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MONASTERIO

PROLOGO

 

 

 

   Hay hechos inexplicables que ocurren en los lugares más ocultos de la incomprensión, cuando la fe y la lógica colapsan dan lugar a relatos fantásticos de seres malignos y benignos; no es mi intención convencerlos de que lo que están a punto de leer fue cierto, o tratar de enfatizar que todo lo relatado es fantasía con seres fantásticos, eso es algo que cada uno deberá comprender o estar destinado a vivirlo para entenderlo.

 

 

Bienvenido al Monasterio

 

       Un bosque como cualquiera en esta región del bajío, en los límites del valle de Huatzindeo hacia unos de los puntos cardinales, uno de esos que esconden magia entre su follaje verde y difícil acceso; así es en el valle de las tierras bajas, en las faldas de sus cerros volcánicos, picos vivos.   El mes de diciembre ha llegado a la región fértil y agreste, por uno de esos senderos semi ocultos dos seres van caminando entre los sabinos y los mezquites, uno de ellos va perdido, sin memoria; el otro sabe bien a donde  y porqué va.

 

   Súbitamente, uno de ellos se desvanece por entre las frescas sombras, el otro sigue adelante guiado por el nítido sonido de las campanas, cruza el puente de madera vieja, la cual cruje a cada paso; lentamente llega ante una enorme puerta, duda un momento, entre cierra los ojos y luego golpea la puerta con su famélica fuerza.   La mirrilla se abre rechinante, unos ojos color miel observan al caminante:

-          ¿Quién llama al refugio del Señor?

-          Ayuda por favor, tengo sed.

-          ¿Quién eres hermano?

-          No lo sé, estoy perdido, no recuerdo quien soy.

-          Entra pues, si vienes en paz nosotros te ayudaremos.

 

   El viajero entra al Monasterio aquel, cantos gregorianos se escuchan al fondo de la construcción de cantera, formando un eco en armonía con la naturaleza circundante; llevan los monjes silentes al recién llegado hasta el hospitalillo, ahí lo revisa el paciente doctor,  extrañado, no encuentra daño físico en él, pero su mirada está perdida en un punto lejano.   Después de la revisión médica lo llevan con el otro médico, el psicólogo.

-          ¿Cómo te llamas hermano? – Pregunta el religioso regordete.

-          No puedo recordar mi nombre señor, recuerdo pocos datos, hay muchas cosas que no puedo armar en mi mente y eso duele.

-          ¿Adónde te dirigías cuando llegaste a este monasterio?

-          No lo sé, únicamente caminaba buscando ayuda, y escuché las campanas por entre los árboles.

-          Pocos recuerdos, una mente en blanco; bueno, pues, bienvenido hijo a esta tu casa y que Dios sea contigo, hermanos, llévenlo con el Padre Rafa y entréguenle esta nota.

 

   Llevan al hombre sin nombre a la oficina del Padre Rafa y le entregan el recado del psicólogo de mejillas rosadas, el visitante lo ve desconcertado.

-          Ayúdeme Padre Rafa, tengo miedo, estoy perdido en estas tierras, y siento que algo me persigue; si hay un Dios, que me ayude. Me siento atrapado en mi yo y no logro comprender que pasa.

-          Despreocúpate hermano, te daremos un cuarto para que descanses de tu viaje, luego te ayudaremos a buscar la forma más adecuada para que recobres esas memorias extraviadas, juntos armaremos el rompecabezas con la ayuda de Dios.    ¿Eres creyente?

-          Perdóneme Padre, no recuerdo mi religión.

-          Ya sabremos en que crees, todos tienen una fe, todos necesitamos algo en que creer para sobrellevar las batallas.   Mira, muchos monjes no te hablarán porque tienen voto de silencio, pero el doctor, el psicólogo, el portero, el cocinero y yo si podemos platicar contigo, no dudes en acercarte a nosotros.

-          Gracias padre.

-          Por otro lado, aquí todos trabajamos, así que tendrás también que ayudarnos en los preparativos de la festividad de la natividad.

 

   No obstante sentir que los monjes lo atienden bien, él se siente asustado mientras camina hacia el cuarto que le darán para descansar, mira los cuadros de santos colgando en las paredes, para él son rostros desconocidos pues no reconoce a alguno; sin embargo, hay algo que surge de ellos que le inquieta de sobre manera, es como si le doliera el dolor que ve en sus ojos.

