|
El Profetismo en la Sagrada Escritura |
|||||||||
|
Apuntes de: Miguel Angel Corral Chagolla cmf En la materia impartida por: Armando Collin, pbro. Parte II. El profetismo hebreo de los orígenes. Tema 1. El profetismo extático. 1.1 El profetismo extático y sus proyecciones sociales y religiosas. Es aquél que se dan en Israel hasta el último período de los Jueces y de manera particular se desarrolla en el Primer libro de Samuel. Por otra parte, el pueblo de Israel, oprimido por los filisteos, ha perdido su confianza en sus instituciones, y por tanto, para volver a tener confianza en esas instituciones Dios hace surgir de en medio del pueblo a un mensajero, que es Samuel. Samuel, que es el portavoz de la decisión divina para buscar de entre los hijos de Israel a un Rey. Samuel, siendo el último juez, es considerado como uno de los representantes del profetismo extático, no porque tenga que entrar en extasis artificialmente sino porque su mensaje se da en contexto de culto y de oración (1 Sam.3: Dios llama a Samuel y le da una visión) y fue reconocido como verdadero profeta (v.20). Podemos decir que a la cabeza del profetismo extático está pues, la figura de Samuel. Sigue en este mismo contexto Saúl, quien es ungido como el primer Rey de Israel, transmitiéndole su espíritu profético, quedando él lleno del Espíritu de Yahvé, comenzando a predicar (1 Sam.10,1), profetizando y leyendo el futuro. Saúl es así, Rey y Profeta. 1.2 El profetismo colectivo y sus manifestaciones carismáticas. La figura de Samuel es a la vez del profeta solitario y del profeta que pertenece a la comunidad profética, incluso encabezándolos (1 Sam.19,18-24). A través de este texto notamos el profetismo colectivo y al mismo tiempo el profetismo individual. En el pueblo hebreo hasta el final del período de los jueces e inicio de la monarquía practicaban el profetismo extático, que se lleva a cabo ya sea de manera individual o de manera colectiva. Si era de manera colectiva, eran grupos de profetas reconocidos por el pueblo, y quizá, de profesión, que se reunían principalmente en las cercanías a algunos santuarios, y a través de visiones, sueños o conjuros podían entrar en contacto con Yahvé, comunicando la voluntad de Dios a todos los que le rodean. Se trata, entonces, de grupos fervientes, entre los cuales se encuentra Saúl, y así como él, muchos otros. Se pueden confundir con los profetas de Baal si se estudian superficialmente, o bien, confundir su mensaje. Por lo cual, es necesario tener siempre presentes las características de los falsos y verdaderos profetas. Otra característica de los profetas extáticos es que son profetas carismáticos, como lo presenta el profetismo colectivo. Porque Dios los ha poseído y los impulsa a hablar, ellos pronuncian su mensaje sin saber el alcance que tiene. Dentro de los principales representantes está Samuel, que ha sido suscitado e instituído por Dios para ayudar a su pueblo a salir de la idolatría, un pueblo por un lado oprimido por muchísimo tiempo por parte de los filisteos y, por otro lado, un pueblo que tiene importantes instituciones, entre ellas la sacerdotal, y si Dios lo ha instituído como profeta tiene que buscar la manera de librar a su pueblo de los filisteos, y lo hace buscando instituir al Rey. Lucha también en relación con la institución sacerdotal, que estaban practicando un culto sincretista, mezclando el baalismo y yahvismo. El mismo Samuel apoya, anima a sus compañeros profetas, formándose un buen grupo de verdaderos profetas, pues Dios mismo le ha dado su espíritu. La muerte de Samuel viene narrada en 1 Sam.25,1. Después de su muerte no surgieron figuras proféticas como él en mucho tiempo. La característica de este tiempo del profetismo es que los profetas entran en éxtasis y son poseídos por el Espíritu de Yahvé. Tema 2. Profetas cercanos al Rey. Líneas de evolución del profeta hasta el siglo IX desde la instalación de la monarquía hasta Amos. Varias etapas son reconocidas. La primera puede ser definida cuando el profeta está cerca del Rey y ante el Rey denuncia y da a conocer su mensaje. Los personajes que surgieron en este período fueron: Gad y Natan. Estamos en el período del gobierno de David, quien gobernó del 1010 al 970 a.C. 2.1 Samuel: último juez, sacerdote y primer profeta de Israel. 2.2 El profeta Gad (1 Sam.22,5). El profeta Gad interviene en tres ocasiones: La primera ocasión es para aconsejar al Rey que vuelva a Judá (1 Sam.22,5); la segunda es para acusar el hecho de haber realizado un censo (2 Sam.24,11-17); y, finalmente, da la orden de edificar un altar (2 Sam.24,18ss). Este profeta desempeña así un cargo de consejero. Nunca se dirige al pueblo, sino solo al Rey. En este momento no hay ningún esquema de profecía. 