Bandera
de Andalucía

Fueron los turcos y otros pueblos afines orientales los
primeros que enarbolaron, con un claro carácter de bandera, el llamado Estandarte
del Profeta, como equivalente a "convocar al pueblo creyente", y
su color -sobradamente conocido en el islam- es el verde. Se debe tener en
cuenta que la aceptación de esta enseña, que convocaba a los pueblos, no
presuponía la necesidad de ser de raza árabe, sino la aceptación de una
llamada y de un respeto al símbolo profético.
El blanco, por otro lado, significa en términos
heráldicos universales "parlamento o parlamentar", lo que unido a
verde sería, en estricta expresión, "convocar al pueblo a
parlamentar". Y como toda bandera, significa también, en sentido
genérico, "acogerse a un agrupación genuina o ideal determinado".
Así, convocando a la unidad del pueblo andaluzí,
será la causa de los Omeyas y el califato cordobés el que utilizará el
pendón de tafetán verde o bandera de seda muy tupida que en campaña se
llevaba hechas jirones, sustituyendo cualquier tipo de escudo por algún signo
místico o versículo coránico, pudiendo apreciarse algunos simples adornos,
franjas de oro o, simplemente, la media luna blanca. Otros hablan de que el
verde de la bandera iba sólo adornado en su centro con un alfanje bordado en
plata.
La tradición que da origen a la leyenda de la
bandera andaluza, está, sin duda, vinculada a estos dobles deseos, políticos y
religiosos, de la unidad almohade. según estas leyendas, un santón mogrebí
que ejercía su magisterio místico musulmán en los pueblos del Atlas,
posiblemente en los inicios del s. XII, tuvo una visión en la que un ángel le
rebelaba un imperio unido a las orillas del estrecho: el "verde"
paraíso del Al-Andalus y el "blanco" y mesiánico Al-Mogreb. La
visión, según la leyenda, fue simbolizada en una enseña o pendón partido
diagonalmente de tal forma que el triángulo superior (esto es, el
"sur") en blanco, significaba los pueblos mogrebíes que un día
serían convocados por el Mahdí anunciado por Mahoma. Efectivamente, en el año
1146 cruza el estrecho Abdelmumen, sucesor de Tumart, soñando, una vez más,
con la Isla Verde (Gibraltar) y los antiguos señoríos de Don Julián, Conde de
los Esparteros, Señor de las Marismas, según la Crónica general de España.
Los Almohades o "unitarios" radiarán desde
Sevilla un nuevo poder, una nueva esperanza musulmana.
Vencerá Abuyacub en Ataquines, y triunfará el sultán sevillano Almansur Yacub
ben Yusuf en Alarcos, en 1195. así nacerá la tradición, casi mítica, de una
bandera verde y blanca que ondeó en la Mezquita Aljama de Sevilla "hacia
el año 1198" (fecha que consignaba en sus escritos Blas Infante), año que
coincide con el de la muerte de este Yacub ben Yusuf "El vencedor".
Cabe, pues, deducir que dicha bandera debió ser ciertamente colocada en el alminar de la aljama sevillana entre 1195 y 1198,
bien para celebrar la victoria de Alarcos, o bien para exaltar la figura de este
nuevo Almansur, muerto en olor de multitudes, y posiblemente glorificado desde
el minbar (púlpito) en sus honras fúnebres. Leyenda, personaje, fechas
y bandera que compaginan muy bien con la mística político-religiosa de aquel
soñado imperio almohade.
La tradición de la
bandera verde y blanca del País Andaluz fue languideciendo aunque conservada,
sin duda, en determinados estamentos populares, especialmente de origen morisco,
ya que después de la conquista fernandina (la occidental en el s. XIII, y la
oriental en el XV), y pese a que durante mucho tiempo -todavía hoy perceptible-
Andalucía fue anulada como pueblo autóctono peninsular, un cierto sentir
"subterráneo" se mantuvo dando ciertas muestras de vigor andalusí en
el transcurso de los dos siglos posteriores. Así, por ejemplo, relatan los
historiadores de Sevilla, según apuntes recogidos por Manuel Chaves, con motivo
del motín producido en el barrio de la Feria, en el año 1521, y que alzó en
abierta rebelión al pueblo hambriento de la capital andaluza, que los
amotinados recorrieron la ciudad enarbolando un antiguo estandarte conquistado a
los musulmanes en tiempos de Alfonso X El Sabio, y que se guardaba en el templo
de Omnium Sanctorum. Este estandarte, de tela verde, vino a dar nombre
histórico a aquel conato de sublevación, conocido como "El Motín del
Pendón Verde"
Granada, Córdoba, Málaga y
Cádiz han sido siempre territorios de prestigio revolucionario, capaces de
servir -en opinión del propio Blas Infante- de cauce adecuado a la dirección
de movimientos nacionalistas andaluces, aspiraciones autonómicas y proclamas
liberalistas.