 

   El padre Rafa queda preocupado por la salud mental del joven, ¿quién podrá ser?, ¿cómo habrá llegado hasta un Monasterio escondido en el bosque?; sonríe por un momento para si y comenta:

-          En fin, preparémonos para navidad.

 


 

Desde Dentro De La Tumba

 

   Los días pasan rápido cuando hay trabajo que terminar en un plazo establecido, el visitante amnésico se esfuerza por recordar mientras labora, pero su mente se niega a responder las cuestiones recurrentes; al final de la jornada, en su celda fría, cierra los ojos y oye una voz que clama por él, se incorpora pero se encuentra solo en la habitación, se para y camina en torno a su pequeña cama, la voz lo sigue llamando haciéndole sentir una extraña emoción en el estomago.

-          Ven mi amigo, ven hacia tu hado dentro de la tumba.

   Siente ahogarse ahí entre las sombras espesas, sale de la celda buscando aire más fresco, camina por el largo pasillo hasta el jardín exterior; se detiene bajo el portal a medio iluminar, se recarga en la columna respirando con dificultad, camina tratando de reanimarse, remolinos de imágenes se agolpan en su mente; coalicionan las emociones, alza la mirada para encontrar que ha llegado al cementerio del monasterio.   La voz sigue retumbando en su cabeza como un eco en caverna, va por entre las tumbas como guiado por las incomprensibles voces surgidas del silencio; mira y sólo encuentra cruces en todas direcciones.

   Llega hasta el borde de una zanja, es el límite del camposanto, se detiene confundido; la voz antigua le ordena buscar una lápida del otro lado de la zanja, la cruza de un paso; hay una solitaria tumba del otro lado, se inclina a leer el obituario pétreo, tararea a causa del frío como si no supiera leer.

-          25... Dici... Diciembre, mil... nueve... novecientos, aquí... yace... un peca... dor, en es... pera del reden... redentor - Lodo cubre el nombre, estira la mano para tratar de limpiarlo cuando una voz lo detiene.  

-          ¿Qué haces tú aquí hermano?

-          Soy tú, seré tú. – Responde el muchacho con una voz que no es la suya sin dejar de ver fijamente la lápida, sigue escuchando la voz del hado de dentro del sepulcro - ¿quién yace aquí padre? – pregunta con su voz propia.

-          Un pecador quien murió hace trece años ya.

-          ¿Qué cubre el lodo?

-          Ese hijo, es el nombre del criminal. – El muchacho no escucha la respuesta, retira el lodo para leer, queda un momento en silencio, “Norman Bécquer”  es la inscripción.

-          Ese parece ser mi nombre Padre. – El sacerdote palidece bajo la tenue luz de la luna como si hubiera escuchado muerte en las palabras.

-          Ve a tu cuarto hijo mío, necesitas descansar, no sabes lo que dices.

-          Padre, me parece que así me llamo, en verdad.

-          No es posible, estás confundido, vamos, ve a dormir.

-          ¿Quién fue Norman Bécquer entonces?, ¿por qué es tan imposible que sea mi nombre?

-          Ya olvídalo, mañana hablaremos y te lo contaré todo, pero ahora hazme caso y ve a descansar.

 

   El hombre sin recuerdos regresa a su celda para tratar de dormir, el cansancio lo derrota pronto, en sueños, se ve en las afueras nuevamente, frente a la tumba del otro lado de la zanja, quisiera huir pero no puede;  ve surgir rostros de almas en pena flotando sobre las insacras tierras, siente como penetraran en su mente impregnándolo con su dolor; le gritan e insultan.

-           ¿Soy acaso un asesino? - voltea a mirar el nombre en la lápida, le parece gritarle su nombre que ha olvidado.

-           “¡Asesino, criminal, asesino! - ve sangre en sus manos mientras se pregunta si serán humanos los rostros que le acosan, le parecen conocidos aquellos rasgos fantasmales.

-           ¿Recuerdas esos rostros? – Esa voz antigua otra vez.

-           ¿Es real o un sueño?

-           Este soy yo mi amigo, los rostros mis víctimas, pero tú no temas; ¿recuerdas los rostros verdad?, trata y comprenderás.

-           No puedo – Se lleva las manos a la cabeza presionando sus sienes.