2.3 El profeta Natán: promesa del trono perpetuo (2 Sam.7,1-29). Tiene un poco más de importancia que Gad. Es el profeta de la corte. La cita más importante es 2 Sam. 7. También aparece en 2 Sam.12 y 1 Re.1,11-48. En la primera cita es el punto de partida de toda la tradición hebrea desde el punto de vista mesiánico, pues es la primera vez en que aparece el inicio de la descendencia, siendo también uno de los textos más antiguos de la monarquía davídica. En este linaje descrito por 2 Sam.7, Dios hace una alianza con su pueblo. El texto tiene las características típicas de un oráculo mesiánico y de dinastía. En la segunda cita, la de 2 Sam.12, se habla de los profetas que están cerca de la corte, ejercitando su misión en un círculo muy reducido, en la corte o en el palacio. Y si podemos llamarlos profetas es porque no fueron servilistas al Rey o se vendieron a él, pues a costa de la incomodidad ellos anuncian y denuncian. Tema 3. Profetas que están lejos del Rey. Es la segunda etapa. Los representantes de este tiempo están vinculados al Rey. 3.1 El profeta Ajías (1 Re.11,26-39). De él tenemos en la Sagrada Escritura dos relatos: el primero lo encontramos en 1 Re.11-26-39, y el segundo en 1 Re.14,1-8. En ambos casos se dirige directamente al Rey. Ajías ejercitó su profecía en los últimos años del Reinado de Salomón (970-930). Durante su Reinado no hubo profetas, si no solamente hasta el final, quizá por el hecho de que Salomón ha pedido a Dios sabiduría para gobernar a su pueblo, y construir un templo a Dios, por las buenas relaciones internacionales. Gobernó con sabiduría y justicia a su pueblo, pero... se dejó llevar por sus amantes y se dejó influir por ritos cananeos y fenicios, construyendo santuarios idolátricos para sus concubinas. Este rechazo a Dios hace que surga el profeta Ajías para denunciar la idolatría. En los tiempos de Salomón se desarrolló el género sapiencial y no hubo necesidad de profetas, hasta que se desemboca en el terrible final idolátrico, que denuncia Ajías, quien después se dirigirá a Jeroboam, después de la muerte de Salomón, quien muere en el 930, y ante él anuncia que el Reino se dividirá y Jeroboam reinará sobre 10 tribus (1 Re.11,26ss). Esta ya es una profecía estructurada: encuentro, denuncia, advertencia, motivo del oráculo y cumplimiento o explicación del sentido del oráculo. Cuando muerte Salomón se divide el Reino y Roboam, hijo de Salomon, se queda solo con una tribu. 3.3 El profeta Yehú (1 Re.16,1-4). 3.4 Miqueas de Yimla. No tiene que ver con una obra escrita y aparece muy alejado del Rey, y tienen que ir a buscarlo para oir la profecía, y tampoco se sabe si hubo una reacción contra él. Solamente tenemos la noticia de su existencia y de su profecía. Tema 4. Profetas lejos de la corte y cerca del pueblo. La tercera etapa está marcada por la lejanía progresiva, por la corte y el acercamiento cada vez mayor hacia el pueblo. El ejemplo que encontramos es el profeta Elías, que es un ciclo completo desde la llamada, el ministerio y la muerte de este personaje profético. Es la primera vez que encontramos una pieza bien estructurada dentro de la literatura de Israel sobre un profeta; su itinerario completo unido literariamente de manera extraordinaria. 4.1 El ciclo de Elías (1 Re.17 - 2 Re.2). Elías era nativo de Jesbe, al otro lado de Gabad, perteneciendo al reino del norte. Desarrolla su actividad entre el 874-872. Es un profeta soliterio o itinerante, sin una especial vinculación al santuario, aunque su denuncia es típicamente religiosa y desaparece a manera teofánica, es el nuevo Moisés, probablemente por el concepto de la tradición yahvista que se encontraba en crisis. La mayor parte de su ministerio lo lleva a cabo bajo el reinado de Ajab, quien se casa con Jezabel, que es fenicia. Al emparentar con los fenicios introduce la práctica idolátrica fenicia en el pueblo de Israel: el baalismo. Y el mismo rey Ajab honra estas divinidades construyendo templos idolátricos frente a Jerusalén. Al morir Ajab sube al trono Ocosías, que dura solo un año en el reinado. El monte Carmelo es identificado como el lugar donde se da el culto a los baales, en contraposición con Dios, haciendo un milagro fuera de lo común. Elías se presenta como verdadero profeta ya que realiza una serie de milagros, pero sobre todo llama la atención su figura ascética que se nota en su forma de vestir. Por esto, los autores modernos analizan la figura de Elías en comparación con la figura de Juan el Bautista, una figura austera, representativa para el pueblo hebreo, lo cual ha significado que se le aplique el título de Padre del Profetismo. También podemos decir que Elías es un profeta solitario, a pesar de que en su tiempo existiera la comunidad de profetas. Otro hecho importante es que Elías, siendo padre del profetismo, tiene un discípulo reconocido como Eliseo (1 Re.19,19-21; 2 Re.2,1-6). A través de los textos