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EL ARRULLO DE LOS GRILLOS
FECHA: 2 NOVIEMBRE 1998
POR: Tec. ISMAEL ZAMORA C.
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PROLOGO
El presente es un relato inspirado en vivencias e historias infantiles acerca de muertos, almas, mártires, grillos, fe, etc. Se trata de una visión acerca de la vida y la muerte, acerca del destino de las almas de aquellas personas quienes fueron injustamente castigadas en pro de una idea religiosa equivocada y de su recompensa por el tormento.
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" Hace 36 horas cuando algo sucedió, hace 36 horas el tiempo paró, y ya nada volverá a ser lo mismo, el mundo cambió a lo místico, la nada se moldeó en magia tras la experiencia vivida en la vieja casona.
A quien concierna vaya la advertencia: los ojos abiertos, oídos atentos, pues tal vez cambien las creencias acerca de los vivos, acerca de los muertos..."
2-Noviembre-1986
El día acaba con rojo llanto en el valle, nubes grises cruzan el horizonte cubriendo a la familia Nicadeus, quienes regresan en silencio a su casa, acaban de sepultar a la abuela con todo y sus misterios y secretos. Agua bendita mojó el suelo sacro que cubrió el cuerpo inerte, oraciones a su alma dieron la calma justa tan buscada; uno a uno entran silenciosos al hogar enlutado, una última mirada al cuarto donde vivió la abuela sus últimos días; ahora la habitación está tan sola, ya no hay más mimos ni más charla, todo quedó 6 pies tierra abajo.
Viernes 7 de un mes triste, las estrellas parecen llorar mientras el silencio reina en los ánimos de la familia; eran las 6 del día cuando arribé a casa, luego de un rato de reflexión me dirigí a mi habitación, al pasar junto al cuarto de la abuela un ruido… no, un sonido… no, un canto… ¿un arrullo?... No me atreví a entrar entonces, mi miedo pudo más que mi curiosidad, fue hasta las nueve cuando ya todos dormían que me animé a entrar, mas adentro no había alguien, todo permanecía intacto como si no hubiera transcurrido el tiempo ahí dentro: la cama, el ropero, el cofre de alhajas, la mesita, y encima la vieja caja. Todo en su lugar, sin el polvo del descuido, salí defraudado en mi curiosidad y di un último adiós a la abuela con una lágrima que fue la despedida, ni un sólo ruido, que raro, por lo menos deberían escucharse los grillos, en fin, no era ese un lugar para mí.
Fui a la habitación contigua para tratar de dormir, mi descanso fue total hasta el primer rayo de sol que cruzó el cristal azul de mi ventana, de nuevo ese canto en el cuarto de al lado, salté de mi lecho y entré de nuevo a la habitación de mi difunta abuela, esa música en el ambiente la conocía yo bien. No, no podía recordar que hace ese ruido, la luz me molestaba los ojos, así que fui hasta la ventana y cerré las cortinas rosas, de pronto, el ruido cesó por completo como burlándose de mi curiosidad, y yo sin poder recordar que hace ese ruido.
Pero por la noche yo regresaría... hace 36 horas que entré en la habitación con la vela de mi primera comunión iluminando mis pasos, encontré las llaves donde siempre las guardaba mi abuela y con cuidado abrí el ropero, ahí fue cuando comprendí que no debí hacerlo; adentro olía a viejo y a recuerdos, sólo una poca de molesta polilla en el ambiente, vestidos discretos y rincones polvorientos ante mi vista infantil; algo me invadía, pensé en la curiosidad natural en mí, luego se convertiría en algo que no logré apartar. Hace 36 horas comprendí que no debí hacerlo.
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Un viejo libro estaba en la mesita de madera, la vela ilumina tímida la habitación, con cuidado abrí el libro café, leí con gran interés las grandes letras de la tercera página, cada línea es magia para mí, son como cuentos de hadas. Nadie sabe de mí ahí dentro, todos están ocupados en olvidar o recordar sus vivencias con la abuela, a mí sólo me ocupa encontrar algo en ese libro que sea lo suficientemente gratificante; sólo soy yo y los cuentos de muchos nombres de gente ya muerta, cada una relata una anécdota, página a página, página tras página.