 

   Despierta sudando frío, sin comprender aún el significado de aquello que siente y del tormento de no poder recordar, se recuesta nuevamente y mira al techo que reposa en las gruesas vigas de madera, su mirada se pierde por entre las baldosas rojas y se deja llevar por el tiempo.

 


 

Víspera de Navidad

 

   Diciembre cubre con su frío abrigo la comarca en tiempos en que los fuegos revolucionarios incendian el norte del país; troncos de los mezquites secos son convertidos en leña, y las ramas de los huisaches son utilizados para bardear el corral de las gallinas; el olor de un café de olla reanima los decaídos ánimos del viajero.

   Los monjes cubren sus túnicas con adornos morados; es la víspera de la conmemoración.

-          Ven muchacho, ven a observar los preparativos de la natividad, ya está tan próxima que creó no nos dará tiempo de arreglarlo todo puntualmente; observa bien estas figuras aquí, son la representación de un suceso extraordinario, ahora ven acá, ayúdame a acomodarlas bien.

-          ¿Qué es la natividad Padre?

-          Pronto lo comprenderás, no te preocupes; las palabras no la describen bien, sólo te guían, el ambiente te va atrapando, las sensaciones en torno a ese día tan esperado te irán dando la idea.

-           Padre, yo conozco a este hombre – asegura el amnésico visitante señalando una de las figuras de barro sobre la mesita del rincón.

-           Ese no es un hombre, es la representación del Ángel Caído, se llama Lucifer y alguna vez fue un ángel de luz, ahora es la representación de toda la maldad, quien pretende corromper a los pastores para que no conozcan al salvador – Mueve el religioso las figuras ante la mirada curiosa de su visitante.

-           Creo que empiezo a recordar algo Padre Rafael. Esa figura me es familiar.

-           Es imposible hijo, estás confundido por no poder recordar, a menos que provengas de una familia católica y la hayas visto en alguna pastorela o coloquio.

-           Estoy casi seguro, también conozco a aquel hombre que tiene representado en barro; es más, podría asegurar que estuvimos juntos en algún lugar, lo sé.

-           Lo que dices no puede ser, sin embargo, es bueno que empieces a recordar aunque mezcles las cosas.

-           Creo fue afuera en el bosque, sí, ahora lo veo más claro en mi mente, él, este hombre, me guiaba por entre los árboles – su mano señala una figura en la pared.

-           No blasfemes, ese cuadro es sagrado, es la imagen de Jesús de Nazareth.

-           Pero era él quien me acompañaba, pero al oír la campana en la entrada del monasterio ya no estaba a mi lado; sí, así fue como vine a dar aquí... ¿Jesús?

-           Ven acá hijo mío para hablar con más calma – Padre Rafael lleva a su visitante a uno de los amplios jardines interiores del monasterio; Se ha molestado por el atrevimiento de aquel hombre, sin embargo, trata de escucharlo manteniendo la calma.

-           Dime, ¿no conoces a ese hombre quien te acompañó por su nombre?

-           No, sólo recuerdo que dijo que no era un hombre cualquiera, sino algo así como una transfiguración de un sacrificio, el cual advertía un mal venidero, un peligro verdadero para todos.

-           Bien, te creo, ¿qué me dices del otro que dices recordar?

-           Ese no dijo llamarse Lucifer, sino Satán, y que la gente en hábito lo odia, él era quien me tocaba la cabeza cuando desperté luego de desmayarme.

-           Ay, hijo mío – dice suspirando el clérigo - ¿estás delirando  o sólo inventando todas esas historias? No, no puedo creer lo que me dices.

-           Es que comienzo ya a recordar Padre, pero todo es tan confuso, las ideas van y vienen, mi cabeza parece estallar.

-           Mira, lo mejor es que te calmes, ve a recostarte, yo debo ir a mi oficina para seguir con mis obligaciones.

-           Está bien Padre Rafael, discúlpeme si lo importuné – cabizbajo se retira a paso lento hacia su celda. Mientras el sacerdote se dirige a su oficina con los nombres que su visitante dice conocer, sobre todo, Norman Bécquer; ese nombre en especial le trae un cierto presentimiento.

 

   Y es que la víspera de navidad los recuerdos regresan a las personas traídos por la nostalgia, todo puede pasar en la natividad, cuando renace la lucha del bien y del mal.