notamos el carácter extraordinario de Elías: una persona comprensiva con su discípulo. En el momento de la partida de Elías está envuelto en una teofanía, es decir, una manifestación de Dios a los hombres. Elías es trasportado en una carrosa de fuego. La desaparición de Elías a la vista de Eliseo no significa que Elías en ese momento haya muerto, sino simplemente nos indica una interrupción de Dios en la corroboración del profetismo. Elías era así, reconocido por los hombres y aprobado por Dios como profeta, dejando a su sucesor. Es el hecho de la oficialización del movimiento profético. Esta tradición de Elías como padre del profetismo está sostenida por los últimos profetas, no sólo por el Ciclo de Elías. Así tenemos a Malaquias, de finales del siglo V quien nos explicita esta paternidad: Mal.4,5 (3,23). Este texto es aplicado a Juan el Bautista como precursor (Lc.1,17). Resumen de su misión profética. Por los acontecimientos históricos que se van dando, el aspecto más importante de su misión profética es evitar que la Religión Yahvista se pudiera reducir a una hibrida forma de sincretismo religioso (mescla de magia, baalismo, acontecimientos cósmicos...). Finalmente, podemos decir que Elías es un profeta que trabajo incansablemente por la clarificación de la Alianza entre Dios y el pueblo. La Alianza presentada en Dt.31,10-13 es defendida por Elías, pretendiendo su fidelidad, y luchando contra el baalismo. Esto es lo que identifica su labor profética. La figura de Elías tiene ya los pasos correspondientes a quien ha sido llamado por Dios para la actividad profética, es un verdadero Nehebim, desde su vocación, su ministerio, su denuncia y haber sido poseído por el Espíritu de Yahvé. Presenta varios gestos simbólicos: la entrega del manto al sucesor, los diferentes milagros. 4.2 El ciclo de Eliseo. Es el continuador de la obra de Elías, solo que en condiciones diferentes. Es presentado como una figura carismática, también perteneciente al Reino del Norte. Habitaba en Guilgal, al norte de Betel, y es en esta región donde desarrolla su ministerio. Como Elías, realiza una serie de milagros y su ministerio va desde Koran (842) hasta Joas, Rey (790). Su vocación esta descrita en 1 Re.19,19-21. En 2 Re. aparece su ministerio, que se caracteriza por una serie de milagros, que están narrados del capítulo 4 al 6: a. El aceite de la viuda (4,1-7). b. La resurrección del hijo de la sunamita (4,8-37). c. El milagro de la olla envenenada (4,38.41). d. La multiplicación de panes (4,42-44). e. Curación de Naaman (5,1-27). f. El milagro del hacha (6,1-7). Concluye el cilo de Eliseo narrando su muerte: 2 Re.13,14-20. Conclusión. El ciclo de Eliseo es de menor calidad literaria que el de Elías, pero de mayor extensión. Un ciclo que se formó probablemente de tradiciones que se transmitieron en los círculos proféticos con relatos cortos y anécdotas, historias de carácter político marcadas por los guerras. Se cree que en un principio estas tradiciones estaban separadas. Se reunieron formando el ciclo de Eliseo, probablemente en el período de Amós. La profecía de Eliseo no es de tipo clásico, pues no nos dejó una obra escrita, sino más bien de tipo estático. Su ministerio no va dirigido únicamente para Israel o para un sector de la sociedad, sino que presenta su ministerio a diferentes sectores de la población. Lo vemos así con los pobres, cuando el hambre amenaza a Jericó, cuando se presenta a los pobres de Guilgal y ante la viuda en el momento de tener que pagar sus deudas, pero también se presenta ante los reyes. Se presenta, además, ante los gentiles para anunciarles la bondad del Señor: ante la sunamita y ante Naaman. Su manera de presentarse es austera, como su maestro Elías. En algunas ocasiones se hace presente personalmente, en otras envía el mensaje. Su mensaje está caracterizado por la justicia divina que debe de cumplirse. La voluntad de la salvación universal de Yahvé se extiende a todas las gentes. Dios, ciertamente ha elegido a Israel para ser su pueblo, pero tal elección no excluye a los otros pueblos, pues Dios es Dios no de una familia sino de todos los pueblos. Con el Ciclo de Eliseo se concluye una primera etapa del profetismo, que se nos narra en 1 y 2 Re., y que parece ser que se formaron tradiciones orales que posteriormente se juntaron de acuerdo a los protagonistas hacia principios del siglo VI y dieron como origen el Ciclo de Elías y Eliseo. En el Ciclo de Eliseo se nota una obra más extensa, pero de menor valor literario. Quizá se deba a diferentes compositores o, quizá, se le dió más importancia a Elías, por ser el inicio del profetismo en Israel. ¿Si Elías y Eliseo son profetas estáticos, qué rasgos centrales y básicos nos presentan en su mensaje profético? Con ellos descubrimos la distinción entre el verdadero y falso profeta. |