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Durante muchos años, a lo largo y a lo ancho de todo el mundo, las mujeres han sido limitadas por falsos estereotipos de género, es decir construcciones culturales que se enuncian como verdades absolutas referentes a lo que pertenece al mundo femenino y a lo masculino, dando lugar a prejuicios y discriminación.
La antigua creencia de las mujeres como el sexo débil y el popular insulto de “anda a lavar los platos” que nos excluye del espacio público para regresarnos al privado constituyen muestras de grotescos prejuicios, así como también, excluír al hombre del espacio privado o “doméstico” para limitarlo sólo al sustento económico.
Las mujeres han tenido que ser transgresoras y enfrentarse a censuras, discriminación y sentimientos de culpa para llegar a tener el mismo espacio que los hombres en la sociedad, poder estudiar, participar de la soberanía popular y trabajar. Aún hoy, a pesar del esfuerzo que han hecho estas valientes mujeres, muchas veces resignando su vida para lograr su objetivo, las mujeres tienen ciertas desventajas como la diferencia de remuneraciones en puestos de trabajo iguales y el famoso acoso sexual que parece acercarse más a una muestra de poderío o fuerza del hombre sobre la mujer que un hecho de satisfacer su deseo sexual.
En el mundo oriental, tal es el caso de las mujeres afganas, la discriminación está aún más desenmascarada, las mujeres, completamente desprotegidas y sin ninguna ley que las ampare, son asesinadas de la manera más primitiva (apedreadas tal como hacían hace miles de años) al ser acusadas de adulterio aún si fueron violadas.
Los padres de sus hijos tienen derecho a quitárselos al cumplir éstos 5 años quedando bajo custodia del mismo y perdiendo la madre todo derecho sobre ellos. Ellas tampoco pueden estudiar ni trabajar para asegurarse un futuro por sí mismas dependiendo absolutamente de la suerte que corra su marido; en el caso de quedarse viudas tienen que mendigar para subsistir y soportar los golpes de los hombres que pasan por el lugar. Muchas mujeres que soñaban con ser médicas tuvieron que presenciar como su sueño se desvanecía paralelamente al cierre de las universidades.
Sin embargo, hay valientes mujeres que organizan su resistencia clandestinamente con la esperanza de ser libres y forjar un futuro mejor para ellas y sus hijos.
Quizás esto es de público conocimiento pero es el granito de arena que pongo para ellas y para todas las mujeres del mundo. Este es mi homenaje a todas nosotras, las mujeres.
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