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La Columna de Letona:

La moñiga del lince y la cátedra del ecologismo


Todos los pueblos con categoría han tenido siempre un cura, un farmacéutico, un cabo de la Guardia Civil y un maestro. Pero eso era antes de la democracia, que al decir de algunos llegó en el 78.

Por aquél entonces, las fuerzas vivas pasaban las tardes en la rebotica, discutiendo de política y religión, arreglando el mundo, ya que su pueblo, su provincia y su nación se les quedaban pequeños. Que si la crisis del 29, que si Chamberlain tiene razón, que si el loco de Petain, o la pérdida de Cuba….

Hoy día, a esas fuerzas vivas, como personaje primero y principal, hay que añadir al "ecologista". Persona respetada por toda la población y mirada con temor por aquellos que quieren llevar a cabo algún proyecto, ya sea en su beneficio ya sea en el de la comunidad. Y se le teme porque nadie se atreve a sacar a luz los errores de sus afirmaciones y se permite que se anteponga la "moñiga" de un lince a la vida de unos conciudadanos. O consiguen convencer que es bueno dejar un pueblo sin desarrollo, para poder disfrutar de los árboles que quedaron de la tala de los que impedían edificar su vivienda.

Y luego, esos ecologistas, puritanos con el chopo centenario, son capaces de cerrar los ojos a las enfermedades que las aguas estancadas generan en los animales domésticos, la población de riesgo y los niños. Quiero llamar su atención sobre la leishmaniosis, endémica en Torrelodones, que causó la muerte de un bebé, y que es consecuencia de los mosquitos que, en nubes inmensas, inundan nuestro pueblo, por culpa de las zonas protegidas por los ecologistas.

Yo vivo en "los bomberos", y desde que se ha urbanizado el AHS, que tenía cuatro encinas y 10 conejos (y lo digo porque en 1996 conté las encinas y fotografié a los conejos) se acabaron los mosquitos, a los que hice mención en una columna de la revista municipal en 1997. Pero ya fue tarde, mi perro tiene leishmaniosis y como él varios en la urbanización, secuelas de "catedráticos" ecologistas.

Dentro de pocos meses, una vez inaugurado el centro comercial, construidas las viviendas, decorados los jardines, invito a ecologistas, miembros del PC, y otros progresistas, a visitar el AHS y compararlo, con las fotos que de la zona guardo para recuerdo de lo que era un paraje desolado lleno de miseria tercermundista.

Sierra Madrileña; Edición 13 de mayo de 2006

 

 

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