En su obra sobre "La verdad del
complot de Tablada y el Estado Libre de Andalucía" escribe Infante:
"Cuando el Duque de Medina Sidonia intentó imitar a Portugal en la acción
de levantarse contra Felipe IV (1642) y quiso proclamarse Rey de Andalucía, no
osó acariciar el disparatado proyecto de extender su reinado a todo el País
Andaluz; ni estuvo nunca esta idea en el pensamiento de su mentor y primo, el
Marqués de Ayamonte, don Francisco Manuel de Guzmán, a quien costara la cabeza
la ayuda prestada a su cobarde pariente. Antes por el contrario, los
conquistadores, según prueban los archivos moriscos y silencian las historias
españolas (historias asimilistas), protegidos por Portugal, Holanda, Inglaterra
y Francia, sobre todo Francia, pusiéronse en relación con un caballero
morisco, cristiano aparente, el cual caballero habitaba en la Sierra de Gador
(Almería), y era descendiente de Mohamet VIII de Granada".
El caballero morisco almeriense que, en 1642, quiso asumir la empresa de
proclamarse rey de Andalucía oriental y que comenzó por reivindicar su nombre
árabe, Tahir Al Hor (El Halcón), alzó también la bandera verde y blanca,
"convocando a la disensión", en franjas verticales de indudable
paralelismo con la que será enseña portuguesa nacional y que ya los Braganzas
de la sublevación militar utilizaron contra las tropas de Felipe IV. También
los nobles y capitanes que secundan al Marqués de Ayamonte, en aquel fallido
intento de "hazer República libre la Andalucía, o concitarla, para que
otro se lebante por Rey" (cito textualmente el documento de defensa
presentado por don Francisco Manuel Silvestre de Guzmán ante el señor don
Pedro de Velasco Medinilla, fiscal del Concejo, y que obra en mi poder), izarán
los mismos colores andalucistas.
Tanto la empresa de
rebelión encabezada por el Duque de Medina Sidonia, como la capitaneada por
Tahir, encontraron en los judíos andaluces contribuciones y medios financieros
para apoyar la libertad de Andalucía. No les faltaron alientos militares. Así,
por ejemplo, El Halcón contaba especialmente con ejército compuesto por
andaluces musulmanes, desterrados en Berbería y que el emperador de Marruecos
intentó hacer llegar hasta las costas malagueñas. Precisamente allí, entre
Estepona y Marbella, donde enarboló la verde y blanca, fue misteriosamente
asesinado Tahir Al Hor mientras esperaba la llegada de las tropas andaluzas de
Marruecos. Curiosa coincidencia, pues en aquellas mismas playas caerá fusilado,
casi dos siglos después, otro rebelde libertario y legendario: Torrijos.
Ciertamente, desde la segunda mitad del s. XVII hasta pasado el primer cuarto
del s. XIX, perdemos la pista a estos colores que, convertidos en símbolo de
revolución, reaparecen (en dos franjas horizontales) en la llamada sublevación
comunera de las mujeres de Casares (pueblo natal de Blas Infantes). De este
recuerdo, posiblemente materno, debió tomar de niño el propio Infantes la
certeza de ser el verde y el blanco el símbolo más reiterado en nuestro pueblo
como bandera de la liberación de Andalucía. Signo de "regeneración"
política, social y económica, y de "renacimiento" cultural y humano.
Hay lagunas históricas y etapas de la vida andaluza que tendríamos que
investigar muy a fondo para analizar las reacciones internas del pueblo andaluz
durante los siglos de mayor presión absolutista del Poder Central. Pues es
indudable que tuvieron que existir unos mecanismos de adaptación, a nivel de
base popular, que permitieran a los andaluces aprender unas formas de
convivencias que les hiciera posible seguir siendo andaluces.
Será en 1918, en la Asamblea Andalucista celebrada en Ronda, en los salones del
Casino de Artistas, donde se determinará definitivamente la bandera de
Andalucía, votándose se confeccionara en tres franjas iguales y horizontales,
verde, blanca y verde, tal como en la actualidad se conoce. Debemos advertir que
los colores allí elegidos corresponden a los primitivos pendones del Califato
cordobés y del Imperio Almohade; es decir, "verde botella", o más
exactamente "verde omeya", "Porque sus colores -dice Blas
Infante- eran los más apropiados para representar la empresa de la
restauración de un pueblo, nunca bélico y siempre creador de culturas
originales, directoras de la humanidad, como lo fue Andalucía".
De esta misma Asamblea de Ronda, partió la idea de crear un escudo regional que
reflejara de alguna manera la antigüedad del País Andaluz. Así lo consigna
este otro apunte de Blas Infante: "Para acordar el escudo de Andalucía, se
inspiró en el de Cádiz, cabecera de nuestro Pueblo, después de Tartessos, en
los tiempos primitivos; símbolo también adecuado para la expresada obra de
restaurar un país, siempre cultural; figurando un Hércules juvenil,
expresión de la fuerza eternamente joven del espíritu, domando o coordinando
la fuerza instintiva de los estímulos animales, representada por dos leones; e
inscribiendo al pié del escudo: Andalucía, por sí, para España y la
Humanidad".(Gran Enciclopedia de Andalucía)
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