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Monumento en homenaje a la Justicia |
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El escultor y sus ideas |
Frente a la Suprema Corte de Justicia, en el borde de la Plaza de Cagancha, un nuevo monumento propone sus volúmenes de granito para retener al peatón.![]() El empleo del granito no es casual: es una de las piedras más bellas que produce el Uruguay y una de las más simbólicas en el mundo entero. Por su calidad visual es ideal para simbolizar la fuerza y la belleza de la Justicia. No se equivoca el escultor en ese respecto. El material fue tratado en forma especial desde la cantera y se estudió el tipo de corte. El artista sacó partido de los ritmos verticales y horizontales generados en el corte, estudió el recorrido tridimensional, el sutil despliegue de colores negros, las disímiles texturas y los juegos de luces y sombras provocados por hendiduras y salientes. Los volúmenes están tratados de manera tal que muestren las calidades diversas de la piedra, su rugosidad y su fuerza natural. Allí está uno de los mayores aciertos. Por fortuna el artista desecha el árido y estrecho minimalismo de las formas simétricas e iguales, del pulido total y del reduccionismo expresivo, para agregarle contenidos vinculados al arte matérico, a formas relacionadas con la obra de Ulrich Rückriem, Isamu Noguchi y Eduardo Chillida. El agua que corona la obra es una referencia a la claridad y la transparencia, aunque por ahora genera algunos problemas con el viento montevideano y tendrá que ser regulada oportunamente. Además en el conjunto se revela el empleo de tres elementos geométricos esenciales, que ya desde los griegos se asocian a la justicia: el triángulo equilátero, el círculo y el cuadrado. Por eso hay aquí elementos cercanos, (proxémicos), y más lejanos (distémicos) o sea algunos de comprensión local y otros de entendimiento más universal. A partir de ellos, Lorente juega con una simbología amplia. porque una ciudad no es para unos pocos: debe servir a sus habitantes, a los que la visitan y a los extranjeros. El escultor lo recuerda con aciertos evidentes y trata de llegar al espectro más vasto posible sin caer en facilismos temáticos. Su propuesta posee acertadas connotaciones para llegar al público más amplio, porque este es un sitio abierto, convoca a ideas compartidas y sugiere intercambios. Este homenaje a la belleza de la Justicia es digno, discreto, sencillo, severo y de elocuencia irrebatible, como corresponde. Es importante tener este tipo de obra despojada cuando sc trata de temas tan graves y serios y dejar de lado toda connotación retórica y vacua. Aquí sc habla de eternidad y solidez. Por otro lado triunfa la vida, a través de la irregularidad y de sus vinculaciones con la naturaleza y lo orgánico. ![]() De ahí que hay una repavimentación, un nuevo sistema de luces y de bancos y un concepto de toda el área. Para Lorente este es un espacio de uso y no de admiración. La propuesta considera a los edificios que la rodean, toma en cuenta la memoria pública, así como la acumulación de experiencias: Lorente considera la importancia de la situación patrimonial del edificio principal, la hermosa construcción proyectada por el arquitecto francés Gardelle y también el eclecticismo del edificio de la ex-Onda. Este es un espacio arquitectónicamente repleto, lleno de significado, al que no se lo puede agredir con otros agregados, sino con obras discretas como ésta. La idea es quitar, no agregar A los edificios tan ornamentados hay que oponerles la sencillez. Por otra parte, en cl centro montevideano se experimenta la polución visual de signos y carteles comerciales. Prima la confusión y la gente pierde el hábito de contemplar, se aturde con tanto neón y marquesinas. El centro de la ciudad es disruptivo y caótico, necesita ser confrontado con recogimiento. Así lo ha entendido con certeza Lorente. Con este conjunto el artista reflexiona, asimismo, sobre el papel del arte contemporáneo en la vida cotidiana, urbana y en el espacio social, contribuyendo al desarrollo y evolución de la ciudad y de los procesos históricos que por su propia naturaleza están en evolución. El arte contemporáneo tiene la obligación de mostrar que la ciudad está viva, que sigue cambiando, que no es un mausoleo, que evoluciona: por ello el artista tiene el deber de reaccionar con lenguajes actuales. Sin evolución artística pública, las ciudades se mueren culturalmente, caen con el peso del paso, se vuelven estáticas, conservadoras y miedosas del desarrollo. Se trata de un doble movimiento: preservar y crear algo nuevo. |
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Alicia Haber El País 8 de julio de 1999 |
Fotos: Adriana Hexe 22.11.00 |