sucesivo.
Radioterapia
Las
radiaciones ionizantes pueden ser electromagnéticas o por partículas y
producen una destrucción tisular.
La
radiación electromagnética incluye los rayos gamma, una forma de emisión
radiactiva, y los rayos X, que se producen cuando un haz de electrones impacta
en un metal pesado. La radiación de partículas incluye haces de electrones,
protones, neutrones, partículas alfa (núcleos de helio) y piones. Véase Física:
Partículas elementales.
La
sensibilidad de los tumores a las radiaciones es muy variable. Son tumores
sensibles aquellos cuya sensibilidad es superior a la de los tejidos vecinos
normales. Cuando tales tumores son además accesibles —los tumores
superficiales o los tumores en órganos como el útero en el que se puede
introducir una fuente de radiación— pueden ser curados mediante radioterapia.
La propiedad de la radiación de respetar hasta cierto punto los tejidos
normales permite el tratamiento de tumores en localizaciones donde no es posible
la cirugía por la proximidad de tejidos vitales o porque el tumor ha empezado a
infiltrar estructuras adyacentes que no pueden ser sacrificadas. La radioterapia
también se emplea con frecuencia como tratamiento paliativo, sobre todo en las
metástasis.
La
radioterapia puede ser útil como coadyuvante a la cirugía. La radiación
preoperatoria puede esterilizar las células tumorales con rapidez, impidiendo
su diseminación en el acto quirúrgico. También puede disminuir la masa
tumoral facilitando la cirugía, o transformando un tumor inoperable en otro
operable. En otros casos la radioterapia se emplea en el postoperatorio.
Quimioterapia
Consiste
en la utilización de fármacos para el tratamiento del cáncer. Puesto que los
fármacos se distribuyen en el organismo a través del sistema circulatorio, la
quimioterapia es útil para aquellos tumores cuya diseminación los hace
inaccesibles a la cirugía o a la radioterapia. Existen multitud de fármacos
anticancerosos, la mayor parte de los cuales actúan interfiriendo la síntesis
o función del ADN. Por tanto las células en división son más sensibles a la
quimioterapia. El tejido canceroso tiene una mayor proporción de células en
división que los tejidos normales (en los que las células de soporte o de
relleno están en una fase quiescente y son por tanto resistentes a los efectos
del fármaco). Dentro de los tejidos normales, los que tienen una tasa de
proliferación más rápida son la médula ósea y las células de recubrimiento
del tracto gastrointestinal. Son los dos tejidos más sensibles al efecto de la
quimioterapia y de la lesión de éstos depende la toxicidad, que limitará la máxima
dosis tolerable de los fármacos anticancerosos. Para que el tratamiento sea
efectivo, la sensibilidad del tumor debe ser superior a la del tejido normal más
sensible. Mientras algunos tumores son varias veces más sensibles, otros sólo
son ligeramente más sensibles. Por fortuna, las células de la médula ósea
pueden dividirse a mayor velocidad que las células malignas y por tanto se
recuperan con mayor rapidez. Si se repite un ciclo del fármaco en este momento,
el tumor no ha tenido tiempo de crecer demasiado. Los ciclos repetidos reducen
de forma paulatina el tumor antes de la aparición de resistencias. La
sensibilidad de ciertos tumores a la quimioterapia es tal que es posible la
curación en un alto porcentaje: esto sucede en el cáncer uterino; las
leucemias agudas (sobre todo en los niños); la enfermedad de Hodgkin y los
linfomas difusos de células grandes; el carcinoma de testículo; el carcinoma
de ovario; los carcinomas de células pequeñas del pulmón, y gran parte de los
cánceres infantiles. Muchas veces estos procesos cancerosos se han diseminado
en el momento del diagnóstico y no existe otra opción terapéutica. Otros cánceres
avanzados tienen buena respuesta a la quimioterapia y pueden ser controlados
durante periodos prolongados, por lo que se utiliza con frecuencia como
tratamiento paliativo.
