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 EL ARRULLO DE LOS GRILLOS

  

FECHA: 2 NOVIEMBRE 1998

 

POR: Tec. ISMAEL ZAMORA C.

 

 


 

PROLOGO

 

 

   El presente es un relato inspirado en vivencias e historias infantiles acerca de muertos, almas, mártires, grillos, fe, etc.   Se trata de una visión acerca de la vida y la muerte, acerca del destino de las almas de aquellas personas quienes fueron injustamente castigadas en pro de una idea religiosa equivocada y de su recompensa por el tormento.

 

 


 


 

I. Hace 36 Horas

 

"   Hace 36 horas cuando algo sucedió, hace 36 horas el tiempo paró,  y ya nada volverá a ser lo mismo, el mundo cambió a lo místico, la nada se moldeó en magia tras la experiencia vivida en la vieja casona.

   A quien concierna vaya la advertencia: los ojos abiertos, oídos atentos, pues tal vez cambien las creencias acerca de los vivos, acerca de los muertos..."

2-Noviembre-1986

 

   El día acaba con rojo llanto en el valle, nubes grises cruzan el horizonte cubriendo a la familia Nicadeus, quienes regresan en silencio a su casa, acaban de sepultar a la abuela con todo y sus misterios y secretos.    Agua bendita mojó el suelo sacro que cubrió el cuerpo inerte, oraciones a su alma dieron la calma justa tan buscada; uno a uno entran silenciosos al hogar enlutado, una última mirada al cuarto donde vivió la abuela sus últimos días; ahora la habitación está tan sola, ya no hay más mimos ni más charla, todo quedó 6 pies tierra abajo.

 

   Viernes 7 de un mes triste, las estrellas parecen llorar mientras el silencio reina en los ánimos de la familia; eran las 6 del día cuando arribé a casa, luego de un rato de reflexión me dirigí a mi habitación, al pasar junto al cuarto de la abuela un ruido… no, un sonido… no, un canto… ¿un arrullo?...   No me atreví a entrar entonces, mi miedo pudo más que mi curiosidad, fue hasta las nueve cuando ya todos dormían que me animé a entrar, mas adentro no había alguien, todo permanecía intacto como si no hubiera transcurrido el tiempo ahí dentro: la cama, el ropero, el cofre de alhajas, la mesita, y encima la vieja caja.   Todo en su lugar, sin el polvo del descuido, salí defraudado en mi curiosidad y di un último adiós a la abuela con una lágrima que fue la despedida, ni un sólo ruido, que raro, por lo menos deberían escucharse los grillos, en fin, no era ese un lugar para mí.

 

   Fui a la habitación contigua para tratar de dormir, mi descanso fue total hasta el primer rayo de sol que cruzó el cristal azul de mi ventana, de nuevo ese canto en el cuarto de al lado, salté de mi lecho y entré de nuevo a la habitación de mi difunta abuela, esa música en el ambiente la conocía yo bien.    No, no podía recordar que hace ese ruido, la luz me molestaba los ojos, así que fui hasta la ventana y cerré las cortinas rosas, de pronto, el ruido cesó por completo como burlándose de mi curiosidad, y yo sin poder recordar  que hace ese ruido.

 

   Pero por la noche yo regresaría...  hace 36 horas que entré en la habitación con la vela de mi primera comunión iluminando mis pasos, encontré las llaves donde siempre las guardaba mi abuela y con cuidado abrí el ropero, ahí fue cuando comprendí que no debí hacerlo; adentro olía a viejo y a recuerdos, sólo una poca de molesta polilla en el ambiente, vestidos discretos y rincones polvorientos ante mi vista infantil; algo me invadía, pensé en la curiosidad natural en mí, luego se convertiría en algo que no logré apartar.   Hace 36 horas comprendí que no debí hacerlo.

 

 

 

II. El Secreto de Rigel

 

   Un viejo libro estaba en la mesita de madera, la vela ilumina tímida la habitación, con cuidado abrí el libro café, leí con gran interés las grandes letras de la tercera página, cada línea es magia para mí, son como cuentos de hadas.  Nadie sabe de mí ahí dentro, todos están ocupados en olvidar o recordar sus vivencias con la abuela, a mí sólo me ocupa encontrar algo en ese libro que sea lo suficientemente gratificante; sólo soy yo y los cuentos de muchos nombres de gente ya muerta, cada una relata una anécdota, página a página, página tras página.

