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GLORIAS DEL CUERPO FRANCISCO GARCÍA ROLDÁN
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La
recluta de leva, de la que tan despectivamente se ha hablado
siempre, nos ofrece un bello ejemplo en la vida del infante de marina
Francisco García Roldán.
Natural
de Rute, Córdoba, procede, como decimos, de la recluta de leva;
paladín esforzado de la caridad cristiana, era
simple soldado en la galera San
Miguel y pronto se apena de los pobres
galeotes,
cuyos cadáveres eran abandonados en Cartagena, en el lugar de la ermita
de la Guía, próxima a la puerta del Muelle,
con el fin de que una mano piadosa les
diese sepultura.
García
Roldan era hermano de la cofradía
de la Santa
Caridad de Sevilla y donde quiera que desembarcaba pedía
limosna para los enfermos y necesitados, y en Cartagena, además, atendía
al enterramiento de galeotes.
Solicita
para sus enfermos la ermita de la Guía
y. concedida ésta traslada a los
que atendía en
su propia casa, en un esfuerzo
cristiano callado y constante
Los
azares de la vida militar le llevan con su galera a los mares;
ya contaba con nuevos prosélitos entre sus compañeros, entre
los cuales tenemos noticias de Alfonso Cervera,
de la galera Santa Ana,
natural de Montefrío, Granada: de
Francisco Martínez, de la galera San Nicolás de Bari,
natural de Almería, quienes continúan
su obra en su ausencia.
Pedía
limosnas en sus viajes y compartía sus
desvelos, dentro de su nave. con los
pobres galeotes, cuya única misión era
la de bogar para mover la nave, en duras y agotadoras jornadas,
encadenados al banco y hostigados por el látigo del sotacómitre,
responsable de la velocidad del buque,
haciendo bien patente lo que decía el poeta: "la vida de la
galera -
déla Dios a quien la quiera".
Ampliada
su tarea de enterrar a los muertos con la de socorrer
a los enfermos, sueña con fundar un hospital. Al
volver a Cartagena trae consigo
a otro infante de marina de la nave
capitana: Francisco Bravo de Rosas
(1696)
y, ya en Cartagena, se les une
(1697)
un nuevo compañero de armas y en la caridad, el roldado
inválido de galeras Antonio Rosique Pérez,
de Cartagena, hermano también de la Santa Caridad, y ya, con Antonio
Coca, natural de Almería, y Francisco Irsino,
artillero de la galera San José; todos juntos incorporan una
casita próxima a la ermita de la Guía a su piadosa obra, en
1697,
y tal fue el origen de la fundación que llegó con el tiempo a ser el
Santo Hospital de Caridad de Cartagena, que hoy enorgullece
a esta ciudad. (Lámina
III.)
Constituye
Roldan, con sus compañeros, una congregación con un reglamento
aprobado en 1701,
que dio estado a su piadosa obra. En la actualidad
su junta de gobierno la
forman 30
miembros, con su hermano mayor, quienes, una vez al año, salen por
parejas a pedir limosna, vestido?
de levita y con limosnera o capacha, en recuerdo de la cartuchera que
Roldan usaba cuando pedía para su
hospital, que continúa sosteniéndose con las limosnas que recibe.
La
guerra de sucesión llevó a Roldan a Tortosa,
en la compañía de don Lorenzo de Mendosa,
entregando su obra en manos de Rosique, dada su calidad de invalido,
quien después se hace franciscano y muere
en una cama de su hospital en
1718 (3-5).
Al
año siguiente se construyó una capilla,
ampliada en 1765,
en donde se venera la imagen de la virgen de los Dolores,
traída desde Nápoles
por Trsino. En cuanto a nuestro héroe, partió con -su galera desde Tortosa hacia la Amé rica del Sur; el tiempo y la muerte borraron sus piadosas huellas.
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