Los
dos principales problemas que limitan la utilización de la quimioterapia son la
toxicidad y la resistencia. Las técnicas que evitan o controlan la toxicidad y
disminuyen el riesgo de resistencias se han ido perfeccionando. Es importante la
instauración precoz del tratamiento, la utilización de dosis óptimas del fármaco,
la repetición de los ciclos con intervalos cortos si es posible, siempre que se
permita la recuperación del paciente de los efectos tóxicos.
Es
eficaz la utilización de múltiples fármacos. Los protocolos de quimioterapia
utilizan diferentes fármacos (a menudo entre 3 y 6 al mismo tiempo), cada uno
de los cuales es eficaz de forma aislada. Se combinan fármacos con diferentes
mecanismos de acción para evitar la aparición de resistencias cruzadas, y con
diferentes tipos de toxicidad para poder emplear la dosis óptima de cada fármaco,
sin producir toxicidad aditiva que puede resultar fatal.
Se
puede utilizar la quimioterapia junto a la cirugía o a las radiaciones en la
denominada terapia combinada. Muchas veces se utiliza como tratamiento
coadyuvante cuando la cirugía es la principal modalidad terapéutica. Suele
administrarse tras la cirugía. Esta terapia es muy eficaz en el cáncer de
mama. El objetivo principal de la quimioterapia como coadyuvante es la eliminación
de las micrometástasis que pudieran existir previamente a la cirugía. Es más
reciente la utilización de la quimioterapia previa a la cirugía como
tratamiento coadyuvante, que puede además reducir la masa del tumor y facilitar
su operabilidad.
Terapia
hormonal
Muchos
cánceres procedentes de tejidos que son sensibles a la acción hormonal, como
la mama, la próstata, el endometrio y el tiroides, responden al tratamiento
hormonal. Consiste en la administración de diferentes hormonas o antihormonas o
la eliminación del origen de la hormona estimulante.
Otras
estrategias
Se
están empezando a emplear nuevas estrategias, algunas de ellas prometedoras, en
el tratamiento del cáncer. Se pueden utilizar agentes biológicos denominados
moduladores de la respuesta biológica, para modificar la respuesta del
organismo (y en especial del sistema inmunológico) al cáncer. Otro
planteamiento es utilizar agentes biológicos para estimular a determinadas células
a que ataquen a las células malignas. El mejor ejemplo es la utilización de la
interleuquina 2 para estimular a los linfocitos Killers sensibles a linfoquinas
(células LAK). Se ha investigado en profundidad la existencia de antígenos
específicos de algunos tumores que permitan la elaboración de anticuerpos
antitumorales: éstos atacarían el cáncer de manera directa o constituyendo el
vehículo para un fármaco quimioterapéutico. Así, el anticuerpo identificaría
la célula maligna a la que se adheriría permitiendo al fármaco ejercer su
acción.
Incluso
en el caso de conseguirse la curación, el cáncer puede haber producido serias
secuelas. Se debe intentar ofrecer al paciente la mejor calidad de vida posible,
mediante técnicas de rehabilitación que pueden incluir cirugía
reconstructiva. Cuando no es posible la curación, el tratamiento paliativo
tiene por objetivo brindar al paciente la mejor calidad de vida y función
durante los siguientes meses o años. El dolor puede controlarse en la
actualidad de manera mucho más eficaz que en otras épocas.
Curabilidad
del cáncer
En
las últimas décadas, el número de muertes debidas al cáncer ha aumentado de
manera rápida y progresiva: desde 1965 hasta 1989 el número de casos se duplicó.
Este dato no representa una marcha atrás sino que refleja el aumento y
envejecimiento de la población (la incidencia de cáncer aumenta con la edad).
También refleja el fracaso hasta épocas recientes de las campañas antitabaco.
Esto ha permitido que la incidencia de cáncer de pulmón (la principal causa de
muerte por cáncer) continúe aumentando. Esta incidencia se ha multiplicado por
diez en los últimos cincuenta años. El descenso espectacular en el consumo de
tabaco en los últimos años debería traducirse en un descenso de la mortalidad
por cáncer de pulmón. Si se excluye este último, la mortalidad por cáncer
ajustada a la edad ha dejado de aumentar. Otros tipos de cáncer continúan
aumentando en incidencia, pero en muchos casos las mejoras en la tasa de curación
han sobrepasado este aumento.