 

    Las líneas de una monja es el libro de mi abuela,  las memorias acerca de un misterio que espera que yo lo conozca, hoy que estoy aquí dispuesto a saber; ¡no!, a veces es difícil dejar de lado la realidad que nos rodea a ti y a mí, para adentrarse en los secretos de gente quienes vivieron otras realidades...  para adentrarse en otros mundos, como el secreto de…  ¿Rigel?   

   No me da hambre ni sueño, hechizado leo hoja tras hoja sin sentir cansancio, no es que crea las palabras en su totalidad, sino que algo en ellas me atrapa, voy a la última página; el nombre de mi abuela está escrito con letras doradas, Rigel sabía que mi abuela viviría mucho antes de su nacimiento, por eso la incluyó junto con 9 más, 9 mujeres de 9 generaciones sucesivas.   Busco ávido las líneas donde inicia la mágica historia:

 

     La hermana Rigel vivió en un convento, toda su vida desde niña rodeada de religión, sus sueños fueron siempre un misterio para todas sus hermanas, los cuales nunca compartió por discreción o miedo a la incomprensión; sin embargo, al cumplir 16 la madre superiora la mandó llamar:

 

 "- Toma este diario Rigel, es mi último regalo para ti, me mandan a las misiones del sur, sé de tus sueños; no, no preguntes como; acepto tu silencio, pero oye mi consejo, escribe lo que ves pues hay un milagro oculto en ti, tú darás paz a almas destinadas a penar entre el mundo de los vivos y el mundo de la muerte."

 "- Gracias Madre Martha, su voluntad será por mí."

 

   Desde entonces cada mañana escribió lo que vio durante 27 días, visiones de mujeres y hombres de diferentes generaciones, pero todos ellos con algo en común; sin embargo, continuó guardando su secreto celosamente. Antes de morir legó la hermana Rigel su libro a la primera mujer cuyo nombre aparece predicho por ella en el libro, el porqué es el secreto de Rigel, el cual al más allá se llevó.   Generación a generación se ha legado el don de sueños proféticos y mitológicos, hay 2 nombres que se repiten y que me parecen conocidos: Martha y Carmen,  Carmen el nombre de mi difunta abuela  y Martha, como  una muchacha quien pasa cerca de mi escuela todos los días; a veces leemos cosas cercanas que nos parecen tan ajenas a nuestra vida.


 

III. Un Paseo por el Jardín

 

   3 a.m. me levanto luego de mucha lectura, voy hasta la ventana para observar, mi espalda está cansada pero quiero caminar, sin pensar en los demás voy fuera de la casa, mis pasos me llevan por el amplio jardín hasta la fuente de la musa aura, mis ojos me engañan u otro algo en mí, me parece ver que danzan muchas figuras blancas por entre los guayabos.   Es como si en el exterior hubiera almas en gozo, como si en el exterior se reunieran para convivir las almas de quienes pecaron y quienes al edén no pueden ir, o al menos eso puedo razonar ahora.

 

     La danza inmaculada de las almas en dolo.

 

   Una luz frente a mí aparece, no siento miedo, siento me toca el rostro y me lleva por sentimientos nuevos que no puedo describir, una voz suave me guía.

-          Somos almas que no dañan, no temas, estás próximo a heredar la sapiencia que cambiará toda tu cristiana creencia - Todos esos espectros ríen sin hacer ruido, sus pies apenas rozan la hojarasca otoñal en el suelo - Mi nombre es Rigel, ven conmigo junto a la fuente, bienvenido al umbral entre la vida y la muerte; conoce a quienes fueron gente común.   Junto a la fuente danzan quienes no merecen el infierno, quienes no alcanzaron el cielo,  junto a esta fuente hubiese querido estar Dante y observar la danza inmaculada bajo la luna nueva.

-          Dios les ha dado la oportunidad de ser felices, a nuestra manera gozamos en la tierra.

 

   Mis ojos ven lo que mi mente no cree, trato de explicarlo pero no hay manera: mujeres, niños, hombres, ancianos, sus rasgos son de gente viva aún estando muerta, son luces blancas deslizándose; siento una extraña calma junto a la Hermana, a los pocos minutos todos danzamos juntos, ahora somos todos almas en gozo que se reúnen para convivir.