-           Por aquí debe haber alguna información, si es alguien que estuvo aquí antes es pariente de Norman.   Sí, aquí está el expediente de Norman Bécquer, veamos, que hay de esta persona... pero no... ¡no puede ser! – un escalofrío recorre su espalda, mientras un sudor helado moja su frente preocupada.

-           Hola Padre – la puerta se ha abierto sin hacer ruido alguno.

-           ¿Qué haces?, detente, no, ¡no!.- su lamento rompe el silencio impuesto en el monasterio, monjes corren sorprendidos hacia la oficina del Padre Rafael; lo encuentran pálido, con una expresión de terror en el rostro, inmóvil.   Uno de los monjes se acerca, pasa su mano enfrente de aquel rostro aterrado, toma el pulso del cuello rígido, acerca su oído derecho al pecho sin movimiento, se incorpora, y derramando una lágrima le cierra los ojos por última vez al Padre Rafael.   El duelo cubre el monasterio una vez más.

 

   Un monje va al pueblo cercano al monasterio con un papel en mano, no habla fiel a su convicción, pero las palabras escritas inquietan al anciano médico de “La Luz”. Minutos más tarde una ambulancia entra al monasterio, llevan al médico a que revise el cuerpo del Padre Rafael.

-           Lo siento hermanos, fue su corazón, les extenderé el certificado correspondiente para que puedan darle cristiana sepultura.

 

   El funeral será llevado a cabo, silente, la noche siguiente a su muerte, la noche de navidad; todos oran la despedida menos el visitante, ha perdido a la única persona que parecía poderlo ayudar a recobrar esos recuerdos que tanto necesita.   Terminado el santo rosario, regresan a sus celdas en espera de que la carta enviada a su abad tenga respuesta.

 


 

El Amo Lucifer

 

   El visitante va ante la tumba del lado insacro, permanece de pie; una voz en su cabeza lo hace retirarse súbitamente hacia la tumba visitada anteriormente, la tumba con aquella lápida hipnotizante.   Alza los brazos y murmura un dialogo atemorizante:

-           Vamos, alza tus brazos al aire y di...

-           Yo creo, salve amo Lucifer.

-           Vamos, cierra tus ojos y mírale, y di...

-           Yo creo, salve amo Lucifer.

-           Vamos, alza tus brazos al aire y di...

-           Soy tu esclavo, salve ave Lucifer.

 

   Al finalizar su dialogo, regresa dentro, a donde la policía termina de levantar el acta de hechos según la declaración escrita de los monjes.

-           ¡Alto ahí! – un policía, el inspector, se le acerca.

-           ¿Quién eres?, Tú no eres de aquí, ¿de dónde vienes?.

-           No sé mi nombre, inspector, no sé de donde vengo ni a donde voy.

-           ¿Qué hace entonces aquí?.

-           Estoy perdido, perdí mi camino y ellos me dieron hospedaje- un monje le confirma la versión al policía asintiendo con la cabeza, el inspector lo mira con duda.

-           Parece no estar muy cuerdo, ¿verdad amigo?- una mirada vaga es lo que obtiene como respuesta - ¿dónde estabas hace una hora?.

-           No sé que está ocurriendo, salí a caminar afuera y me dirigí hasta el cementerio, al llegar a esa lápida escuché una voz que me murmuró una oración.

 

   El inspector se incorpora y se aleja acompañado de un oficial, mientras anota en su cuadernillo, comente:

-           Se comporta como un lunático, sin embargo, sabe más de lo que dice recordar.

-           ¿Por qué señor?

-           Me llamó “inspector” sin haberme presentado con anterioridad; algo oculta nuestro visitante. En fin, elabore un informe donde se establezca que por respeto no habrá autopsia, anexa el certificado médico, y guarde una copia para el abad que ha de venir al monasterio.

 

   El viajero perdido los ve alejarse, una mueca de enfado ensombrece su rostro.

-           Cree que estoy loco, pero estoy seguro de lo poco que recuerdo – se levanta y se dirige al cementerio dispuesto a cerciorarse de que no ha soñado aquella tumba ni aquella voz. Se detiene antes de cruzar la zanja - ¡Oh! Dios ayúdame.

-          No hay ese Dios aquí, nadie cerca quien salve.

-           ¿Quién dijo eso?