Las líneas de una monja es el libro de mi abuela, las memorias acerca de un misterio que espera que yo lo conozca, hoy que estoy aquí dispuesto a saber; ¡no!, a veces es difícil dejar de lado la realidad que nos rodea a ti y a mí, para adentrarse en los secretos de gente quienes vivieron otras realidades... para adentrarse en otros mundos, como el secreto de… ¿Rigel?
No me da hambre ni sueño, hechizado leo hoja tras hoja sin sentir cansancio, no es que crea las palabras en su totalidad, sino que algo en ellas me atrapa, voy a la última página; el nombre de mi abuela está escrito con letras doradas, Rigel sabía que mi abuela viviría mucho antes de su nacimiento, por eso la incluyó junto con 9 más, 9 mujeres de 9 generaciones sucesivas. Busco ávido las líneas donde inicia la mágica historia:
La hermana Rigel vivió en un convento, toda su vida desde niña rodeada de religión, sus sueños fueron siempre un misterio para todas sus hermanas, los cuales nunca compartió por discreción o miedo a la incomprensión; sin embargo, al cumplir 16 la madre superiora la mandó llamar:
"- Toma este diario Rigel, es mi último regalo para ti, me mandan a las misiones del sur, sé de tus sueños; no, no preguntes como; acepto tu silencio, pero oye mi consejo, escribe lo que ves pues hay un milagro oculto en ti, tú darás paz a almas destinadas a penar entre el mundo de los vivos y el mundo de la muerte."
"- Gracias Madre Martha, su voluntad será por mí."
Desde entonces cada mañana escribió lo que vio durante 27 días, visiones de mujeres y hombres de diferentes generaciones, pero todos ellos con algo en común; sin embargo, continuó guardando su secreto celosamente. Antes de morir legó la hermana Rigel su libro a la primera mujer cuyo nombre aparece predicho por ella en el libro, el porqué es el secreto de Rigel, el cual al más allá se llevó. Generación a generación se ha legado el don de sueños proféticos y mitológicos, hay 2 nombres que se repiten y que me parecen conocidos: Martha y Carmen, Carmen el nombre de mi difunta abuela y Martha, como una muchacha quien pasa cerca de mi escuela todos los días; a veces leemos cosas cercanas que nos parecen tan ajenas a nuestra vida.
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3 a.m. me levanto luego de mucha lectura, voy hasta la ventana para observar, mi espalda está cansada pero quiero caminar, sin pensar en los demás voy fuera de la casa, mis pasos me llevan por el amplio jardín hasta la fuente de la musa aura, mis ojos me engañan u otro algo en mí, me parece ver que danzan muchas figuras blancas por entre los guayabos. Es como si en el exterior hubiera almas en gozo, como si en el exterior se reunieran para convivir las almas de quienes pecaron y quienes al edén no pueden ir, o al menos eso puedo razonar ahora.
La danza inmaculada de las almas en dolo.
Una luz frente a mí aparece, no siento miedo, siento me toca el rostro y me lleva por sentimientos nuevos que no puedo describir, una voz suave me guía.
- Somos almas que no dañan, no temas, estás próximo a heredar la sapiencia que cambiará toda tu cristiana creencia - Todos esos espectros ríen sin hacer ruido, sus pies apenas rozan la hojarasca otoñal en el suelo - Mi nombre es Rigel, ven conmigo junto a la fuente, bienvenido al umbral entre la vida y la muerte; conoce a quienes fueron gente común. Junto a la fuente danzan quienes no merecen el infierno, quienes no alcanzaron el cielo, junto a esta fuente hubiese querido estar Dante y observar la danza inmaculada bajo la luna nueva.
- Dios les ha dado la oportunidad de ser felices, a nuestra manera gozamos en la tierra.
Mis ojos ven lo que mi mente no cree, trato de explicarlo pero no hay manera: mujeres, niños, hombres, ancianos, sus rasgos son de gente viva aún estando muerta, son luces blancas deslizándose; siento una extraña calma junto a la Hermana, a los pocos minutos todos danzamos juntos, ahora somos todos almas en gozo que se reúnen para convivir.
Forman una luz hipnótica que no ilumina ya, nadie estoy seguro la puede ver sino yo; las aguas cristalinas de la fuente no reflejan la luna nueva, se reservan su reflejo para el sol, no siento el miedo ni el frío, extraña escena, no lloro ni río; la noche parece eterna, nada cambia, cuando son las sombras quienes reinan.