    Forman una luz hipnótica que no ilumina ya, nadie estoy seguro la puede ver sino yo; las aguas cristalinas de la fuente no reflejan la luna nueva, se reservan su reflejo para el sol, no siento el miedo ni el frío, extraña escena, no lloro ni río; la noche parece eterna, nada cambia, cuando son las sombras quienes reinan.

 

   Almas de pecadores en ritual mágico, es salvación lo que en el aire se respira; como sacros espectros todos convivimos siendo uno, si pasaron horas, no las sentimos.   Estoy en una especie de éxtasis a mis 16 años adolescentes; la monja calla de repente y todos paran, hacen un círculo y en medio Rigel, extiende los brazos cubiertos por el hábito.

-          Bienvenida hermana, ahora eres uno con nosotros -  Una nueva luz se forma ante todos, cada uno va y la abraza en comunión, ¡no!, no puede ser ella aquí la nueva, siento que mi piel se enchina, mis ojos se llenan de lágrimas, si es un sueño no quiero despertar.

-          ¿Por qué no te acercas?, mírame, soy tu abuela, ahora disculpa, debo ir donde Martha”.

 

   ¿Por qué esta ella aquí?, debería estar allá, donde ella esperaba llegar luego de morir.


 

IV. La Víspera del Amanecer

 

    Es la víspera del alba y está a punto de romperse la calma;  espero no perder mi alma, y la danza continúa en el misticismo;  y yo temiendo no ser ya el mismo escucho la conversación de mi abuela y la hermana Rigel, todo está pasando ahora demasiado rápido, Martha heredará la cualidad de los sueños y sus misterios ocultos, siento que camino entre la bondad y la maldad.

   La monja me toma de la mano, creo que empiezo a comprender y ese es mi error, la verdad está más allá de mis ingenuas conclusiones de ser vivo, un secreto aún mayor esperaba por mí en el interior de la casa; nos detenemos a la entrada de la casa en luto, Rigel voltea a mirar el jardín con nostalgia.   Ahora sé quienes son las últimas mujeres mencionadas en el libro café, mas aún me queda una duda golpeando en la cabeza: ¿Por qué me habrán elegido para ser testigo?; sólo sé que estoy dentro del círculo; mis pensamientos son rotos por la voz de la monja.

-          Observa al horizonte, observa muy bien.

 

   Movimientos rítmicos armonizaban con el viento, las nubes parecen formar imágenes, son líneas escritas en el horizonte que me van contando un bello cuento; mientras el cielo va perdiendo el negro de la noche, el azul celeste comienza a teñir muy tenue lo enrojecido; Rigel sonríe con tristeza y alegría, no sé.   El frío aumenta, ya no hay danza, sólo las líneas en el cielo que lentamente se van desvaneciendo, vida y muerte son los jinetes quienes cabalgan cerca del sol naciente venciendo el mito de la realidad; fe y desesperanza los corceles briosos que cabalga la cruel verdad.

 

    En verdad la vida no es justa sino la muerte y sus veredas inciertas; el silencio se vuelve tan espeso que me desespera, me siento como uno más del resto, yo escuché unos ruidos finos en el exterior: son aves despertando listas a dar gracias al creador; ella escuchó unos ruidos en el interior: encerrados seres inanimados llenándose de calor.

 

   La ventana sigue cerrada ante mi mirada, mas sigo observando hacia afuera, sólo porque respiro se puede decir que sigo vivo, pero he perdido cualquier movimiento en mi rostro, únicamente aquellas visiones en mi mente que me parecen tan sutiles permanecen en mi mirada, pero, ¿por qué yo fui el elegido?,  es la víspera del alba, a punto de romperse la calma.

 

   Un nuevo día comienza y yo nací de nuevo esa madrugada pues de pronto quedé expuesto al igual que un bebe al salir del vientre de su madre, escucho un arrullo el cual relaja a las almas.  

 


 

V. Un Cuento en el Cielo

 

    El firmamento se mueve lento, magia en mis ojos es lo que siento, lo que he leído en el horizonte me quita el aliento, almas que van al juzgado final en silencio y luego de que el juez sentencia caen a la tierra por decreto; el jardín de nuestra casa es su edén provisional, con resignación salen cada anochecer y se ocultan cada amanecer,  con la esperanza del arrullo para poder descansar.

