11 NOVIEMBRE 1993
La gente de aquel pueblo siente
respeto por una mujer, todos hablan de ella, mas aún no ha habido quien ose
decir conocerla en persona; ir en su busca dentro al pantano ha sido el reto que
pocos osados han aceptado; atreverse a verla, ¿será monstruosa o bella?, es el
misterio que a muchos ha atrapado.
Todos saben que ahí vive, donde blanca cúpula limita su comarca, verde su lar,
al cual pantano nombran; ahí, en el extremo poniente del valle nombrado por los
conquistadores Huatzindeo; algunos escépticos se han aventurado a ir en busca de
la leyenda pensando en volver, pero en vano esperaron a quienes un ayer la
buscaron, con llanto les oraron, mas nunca regresaron.
El Sol vuela de nuevo sobre los pensamientos de la gente del valle, hoy
enriquecerá la leyenda la visita del viajero; Dios guarde la naturaleza y a la
Hechicera del pantano de los incrédulos. Un niño se le acerca al visitante y le
cuenta de los atractivos de la zona: la cascada del río grande, la laguna que le
roba terreno al pantano, las cuevas, los túneles. Lo lleva hasta donde una
anciana canta melodiosamente, es el relato acerca de una mujer milenaria quien
habita los pantanos, el viajero no acepta la folclórica saga que los labios
sabios le cuentan a ritmo de canción.
- Nada sobrenatural por ahí vaga - dice en un tono que es casi burlón – es la
superstición del populacho.
- Muchos otros han dudado también y el reto de ir a buscarla han aceptado,
¿usted lo haría?, ¿Por qué no lo intenta? - la anciana le reta arriesgada
aventura a aquel hombre de mirada profunda.
- ¿Qué ganaría usted?
- Nada material, pero si no regresa, tendré más que cantar y si vuelve, obtendré
un héroe para una oda.
- Iré al pantano que tanto temen, conoceré a la mujer y le vendré a cantar mi
hazaña pase lo que pase, lo juro por Dios.
- Quien por Dios jura cumple aún después de la muerte- aquello sonó como
advertencia hecha oración.
Toma su arco el extranjero y su escepticismo consigo, todos lo ven diciendo:
"Hasta nunca". El viajero entra a la cúpula misteriosa con heroísmo falso, es
como caminar entre las nubes viajar en los limites del pantano y la laguna; a
cada paso la neblina se va disipando dejando ver una flora y fauna que
asombraría a cualquiera, la naturaleza también lo observa a él, un conejo lo ve
con extrañeza, pues el arquero no pertenece a aquella naturaleza pura.
Una triste mujer ve acercarse al viajero también, se lleva ambas manos al pecho
cómo sosteniendo una esperanza, sin embargo, él... su saeta letal mata un
jilguero, sin razón de ser, sólo por demostrar su superioridad ante aquel
ecosistema que no logra comprender, se ufana de haber matado al avecilla.
Unas rosas rojas junto al agua se mecen majestuosas a ritmo del suave viento, él
se acerca únicamente para cortar una, el quejido que recorre los árboles lo
estremece todo conmoviendo al pantano y sus seres; él ve a todos lados sin
mirar, mil explicaciones suenan en su cabeza para calmar el miedo. Entre la
maleza brilla una cruz, guía al invasor con su azul luz tan hipnotizante; él se
acerca curioso y ambicioso, ¿todo lo que brilla es oro?; tras el humo blanco
Ella aparece, cae el arco al barro y él retrocede. No estaba preparado para
presenciar un milagro tal.
La noche les envuelve súbitamente, magia le retiene, el tiempo ya no es
dimensión, en un instante un brillo de sabiduría cruza la mirada escéptica, por
un segundo ha mirado al mundo con respeto, en un segundo ha comprendido; después
de asimilar la verdad, ante la cruz un cadáver cae, mientras el viajero no
aparta la mirada de esa mujer.