Almas de pecadores en ritual mágico, es salvación lo que en el aire se respira; como sacros espectros todos convivimos siendo uno, si pasaron horas, no las sentimos. Estoy en una especie de éxtasis a mis 16 años adolescentes; la monja calla de repente y todos paran, hacen un círculo y en medio Rigel, extiende los brazos cubiertos por el hábito.
- Bienvenida hermana, ahora eres uno con nosotros - Una nueva luz se forma ante todos, cada uno va y la abraza en comunión, ¡no!, no puede ser ella aquí la nueva, siento que mi piel se enchina, mis ojos se llenan de lágrimas, si es un sueño no quiero despertar.
- ¿Por qué no te acercas?, mírame, soy tu abuela, ahora disculpa, debo ir donde Martha”.
¿Por qué esta ella aquí?, debería estar allá, donde ella esperaba llegar luego de morir.
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Es la víspera del alba y está a punto de romperse la calma; espero no perder mi alma, y la danza continúa en el misticismo; y yo temiendo no ser ya el mismo escucho la conversación de mi abuela y la hermana Rigel, todo está pasando ahora demasiado rápido, Martha heredará la cualidad de los sueños y sus misterios ocultos, siento que camino entre la bondad y la maldad.
La monja me toma de la mano, creo que empiezo a comprender y ese es mi error, la verdad está más allá de mis ingenuas conclusiones de ser vivo, un secreto aún mayor esperaba por mí en el interior de la casa; nos detenemos a la entrada de la casa en luto, Rigel voltea a mirar el jardín con nostalgia. Ahora sé quienes son las últimas mujeres mencionadas en el libro café, mas aún me queda una duda golpeando en la cabeza: ¿Por qué me habrán elegido para ser testigo?; sólo sé que estoy dentro del círculo; mis pensamientos son rotos por la voz de la monja.
- Observa al horizonte, observa muy bien.
Movimientos rítmicos armonizaban con el viento, las nubes parecen formar imágenes, son líneas escritas en el horizonte que me van contando un bello cuento; mientras el cielo va perdiendo el negro de la noche, el azul celeste comienza a teñir muy tenue lo enrojecido; Rigel sonríe con tristeza y alegría, no sé. El frío aumenta, ya no hay danza, sólo las líneas en el cielo que lentamente se van desvaneciendo, vida y muerte son los jinetes quienes cabalgan cerca del sol naciente venciendo el mito de la realidad; fe y desesperanza los corceles briosos que cabalga la cruel verdad.
En verdad la vida no es justa sino la muerte y sus veredas inciertas; el silencio se vuelve tan espeso que me desespera, me siento como uno más del resto, yo escuché unos ruidos finos en el exterior: son aves despertando listas a dar gracias al creador; ella escuchó unos ruidos en el interior: encerrados seres inanimados llenándose de calor.
La ventana sigue cerrada ante mi mirada, mas sigo observando hacia afuera, sólo porque respiro se puede decir que sigo vivo, pero he perdido cualquier movimiento en mi rostro, únicamente aquellas visiones en mi mente que me parecen tan sutiles permanecen en mi mirada, pero, ¿por qué yo fui el elegido?, es la víspera del alba, a punto de romperse la calma.
Un nuevo día comienza y yo nací de nuevo esa madrugada pues de pronto quedé expuesto al igual que un bebe al salir del vientre de su madre, escucho un arrullo el cual relaja a las almas.
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El firmamento se mueve lento, magia en mis ojos es lo que siento, lo que he leído en el horizonte me quita el aliento, almas que van al juzgado final en silencio y luego de que el juez sentencia caen a la tierra por decreto; el jardín de nuestra casa es su edén provisional, con resignación salen cada anochecer y se ocultan cada amanecer, con la esperanza del arrullo para poder descansar.
Rigel es la guía, con amor las lleva al exterior, así mismo con amor las oculta del día con la esperanza de su perdón, ahora comprendo aquellas líneas del libro café:
"Érase una vez en un tiempo lejano, cuando gente moría por su creencia, torturados por los representantes de la iglesia; Dios vio que era injusto fueran al purgatorio y les concedió disfrutar un poco de lo que les fue arrebatado. Un ángel era enviado a encarnar en una mujer cada 7º día del 7º mes de cada 7º año hasta que esa mujer despertará al ángel en sus sueños, en el séptimo intento lo logró Rigel, a instancia de la religiosa llamada Martha. Así el círculo se inició cuando la monja comprendió, así se ha de repetir hasta que algo lo rompa, cuando la heredera de la misión no comprenda, cuando la fe se pierda y la esperanza se vea rota".