 

     Rigel es la guía, con amor las lleva al exterior, así mismo con amor las oculta del día con la esperanza de su perdón, ahora comprendo aquellas líneas del libro café:

 

  "Érase una vez en un tiempo lejano, cuando gente moría por su creencia, torturados por los representantes de la iglesia; Dios vio que era injusto fueran al purgatorio y les concedió disfrutar un poco de lo que les fue arrebatado. Un ángel era enviado a encarnar en una mujer cada 7º día del 7º mes de cada 7º año hasta que esa mujer despertará al ángel en sus sueños, en el séptimo intento lo logró Rigel, a instancia de la religiosa llamada Martha.     Así el círculo se inició cuando la monja comprendió, así se ha de repetir hasta que algo lo rompa, cuando la heredera de la misión no comprenda,  cuando la fe se pierda y la esperanza se vea rota".

 

      Las líneas hablan las palabras de fantasmas hechos leyenda, el cuento en el firmamento que relata una historia sacra; almas en regocijo sempiterno, no es cielo, no es averno; es un regalo del Padre Eterno.

 

    "No verán el cielo prometido por sus faltas cometidas, no sufrirán el averno como castigo a algo que nunca hicieron, resignación viene con la salvación.   Al morir el día y su luz de vida ellas salen, tienen permitido estar en los jardines para ser felices; danzan, ríen, cantan, alaban, sus culpas expían, 77 ángeles resguardan la casona donde habitan de miradas insacras".

 

      Por eso no se deteriora con el paso del tiempo.

 

   "La sostiene desde lo más alto el divino aliento, a través de una mujer llamada Martha se repetirá el milagro pero debe ser fuerte de fe para ser digna de guardar el secreto por el que ella habrá hasta su muerte velar; el círculo debe ser renovado para permanecer sellado.  Al morir la anterior hereda la misión,  lega el don de los  misteriosos sueños,  así tranquila sube al reino de los cielos,  envuelta en la esperanza de su religión".

 

 

  Las líneas hablan las palabras de fantasmas hechas leyenda, el cuento en el firmamento relata una historia sacra.

 

   “...la mujer llamada Martha deberá recibir el legado del "Don" de los sueños en estado inconsciente y únicamente si logra asimilar en su mente la leyenda, y posee la suficiente fe será digna de ser la sucesora guardián. Al morir la anterior legará su misión, la sucesora tendrá 7 años para despertar el "Don" y si no lo lograse el círculo se rompería y con él la restitución de las almas cayendo en el purgatorio por siempre jamás.

   Al despertar el "Don", que Dios mandó por primera vez por medio de un ángel, le será entregado el contenedor de los arrulladores, la mujer llamada Martha sabrá con sólo tomarla en sus manos el significado oculto.    Al ocaso se detendrá el arrullo y las almas despertarán de su letargo, al alba iniciará de nuevo el arrullo. El guardián deberá cuidar celosamente su misión, son 999 almas que dependen de ello, todas víctimas de la Inquisición... y por cada alma nueva que se les una, una de ellas subirá al Edén; Dios guarde a quien cumpla con estás palabras.

 

La fe es el amor de Dios hecho sentimiento.

 

Rigel Van Der Engel.

7-Julio-1777

Colegio de La Purísima.

Ciudad de Santa Fe y Real de Minas de Guanajuato”

 


 

VI. Una Mujer Llamada Martha

 

   El azul le gana espacio al negro, las estrellas van desapareciendo pausadamente, la luna nueva se oculta ya tras la tierra; ya no leo el cuento pero mi cuerpo no despierta aún, sigo inmóvil sólo pienso en la mujer llamada Martha.    El alma de mi abuela fue en su busca, diciendo que ella estaba muy cerca, la monja me toca la espalda mientras habla:

-          Hasta luego, nos veremos en unos años.

 

   Despierto de mi corto pero mágico sueño, me siento en el viejo lecho sin sentir miedo, mis ojos siguen fijos en la ventana y pienso: "¿Será aquella la mujer llamada Martha?"; quisiera correr a verla y ver si está despierta, pero no sabría que decirle al verla.

   A través del cristal una imagen entra a la habitación, es mi abuela, me ve con ese mismo tierno amor, y yo la veo sin sentir temor:

-          Es hora de retirarme, mi misión terminó hijo, recuerda que pase lo que pase ella debe tener la caja.

