Más allá del cinturón de asteroides se
halla Júpiter, el coloso de nuestro Sistema Solar, el
cual constituye uno de los más brillantes luceros que engalanan
nuestras noches. Su diámetro, medido en el ecuador, tiene cerca
de 150.000 kilómetros, once veces mayor que el de la Tierra, y
su volumen equivale a unas 1.300 veces el de nuestro planeta.
Presenta gran achatamiento, debido a la gran velocidad de
su rotación, pues tarda solamente diez horas en dar la vuelta
alrededor de su eje. Tarda unos doce años en describir su
órbita en torno al Sol, y su distancia de éste es de
778.000.000 de kilómetros, o sea, casi cinco veces mayor al de
la Tierra al mismo luminar, por lo cual recibe 27 veces menos
calor y luz que nosotros. A pesar de esto, no se ha formado en
Júpiter aún la corteza sólida, y su superficie presenta unas
bandas paralelas a su ecuador, de aspecto nebuloso y mal
definido. Hay, sin embargo, un detalle muy marcado, la mancha
roja, situada en el hemisferio austral, y que podría ser el
germen de un continente en formación. Tiene una atmósfera muy
densa, compuesta principalmente por gases, como el hidrógeno, y
otros venenosos como el amoníaco y metano. Estos gases se
arremolinan en torno al planeta en turbulentas bandas de nubes de
muchos miles de millas de profundidad.
Júpiter tiene
dieciséis satélites: Metis, Adrastea, Amaltea, Tebe, Io,
Europa, Ganímedes, Calisto, Leda, Himalia, Lisitea, Elara,
Ananke, Carmen, Pasifae y Sínope. Los cuatro más brillantes,
entre estas lunas, son: Ío, Europa, Ganímedes y Calisto. El
satélite Ganímedes es mayor que Mercurio, Calisto más grande
que la Luna, y Europa es una quinta parte del tamaño de la
Tierra.
Los dos
pequeños satélites más alejados de Júpiter son excepciones a
la regla que rige las direcciones en que planetas y satélites
describen sus órbitas, pues sus movimientos son retrógrados, o
sea, de sentido contrario al de los demás satélites y al del
mismo planeta.
La atmósfera del gigante Júpiter ocupa los
1.000 kilómetros exteriores. Está compuesta principalmente por
hidrógeno y helio, aunque también contiene metano y amoníaco.
Los gases se
disponen en bandas paralelas respecto de su ecuador; las
brillantes se llaman fajas y las oscuras cinturones. En las fajas
hay nubes con cristales de hielo de amoníaco, con gran poder
reverberante frente a la luz del Sol. En los cinturones, en
cambio, abundan compuestos sulfurosos.
El rasgo
distintivo en la atmósfera es la Gran Mancha Roja, un huracán
descubierto por Galileo Galilei a principios del siglo XVII, cuyo
color se debe a la presencia de nitrilo. El tamaño equivale al
de dos planetas como el nuestro y su antigüedad se calcula en un
millón de años.