Las líneas hablan las palabras de fantasmas hechos leyenda, el cuento en el firmamento que relata una historia sacra; almas en regocijo sempiterno, no es cielo, no es averno; es un regalo del Padre Eterno.
"No verán el cielo prometido por sus faltas cometidas, no sufrirán el averno como castigo a algo que nunca hicieron, resignación viene con la salvación. Al morir el día y su luz de vida ellas salen, tienen permitido estar en los jardines para ser felices; danzan, ríen, cantan, alaban, sus culpas expían, 77 ángeles resguardan la casona donde habitan de miradas insacras".
Por eso no se deteriora con el paso del tiempo.
"La sostiene desde lo más alto el divino aliento, a través de una mujer llamada Martha se repetirá el milagro pero debe ser fuerte de fe para ser digna de guardar el secreto por el que ella habrá hasta su muerte velar; el círculo debe ser renovado para permanecer sellado. Al morir la anterior hereda la misión, lega el don de los misteriosos sueños, así tranquila sube al reino de los cielos, envuelta en la esperanza de su religión".
Las líneas hablan las palabras de fantasmas hechas leyenda, el cuento en el firmamento relata una historia sacra.
“...la mujer llamada Martha deberá recibir el legado del "Don" de los sueños en estado inconsciente y únicamente si logra asimilar en su mente la leyenda, y posee la suficiente fe será digna de ser la sucesora guardián. Al morir la anterior legará su misión, la sucesora tendrá 7 años para despertar el "Don" y si no lo lograse el círculo se rompería y con él la restitución de las almas cayendo en el purgatorio por siempre jamás.
Al despertar el "Don", que Dios mandó por primera vez por medio de un ángel, le será entregado el contenedor de los arrulladores, la mujer llamada Martha sabrá con sólo tomarla en sus manos el significado oculto. Al ocaso se detendrá el arrullo y las almas despertarán de su letargo, al alba iniciará de nuevo el arrullo. El guardián deberá cuidar celosamente su misión, son 999 almas que dependen de ello, todas víctimas de la Inquisición... y por cada alma nueva que se les una, una de ellas subirá al Edén; Dios guarde a quien cumpla con estás palabras.
La fe es el amor de Dios hecho sentimiento.
Rigel Van Der Engel.
7-Julio-1777
Colegio de La Purísima.
Ciudad de Santa Fe y Real de Minas de Guanajuato”
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El azul le gana espacio al negro, las estrellas van desapareciendo pausadamente, la luna nueva se oculta ya tras la tierra; ya no leo el cuento pero mi cuerpo no despierta aún, sigo inmóvil sólo pienso en la mujer llamada Martha. El alma de mi abuela fue en su busca, diciendo que ella estaba muy cerca, la monja me toca la espalda mientras habla:
- Hasta luego, nos veremos en unos años.
Despierto de mi corto pero mágico sueño, me siento en el viejo lecho sin sentir miedo, mis ojos siguen fijos en la ventana y pienso: "¿Será aquella la mujer llamada Martha?"; quisiera correr a verla y ver si está despierta, pero no sabría que decirle al verla.
A través del cristal una imagen entra a la habitación, es mi abuela, me ve con ese mismo tierno amor, y yo la veo sin sentir temor:
- Es hora de retirarme, mi misión terminó hijo, recuerda que pase lo que pase ella debe tener la caja.
Se desvanece entre aroma de un gran cariño, la luz rompe tenue en el delineado horizonte y aún la oscuridad es completa en la recamara; siento miedo muy dentro por primera vez en todo este trance, incertidumbre de saber si está lejos o cerca aquella mujer llamada Martha, si ella sabrá elegir, si se salvarán o se condenarán las almas, es demasiado para mí. Aún retumba en mi mente el eco de las palabras:
"Debe ser creyente y de fe fuerte, que tenga sueños misteriosos de pecadores y santos, quien esté dispuesta a cumplir la misión sacra, quien sepa del dolor y gozo de las almas, quien sea esa mujer llamada Martha. Debe creer en la vida y respetar la muerte, que tenga un gran amor por sus semejantes, quien sepa cuidar celosamente de la caja".
Esa caja que aún no conozco siquiera, y que debo dar a esa mujer llamada Martha, quien apenas sospecho conocer.