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¡Imagina! Tú, con un arnés ciñendo tu cuerpo, una gran cadena y en el otro extremo un enorme elefante que tira en sentido opuesto al tuyo. Tú, te pones unas botas de las que se usan para andar en el hielo, guantes también, con grandes puntas para agarrarte, te agarras con uñas dientes, pies y manos y sin embargo, el elefante, lenta e inexorablemente, te arrastra.
Una vez, un hombre se hallaba navegando en su pequeño velero en el océano, se desata repentinamente un huracán, la tempestad  hunde el barco. El hombre nada desesperadamente, traga agua, se cansa. Un destello de luz se hace en su mente. Se acuerda que los vientos suelen ir hacia la costa, las olas también, se relaja, y deja llevar por las olas, sólo bracea para ponerse a favor de las olas, luego se deja llevar.
Después de un largísimo tiempo siente debajo de él, el fondo del mar, piensa que se a ahogado, todo termino. Pasadas las horas, abre los ojos, ve el sol, gente a su alrededor, cree estar en el cielo, los espectadores, preguntan que le ha ocurrido, y relata lo sucedido, la gente se sorprende, ya que el naufragio que ya se conocía, había ocurrido mar adentro y creían imposible que alguien se pudiera salvar. El decía que al no oponerse a su destino, el propio destino lo llevo a su salvación. Increíble pero real.
Lo más frecuente es que si las cosas no salen como queremos, nos opongamos, pero en una forma caprichosa, sin meditar, sin reflexionar, si lo que estamos haciendo puede agrandar el mal de la situación que nos aqueja. Muchísimas veces nuestras actitudes son las que hacen que los demás tengan un comportamiento hostil hacia nosotros, nos encaprichamos en que los demás hagan lo que queremos, que nos dejen obrar como nos da la gana, queremos saltarnos las reglas de la sociedad, las leyes. Queremos ignorar que mucho más ineludibles que las leyes humanas son las leyes divinas, ahí si que nadie puede saltarlas arbitrariamente, pero, la ignorancia, el orgullo, la vanidad, nos lleva a creer que podemos hacer lo que queramos.
Así, te encuentras, con que la persona que dices amar, te deja, que en el trabajo los compañeros no te comprenden, te acosan. En la familia también hay todo tipo de discusiones. Enfrentados padres e hijos, novios, amantes, vecinos, etc., todo porque irreflexivamente exiges todo de parte de ellos, pero tu no quieres dar sino lo tu quieres. Por esto, el destino y nadie más te golpea una u otra vez.
Piensa, reflexiona, pero sin victimismo, sin buscar la astilla en el ojo ajeno, ponte en una imagen de que tu, eres sólo un observador, sin formar parte de lo que sucede, tendrás que reconocer, que ciertamente no hay otro responsable de lo que te ocurre sino tu mismo.
 Tú te saltaste el semáforo, no el policía, tú no cuidaste la relación de pareja, no te traiciono ella. Tú eres el que en todos los sentidos has tirado en contra del elefante, has nadado contra las olas. Le podemos echar la culpa al destino, a Dios, al Diablo, y a todos los demás, lo fácil, lo absurdo que te ha enseñado la sociedad retrograda. En el fondo sabes que indiscutiblemente el único responsable de cambiar tu destino eres tú.
¡Imagina! Que estas atado a ese elefante con ese arnés, esas cadenas. Pero ahora, cuando el tira de ti, tu vas hacia el, montas en su lomo y lo llevas en el sentido que tu quieres, siempre conociendo el sentido de las corrientes, que aprendes a conducir a un elefante, con cariño, sabiendo que si conocer el mar sus movimientos, sus corrientes, tal vez como tantos que aman el mar, no lo veríamos como algo nefasto sino como algo más que la creación nos pone en el camino para que usemos la inteligencia, pero recuerda que hay dos clases de inteligencias, una;
la que nos dan los libros, la carrera universitaria, pero ésta si la usamos mal, nos envanece, engorda el orgullo, la vanidad, el egocentrismo, el machismo, etc. La otra sabiduría, desde luego es la espiritual, la que nos hace sentir amor, amistad, dolor. Con esta sabiduría sin duda ninguna, llegas a comprender al universo y toda su actuación, sin duda ninguna, coges la senda, las corrientes de la creación y de acuerdo con ellas logras que todo fluya favorablemente para ti.
Pero esto requiere humildad, sumisión, receptividad, reflexión, renunciar a todo egoísmo, para poder saber lo que es bueno para ti, o lo que puede perjudicarte. Infinidad de veces nos obstinamos en algo que nos perjudica, creemos saber lo que es bueno y sólo conseguimos complicar toda nuestra existencia haciendo que vivir sea, sufrir agónicamente y que todos los aspectos de la vida se contaminen del sufrimiento y se cierre el circulo en todos los aspectos contra ti. 
                                                     

 

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