-           De este lado insacro permanezco en reposo, esa zanja a tus pies limita el suelo sagrado, crúzala, bien, así es mejor; ahora serás mi aliado. Mira fijamente la lápida y repite la oración que te he enseñado – Cómo fuera de sí, el viajero ora las palabras que invocan el nombre del señor de los infiernos; mientras, el Amo observa complacido, en espera, declarando que ese cuerpo es suyo ya.

 


 

Luz De Muerte Es El Nombre Del Criminal

 

   24 de Diciembre, es día de navidad, el monasterio está de duelo, cada uno de los habitantes del recinto de cantera realiza sus labores mientras lloran dentro la pérdida de su guía espiritual.   Afuera, en los jardines camina en silencio el visitante amnésico; su mirada clavada en la nada, su mente aturdida mantiene vivas las imágenes de una invocación.

-           ¿Cómo saber cuando vivo la realidad y cuando esto soñando?.

-           Aleja las dudas mi amigo, quien te habló anoche soy yo – Alza la mirada, nadie cerca, se agarra fuertemente la cabeza – No te resistas, soy Norman, y ahora soy tú también, vivo dentro de tu ser y pronto poseeré tu carne.

-           No es verdad.

-           ¿Acaso no viste “La Luz”? – De súbito se detiene el joven, no se mueve, no habla, si alguien le viera en ese estado podría jurar que él no está vivo; no cabe duda ya, está poseído – esa es la luz de muerte, ahora ve a tu celda.

 

   El joven va hasta la fría habitación, se sienta en el borde de su rígido lecho, una extraña calma lo invade al pensar que ya no es dueño de su voluntad, los pensamientos se mezclan, Norman siente ser humano otra vez.

Alguien toca a la puerta del monasterio rompiendo los pensamientos, el portero abre la ventanilla.

-           ¿Quién vive?

-           Hermano, soy un viajero, estoy cansado, por favor querido hermano deme posada por un día, para luego seguir con mi camino.

-           Pasa, espera aquí, ahí viene uno de los monjes, él te llevará a la cocina para que comas algo, le aviso que estos mojes tienen voto de silencio.

-           Respetaré el voto.

 

   El monje lo lleva a la cocina para que le den un pan y leche, luego lo conduce hasta una celda, le da una cobija y lo deja solo.   El nuevo visitante se arrodilla, medita, después ora por la hermandad que le da posada, antes de probar los alimentos un quejido lo hace incorporar de inmediato, sale de la celda y va a donde ya se encuentran el cocinero y el médico.

-          Es muy extraño, está muerto, preparen un lecho mortuorio.

-           ¿Qué le pudo haber pasado doctor?

-           No lo sé, parece que fue un paro cardiaco. Mira, ve al pueblo e infórmale al inspector de policía lo ocurrido para que venga de inmediato.

 

 

   El recién llegado regresa a su celda, se inclina nuevamente para orar, ahora por el hermano muerto; mientras tanto, los monjes preparan un funeral doble.

   Cerca de 2 horas después el inspector de policía llega de nuevo al monasterio.

- Pase capitán López, lo esperan en el salón.

- Es muy extraño 2 muertes en un día.

   Entra en el salón, le da los papeles a los monjes.

- Ya conocen el procedimiento, escriban donde estaban antes de darse cuenta de la muerte del hermano.

 

   Uno a uno, los monjes entregan su declaración, nadie sabe como murió su compañero de fe; el inspector va a la cocina.

- Terminé con los monjes, ahora me faltan ustedes 3, traigan a ese loco visitante que tienen aquí.

- En un momento lo hago llegar aquí, también debo comentarle inspector que tenemos otro visitante, acaba de llegar hace unas horas, poco antes de la muerte del hermano.

- Otro más, lo que me faltaba; bien, ¿dónde está ahora?.

- Está ayudando a los hermanos a colocar el cadáver en el féretro.

- Bien, iré a verlo primero a él y luego regreso a tomarles declaración a usted y al portero.

   Junto al féretro se encuentra el visitante, orando por el descanso del monje.

- Disculpe, necesito hacerle un par de preguntas.

- Adelante oficial, dígame en que puedo servirle – la mirada pacifica de aquel hombre sorprende un tanto al inspector.

- ¿Sabe algo de la muerte del monje?.

- Me temo no poder ayudarle oficial, cualquier cosa que le dijese sólo lo confundiría más.

- ¿De dónde es usted oriundo?.

- Del mundo oficial, viajo de un lugar a otro llevando un mensaje de paz.