 

   Se desvanece entre aroma de un gran cariño, la luz rompe tenue en el delineado horizonte y aún la oscuridad es completa en la recamara; siento miedo muy dentro por primera vez en todo este trance, incertidumbre de saber si está lejos o cerca aquella mujer llamada Martha, si ella sabrá elegir, si se salvarán o se condenarán las almas, es demasiado para mí. Aún retumba en mi mente el eco de las palabras:

 

   "Debe ser creyente y de fe fuerte, que tenga sueños misteriosos de pecadores y santos, quien esté dispuesta a cumplir la misión sacra, quien sepa del dolor y gozo de las almas, quien sea esa mujer llamada Martha.   Debe creer en la vida y respetar la muerte, que tenga un gran amor por sus semejantes, quien sepa cuidar celosamente de la caja".

 

    Esa caja que aún no conozco siquiera, y que debo dar a esa mujer llamada Martha, quien apenas sospecho conocer.

 


 

VII. Alba

   Sobre la pétrea barda comienza a brincar el alba, un hilillo luminoso entra a través de la ventana, mis oídos se llenan con extraños ruidos, ¿serán los que escuchó Rigel en el interior? ; Algo se mueve, está vivo, de eso estoy seguro. No estoy solo en la habitación; el haz de luz pegó en el viejo ropero de madera, me asomo a la ventana y veo que el jardín continua en penumbras, de pronto, algo cae ligero a mis espaldas, es como si escuchara el ruido de pequeñas alas... ese algo tocó mi cuello y se desliza suavemente.

 

    El alba llegó,  Dios saludó con  el amanecer en la casa de las almas, es hora de entrar para dar paso a los vivientes; varios sonidos zumban en mis oídos, uno de esos algos me golpea el rostro y siento varios otros en la cabeza y en mis manos; escucho el ruido de vuelos frente a mis ojos pero en la oscuridad estoy ciego.

 

   Y de súbito paran los vuelos en el cuarto, y de pronto ya no hay ruidos que zumben en mis oídos; por un segundo todo es calma hasta que... el alba ha entrado con su luz amarilla y roja dentro de la habitación, así el día se anuncia en la vieja casona.  Veo a mi alrededor y mi asombro es mayor, desde la ventana hasta la puerta del pasillo se han formado una hermosa alfombra, están por todas partes cubriendo de verde, son cientos de pequeños, muy pequeños grillos.

 

   Grillos aquí, grillos allá, verdes grillos, negros grillos, grillos dorados; no me muevo, estoy rodeado, no hay donde pisar; sin embargo, a ellos les soy indiferente, me parecen ignorar; todos parecen ver hacia la mesa de centro que tiene encima una caja verde y a punto está de tocarla la luz.

     Es el amanecer sobre la tierra de los mortales y  es hora de iniciar de nuevo el círculo; el sol finalmente ha tocado la delicada caja, esa caja que está inquieta sobre la vieja mesa, hay ruidos en el interior que me llenan de temor, tiene inscritos verdes grafos extraños; bajo la sellada tapa una cinta verde y una bien definida escritura del lejano oriente.   Escucho pasos acercándose de manera lenta, no lo veo pero alguien ha abierto la puerta, un aire cálido me recorre la espalda.

 

-          "Con permiso hijo, déjanos pasar, es hora ya". - Es mi abuela quien me habla muy calmada, veo como los grillos han formado una vereda en medio de la habitación cálida; me muevo y doy paso a mi abuela,  alguien más está con ella, la llama y al entrar me quedo sin habla... es Martha; camina dormida con las manos rígidas sobre el pecho, no se detiene sino hasta llegar a la mesa de centro, extiende los brazos suavemente y con las manos toma la misteriosa caja, por un momento se ha detenido el tiempo... todo es silencio.

 

 

 


 

VIII. El Arrullo de los Grillos

 

   Martha jala el listón verde bajo la tapa, el sol entró casi de inmediato sin recato, mi piel se enchinó, mis vellos se erizaron y mis dedos se crisparon...  mis cabellos se sacudieron, un aire frío salió primero del interior de la verde caja y después un melódico arrullo, al momento todos los grillos entonaron un extraño canto.   Una a una las almas fueron entrando en silencio con su luz tan blanca como la fe verdadera, una a una se fueron desvaneciendo dentro de un grillo y cada grillo con su alma se fue introduciendo en la caja; no, no preguntes cómo cupieron todos, lo ignoro, y quizá no deseo saberlo; fue un ritual especial y quizá espiritual.

 

    Fue el canto nuevo,  fue el regalo del Eterno,  fue el arrullo de los grillos.

 

   Al entrar la última alma Martha cerró la caja como si supiera de siempre lo que debe hacer, siento de pronto un alivio y ya me puedo mover libremente otra vez.