La
mortalidad por cáncer ha disminuido progresivamente en todos los grupos de edad
por debajo de 55 años. Este hecho se puede relacionar con una menor exposición
a los agentes cancerígenos gracias a la mejora de los hábitos de salud y del
ambiente, así como a un diagnóstico más precoz. Se espera que este descenso
se extienda a los grupos de mayor edad.
El
riesgo de cáncer de pulmón disminuye de forma espectacular en pocos años
después de dejar de fumar. Los esfuerzos en el diagnóstico precoz en el cáncer
de pulmón han tenido poca repercusión en la tasa de curación. La mayor parte
de los cánceres cutáneos son curables. Son prevenibles, si se disminuye la
exposición a las radiaciones solares, el principal factor relacionado con su
aparición.
Control
del cáncer
La
medida más eficaz en la prevención del cáncer es la eliminación del consumo
de tabaco, ya que el 30% de las muertes por cáncer son producidas por su
consumo. El control de la dieta también reduce la mortalidad: disminuir la
ingesta calórica para evitar la obesidad, reducción de las calorías
procedentes de la grasa a un 20% de la dieta, reducción del consumo de carnes
rojas, aumento de la ingesta de fibra (cereales, frutas y verduras) y alimentos
protectores (con contenido en vitaminas C y A, verduras como el repollo, la
coliflor, el brócoli o las coles de Bruselas). Debe limitarse el consumo de
alimentos ahumados, en salazón o ricos en nitritos, así como el consumo de
alcohol. Se debe limitar la exposición solar o utilizar cremas protectoras para
prevenir el cáncer de la piel.
El
control sobre los factores ambientales incluye la eliminación de productos
carcinógenos en el lugar de trabajo y en el hogar, como por ejemplo la
eliminación de la exposición a las fibras de asbestos o la reducción del gas
radón en el hogar.
Las
técnicas de detección precoz o screening pueden realizarse para el cáncer de
cérvix (cuello uterino), mama, colon, recto y próstata. Es recomendable la
realización de un chequeo anual a partir de los 40 años incluso en la ausencia
de síntomas; los países con sistema público de salud no siempre ofrecen este
servicio y el paciente debe sufragar el gasto. Las mujeres de más de 20 años
deben realizar una autoexploración mamaria todos los meses. El cáncer de mama
se considera uno de los principales problemas de salud en los países
desarrollados y muchas mujeres mueren cada año por esta causa. Las mujeres
mayores de 50 años son las que tienen mayor riesgo de desarrollar cáncer de
mama y el riesgo máximo lo presentan las pacientes con una edad superior a 75 años.
Los médicos recomiendan realizar un examen anual o bianual, mediante mamografía
y exploración física, a las mujeres de 50 o más años de edad. En general, no
se recomienda realizar mamografías por debajo de los 35 años de edad. En
cuanto al grupo de mujeres entre 40 y 49 años de edad existen controversias
sobre la utilidad o no de las mamografías. El cáncer de endometrio supera en
frecuencia, en España, al de cérvix, pero no se dispone de ningún estudio que
evalúe los beneficios de biopsias en parientes asintomáticas. La citología ha
demostrado ser un método eficaz para la detección precoz de cáncer de cérvix.
Se recomienda la realización de una citología cada 3 años siempre que se
hayan detectado 2 tinciones negativas en intervalos anuales. En muchos países
desarrollados el aumento en el número de personas que disfrutan sus vacaciones
en países de clima cálido ha producido un aumento en el cáncer de piel. Se
recomiendan las medidas preventivas, como el uso de cremas o pantallas
protectoras frente a la acción potencialmente lesiva de los rayos ultravioletas
solares.
La
adopción generalizada de las medidas de detección precoz podría eliminar el cáncer
de pulmón, reducir la incidencia de cáncer de mama y colon, e incrementar la
tasa de curación del cáncer de mama, colon, recto, cuello uterino y próstata.