- Misionero, ya veo; disculpe, iré a entrevistar al lunático visitante a quien hospedan en la otra celda.

- Descuide, le acompaño.

 

       Ambos van a la habitación del visitante poseído, quien parece esperarlos sentado en el mismo lugar de hace horas, parece haberse quedado dormido sentado.

- Amigo, despierte; tengo que hacerle unas preguntas. Así está mejor, dime quien eres en verdad.

- ¿Acaso me han olvidado ya?- la pregunta ha sido directa y dura, con una voz propia de un ser ajeno al cuerpo del visitante - ¿me recuerda capitán López?, ¿recuerda el nombre del criminal?.

- No entiendo su respuesta, además, quien hace las preguntas aquí soy yo.

- Soy Norman Bécquer, eso es, teme, aquí estoy.

- Está delirando.

- No, soy Norman Bécquer, estoy buscando otra víctima.

- ¿De quien estás hablando hermano? – interviene el misionero.

- Eso no importa, ¿verdad?, lo que te preocupa es que tome el cuerpo de Jaime – el oficial retrocede un paso al sentir que la duda lo invade, como comprendiendo que él puede morir también. Norman lo observa en silencio, su rostro permanece sereno, el misionero no se inmuta, parece conocer quien habita dentro de ese cuerpo; Norman se vuelve hacia él.

- ¿Me recuerdas cordero inmolado?, ¿recuerdas el nombre del criminal?. He regresado para matar, ya me juzgaste antes pero logré regresar de eso que llaman infierno de Dante.

- Te recuerdo Norman – le responde tranquilo el misionero.

- No es posible – murmura el inspector.

- Ya recordaste verdad, hace 13 años que estuve aquí, maté a 27 hombres con mis manos; tú capitán López fuiste quien me asesinó de un tiro, tú y el hermano Emilio me sepultaron en el lado no sacro. Por eso he regresado, ustedes cometieron el error; ya el hermano Emilio pagó su precio y de hoy en adelante todos recordaran el nombre del criminal.

 


 

Exorcismo: Fe En El Cordero

 

- Debes regresar a purgar tu castigo Norman.

- Dulces palabras cordero, salga de aquí capitán su tiempo no es ahora – el inspector sale como impulsado no por su voluntad.

- Al fin frente a frente cordero, ya arruiné tu fiesta una vez, ahora lo haré de nuevo. La navidad no vendrá a este Monasterio, los mataré a todos para causarte el mayor dolor; ahora no me detendrás.

- Regresarás Norman a dónde perteneces, esta carne no es tuya.

- No me podrás expulsar, necesitas del poder de la oración y no lo tienes en este momento, a mí me respalda Lucifer, y a ti, ¿quién?

 

   La puerta de la celda se cierra, ninguno de los dos se violenta, ambos mantienen su fe en sus creencias; imagen de la confrontación eterna, demonios y ángeles.

- Norman, abandona esa carne, obedece, regresa al averno de dónde vienes.

- De ninguna manera cordero, nunca, tan sólo acércate y quebraré tu frágil nuca.

- Afuera los monjes han empezado a orar, ¿puedes sentir el calor?

- No es suficiente.  

 

   El misionero ora para sí, guardando silencio ante el cuerpo de Jaime, sus manos forman un signo, sus dedos dibujan un algo divino.  Los monjes rezan sin romper su voto de silencio, manifiestan su fe en la creencia de la verdad; se sienten motivados por una fuerza que aún no pueden explicar.

- ¿Es todo lo que puedes hacer?, me decepcionas.

- Levántate Padre Rafael, despierta y haz tu trabajo.

- Nada te ayudará ese hombre de tan poca convicción.

- Ven ya hermano Emilio, apóyanos y gánate tu redención.

 

 El monasterio se va llenando de una luz poco común en Diciembre, el grito de espanto del cocinero hace que todos volteen hacia la sala donde se encuentran los dos ataúdes, se han abierto, Padre Rafael y el hermano Emilio salen caminando con vida nueva; los monjes los miran con asombro, los ven dirigirse a la celda del viajero poseído.

- Sé lo que planeas Cordero, no te será fácil lograrlo.

- Ven a mí Jaime, escúchame, yo soy la vida y la resurrección.

- Jaime ya no es, ¿qué no lo entiendes?

- Despierta Jaime, recuerda quien eras antes de que el mal tocara tu cabeza.