La mujer de azuloso manto se acerca, Ella es la Hechicera del pantano; la ha
encontrado, pero ahora él no puede tocarla, le sonríe la dulce anciana.
- ¿Por qué no pueden venir sin que un hijo mío deba morir?- gime ella, en sus
manos está el pájaro sin vida, Ella lo acaricia y se vuelve polvo entre sus
manos finas, esas manos que van contra toda lógica humana, las cuales no
corresponden a la edad que el rostro muestra.
Una serpiente a él se acerca sigilosa, él siente la muerte cerca apenas; sin
embargo, la sierpe se sigue de frente, cómo atravesando lo inexistente. La
osadía ahora es confusión y cobardía en el viajero, mira a la maga, Ella que su
sufrir nunca acaba; mira la rosa cortada que con sangre revive y se une de nuevo
a sus hermanas, mira los árboles que por la noche sus ojos abren.
Ya él conoce ahora la magia, ahora comprende la conocida saga; la Hechicera le
hizo ver lo errado de su creer en ese eterno segundo; la dimensión del tiempo
regresa, al tratar de tocar un árbol cae otra vez, al verlo así la anciana
triste sonríe, él trata patear una roca y nada toca su pie, la sibila sonríe
nuevamente. Con insultos el osado la ataca, Ella lo mira afligida tras su mirada
azul.
- ¿Eres un ente... fantasma... maldita anciana? - Ella llora tiernamente,
decepcionada le contesta:
- El ente eres tú – él voltea a la cruz, aquello que yace a su pie es su cuerpo,
la lápida ya tiene su nombre grabado, se ve a sí mismo, trata tocarse pero es
nada ya.
Él recuerda la promesa, aquella que juró cumplir nombrando a Dios, enloquecido
se oculta entre la suave tibia maleza, en verdad, de corazón desea no salir de
su escondite tibio, se siente tan indefenso como el jilguero que se ha
convertido en polvo. De pronto, siente aire cálido que se filtra debajo de los
brazos, temeroso abre los ojos, ésto nunca lo ha visto antes en su vida, el
valle ha agrandado cada uno de sus trazos, de pronto se siente agradecido con
Cristo por todo lo que observa, se siente tan ligero ahora que, extiende los
brazos como un recién nacido, expande sus pulmones, lleno de alegría se dirige
al pueblo raudamente, nada lo detiene.
El sol ya inició su recorrido cíclico, y la gente ha iniciado sus labores
cotidianas en la ciudad de Salvatierra; una anciana charla con unos niños junto
a la fuente, les dice todo lo agradecidos que deben estar con Dios por el nuevo
día, que deben vivirlo con alegría en sus corazones; unos ojillos la observan
con ternura, ojos antes grandes, ahora pequeños; el viajero cumple lo prometido,
se posa junto a ella y relata con canciones lo visto, su canto sube al cielo
alegremente. Ella le extiende su mano al jilguero y lo coloca en su hombro, su
canto alegra la mañana en la plaza del Carmen, la anciana ora agradeciendo a la
Hechicera por el milagro.
El sol vuela de nuevo, la anciana en el pueblo disfruta del regalo de Dios; un
milagro en el humano por la Hechicera del pantano.
- Miren niños, esta ave junto a mí, canta alegre porque esta lleno de
agradecimiento; si ustedes son agradecidos también pueden cantar.
Al pueblo ha llegado otro viajero amante de la naturaleza, no puede menos sino
admirarse por la leyenda de la hechicera y su belleza, contada de los labios de
la anciana en forma de canción; como bello es el alegre canto del jilguero que
permanece a su lado. Canto que inició desde el día cuando el osado no regresó,
el ave se despide de la gente y va de regreso al pantano, donde alguien le
espera contenta.
Esta noche ocurrirá que la Hechicera no llorará... por hoy.
Fin.
Publicada en el periódico Correo, en el suplemento Expresso.