-           - "No olvides hijo tu misión que Rigel te encomendó, ahora debo llevar de regreso a su casa a Martha, por ahora conserva tú esa sagrada caja hasta que ella despierte el "Don" que en ella aún duerme".

-          -"No te vayas abuela, no sé si pueda cumplir, ¿Qué pasará si el "Don" no llegase a despertar?, ¿Cómo sabré cuando será el tiempo correcto?, ¿Qué pasará si llegado el momento ella pensara que le miento?

-          -"El momento llegará y tú lo sabrás oportunamente, pues llegarás a ser muy amigo de la muerte".

 

   No sé si sus palabras me tranquilizaron o si únicamente más temor en mí fundaron; sólo sé que ahora estoy solo en la habitación de mi difunta abuela, mientras tanto, en la caja sigue el arrullo, ¿qué habrá dentro?, abro la caja con cuidado y veo con asombro el interior: Son dos grillos verdes hechos de metal laminado.   Al darles la luz del día su canto inicia mágico, ahora entiendo las palabras del cuento en el cielo, es el arrullo quien mantiene a las almas en letargo hasta llegar la noche, la magia se irá perdiendo conforme pase el tiempo hasta que el "Don" despierte en Martha y se renueve; he dado mi palabra y cumpliré mi misión.

 


 

XI. 13 Años Después

 

   Es ahora 2 de noviembre de 1999, un cigarrillo humea entre mis dedos nerviosos, ante mis ojos pasan tantos recuerdos; estoy viendo uno de los tradicionales altares que por la ciudad se erigen en honor de aquellos quienes nos han abandonado.   Hace 6 años en sueños llegó el aviso, que una mujer llamada Martha despertó el "Don", mi búsqueda inició entonces hacia el norte y el sur sin parecer pronto dar frutos; hoy siento la satisfacción de que he cumplido mi misión, dar descanso para las almas; el círculo está sellado otra vez 13 años después.

 

   El décimo mes encontré a una mujer frente al primo monumento al padre Hidalgo, junto a la alhóndiga de Granaditas, ella me mostró una caja y comprendí al momento el significado, pude saber que era la señal que había esperado, me dijo que debía regresar al sur pues el tiempo era el apropiado.   Viajé guiado por los signos de los sueños hacia el bajío, hasta la ciudad de Salvatierra; hasta dar con ella, esa mujer llamada Martha, aquella muchacha quien abrió la caja durante el alba; el tiempo llegó para atestiguar la misión.

 

   En las tierras del sur, rumbo al Este, sobre la vereda que abrió el padre Hidalgo un siglo atrás, el octogésimo lar esconde a la mujer, sólo me faltaba saber si descubrió el "Don".   En poco tiempo nos hicimos amigos, una amistad que luego nos llevó a amar sin planearlo; cuando estaba a punto de olvidar la encomienda, me platicó uno de sus locos sueños, fue el recuerdo de un muchacho en un cuarto y es que las profecías son lentas pero inexorables, designios no manipulables por los mortales.

 

   Y mi regalo fue un día una verde caja que ella abrió y dentro encontró 2 grillos, con la luz del sol iniciaron su canto el cual le encantó, pude ver en el brillo de sus ojos la magia del momento; fue primero un bonito regalo, admiración de amigas y luego el encanto fue cubriendo a cuanto la conoció, nadie supo más sino sólo ella quien despertó en su interior el poder del "Don".

 

   He escrito en el libro de Rigel:

 

"... Ahora vivimos ella y yo un idilio, las almas conservan su paz y yo mi tranquilidad, quede este testimonio guardado hasta mi muerte y sea entregado al primogénito quien habite la vieja casona; hoy he deseado recrear todos esos recuerdos que siguen escritos en el cielo, pues ya he escrito la línea que me correspondía, que da aún espacio en el firmamento para que las futuras generaciones redacten su correspondiente legado.

 

   Hoy 2 de noviembre  de 1999, bajo la luz de la luna y la sombra del héroe pétreo, ante la panorámica del patrimonio de guanajuatenses y del mundo, los tres que aquí estamos presentes afirmamos con nuestras firmas que cada palabra es verdad... así sea”.

 

"Dios guarde a quien conserve la fe verdadera"

Guanajuato, Guanajuato

 A 2 de noviembre  de 1999, 12:00 a.m.

 

       Rigel Van Der Engel

       Muerte

       SENTINEL