- No lo podrás salvar viajero, es mío; esta es mi carne ya, no lo puedes arrancar Cordero,  del poder del príncipe de la noche, él hizo el pacto.

 

   El Padre Rafael reza el rosario, ligeras son las palabras del muerto, si logra llegar a la última cuenca el demonio podría ser expulsado. Norman manipula el cuerpo de Jaime para turbar la oración del Padre, el hermano Emilio se interpone entre los golpes de Norman y el cuerpo del Misionero, el arrepentimiento del hermano puede sentirse en la resignación y en la oración que murmura mientras es golpeado. Súbitamente, Jaime queda como paralizado, sangre brota de las palmas del misionero y cae en la frente del viajero amnésico; ese es el momento de la catarsis, el momento cuando las fuerzas coalicionan dentro de la habitación, es un exorcismo el que se vive al mediodía en aquel monasterio.

- Toma mi mano Jaime, ven a mí.

- ¡No!, no lo lograrás – es la voz de Norman que surge desesperada.

 

   E hermano Emilio sale de la habitación, sin interrumpir sus oraciones, los monjes lo observan ir al cuarto de las herramientas. Dentro de la celda el exorcismo continua, el misionero extrae de entre sus túnica un frasco, arroja el líquido sobre el cuerpo poseído, es agua bendita que parece golpear las carnes; Jaime cae cual muerto, Norman surge de aquel cuerpo en forma de un aura densa. Profiriendo amenazas de muerte Norman flota hasta la puerta, no logra salir; se vuelve contra el Padre Rafael mientras el misionero toma la mano derecha de Jaime, nuevas fuerzas llenan el cuerpo exorcizado, parece que la batalla ha sido ganada, ¿y la guerra?


 

Redención

 

   Los monjes abren la puerta, Padre Rafael sale llevando consigo a Jaime, todos lo habían visto muerto, pero ahora su rostro refleja una renovada mueca de vida.

- Hermanos, vayan a preparar todo lo necesario para nuestra eucaristía de esta noche; inspector, sígame por favor.

 

- Si padre.

 

   Salen al camposanto, ahí el hermano Emilio termina de cavar una segunda fosa; pasa del lado no sacro, abre la tumba de Norman Bécquer, extrae cuidadosamente los restos óseos, los lleva a una de las fosas en el lado sacro, las cubre con tierra y coloca la lápida. Se persigna y cae dentro de la otra fosa; el inspector voltea a ver al Padre Rafael, éste asiente con la cabeza, el oficial cubre el cuerpo del hermano con la tierra bendita.

 

   Por la noche, en el monasterio se respira nuevamente la paz, nadie supo cuando el misionero abandonó el lugar, los 27 monjes se encuentran reunidos en torno a la gran mesa de madera roja, vino rojo en las copas, esperan observando por las ventanas que dan al jardín, aparece lo que tanto esperaban, un chupamirto va de flor en flor, anunciando la llegada de la navidad.

- Les sirvo ya Padre.

- Sí, ya he visto el avecilla que siempre llega  este monasterio cada Navidad – Se pone de pie para dirigir el sermón de natividad a los silentes escuchas, al terminar, todos oran a un tiempo en silencio – Cenad ahora hermanos, comed del cordero, bebed del vino rojo.

- Padre – interviene de nuevo el cocinero – todo está bien, sólo nos hicieron falta la cruz de plata y el niño Jesús que quedó el Abad de enviarnos.

- Es verdad, nunca llegó el encargo, aunque nuestro nacimiento esté incompleto, luce esplendoroso.

- Buenas noches Padre Rafael – es Jaime quien entra al comedor.

- Entra, siéntate con nosotros, compartimos nuestra cena contigo, ¿ya te sientes mejor?

- Sí, ya hay claridad en mi mente, es más, ye sé porque andaba yo por estas tierras, venía a entregar una encomienda de parte del Abad, tome por favor mi morral – Padre Rafael lo abre curioso, extrae la cruz plateada y el niño dios que le hace falta al nacimiento.

 

   Por este año, en el monasterio de Huatzindeo la navidad ha llegado, redención y salvación por el cordero inmolado; paz en estas tierras, navidad para toda la humanidad, y aunque el mal aun ronda en el aire, el bien cabalga en corcel blanco.   Pastorela navideña o un cuento de hadas, relato didáctico o una leyenda que nunca acaba; será tan sólo la fe en el Cordero.